Cuando ayer aguardaba en la cola a que la cajera del supermercado pasara las mercancías por el detector de códigos y confeccionase la factura -un magnífico avance, sin duda, respecto a lo que sucedía hasta hace pocos años-, se me ocurrió que ese trabajo también podría ser sustituido por una máquina.
4. La super-tarjeta (The all-purposes fidelity card) Bastaría que los clientes introdujeran en la ranura prevista al efecto una tarjeta de crédito/débito válida, situaran los productos en la mesa de facturación, y, mientras avanzaban en la cinta, el lector óptico localizara el código, agrupara las mercancías para disponerlos automáticamente en las bolsas, y emitiera la factura, cuyo importe se descontaría automáticamente.
Como la cola avanzaba lentamente -parece que uno de los clientes no tenía suficiente dinero en efectivo para pagar lo que había elegido, y la dependiente iba sacando diversas mercancías de su «cesta de la compra»-, seguí dándole vueltas a la idea en la cabeza.
Por supuesto, se que en varios hipermercados (y, sí, también en Ikea) el propio cliente puede obtener la facturación de la mercancía, situando bajo el lector de barras el código de la misma). Pero lo que estaba imaginando era un proceso totalmente automático.
Son muchas las actividades para las que, actualmente, acumulamos decenas de tarjetas plásticas que sirven para fines específicos. Es perfectamente factible que una sola tarjeta, específica para cada persona, que quede garantizado es su único usuario posible (nada de códigos secretos ni otras tonterías: detección del iris), recargable con datos a voluntad, no trasvasable a terceros, interactiva, fuera válida para consultar saldos bancarios de cualquier cuenta, retirar dinero de los cajeros adecuados, obtener puntos de promoción de la gasolinera, sacar libros de la biblioteca pública, entrar en el teatro con el abono de la estación, acumular y avisar de las citas o compromisos adquiridos, etc.
Miré en internet si alguna idea de este tipo estaba en circulación. Hay algunas que apuntas en esa dirección y, supongo, seguramente lo estará la que recoja este concepto global, aunque lo que todos sabemos, es que no ha sido puesta en práctica (aún).
En fin, dejo al lector de la mano de dos enlaces, cuyos contenidos comentaré próximamente:
1) Cien ideas para montar una start-up tecnológica
y 2) Diez ideas que no han sido puestas a la práctica aún (en realidad, nueve)
(continuará)

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