Durante la mañana, pensé en no acudir, porque, entre tratamiento oncológico y atender a asuntos del despacho, el día se me hacía cuesta arriba. Finalmente, valorando que el evento tenía antecedentes de interés y que el lugar de reunión estaba a tiro de estación de metro, imprimí la credencial y me acerqué a esa hora tonta que es la sobremesa o la siesta de algunos.
Escribo sobre la VII edición del Salón MiEmpresa, iniciativa nacida de la cabeza de Sébastien Chartier en 2009 y otros cómplices, que se celebraba en el Palacio de Deportes de Madrid (transmutado temporalmente Barclaycard Center por cosas del Patrocinio).
Después de superar el control general de entrada, y perderme por los pasillos de cemento , sorteando las cutres cintas de plástico que disuadían de caminos alternativos -fui rechazado amablemente de la prometedora zona VIP que estaba destinada solo a ponentes y otras gentes con pedigrí inversor-, me encontré en la cancha. Como no llevaba el Programa, ni recordaba a qué sesiones y salas me había apuntado previamente, fui directo hacia la llamada «Sala Principal», que respondía al evocador título de «Inspiración y Tendencias».
Estaba hablando Raquel Roca («periodista y consultora de innovación digital», leo ahora en el Catálogo), sobre la era knowmad, que, como debe saber todo el mundo que haya leído a John Moravec, es el momento de los nómadas del conocimiento. También recomendó Raquel, para encajar en la sociedad hiperconectada, en la que cada uno debe «elegir el camino y el destino», disponer de «una mentalidad líquida», en el sentido de abierta, aunque me parece que la referencia a la sociedad liquida de Bauman, que realizó en defensa de tal actitud, es errónea, como podría acreditar cualquiera que hubiera leído a mi admirado Zygmunt.
Hubo cambio de ponentes, y mi sorpresa fue notable cuando me encontré con que el siguiente Debate (16:40 de la tarde) versaría sobre «Innovación y Tecnología: ¿Cómo jugar y triunfar en las grandes ligas?» y entre los intervinientes estaba el COO de CartoDB, mi hijo Miguel.
Me quedé, pues, entre el público. El Debate estuvo muy bien dirigido por Helena Díez-Fuentes, (que es «reina evangelista» -Queen evangelist en Bridge Bandit-) y en el panel figuraban Jorge Galindo (cofundador de 47 Degrees) y Philippe gelis (CEO & Co-Founder de Kantox). Ya se ve, por los títulos de los que actuaban, que se trata de gente internacional, pues o las posiciones empresariales o los nombres de las empresas parecen extraídos del más allá anglosajón).
Mi permanencia como espectador fue recompensada haciéndome disfrutar de un momento muy agradable. Quienes fueron presentados como empresarios de la gran liga, estuvieron sinceros, locuaces y también, provocadores.
Preguntados, por ejemplo, sobre cómo veían el «exit» -es decir, la salida- personal de sus actuales empresas, ofrecieron un ejemplo envidiable de salud emprendedora. Philippe expresó que «montaría otras empresas» con el dinero obtenido de su éxito, porque creía que «faltaban buenos proyectos» y no se veía como «business angel», sino como inversor.
Jorge apuntó hacia el deseo de compartir el conocimiento, ayudando a otros inversores con su experiencia, fiel a la idea, previamente expresada, de «devolver a la comunidad de desarrollo parte de lo que nos hemos ido nutriendo durante años», en referencia a los programas fuente de acceso libre (open source).
Miguel reconoció «no tener respuesta para saber cuál será el final del camino» y que «el límite lo pone uno mismo y no el mercado ni la oportunidad», porque en «una start-up está todo por hacer, y el tsunami de tareas potenciales es infinito». Por ello, el «formato es individual», aunque «no querría vender palas a la gente que busca oro, sino ser activo con ellos.»
Necesitamos mucha gente así en este país. No la tenemos, desde luego. Tengo la impresión desagradable que tampoco sabemos bien cómo cuidarla ni impulsarla. Cuando terminó el Debate, ya de camino hacia la salida, porque tenía una cita inaplazable, creí estarme cruzando con muchos jóvenes que buscaban su primer empleo, con sus currícula en la mano.
Alguien me tomó del brazo. Era Jaime Estévez, el cofundador de Agora-News: «¿Te importa que te hagamos una entrevista para recoger tu impresión del primer día de Miempresa?» me preguntó, después de interesarse por mi salud y darme un abrazo. Lamentablemente, no podía quedarme más tiempo. Le prometí que «Mañana, cuando vuelva al Salón, estaré a tu disposición».
Pero mañana es hoy, y no he podido sacarme de encima el trabajo que tengo acumulado.
