Resumo lo sustancial de este mensaje, al margen de cualquier floritura: La única fuente plenamente fiable en relación con la información general sobre el coronavirus que nos afecta a los españoles, es el Comité de Crisis y sus portavoces específicos. Lo están haciendo, por cierto, con claridad, de una forma forzosamente repetitiva en cuanto a las medidas a adoptar, y conscientes como nadie de que la crisis de la pandemia no ha alcanzado aún su máxima virulencia.
Cierto que la necesidad de información, y presionados por la incertidumbre y la angustia, todos buscamos que las más diversas fuentes nos proporcionen alguna luz. A niveles regionales y locales, los medios de difusión -sobre todo las emisoras radiofónicas, ejemplo de inmediatez- están continuamente bombardeando al oyente con noticias de carencias en centros hospitalarios y residencias de ancianos, entrevistas, a menudo con tonos angustiosos y dramáticos, a alcaldes, representantes de las comunidades autonómicas y a personal facultativo.
Las redes sociales, ese vehículo de comunicación rápida de todo tipo de bulos, chismes y mentiras, han encontrado en esta crisis su naturaleza más repelente y viscosa. Hay individuos, que solo cabe calificar como mensajeros del Mal, tributarios de la maldad, que aprovechan el momento para imaginar cualquier información, dotarla de apariencia de credibilidad (la firma un médico, un periódico, un centro asistencial nacional o extranjero, una agencia china o coreana, etc.) y encontrar así la difusión que convierte a su genialidad morbosa en algo viral, repetido por inocentes receptores de la misma, con velocidad fulgurante y crecimiento exponencial.
Es el virus, no la de la estupidez, de la mala uva, del terrorismo antisocial y morboso. La red ha difundido ya cientos de veces que se ha encontrado un fármaco que cura el coronavirus, ha alarmado a placer con carencias hospitalarias y fallecimientos en las condiciones más lamentables, se ha permitido prohibir como malignos, contraproducentes o letales ciertos medicamentos.
De todas esas despreciables maniobras, hay una que me duele especialmente. Se ha difundido, alcanzando fuerza viral en las redes, que la aplicación para autoevaluar la posibilidad de estar infectado por el Coronavirus COVID-19, de la Comunidad de Madrid, https://www.coronamadrid.com/ a cuyo desarrollo contribuyó eficazmente mi hijo Miguel, en tiempo récord, dirigiendo sin tiempo para descansar ni dormir, un equipo magnífico de profesionales de la programación, el análisis de datos masivos y las telecomunicaciones, «cede sus datos a terceros y no se sabe quiénes son» (www.elconfidencial.com)
De hecho, escriben, «la aplicación está alojada en una web de la que ni aparece el propietario del dominio. No instalar.»
Es una canallada, una infamia, que perjudica la plena difusión de un programa estupendo cuyo objetivo es descongestionar los centros hospitalarios de personas que no tienen síntomas o los tienen sin relevancia clínica. Han corregido el mensaje desde el confidencial, pero el mal ya está hecho. Es fácil destruir y dar el premio al mozo del martillo.


Efectivamente, se trata de un programa excelente que nos ayuda a autoevaluarnos. Yo también conozco a gente que lo ha hecho y es de total fiabilidad.
Gracias, Charo. La web ha superado en un solo día las doscientas mil autoevaluaciones. Un éxito de capacidad técnica y de triaje inmunológico, un modelo de oportunidad social y rapidez de ejecución.