En toda cultura se encontrarán fórmulas de respeto a la memoria de los muertos, en particular, de los familiares y amigos a los que hemos conocido, que van desde la aparatosa manifestación externa hasta el recogimiento más íntimo.
El 2 de noviembre era, hasta que España dejó de ser católica, Día de difuntos. Pero los que hemos sido educados en esa fe, aunque se nos haya perdido en los recovecos de la razón, mantenemos vínculos con esa fecha. Para quienes no necesitamos de efemérides para mantener viva la memoria de los que se nos murieron, hoy puede ser un día para acordarnos de los que nos dejaron aunque siguen vivos por ahí. Un Día para los Disjuntos.
Estas pueden ser las advocaciones con las que recuperamos su recuerdo.
A ti, que un día dejaste las aulas que compartíamos, y desapareciste sin que nadie nos explicara los motivos.
A ti, que no me diste oportunidad de explicar por qué actué de esa manera que te disgustó, y ya no contestaste a mis llamadas, permitiendo que el tiempo marchitara nuestra amistad.
A ti, que me cambiaste por otro más listo o más hermoso, desapareciendo de mi cercanía para irte de su brazo hacia un proyecto del que ya no supe nada.
A ti, que creíste que no era de los tuyos, porque te dejaste confundir por lo que te dijeron nuestros enemigos.
A ti, que creías que podía haberte servido de algo para alcanzar tus intereses, y me abandonaste cuando te cercioraste de que mi influencia era, además de escasa, inservible para lo que pretendías.
A ti, que dedicaste una parte de tus esfuerzos en impedir que mis cualidades fueran valoradas para que no te hicieran sombra en la parcela en la que crecía tu ambición.
A todos los que no hicieron lo más mínimo -al menos, lo necesario- para entenderme, a todos los que no supe entender, a los que se fueron sin despedirse, a los que se quedaron y hoy no me reconocen o me ignoran, a los que jamás se cruzarán en nuestro camino porque estarán atentos a cambiar de acera, a los que nos menosprecian desde sus pedestales de presunta sabiduría, a los que les gustaría que nos conociéramos pero no se atreven a llamarnos, a los que nunca se les pasará por la cabeza qué interés podría tener el que nos conozcamos, a los que piensan diferente en algún tema y no quieren confrontarlo con lo que sabemos, a los que piensan igual que nosotros pero no lo han manifestado por temor a las represalias, a los que viven lejos de otras maneras y en otras circunstancias, a los que tal vez podría ayudar con lo que tengo si conociera en qué, a los que no ayudo porque no sé cómo o no me lo planteé, a los que no me ayudan porque no les preocupa lo más mínimo lo que puedo necesitar, a los que…
A todos ellos, mi recuerdo hoy. Porque es el Día de Disjuntos.
Con todo el afecto de que hubiera sido capaz, si las cosas hubieran discurrido de otra manera. Porque no ignoro que al lado de toda persona que odia, hay alguien que le ama, o que junto a los que desprecian, hay necesidades y, sobre todo, los que necesitan no siempre tienen la oportunidad de hacerse notar de aquellos a los que les sobra.

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