Bajo el título «Seguridad alimentaria y seguridad global» (Cuadernos de Estrategia 161), el Instituto de Estudios Estratégicos del Ministerio de Defensa español presentó el 25 de abril de 2013 un «primer análisis sobre la seguridad alimentaria en el marco global» (copio las palabras del prólogo de Santos Castro, coordinador del Informe).
Un tema apasionante, pero, sobre todo, a poco que se conozcan las cifras de la situación, demoledor. Más de 1.000 millones de personas pasan hambre en el mundo, otros 1.000 millones sufren graves carencias alimentarias. Cada año mueren 17 millones de personas de hambre: una cada segundo.
Asistí con el lógico interés a la presentación, y como al final del acto regalaban el Cuaderno (en realidad, un libro de 250 páginas), me lo leí antes de acostarme. Es un documento de obligada lectura para quienes deseen conocer algo mejor lo que nos está pasando en el mundo, y cada uno puede hacer sus propias deducciones a partir de los datos y visión que se ofrecen en él.
Estoy totalmente de acuerdo con el hilo argumental del trabajo, en el que participaron brillantes especialistas en el tema, que podía concretarse, con las palabras de Santos Castro, en que «la pobreza es uno de los mayores riesgos y problemas para la seguridad».
Mi reflexión es la siguiente: una situación perfectamente conocida, y de solución factible -existen recursos, técnicos y económicos- y que, sin embargo, se mantiene, supone la realización de una estrategia por parte de quienes tienen las claves y medios para corregirla. Una estrategia consciente, culpable éticamente, con objetivos detectables, perversos.
Es lo que llamo la Estrategia del Marasmus. El marasmus (Pablo Yuste Echarren, pág. 196 del Cuaderno) «se produce por una ausencia total de alimento. La falta de alimento hace que el cuerpo consuma sus tejidos para asegurarse su supervivencia».
Yo pregunté en el coloquio -sobreponiéndome al ambiente disciplinado y ceremonioso de un salón mayoritariamente ocupado por militares uniformados y silenciosos- cuál podría ser la estrategia de España, en ese contexto.
No recuerdo bien la respuesta de los intervinientes en la mesa, urgidos todos por el general director del Instituto a que se cumpliera el horario. No se interprete,, en absoluto como desprecio a sus opiniones, al contrario. Estaba, simplemente, obsesionado por esta equivalencia simbólica que se me había ocurrido: una vida infantil en atentado en Boston, igual a 9.000 niños asesinados en Siria desde que se inició el conflicto, igual a 30.000 niños muertos de hambre en Somalia en tres semanas en 2011, equivalente a 3, 6 millones de niños fallecidos anualmente por falta de alimento
Ya no es del todo cierto, pero también retumba en mis oídos, una frase de la que no consigo recordar el autor, pero que preside muchos, demasiados, comportamientos alimenticios de los que, lo compartamos o no, nos vemos favorecidos por la estrategia del marasmus : «En los estómagos occidentales no cabe más, solo cabe mejor».
«Not more. Only better». Tengo ganas de vomitar.
