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Ejército y sociedad civil (4)

30 diciembre, 2017 By amarias Deja un comentario

El Estado de seguridad está en auge, como sustituto potente del Estado social, amenazando incluso el Estado de derecho. La percepción de peligros y la difusión de situaciones de riesgo aumenta de forma imparable, alimentada desde todos los ámbitos, pero especialmente, desde los centros de poder, tanto los próximos como los remotos.

La valoración de una situación de seguridad es clave y por ello, la presentación del riesgo no suele ser ni inocente ni inocua. La mayor parte de las veces, se trata de conducir la sensación y forzar la interpretación, resaltando los elementos que se desea aparezcan como relevantes y ocultando o adulterando otros.

Por supuesto, el riesgo tiene, sobre todo, una dimensión personal, y la protección frente a él que deseamos afecta a lo que tenemos próximo, afectiva y físicamente. A los poderes públicos, en una posición que es traslado magnificado de lo que se espera que haga el «pater familiae» para proteger a los suyos, se les exige que reduzcan los riesgos a cero, lo que abre un campo estupendo para la manipulación, ya que no es posible vivir sin riesgo.

Cualquier incidente sobre la seguridad -provocado por catástrofes naturales, actuaciones humanas, fallos técnicos- despierta de inmediato dos actuaciones derivadas: las autoridades políticas o empresariales prometerán que dedicarán todo el esfuerzo a descubrir las razones del fallo, perseguir a los culpables y garantizar que no volverá a suceder. Con ello se tratará de contrastar otra actuación inevitable: el incremento del miedo, del temor a que situaciones parecidas generen los mismos problemas, encontrará agoreros fieles de nuevos desastres, que propondrán todo tipo de opciones, intoxicando el espacio de opinión.

Por supuesto, la sensación de peligro es inversamente proporcional a la distancia a la causa y guarda relación con su carácter concreto o difuso y el tiempo de generación del riesgo. Miles de ahogados en Bangla Desh o millones de personas amenazadas de muerte por la sequía en el Sahel tienen menor importancia que la caída de un árbol que haya provocado heridos en el Parque de al lado. La predicción de que la temperatura media de la Tierra se elevará más de dos grados centígrados en un par de decenas de años no tiene la misma importancia que la escasa lluvia caída el último verano.

Estas consideraciones, aunque generales, afectan a la valoración de los riesgos y amenazas que fundamentarían la misión de los Ejércitos. En un contexto de Estados pacíficos, de objetivo de paz duradera -aunque sea una mera elucubración-, las actuaciones preventivas o defensivas forman el eje de las medidas de Defensa.

La Seguridad Nacional española identifica doce riesgos o amenazas: Conflictos armados, Terrorismo, Ciberamenazas, Crimen organizado, Inestabilidad económica y financiera, Vulnerabilidad energética, Proliferación de armas destrucción masiva, Flujos migratorios irregulares, Espionaje, Emergencias y catástrofes, Vulnerabilidad del espacio marítimo y Vulnerabilidad de las infraestructuras críticas y servicios esenciales. Todas ellas tienen fundamentos serios, pero la percepción particular de los mismos por la ciudadanía es muy diferente: invito al lector a realizar su propia valoración y contrastarla con la dedicación de los media a cada una de ellas.

La intervención de los Ejércitos en acciones exteriores con fines que se podrían considerar estratégicos -en lo político, que es, en fin, lo económicos-, cuenta con ejemplos modernos. Aunque el principio de estas actuaciones debiera ser tratar de reducir o evitar el crecimiento del conflicto o riesgo detectados, las intervenciones en Irak, Afganistán o Bosnia de las fuerzas internacionales han venido a confirmar que son capaces de convertirse en un problema en sí mismo.

Las acciones en el exterior han pasado, sin embargo, a constituir el núcleo principal de las intervenciones de los Ejércitos de los países occidentales que pueden considerarse como tradicionales, aunque su actuación sea la de fuerza pacificadora. En escenarios de conflicto bélico o grave tensión civil, las fuerzas desplazadas (especialmente, las terrestres, las llamadas en el argot militar, de «bota en tierra») corren riesgo de verse involucradas en acciones guerreras, padecer un atentado con efectos mortales o muy graves, y perder efectivos materiales, además de tener que asumir gastos de intendencia, transporte, munición, etc.

Para reducir el riesgo de pérdida de vidas humanas propias, las intervenciones en terceros países, además de ser previamente justificadas ante los organismos internacionales (como norma) tienden a descansar, cada vez más, en medios que son lanzados desde la distancia y manejados con control remoto. La sofisticación de medios permitiría (ha permitido, de hecho) incluso eliminar al dictador, al sátrapa o al líder que se pretende derrocar, reduciendo la repercusión a la población civil y los daños colaterales…inmediatos. El mapa de países en situación de guerra civil o asimilable no se ha visto disminuido, sin embargo.

La complejidad de las situaciones lleva a algunos analistas a defender que, para ayudar a resolver las tensiones sociales que están en la base de las guerras civiles, es imprescindible llevar a efecto programas de cooperación estructural permanente. No es una medida fácil de llevar a efecto, puesto que en zonas de conflicto, las Organizaciones No Gubernamentales corren graves riesgos de ser objetivos bélicos, y ello supone que deban ser protegidas por fuerzas militares o que sean los propios militares los que ejecuten os programas de cooperación. Ni qué decir tiene que la consolidación de este tipo de acciones está cambiando, y cambiará aún más, el sentido de los Ejércitos y la formación que deben recibir los militares.

(continuará)


Una preciosa hembra de roquero rojo (montícola saxatilis) parece preguntarnos por la razón de haber invadido su territorio. A primera vista (y a contraluz), el inexperto ornitologista  aficionado podría confundirla con un mirlo joven, por sun tamaño y comportamiento, e incluso se puede encontrar semejanza con una collalba gris de gran tamaño.

 

Publicado en: Actualidad, Ejército Etiquetado como: amenazas, colaboración internacional, defensa, ejército, fuerzas de choque, riesgos, seguridad

Seguridad frente amenazas (y 3)

8 enero, 2017 By amarias 2 comentarios

agateadorcomun

Según apreciación certera de Zygmunt Bauman, «parece que miedo y modernidad sean hermanos gemelos. o incluso gemelos siameses, y de una especie que ningún cirujano (…) podrá separar sin poner en riesgo la supervivencia de ambos hermanos» (1).

En otro momento de la interesante conversación-entrevista a la que le somete Leonidas Donskis, expresa que «vivimos en un estado de alerta permanente derivado de múltiples peligros». Esta multiplicidad de amenazas y su puesta en evidencia, de forma que todos seamos conscientes de su presencia entre nosotros, es alimentada por intereses muy diversos y aparentemente inconexos. El punto de unión entre todas ellas es nuestra debilidad, la confirmación de la vulnerabilidad de nuestra precaria satisfacción, y, como consecuencia, la generación de la angustia especial que mezcla sentimientos de desconfianza y necesidad de protección.

He empezado esta serie de reflexiones apuntando a la importancia tradicional de los Ejércitos en relación con la protección frente a las amenazas de otros Estados. Estado implica reconocimiento de un orden internacional, asumido como base para la convivencia, pacífica o beligerante, y con órganos reglados que toman decisiones respecto a él y a los ciudadanos de su territorio.

Este orden se ha visto deshecho en múltiples pedazos, desde el mismo momento en que una parte creciente de la ciudadanía desconfía de sus dirigentes, duda del valor de la democracia, los valores tradicionales, la religión, el honor, la Patria. Todo parece haberse vuelto hacia la individualidad, a la necesidad de proteger, no lo que es ajeno a nosotros, sino el círculo más personal, más íntimo: lo mío, mi familia, mi propiedad, mi entorno más cercano.

No solo eso: la información con la que se nos bombardea a diario nos ayuda a creer, confirmando la validez de la creencia, que lo demás no importa, y cuando más alejado, menos aún. Manejamos la información con despego singular; cierto que tenemos mucha, pero la consumimos de inmediato -buena o mala, especialmente si tiene esta última categoría-. Solo cuando la amenaza se ha hecho realidad en nuestro círculo, la afrontamos por unos instantes, incluso magnificándola, hasta que la «autoridad oficial» nos tranquiliza con medidas desproporcionadas, costosísimas, y, con seguridad, inútiles, porque no han sido meditadas, ni tienen otro objetivo que hacernos pasar rápidamente la página de nuestro miedo concreto, para que vuelva a ser difuso.

Tengo que volver a alguna de las ideas expresadas al comienzo de mis reflexiones, para expresar que nuestro sistema de actuaciones no aborda la solución a las amenazas más importantes. Si se tratara de realizar una aproximación sistemática de los riesgos con los que se ve confrontado el habitante de clase media de los países más ricos del Planeta, habría que enumerar, no ya entre los principales,  sino como sustanciales, la amenaza del inminente cambio climático, y la inestabilidad derivada de una economía en crisis que no es cíclica, sino estructural, con generación de desempleos y desajustes laborales de magnitudes tremendas.

No hay debate real ante estas amenazas, ni existe verdadera intención de paliarlas ni atender a sus consecuencias. El incremento de temperaturas del Planeta se estima, por algunos serios científicos, ya imparable -porque no se tomaron medidas a tiempo- y se especula, con fundamento, que el nivel del mar superará un metro respecto al actual antes de final de siglo.

Los desequilibrios frente a la producción y el empleo, alimentados por la fiebre obsesiva del consumo, no han servido para analizar las consecuencias de la globalización de los mercados, la mano de obra barata en algunos países y la visión cortoplacista de la creación de empleos con única base en el sostenimiento ficticio de la sociedad de bienestar, cuya quiebra es inminente.

Lejos de abordar de inmediato medidas correctoras, se sigue dando pábulo a argumentos simplemente negacionistas o recalcitrantemente optimistas, situándolos al mismo nivel que los críticos, a los que se califica de pesimistas -«la Tierra atravesó períodos de glaciación en el pasado en los que el hombre no tuvo influencia alguna» o «la economía está mejorando y se crearán millones de empleos»-. No importa que la realidad se concrete en cambios estacionales insólitos y  que la generación de empleos no alcance, ni de lejos, a igualar ni en cantidad ni en calidad a los perdidos por la tecnificación y la globalización.

En todo caso, afrontar éstas y otras amenazas implica adoptar medidas y organización de medios y recursos que, además de cuantiosos, tienen que ver con nuevos centros de decisión: ya sean económicos, industriales, sociales,…Ni siquiera hace falta que tengan cara y ojos ni posean el refrende de la autoridad ética, técnica o humanística. Internet lo iguala todo, y ayuda a difundir un miedo nuevo, que afecta a nuestra propia identidad, aunque, al mismo tiempo, ofrece el caramelo de compartirla, exhibiéndola, con desconocidos. Las redes terroristas, los círculos infractores, la delincuencia internacional, saben utilizar esta herramienta, tan bien o mejor que quienes la utilizan para «fines legítimos»…alimentar nuestra ansia de consumo.

La seguridad ciudadana está afectada en múltiples frentes y su protección sugiere la necesidad de nuevos mecanismos. Poco que ver con el pasado. Las fuerzas denominadas del orden -uno aquí, por conveniencia de mi relato, Ejército, policía, inteligencia, en cierta medida, la diplomacia…- son llamadas, con frecuencia alarmante, no a resolver los conflictos (que no sería en ningún caso su función), sino a sofocar las manifestaciones del descontento, mejor dicho, de las consecuencias de las amenazas no cubiertas: paros masivos, cierres de empresas, ausencia de protección de desfavorecidos, etc., exacerbados, legítimamente, porque el individuo, ahora, ya no tiene confianza en resolver la situación de precariedad de forma aislada. Tiene miedo, y su miedo convierte a sus manifestaciones en amenaza para otros sectores de la población que, mientras tengan el poder, pretenden ejercerlo ordenando actuaciones de las «fuerzas del orden».

Hay amenazas que parecen más fáciles de cubrir, porque se presentan de forma externa al territorio. La creciente presión de la migración provocada por el hambre, guerras y conflictos ha provocado medidas muy elementales: erección de barreras (comerciales y físicas), muros con o sin cuchillas, sirgas, y la concentración en las fronteras de agentes represores.

No se resuelve así el problema de fondo, quiá -la terrible desigualdad de información, medios y tecnologías, que ha puesto de manifiesto la globalización y la difusión de la información que presenta el bienestar del que disfrutan otras sociedades- . Solo se pretende abortar las manifestaciones, antes de que afecten al propio territorio, intentando salvaguardarlo. Inútil actuación, puesto que el problema de fondo permanece inatacado y, por tanto, crece. Por una parte, se generan nuevas formas de violencia y de sofisticado rechazo a esas invasiones «pacíficas». Por otra, la debilidad y la explotación de la misma por nuevos agentes en el territorio de los migrantes, se exacerba. La «ayuda al desarrollo» se dedica a levantar muros más altos, o a enviar fuerzas de pacificación entre tribus enemigas en Estados sin ley, sin orden.

Hénos aquí en la base de la cuestión. Cualquier riesgo, precisa medidas para eliminarlo o reducirlo, pero esas medidas han de ser adecuadas. En la esfera de las decisiones individuales, el ámbito se ha visto muy restringido; no vale como garantía educarse bien, aplicarse mucho, ser disciplinado con el sistema.  ¿Quién sabe a qué situación se enfrentarán nuestros hijos, no digamos ya nuestros nietos? ¿Cómo orientarlos? ¡Los grandes centros de decisión se han hecho herméticos, la inteligencia colectiva, más torpe! ¡La Universidad no sabe qué enseñar, en realidad, y repite viejos esquemas inútiles, pero emponzoñados de nepotismo y autofagocitación!

Podemos, en principio, reducir mucho el riesgo de que alguien no deseado penetre en nuestro domicilio: alarmas, puertas blindadas, cámaras de vídeo, vigilantes armados. Podemos creer que las tediosas revisiones de equipaje garantizarán que nuestro avión no saldrá disparado por los aires por una bomba que algún descerebrado colocó en su maleta. Tal vez, si suprimimos el tránsito de todo vehículo pesado y amontonamos bloques de hormigón frente a los paseos, eliminaremos la cruel posibilidad de que un fanático enajenado al que prometieron un cielo con huríes no lance un camión contra la multitud en fiestas.

Lamentablemente, acabaremos descubriendo que eliminar totalmente la manifestación de una amenaza es imposible. Nuestra única opción es acotar significativamente las que detectemos y tratar de enfocar las acciones al fondo, al núcleo donde se generan.

La antes enunciada, y bien detectada, amenaza de un cambio climático global, implica decisiones que trascienden de los Estados y, para que resulten efectivas, deberían ser asumidas y satisfechas por la colectividad internacional en su conjunto. Difícil situación, sin antecedentes históricos. La necesidad de modificar de forma drástica y urgente el empleo de hidrocarburos, tanto para la producción de energía eléctrica como combustible preferente para los vehículos, es un reto inmenso. Solo que no caben medidas parciales: serían ineficientes y, en el mejor de los casos, genuinamente egoístas: salve quien pueda.

La normalidad aparente no puede servir de placebo para la tranquilidad. Hay amenazas que están creciendo y estallarán. La desigual distribución de los recursos hídricos, en relación con la población demandante, es ya fuente de conflictos, puesto que el agua es elemento sustancial para la vida y el desarrollo de casi la totalidad de las actividades productivas. Solo que, aún con mayor virulencia que en el pasado, los conflictos por el agua trascenderán de la escala local para alcanzar dimensiones muy graves en ciertas zonas. La disponibilidad del agua ocasiona ya, incluso en países avanzados (véase, España), conflictos serios entre consumidores, y la fijación de un precio justo al recurso está permanentemente sujeto a polémica.

¿Cuál es, en fin, el papel que cabe reservar a los Ejércitos ante nuevas amenazas, en las que no se puede hablar genuinamente ni de la necesidad de defender el propio territorio ante una fuerza organizada, ni aún menos, atacar el de un Estado para sojuzgarlo?

La respuesta es compleja y delicada, y solo puedo apuntar aquí -para no extralimitarme en mi conocimiento de la cuestión- que exige un cambio sustancial de posiciones. Se están empleando recursos militares como fuerzas de paz o como refuerzo (más o menos solapado) a una de las facciones en litigio en países terceros.

No veo futuro a estas actuaciones (en medio-largo plazo). Las decisiones eficientes han de pasar por la ayuda económica y tecnológica y por la implantación (no forzada, asumida por la población residente) de la democracia, que suponga eliminar los focos dictatoriales, reducir desigualdades, favorecer la explotación de recursos propios, elevar fuertemente los niveles educativos y técnicos. Tendrá que eliminarse, por supuesto, cualquier sospecha de injerencia espuria por parte de potencias militares que se sientan autorizadas para participar en conflictos ajenos. Habrá que ser contundente con el control de venta de armas a países terceros. Y, en fin, tendremos que asumir colectivamente que, ya que no se ha sabido actuar de otra manera, vivimos bajo la amenaza constante de una Destrucción Mutua Asegurada.

Termino, pues, con la apelación a la recuperación de los ámbitos de libertad que garanticen el desarrollo de la sociedad y del individuo. La necesidad de seguridad no debe coartar nuestro deseo de libertad consciente, plena. Debemos poner en orden las amenazas y confrontarlas con los medios puestos a disposición para sofocarlas.

El papel de los Ejércitos, de la industria de Defensa, de la diplomacia, de la inteligencia, de las telecomunicaciones, y las múltiples interrelaciones entre los estamentos que tienen que ver con la seguridad, debe ser revisado. No es cuestión de escuchar una sola opinión (y, menos, tan poco cualificada en el tema como la mía), pero el abordaje del tema es urgente, e imprescindible.

Los nanodrones están ya en avanzada gestación y nosotros no podemos seguir con estos pelos.

(1)»Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad de la sociedad líquida», Zygmunt Bauman y Lenidas Dnskis, Wd. Paídos, 2015

FIN

—

El ave que hoy utilizo como complemento ornitológico (excéntrico) a mi Comentario principal es un agateador común (Certhia brachydactyla). Es una suerte encontrarlo, tanto por u relativa escasez en nuestros predios como por su capacidad mimética, a la que añade su pequeñez. Pesa alrededor de 10 g y mide poco más de 12 cm. Por el plumaje moteado diría que es un joven, a la busca de insectos xilófagos en el jardín comunitario. Su pico, fuertemente curvado hacia abajo, pone de manifiesto su especialización en hurgar bajo la corteza suelta.

Si se tiene ocasión de oir al macho de estas aves singulares en momento de flirteo, sorprenderá por sus floreos argumentales, que pretenden resultar, como propio de todo seductor, irresistibles para el objeto de su adoración.

Cuando me encontraba haciendo las prácticas de alférez en Mallorca, estando de jefe del retén de incendios, fuimos advertidos de un incendio que se había presentado en una zona montañosa de la isla, y a la que se nos ordenó acudir a sofocarlo. Me dirigí hacia allá, con la rapidez que nos concedieron los vehículos todo terreno que tenía a mi disposición, con el equipo de soldados de reemplazo que se encontraban en el cuartel. Pronto me convencí que la principal función que me correspondía era la de conseguir que ninguno de aquellos jóvenes resultara lesionado. Así que, manteniendo una prudente distancia respecto al frente de fuego, ordené que se talaran algunos árboles, para improvisar un cortafuego.

Lo hicimos con ardor, disciplina y dedicación insuperables.

Sofocado el fuego, por la intervención experta del cuerpo de bomberos y varios vecinos voluntarios, me sentí profundamente afectado cuando el propietario del terreno, reclamó mi presencia. Me dio un abrazo y me felicitó efusivamente: «Mi sincero agradecimiento a Vd. y a su compañía, alférez. Me han librado de esos árboles que me impedían la vista del mar desde mi chalet y que el alcalde se empeñaba en prohibirme cortar».

 

Publicado en: Actualidad, Ejército, Sociedad Etiquetado como: amenazas, Bauman, defensa, Donskis, ejército, libertad, migración, reorganización, seguridad

El Informe Barquisimeto (10): Ilusiones junto a Objetivos

13 abril, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Ha querido la casualidad que justo unos días antes de entregar este Informe (que debe ser entregado inexcusablemente el 15 de abril de 2013) se estén produciendo diversos acontecimientos importantes, cuyo desenlace podría influir en la valoración circunstancial de alguna de las conclusiones del mismo.

Se trata, expuestos de forma sintética, de los hechos siguientes:

1) Elecciones presidenciales en Venezuela, en la que se confronta la opción del candidato Maduro, presidente en funciones, sucesor ideológico del recientemente fallecido Hugo Chávez, inspirador de la autodenominada por su creador revolución bolivariana, con la del candidato Capriles, representante de la opción que pretende la instauración del neoliberalismo, identificado por él y sus seguidores como la vuelta a una democracia de inspiración capitalista.

Aunque este país es de dimensión y economía despreciables, en el contexto internacional, la interrelación socioeconómica con otros gobiernos del área (principalmente, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua) y la interesante colaboración encontrada por el gobierno chavista con el de un país islamista radical (Irán), lo ha convertido en un banco de pruebas atractivo por múltiples razones, que se explicarán y comentarán en otro apartado de este Informe.

2) Amenaza del gobierno de Corea del Norte de iniciar una guerra nuclear, atacando objetivos surcoreanos y, eventualmente, bases norteamericanas en el Pacífico, en caso de que no se cumplieran condiciones no del todo explicitadas. En realidad, se ha dado difusión principal a la negativa del gobierno norcoreano a aceptar la suspensión de sus pruebas nucleares, como pretenden los gobiernos de los países occidentales dominantes, lo que se ha presentado como una provocación del gobierno de Pionyang.

Esta obsesión del gobierno gringo por detener los avances tecnológicos de algunos países a los que no controla oculta otros intereses. No es cuestión de analizarlos aquí, aunque el ataque al gobierno de Sadam Husein, con la invención de que estaba desarrollando tecnología nuclear demostró, en su momento, que los poderes fácticos neocapitalistas no tienen escrúpulos para inventar excusas con las que extender su dominio y garantizar el sostenimiento de su industria de construcción y armamento.

3) Desorientación de los gobiernos occidentales respecto a los efectos prácticos -positivos o negativos- de la por la prensa sensacionalista llamada «primavera árabe«, y desgaste de la credibilidad oficial por las intervenciones en Irak y Afganistán, que si bien han cumplido los objetivos económicos pretendidos por los Estados Unidos, han desestabilizado estos países -en especial, el primero- hacia una guerra civil duradera.

Los acontecimientos que afectan a las repúblicas islamistas corresponden, en realidad, como es conocido por el Grupo de Solicitantes, a la resistencia de los gobiernos árabes a aceptar el dominio de los poderes occidentales, y deben ser considerados como objetivo futuro por las fuerzas orientales anticapitalistas, lo que será objeto de atención preferente en nuestro análisis.

4) Conflicto sin solución entre las fuerzas rebeldes al gobierno del presidente sirio de El Asad, apoyadas ahora de manera transparente por AlQaeda, situando a las potencias occidentales neocapitalistas en el dilema de apoyar a elementos desestabilizadores del régimen oficial, contaminados ahora por el -para ellos- abominable terrorismo islamista.

El Equipo de Trabajo no tiene duda alguna de que todos estos hechos, y muchos otros que se podrían enumerar, no son sino reflejo de la tensión entre los grupos que pretenden dominar el mundo y que, en la actualidad, se han reducido a dos: los poderes fácticos que conforman los intereses que respaldan al Grupo de Solicitantes del Informe Barquisimeto (y que dominan en países con economía dirigida, sujetos a firme intervención pública en lo fundamental y apelación continua a la negación de la individualidad frente a lo colectivo) y aquellas fuerzas que apoyan las directrices plasmadas en el Informe Lugano (y que controlan, o creen controlar, países con economía neoliberal, con defensa aparente del mercado libre y apoyo simbólico al individuo y a los derechos y libertades de los seres vivios minusvalorando los objetivos comunes).

(continuará)

Publicado en: Economía, Internacional, Política, Sociedad Etiquetado como: amenazas, Barquisimeto, Corea Norte, elecciones; Venezuela, primavera árabe. AlQaeda, terrorismo islámico

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