Mañana, 28 de abril de 2019, más de 32 millones de españoles están llamados a votar, en unas elecciones generales en las que se elegirán quienes ocuparán las sillas destinadas en las dos cámaras para, respectivamente, diputados y senadores.
Hoy es día de reflexión y, aunque los candidatos no pueden hacer campaña, nada nos impide a los votantes de a pie que comuniquemos públicamente lo que pensamos de estas elecciones y de las opciones que se nos ofrecen.
No asistí a ningún acto electoral de partido, aunque seguí ambos debates televisados con relativo interés, en especial el que se emitió por la televisión pública. El segundo me resultó no exactamente aburrido, sino desconcertante. No fue un intercambio de ideas, sino de golpes. No hubo contraste de opiniones, sino descalificaciones sin fundamento serio, ya fuera técnico, económico o sociológico.
Las encuestas preelectorales hablan de una ventaja para el candidato socialista, Pedro Sánchez, presidente de Gobierno al día de hoy, aunque los diputados del Partido Socialista no le darán mayoría suficiente para gobernar en solitario. La coalición Unidas-Podemos ya anunció que apoyará su elección, consciente Pablo Iglesias de que su partido ha perdido posiciones respecto a anteriores elecciones.
En los debates previos y por lo leído de lo anunciado en los mítines, Sánchez en ningún caso pactará con los independentistas, lo que hace problemático, -atendiendo a los avances de resultados de la votación-, que el apoyo de la antes tenida por extrema izquierda valga para consolidarle en el puesto de Presidente que, por lo visto y andado, tanto le gusta.
La posición de Ciudadanos es particularmente curiosa, ya que, por activa y por pasiva, a cada ocasión que se le presentó, Albert Rivera repite que hay que echar a Sánchez del Gobierno y se ha empeñado en trazar un frente de seguridad contra él, al que, asegura, no va a apoyar en ningún caso.
En el renovado Partido Popular, a pesar de los aplausos y vítores que sus adictos conceden a Pablo Casado, no se ve empuje suficiente para consolidarse como primera fuerza de la derecha, puesto que se le disputará, tanto por Ciudadanos como por Vox, en donde un crecido Abascal consigue reunir a miles de descontentos y patriotas de pelo en pecho cada vez que asoma la cabeza.
Muchos creemos todavía que el país lo que necesita es una coalición de gobierno entre PSOE y Ciudadanos, para tranquilizar la situación y poder dedicar los esfuerzos a crear empleo, mejorando el tejido empresarial existente y bajando del pedestal de las elucubraciones y fantasías económicas al que los socialistas, cuando gobiernan empujados por el populismo de izquierdas, parecen muy dados.
En esa tesitura, no se a quién votar. Soy consciente de que mi voto no vale nada, entregado al maremágnum de esos 32 millones restantes, de los que en buena parte ignoro qué razonamiento estarán haciendo. Tengo amigos en todas las facciones políticas que he citado y, por supuesto, los veo como personas sensatas…salvo cuando hablan de política.
Unos pertenecen como militantes a algún partido y, en ese sentido, la emoción de su ideología conceptual y el contagio de sus colegas de facción les impide entender con serenidad qué está pasando. En mi opinión, solo se fijan en aspectos puntuales, casi viscerales, del planteamiento del equipo electoral al que pertenecen.
Si les indico que no se ha hecho el cálculo económico de las propuestas, si les pretendo rebatir que los problemas acuciantes del país exigen medidas y no palabras para la corrección de la tendencia del paro y la generación de expectativas serias para más de un millón de jóvenes parados; si les pido que, en lugar de vagas indicaciones, me precisen la forma de sostener la seguridad social y el estado de bienestar; si les pregunto por cómo se va a modificar el actual desbarajuste en la formación universitaria; si les exijo que me ofrezcan soluciones al descontento de los investigadores de élite y a la falta de definición de sectores preferentes de nuestra economía; si les solicito medidas para el control y estímulo actividades empresariales; si les objeto sobre el silencio en cuanto a la revisión del estado de las Autonomías, cuyo desequilibrio es, no ya evidente, sino dañino; si me intereso por saber el encaje de la política exterior con la Unión Europea, la OTAN o las medidas previstas para atender a las amenazas de los productores baratos…recibo vagas indicaciones, según los palos, hacia la necesidad de reformar la política fiscal, detener la emigración o levantar muros, volver a aplicar el artículo 155 de la Constitución, aumentar las medidas contra la violencia de género, favorecer los vientres de alquiler, reformar la Constitución, proclamar la República…gobernar las izquierdas…gobernar las derechas…
Si pudiera votar a dos partidos a la vez, apoyaría la opción PSOE-Ciudadanos. Y si se pudiera votar a todos los partidos simultáneamente, les preguntaría a sus líderes: ¿no sois capaces de llegar entre vosotros, contando con la asesoría pertinente, por supuesto, independiente y libre, a un acuerdo de lo que hay que hacer para mejorar España?
El cuervo (corvus corax) es el mayor de los paseriformes, incluso de más envergadura que el busardo ratonero. Pocas veces se tiene ocasión de verlo de cerca, pues es muy cauteloso. Este ejemplar, que fotografié en Fuerteventura, se acercaba, sin embargo, a arrebatar la comida que los mal informados turistas ofrecían a las ardillas listadas.
Se distingue del cuervo desertícola (corvus rufficollis) con dificultad. Los especialistas dicen que hay que fijarse en el pico, comparativamente más fino en esta especie.


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