Este es uno de los Cuadros que formaban parte de la Exposición que organicé en Oviedo, en 2007. Representa uno de los temas a los que dediqué varias versiones: el rapto de Europa por Zeus, disfrazado de toro blanco. Como es sabido, el mito fue objeto de múltiples plasmaciones artísticas, pues combinar un animal que se identifica con la fuerza y el arrebato salvaje y una hembra humana desnuda (o casi) tiene una alta carga erótica.
Ya sea el dios en esta historia gráfica una mutación de Zeus, de su rival Júpiter, o de un Minotauro (que, aunque sea éste de otra generación, la genealogía de las deidades es tan versátil como sus volubles deseos, no pocas veces incestuosos), y ya sea Europa una fémina que se resiste o se apunta voluntariamente a la aventura, en mi interpretación, el Tauro es más bien novillo, y la hembra, que tal vez inicialmente montó al rumiante para darse un paseo, ahora que ha descubierto sus intenciones, no sabe aún si dejarse caer al suelo o dejarse arrebatar. Por la postura -un si es no es, un quiero pero si- parece estar en la duda misma, y hasta se diría que, si se dispone a marchar, se reserva intenciones (en otras variaciones pongo en la mano derecha de ésta un cuchillo de monte, que aquí ni se intuye).
En todo caso, lo que aquí reproduzco es, técnicamente, un acrílico, a pinceladas largas y con pocas concesiones a la valoración de los tonos, pues es sabido (para mí al menos), que doy más importancia al trazo y al concepto que a la terminación cuidadosa. Hay pequeños refuerzos al óleo, que suelo aplicar, para mejorar la luminosidad. La foto creo que desmerece del modelo, pero no tengo el original, hoy en manos privadas (como solemos decir los pintores de media paletilla, para darnos importancia).
En segunda lectura, puede estimarse que esta Europa, rubicunda, se resiste a subirse a un torete que no es blanco, sino de su mismo pelaje. En esta versión, de una forma señalada, incluso su cabeza está vuelta hacia atrás, desapareciendo sobre sí misma.
Al toro, por cierto, lo he bautizado con una palabra alemana, Kleinmut, que, significa «pusilanimidad» -literalmente, «ánimo mezquino»- y, con evocación imaginativa, se podría identificar con el «sálvese quien pueda», que es la bandera con muchas franjas, campos de gules y blasones con la que se pretenden justificar quienes no están actuando como debieran.
Europa raptada por «Sálvese quien pueda». No quiere ir con él, duda, pero se va, al fin y al cabo, con la cabeza vuelta sobre sí, y las intenciones de «ya veremos».
Me gusta evocar la imagen, hoy, a finales de febrero de 2015. En la pintura también cabe la poesía, particularmente cuando se apela al neoexpresionismo. ¿Dónde estarás ahora colgado, mi Europa raptada por Kleinmut? ¿Existes, o solo se conserva de ti esta foto digital que mesirve para evocar tu última visión, colgado de una pared en una sala de exposiciones de Oviedo, un día de agosto?

