(Este Comentario forma parte de otros cinco, que, si el lector tiene interés por el tema, deberían ser analizados conjuntamente)
6. Elección de sectores y líneas de desarrollo preferentes
El desarrollo tecnológico -entendiendo por tal, aquellas líneas de ciencia aplicada que, en un momento dado de la Historia de la Humanidad, sirven a ésta para impulsar el crecimiento económico- no es un camino predeterminado, sino que obedece a multitud de intereses, presiones, oportunidades y variantes. Como en todo escenario complejo, la selección de los elementos que en un período dado resultarán determinantes, viene realizada por unos pocos agentes. Sin embargo, las oportunidades de acomodarse a él, como actores secundarios, no son en absolutos despreciables.
Para un país intermedio, la selección de las líneas propias de colaboración con los líderes de la investigación y el desarrollo que la situación revela como relevantes, bien pudiera tomar como referencia conceptual los tres ejes siguientes:
1. Análisis de las debilidades propias en relación con la probable invasión de productos tecnológicos extranjeros, que condujera a la definición y concreción de los aspectos concretos de la producción de tecnología aplicada que deben reforzarse. Esto implica considerar separadamente los subsectores que integran cada sector industrial, valorando, por una parte, su capacidad de resistencia individual y, por otra, su adaptabilidad a los nuevos impulsos tecnológicos, detectando, contando con la ayuda de expertos de máximo nivel, las necesidades de refuerzo.
No se trata de un juego de oportunistas y fracasados, pues no hay planteamientos inocentes en la carrera del desarrollo. Ha de tenerse en cuenta que desarrollo, por sí mismo, no significa nada , por más que se nos intente, de forma obviamente interesada, presentarlo como un objetivo apetecible, con impulso y ventajas propias.
Por ejemplo: ¿Debemos admitir, como un a priori, que el desarrollo implica mayor felicidad? ¿Para quién? La respuesta parecería implicar conceptos filosóficos, pero yo no lo veo así, con esa intención reduccionista . La felicidad, como nos indica un viejo cuento, consiste en no desear más que lo que se tiene, y disfrutar con ello. No puede menospreciarse que la apetencia de lo que no se posee genera inestabilidad, amargura y obsesión, que son alimentos seguros para la frustración y el descontento.
Lo que para algunos puede significar la posibilidad de incorporar a su esfera vital algo que no se posee, y que se valora como potencialmente atractivo, para la mayoría implica el reconocimiento de que no se puede alcanzar, o implica renunciar a otros bienes que podrían implicar, individualmente, una mayor satisfacción. Si no somos libres para elegir lo que de verdad nos conviene, la servidumbre que impone la sección dominante en la sociedad para priorizar teniendo en cuenta otros intereses, no siempre transparentes, respecto a lo que merece la pena, nos subordina a objetivos ajenos, que pueden arrastrar frustración o enajenación.
Esta reflexión no es, en absoluto, gratuita. ¿Es más importante disponer de un reproductor de blue-ray que disfrutar de una excursión con la familia o amigos? ¿Debemos ser propietarios de la vivienda en lugar de arrendatarios? ¿Ser autónomo es la solución a nuestra incertidumbre laboral? Son solo unos pocos ejemplos de las elecciones que se nos fuerza a adoptar individualmente, sin disponer de toda la información para adoptar una decisión con sabiduría, y nos convierten en aún mayores prisioneros de la sociedad de consumo, empujándonos hacia una incertidumbre dependiente.
2. Estudio de las propuestas de reestructuración de la educación, la investigación, la explotación de los recursos y la producción, basadas en el efecto que las tecnologías pueden provocar en la disminución de las complejidades, en la eliminación de las redundancias innecesarias, de las ineficiencias, etc.; sin embargo, hay que analizar también el efecto que producirá sobre el consumo la apetencia por nuevos productos tecnológicos, que se ha de estar en situación de fabricar, para evitar en lo posible la pérdida de divisas y la rentabilidad ajena de los efectos del desarrollo técnico. Esta situación implicar analizar y priorizar las necesidades de fabricación de elementos críticos en los que se basan algunas de los nuevos cacharros tecnológicos, para producirlos con medios propios, generando los materiales adecuados y adaptando la formación de personal a esos requerimientos.
No es el individuo el que ha de ser adaptativo, porque individualmente se carece de la visión, y de la capacidad de decisión y recursos para enfrentarse al maremágnum tecnológico. Es el conjunto de la sociedad, que incluye las Administraciones públicas, las organizaciones empresariales y sindicales, la Universidad, los partidos políticos, las plataformas sociales, etc, quien ha de valorar la situación, de forma continuada, y decidir qué posición adoptar para canalizar y encauzar las apetencias colectivas mayoritarias.
La falta de una discusión transparente sobre las líneas troncales que debe adoptar una sociedad, deja al individuo al albur de los caprichos de los agentes externos. Si no se discute el modelo educativo, si no se han elegido las líneas preferentes para la investigación que beneficiarán a la mayoría, si se carece de un programa consensuado de explotación de los recursos propios y su potenciación, nos encontraremos con la situación de que proliferarán las resistencias particulares, dificultando el avance conjunto hacia las mejorar consistentes, propiciando, una y otra vez, burbujas tecnológicas, bolsas de paro, ineficiencias en la educación y formación. Los que resultarán beneficiarios serán, principalmente, quienes mantienen el control, porque tendrán las mejores opciones de reproducir su situación ventajosa.
3. Un país intermedio no puede renunciar a la implementación de las tecnologías avanzadas de las existentes en el mercado, estableciendo convenios de colaboración tecnológicos, planes de desarrollo formativo con Universidades y centros de enseñanza, y, por supuesto, acuerdos de financiación con entidades prestamistas, concreción de programas de investigación público-privados relacionados con las carencias y plazos detectados, etc.
Sin embargo, la decisión dramática implica que hay que seleccionar entre aquellas tecnologías y procesos que se desarrollarán en el propio país y aquellos otros de los que se deberá ser adquirente. No se puede pretender ser autárquico, ni producir ni investigar todo: se debe priorizar. Si la Unión Europea funcionara como una entidad con una sola coordinación, sería tal vez posible presentar alternativa a la capacidad de marcar la dirección que tiene Estados Unidos y que, verosímilmente, alcanzará pronto China. Actuando de forma descoordinada, con intereses nacionales prevalentes sobre la estrategia común, España no tiene más opciones que seleccionar opciones en el panorama, amparar su debilidad con acuerdos y desear que, fundamentalmente por suerte, obtenga éxito en algún subsector concreto que permita negociar su posición en el escenario donde los grandes grupos marcan su política.
De esos análisis, efectuados de forma transparente, porque colectivamente hay mucho más que ganar de lo que se podría perder, deberían surgir líneas consensuadas, por ejemplo, de desarrollo de software y comunicaciones, la selección de investigación aplicada y producción de materiales con determinadas características (pienso, por ejemplo, en el imprescindible Instituto Nacional del Grafeno, que vendría a sustituir un Instituto del Carbón que poco efecto tiene ya), el diseño y fabricación de equipos adaptados para cubrir ciertas carencias o posibilidades de mejora de aspectos concretos de la vida y los servicios ciudadanos, etc.
Me repito, en realidad. En mi tesis sobre el Desarrollo Industrial de Asturias y la Propuesta de Acciones a partir de la Experiencia reciente (leída, cum laude, en 1989), ya indicaba algunos de los sectores que deberían impulsarse, como preferentes actuaciones con interés futuro.
Cuando releo aquellas páginas, no es el orgullo el que me ciega, sino me acomete la desilusión de advertir que siguen siendo válidas. Sean cuales fueren, estas líneas de desarrollo podrían plasmarse en núcleos interdisciplinares (clusters) cuyo crecimiento, resultados y efectos deberían ser objeto de seguimiento y valoración por selectos equipos mixtos procedentes de las Universidades y empresas, manteniendo el criterio de que se trata de sostener una investigación abierta (open research, es decir, disponible para su uso libre).
(continuará)

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