No se si los organizadores deseaban desarrollar un acto serio, pero resultó divertido. Desde luego, es difícil reunir en la mesa de intervinientes a personajes más variopintos, y exponiendo, con la misma o parecida convicción (que no juzgo), argumentos tan dispares, sin que se les moviera un átomo de la ceja.
Se trataba de la presentación en España, como se había anunciado en la convocatoria, de la campaña «El mundo que quieres, con el clima que tú quieres», impulsado por la Unión Europea. El lugar, el Aula Magna de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid. Fue un día caluroso de primavera de 2013, el 17 de abril.
El rector magnífico de la Universidad confesional, Julio L. Martínez Martínez, no tuvo reparos en expresar, en sus palabras introductorias, que «los jesuítas tienen mucho que decir en eso del clima, porque en las acciones humanas de esa naturaleza nunca faltan las relaciones morales».
El no menos magnífico Ministro de Agricultura y diversos, Miguel Arias Cañete, al hacer propaganda de las actuaciones de su Gabinete, no olvidó indicar que «hay que modifcar comportamientos colectivos e individuales», aunque su momento estelar lo alcanzaría en el debate (o lo que aquello fuera) cuando afirmó que «antes de ser Ministro era un derrochador de agua», lo que había corregido ahora, duchándose con fría.
Fue la sincera, aunque extravagante, contestación a la apuesta irreverente de un interviniente del público que ofreció «café con churros» a cualquiera de los miembros de la mesa que le demostrara que actuaba respetuosamente con el clima en todas sus acciones diarias. La revelación del Ministro provocó un espontáneo «¡Sorprendente confesión!» de la Comisaria europea.
Luego intervino la danesa Connie Hedegaard, actual Comisaria de la UE responsable de Acción por el Clima, que en un perfecto inglés para oídos españoles, ofreció su visión de que había que lidiar con tres crisis (económica, ambiental y de recursos), y que las tres estaban interrelacionadas y, por tanto, había que resolverlas al unísono. Nada que objetar, sino fuera porque, demostrando su voluntad para agradecer la hospitalidad y su concomitancia ideológica con los conservadores en el Gobierno español, deslizó, entre gestos un tanto aspaventosos (es una política expresiva) que «Spain is a good example to proof that», lo que, ahora que lo remiro escrito, tal vez se puede interpretar en un doble sentido.
Si los asistentes que no éramos alumnos de la Universidad y que, por tanto, no estábamos allí en la sala para conseguir créditos de libre disposición, no tuviéramos bastantes muestras de lo variado de objetivos del elenco, el «embajador de la Campaña en España, Sergio Peris-Menchet«, contó, para delimitar sus espacios, que el provenía de Green Peace y estaba convencido de que la «crisis ambiental no solo estaba producida por razones antrópicas sino por el modo de producción capitalista».
Una patada hacia los otros miembros de la mesa, aunque era también una afirmación con sesgo dual, pues no conozco a ningún capitalista con forma que no sea la humana, aunque, en algunos, alcance a ver comportamientos inhumanos.
Lo mejor, sin embargo, de la intervención de Peris-Menchet fue la lectura de algo así como un poema-relato («para ocupar sus diez minutos»), en el que, si no lo entendí mal (que puede) exhortaba a la revolución anticapitalista, esto es, al cambio de paradigma, es decir, a un volver a las cavernas y al amor libre, con velas, miradas poéticas a la luna desde la Puerta del Sol (¿habrá más encanto?), y tal vez un poco de marihuana para soportar la previsible Apocalipsis.
Cuando el moderador del coloquio (que fue el propio «embajador» –your new title, satirizó la Comisaria-) invitó al respetable -y doy fe que había gentes que no estaban allí por hacer méritos, sino para hablar de lo que les pica- a plantear preguntas, levanté el primero la mano tan alto como pude, pero no me vió y les pasaron a otros la pelota del micrófono.
Fue una suerte que así fuera. Habría dicho lo que se me había venido a la cabeza, y me hubiera convertido en un agente más del espectáculo: «Es difícil reunir en una sola mesa a representantes tan precisos de las contradicciones que tenemos en nuestra sociedad. Enhorabuena, pues, pòr habernos divertido.»
Aunque no tuve esta vez oportunidad de expresar en directo mi opinión, no faltaron representantes de las Asociaciones de Renovables, de Productos derivados del Petróleo, y de la Universidad y el periodismo críticos, que expusieron sus ayes, recogiendo, como es habitual en actos de esta naturaleza, su botiquín de apósitos (o de apropósitos), emitidos por facultativos ya muy endurecidos por el clima reinante.
Cuarentena intelectual que ha de servirnos de preparación para el clima que nos espera, que tiene cada vez menos que ver con el que algunos quisiéramos.

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