Ha querido la casualidad que justo unos días antes de entregar este Informe (que debe ser entregado inexcusablemente el 15 de abril de 2013) se estén produciendo diversos acontecimientos importantes, cuyo desenlace podría influir en la valoración circunstancial de alguna de las conclusiones del mismo.
Se trata, expuestos de forma sintética, de los hechos siguientes:
1) Elecciones presidenciales en Venezuela, en la que se confronta la opción del candidato Maduro, presidente en funciones, sucesor ideológico del recientemente fallecido Hugo Chávez, inspirador de la autodenominada por su creador revolución bolivariana, con la del candidato Capriles, representante de la opción que pretende la instauración del neoliberalismo, identificado por él y sus seguidores como la vuelta a una democracia de inspiración capitalista.
Aunque este país es de dimensión y economía despreciables, en el contexto internacional, la interrelación socioeconómica con otros gobiernos del área (principalmente, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua) y la interesante colaboración encontrada por el gobierno chavista con el de un país islamista radical (Irán), lo ha convertido en un banco de pruebas atractivo por múltiples razones, que se explicarán y comentarán en otro apartado de este Informe.
2) Amenaza del gobierno de Corea del Norte de iniciar una guerra nuclear, atacando objetivos surcoreanos y, eventualmente, bases norteamericanas en el Pacífico, en caso de que no se cumplieran condiciones no del todo explicitadas. En realidad, se ha dado difusión principal a la negativa del gobierno norcoreano a aceptar la suspensión de sus pruebas nucleares, como pretenden los gobiernos de los países occidentales dominantes, lo que se ha presentado como una provocación del gobierno de Pionyang.
Esta obsesión del gobierno gringo por detener los avances tecnológicos de algunos países a los que no controla oculta otros intereses. No es cuestión de analizarlos aquí, aunque el ataque al gobierno de Sadam Husein, con la invención de que estaba desarrollando tecnología nuclear demostró, en su momento, que los poderes fácticos neocapitalistas no tienen escrúpulos para inventar excusas con las que extender su dominio y garantizar el sostenimiento de su industria de construcción y armamento.
3) Desorientación de los gobiernos occidentales respecto a los efectos prácticos -positivos o negativos- de la por la prensa sensacionalista llamada «primavera árabe«, y desgaste de la credibilidad oficial por las intervenciones en Irak y Afganistán, que si bien han cumplido los objetivos económicos pretendidos por los Estados Unidos, han desestabilizado estos países -en especial, el primero- hacia una guerra civil duradera.
Los acontecimientos que afectan a las repúblicas islamistas corresponden, en realidad, como es conocido por el Grupo de Solicitantes, a la resistencia de los gobiernos árabes a aceptar el dominio de los poderes occidentales, y deben ser considerados como objetivo futuro por las fuerzas orientales anticapitalistas, lo que será objeto de atención preferente en nuestro análisis.
4) Conflicto sin solución entre las fuerzas rebeldes al gobierno del presidente sirio de El Asad, apoyadas ahora de manera transparente por AlQaeda, situando a las potencias occidentales neocapitalistas en el dilema de apoyar a elementos desestabilizadores del régimen oficial, contaminados ahora por el -para ellos- abominable terrorismo islamista.
El Equipo de Trabajo no tiene duda alguna de que todos estos hechos, y muchos otros que se podrían enumerar, no son sino reflejo de la tensión entre los grupos que pretenden dominar el mundo y que, en la actualidad, se han reducido a dos: los poderes fácticos que conforman los intereses que respaldan al Grupo de Solicitantes del Informe Barquisimeto (y que dominan en países con economía dirigida, sujetos a firme intervención pública en lo fundamental y apelación continua a la negación de la individualidad frente a lo colectivo) y aquellas fuerzas que apoyan las directrices plasmadas en el Informe Lugano (y que controlan, o creen controlar, países con economía neoliberal, con defensa aparente del mercado libre y apoyo simbólico al individuo y a los derechos y libertades de los seres vivios minusvalorando los objetivos comunes).
(continuará)

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