En el País del Gaigé o del Huangmiú, nombres supuestos que, como todo el mundo sabe, significan en chino, respectivamente de la «Reforma Permanente» o del «Despropósito», empezó a dominar la estulticia, una pandemia de rápida propagación, que afectaba a capas enteras de la población. El nombre verdadero del país es otro, y no lo omito por prudencia ni por no evitar herir susceptibilidades colectivas.
Aunque pudiera resultar sorprendente al tratarse de un país con muy aceptable Historia a sus espaldas, la razón de la ocultación reside en una decisión de los propios habitantes de Gaigé o Huangmiú. Habían renunciado a su pasado conjunto, no deseaban ser considerados parte de una misma nación y abominaban -aquí en esto, acullá en estotro, incluso en todo- de lo que se decía del grupo o grupúsculo al que creian pertenecer.
Por el ritmo que llevaban las cosas -lento, pero tenso y hasta violento-, aunque no habían elegido los nombres para sus nuevos países, Estados o estadillos, lo único que tenían en común era que estaban decididos (al menos, provisionalmente), a empezar desde cero, rompiendo todo vínculo que pudiera relacionarlos con el antes. Solo vivirían para el después.
El día uno de febrero de 2022 comenzó un nuevo año chino, que discurrirá bajo la advocación del Tigre (hû) y, más precisamente, del Tigre de Agua, siguiendo la tradición más admitida hoy en el mundo. Cuando Buda convocó a los animales, solo se presentaron doce, a los que asignó un espacio propio en el calendatio anual. Por misteriosa casualidad, son equivalentes a los signos del Zodíaco.
No ha habido ni habrá votación -para evitar problemas-, pero el mismo grupo de intelectuales, filósofos y cachondos mentales que propusieron el cambio de nombre para el actual país, indicaron que, ya que deseaban desligarse de cualquier tradición, los habitantes de Gaigé o Huangmiú deberían elegir el 1 de febrero de 2022 como año cero de su era. Para no complicar las cosas, en esta crónica informal, me seguiré refiriendo al calendario gregoriano aunque llamaré al país por su nombre ficticio: Huangmiú.
Ha transcurrido una semana de la nueva era y en el país de Huangmió han sucedido algunas cosas que confirman su singularidad. Se ha aprobado una nueva Ley Laboral que tenía la intención de reformar completamente las relaciones de los empresarios con los trabajadores, aunque nadie sabe en que consisten las modificaciones.
Ni siquiera se puede concluir con seguridad si la Ley está aprobada o no, pues en el Congreso de los diputados en que se votó, solo hubo un voto a favor por encima de los negativos, la presidenta del Congreso -de nombre Meritxell (que significa Mediodía) Batet y que pertenece al Partido Socialista (nombre que, aunque parezca imnaginario, es real), se equivocó inicialmente al dar por vencedora la opción del rechazo.
Para complicar el análisis, el diputado Alberto (Casero) del llamado Partido Popular (nombre que, aunque parezca imaginario, es real) que tenía colitis, votó en su casa desde el cuarto de baño y se confundió al pulsar la tecla de aprobación cuando la instrucción de su formación política era rechazarlo. Cuando advirtió su error, tomó un taxi y se fue al Congreso para corregir su voto presencialmente, pero se encontró las puertas cerradas y Meritxell (que significa «Puramente merecida») no le dejó cambiar su decisión, porque, en el juego de cartas, lo que está sobre la mesa se levanta con el codo.
Han sucedido más cosas en el mundo, pero tienen menos importancia y, por eso, como esta crónica tiene ya su espacio consumido, no tendrán su cabida en el relatorio de esta semana.


Deja una respuesta