La intención del Comentario se dirige a la posición adoptada por el presidente de Gobierno Pedro Sánchez, de resistir sin adelantar las elecciones generales. Falto de apoyos parlamentarios para sacar adelante propuestas de calado, le sostiene la ausencia de una coalición alternativa y adorna la declinante trayectoria de su gobierno con instrucciones a sus Ministros de que desempolven todo tipo de viejos proyectos, dando así quehacer a los que buscan titulares con la permanente manifestación del quiero y no puedo.
De ahí el titular que elegí, con claras connotaciones militares, respecto a la estrategia sobre el terreno. Es temerario defender la posición, cuando la zona ha quedado expuesta a los ataques de contrario, siendo aconsejable retirarse con los efectivos a un área más resguardada en donde hacerse fuerte, evitando así que aumenten las bajas propias.
Se comprende bien que lo que Sánchez y su equipo de gobierno pretenden es demostrar que, si bien no pueden sacar adelante proyectos relevantes, al menos, que se les vea con buenas intenciones y ganas de hacer cosas que, desde su perspectiva, mejorarían la situación en la que estamos. El poder de gobernar, aunque sea ejercido de forma tan precaria, tiene, además, inercias, que, junto a la capacidad para tomar decisiones en el día a día -como aquel que conduce un coche de gran cilindrada utilizando solo las dos primeras marchas- produce gustirrinín.
Lo ocurrido con las elecciones autonómicas en Andalucía no ha sido un aviso, sino un aldabonazo en toda la cresta. Susana Díaz ha perdido votantes por la derecha, pero ha perdido también apoyos del núcleo duro de su propio partido que, ante el tufo a debacle, han decidido no asomar el careto.
El empecinamiento en continuar gestionando la misma improvisación, sin un programa explícito (salvo cuatro pinceladas), sumado a la obsesión de calificar como derecha todo lo que no gusta, ha conseguido lo que parecía imposible: aglutinar a Partido Popular y Ciudadanos en apoyo del cambio, y dar brillo a una fuerza emergente, Vox, que más que ultraderecha, yo he visto desde su aparición como un conglomerado heterogéneo, e inestable, de todo lo que el Partido Socialista no se atreve a tocar o ha dejado que otros pisoteen.
Pongamos orden antes de que sea tarde. Recupere la izquierda moderada un verdadero programa de gobierno, abandonando las improvisaciones e ideas felices del momento, y arriésguese a pasar a la oposición. Menos contemporizar con separatistas sin honor; sepárese el cuerpo argumental de posiciones tóxicas emanadas de un populismo que solo tiene de izquierda el ánimo revolucionario; convénzanse los ideólogos del partido socialista que gobernar, hoy, en la Unión Europea y dados los vientos que soplan desde Norteamérica y de China, es mejor guarnecerse y cuidar la ropa, antes que meterse en aguas turbulentas: no juguemos a ser los primeros de la clase, que nadie nos va a premiar con un diploma.
La falta de autoridad para decidir se está traduciendo en pérdida de sustancia, cada vez más acelerada, en la seguridad social, en la educación pública, en el empleo, en la motivación de la policía y las fuerzas armadas, en la coordinación entre poderes del Estado. Lo de Cataluña clama al cielo, desde luego. Pero desde los otros confines de esta tierra de pan y lágrimas, hay muchos temas que reclaman, incluso, más atención. Y le estallarán en las manos, señor Presidente de Gobierno.
Porque hay mucha distracción con esto de los catalanes que, al fin y al cabo, es solo un intento de insurrección por parte de un gobierno autonómico. Ya lo hemos vivido hace algunas décadas, ¿no?
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Esta foto, aunque a primera vista no se detecte, debido a la densidad de la yedra y al escaso contraste de los colores, corresponde a un grupo de gorriones en la saludable ocupación de la elección de pareja. Aunque estos pajarillos pasan por ser monógamos, tengo dudas. Desde luego, cuando un macho ha encontrado un buen lugar (en la ciudad, respiraderos, rejillas, aparatos de refrigeración y grietas en los aleros) para convencer a una hembra de que deposite allí sus huevos, una vez que eclosionan, se turnará con ella en alimentar a los polluelos, este desvelo futuro no exige una gran promiscuidad en los devaneos previos.
El observador puede contemplar, si tiene paciencia y vista, orgías acompañadas de razonable estruendo, cuando no, violaciones en masa de inocentes (o no tanto) hembras atrapadas por la bandada de machos rijosillos.


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