Una de las secciones en las que aparecía dividida la Cumbre de la ingeniería que el IIE (Instituto de Ingeniería de España) celebró los días 13 y 14 de mayo de 2013 en Madrid, hacía referencia a «Desarrollo y Formación». Entre los ponentes, estaba incrustada la intervención de Carlos Espinosa de los Monteros, alto Comisionado para la Marca España.
Fue la que más me gustó, tanto por la empatía del conferenciante -ameno y claro- como por el contenido -en buena medida, al menos para mí, novedoso-. Una de las razones del atractivo de la exposición de Espinosa es que tuvo poco que ver con la formación de los ingenieros, cuestión que se encuentra sumida en el caos (aunque no renunció, en la primera parte, a lanzarnos unos cuantos pullazos de aviso, de los que destaco éste: «los ingenieros en el siglo XXI no han estado a la altura de las circunstancias»).
Supongo que la mayor parte de los oyentes del alto Comisionado tendrían en la memoria la frase del ministro Margallo de que «la imputación de la infanta (Cristina) no favorece la marca España», pronunciada cuando se sabía que el intrépido juez Torres la había llamado a declarar en el asunto Noos-Urdangarín, pero aún no se sabía que la Audiencia confirmaría que no procedía, de momento, porque no había suficientes indicios allí donde se apuntaba, aunque no parecían faltar en otros feudos.
Fiel a la tarea encomendada y a su amplia experiencia en lidiar con asuntos entretenidos, Espinosa pasó por alto, sin nombrarlas, tales minucias -carnaza y cebo para revistas del higado o del estómago y distracción para republicanos-.
La «marca España» -dijo- es «la percepción que se tiene de nuestro país por parte de los demás, y de los propios españoles«; es un «activo muy importante» porque, al final, afecta a temas y cosas del comer, como la prima de riesgo; y «se puede cambiar, pero es un proceso lento, que supone actuar tanto en lo estructural como en lo coyuntural». Estas fueron las pinceladas con las que el conferenciante centró el tema.
Quienes han señalado los objetivos para mejorar la marca España, pretenden que en 2020 la percepción de ese producto que fabricamos entre todos, esté basada en haber acreditado estos cinco puntos: 1) Integra lo tradicional con lo moderno; 2) Potencia europea con importantes lazos en Iberoamérica; 3) País sólido y solidario; 4) La mayor diversidad del planeta (no solo biológica; cultural, climática, etc.); 5) Flexibilidad, adaptabilidad: en proceso de transformación constructiva.
No lo tiene fácil. Citó Espinosa el resultado de una encuesta realizada por Gallup en la que se invitaba a indicar el país que cumplía con estas condiciones: 1) una de sus empresas ha construído el tren de alta velocidad a la Meca; 2) otra, está realizando el segundo canal de Panamá; 3) con su tecnología, controla una tercera parte del tráfico aéreo mundial; 4) cuenta con la mayor organización y experiencia en transplantes del mundo, y, además, con el mejor índice global de donación de órganos; 5) uno de sus grupos empresariales, modelo de gestión, tiene 6.000 tiendas abiertas en los cinco continentes.
La mayoría de los europeos (60%) indicaron que ese país envidiable era Alemania. Los españoles afinaron aún más: el 72% estaban convencidos de que, en efecto, era Alemania. Solo un 4,5% de los encuestados acertaron: era España. Lo dicho, España marca, … pero no gana, y encima, como apuntaba Margallo (que será algo así como el entrenador actual del equipo imaginario, digo yo), con el hándicap de tener a una infanta en el banquillo…o a punto de estarlo.
Carlos Espinosa, en el coloquio, tuvo arrestos -habida cuenta el foro en el que estaba actuando- para poner aún más énfasis en su concepción optimista de la vida, basada en la creencia espontánea en el más allá: «La fuga de ingenieros me parece bien. A mis cinco hijos los mandé fuera, a estudiar y trabajar, y dos aún están en el extranjero. Los españoles que hayan estado fuera, si vuelven, mejorarán el capital que tenemos, con su experiencia y conocimientos; y si no vuelven, es preferible que se vayan al extranjero antes de que se tengan que subemplear en España».
Es lo que tiene de singular salirse del guión: aflora el principio de «sálvese quien pueda», y allí es donde, como se sabe, cuentan mucho los apellidos que se lleven encima. Pero este desliz en los argumentos de Espinosa no me impide volver a enfatizar que me pareció una exposición interesante, que en este caso, debe ser interpretado como equivalente a poco interesada,…, aunque llevar la marca Espinosa de los Monteros no es lo mismo, claro, que apellidarse González o Rodríguez y haber agotado la prestación de desempleo.

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