Si no fuera por la gravedad de los hechos que están siendo juzgados, por la elevada probabilidad jurídico-judicial de que los responsables de la algarada pasen una larga temporada en prisión -que se hizo aún más patente desde que han depuesto su testimonio los Sres. Pérez de los Cobos y Millo- y, desde luego, si no fuera porque engañó y engaña por triperos de la Historia y la Economía a una parte importante de la población catalana, este reality show con formato del Tribunal Supremo, nacido de su decisión de abrir el proceso judicial urbi et orbe, creeríamos que en lugar de encontrarnos ante una organización delictiva (la más peligrosa desde el 11M) nos hallaríamos ante un grupete de muchachos que jugaban a gastar una broma pesada a sus contemporáneos, creyendo que se saldrían de rositas.
Ni la plácida confesión de Junqueras, elevado en su momento a vicepresidente de la Generalitat catalana, y hoy un lacrimógeno individuo que esgrime contra la pared de la prisión premonitoria su infinita bondad y su profunda convicción de haber sido elegido para el martirilogio de un imposible e ilegal independentismo, guiado por una luz que creía divina y resultó ser la fuerza persuasiva de un embaucador que hoy se encuentra emulando a un tal Julian Paul Assange (aunque con notable inferior inteligencia), ni la deslealtad del ex jefe de los Mossos Sr. Trapero, que sucumbió a la promesa de convertirse en jefe de los ilusorios Ejércitos catalanes traicionando su juramento o promesa de ser leal a la única Patria y única bandera que compartimos todos los españoles, ni todo ese conjunto de iluminados, falsarios o mercenarios que han desfilado como encausados, le llega a la altura de los zapatos a la declaración de las dos personas de mérito, que cité en mi primer largo párrafo y que han servido para destruir toda la argumentación de encausados y defensas pretendiendo que las acciones del 1 de octubre de 2017 y su entorno temporal eran pacíficas, y que sólo iban destinadas a dar vía de escape a un sentimiento de patriotismo catalán irrefrenable y que, tanto instigadores como colaboradores eran solo los canalizadores y sumisos cumplidores del mandato de la voluntad popular de una inmensa mayoría independentista.
Tururú corneta. El coronel de la guardia civil Sr. Pérez de los Cobos, en una declaración sosegada, técnica, sin un asomo de duda ni de desvío ideológico, ha expuesto negro sobre blanco la verdad de lo sucedido en esos días, caracterizando la rebeldía creciente de quienes debían cumplir y hacer cumplir la ley desde las instituciones regionales y, en fin, la connivencia del mando de fuerzas del orden locales con los insurrectos cuyos ánimos, desde el propio gobierno de la Generalitat, se habían encargado de espolear, inflar y proteger.
La declaración del delegado del gobierno Sr. Millo no estuvo a la zaga de la del coronel, que tiene bien merecido el paso al generalato. Dejando en ridículo, sin necesidad de pretenderlo, el escapismo injustificable con el que se había marchado por la puerta de la vergüenza el anterior ministro de Interior, Sr. Zoido, subrayó con su propio lápiz rojo el cumplimiento por parte de las fuerzas del orden del gobierno de España de las órdenes judiciales, utilizando la máxima moderación en relación con la ponderación de los objetivos, con un respeto magnífico a la ciudadanía, evitando conflictos y daños, tragándose con pundonor ofensas y agresiones.
Hubo muchas otras declaraciones y aún seguirán otras, que servirán para poner aún mejores matices. Pero el espectador, salvo que esté cegado por la incapacidad de entender el modelo de convivencia que instauró la Constitución de 1978 y que tenemos que defender como lo mejor que nos ha pasado todos los españoles de buena fe, ya puede sacar sus consecuencias.
No era un juego, señores insurrectos. No es un juego, queridos compatriotas catalanes que abogáis por una independencia cuya defensa estentórea y contraria a las leyes vigentes y a la lógica universal, no conduce más que empobreceros más y a empobrecer a España.
Lo que lamento especialmente que ese juego letal al que se han abocado los insurrectos catalanes, algunos de ellos ya en prisión y, por lo que barrunto, por bastantes años, es que haya habido un grave efecto colateral del que no parecen saber cómo librarse nuestros incompetentes políticos. No pongan líneas rojas, por favor. No nos inviten a la abstención. Construyan puentes, dénnos soluciones. Y dejemos que los partidos separatistas vuelvan al sitio de donde no deberán haber salido: las minorías sin capacidad de influir, todo lo legítimas (que no legales) que se quiera, pero lejos del gobierno.
Esta pava real, con su retoño ya talludito, se paseaba por los hermosos confines del Parque del Retiro, picoteando ocasionalmente de los granos que encontraban en el suelo.
Tuve que espantar a un jovenzuelo de la raza humana de unos cinco años que se complacía, llevado por un instinto agresivo sin rédito alguno, y bajo la mirada al parecer complaciente, o al menos, condescendiente de su progenitor, en hostigar a madre y a hijo, tirándoles piedrecitas.
Qué especies, dioses de esta aldea.

