Rusia aumenta su presión bélica sobre Ucrania, que se resiste a rendirse. Ejemplos de heroicidad se encuentran por todas partes, pero también vemos imágenes que producen dolor en la sensibilidad de cuantos nos informamos de la guerra sin capacidad de respuesta y sin evitar poner un acento distante, genuinamente estúpido, sobre las noticias que nos llegan a raudales. Muertos en las calles, bombardeos sobre hospitales materno-infantiles, edificios públicos y privados, grupos familiares que huyen sin saber dónde les acogerán, Centrales nucleares que pasan a manos de soldados sin ninguna preparación, armas y ayuda humanitaria que no llega a sus destinos, desolación, muerte.
Hemos sabido que hay un increíble movimiento de solidaridad con Putin y con su tremenda barbarie, y que son muchos (en todo caso, cifras no despreciables) los rusos que esgrimen una «Z» blanca sobre sus vestimentas, que es el símbolo que llevan los tanques y uniformes de los atacantes, para distinguirse. Inicialmente previsto para identificar a las fuerzas que entraron en territorio ucraniano como «fuerzas de paz».
Los crímenes de guerra cometidos por el sátrapa ruso y sus secuaces son incontables y las muestras de la falta de ética, honor y principios humanitarios que esgrimen sobre el terreno los militares rusos alcanzan cotas impensables, pudiendo definirse como barbarie y monstruosidad sin ninguna reserva. Puede que no se consiga llevar nunca a Vladimir Putin ante una Corte Penal Internacional, pero no existe ningún sátrapa contemporáneo con dimensión tan despreciable.
La información que llega desde Ucrania es confusa. La caída de Kiev parece inminente desde hace días, y Leópolis se prepara para convertirse en la capital de facto. Se difunden también imágenes donde prisioneros de guerra por las tropas ucranias, declarando bajo presión evidente y después de haber sufrido torturas, aclaran sin convicción que han llegado engañados a la invasión, que no estaban convenientemente equipados y que piden perdón al pueblo ucranio. Algunos medios ponen de relieve que Ucrania está incumpliendo las normas de la guerra que son precisas respecto al trato que debe darse a los prisioneros enemigos. ¿A quién importa cumplir normas internacionales si el invasor no ha respetado ninguna?
La resistencia ucrania es meritoria y la solución diplomática no parece cercana, e incluso ni posible. Los Estados Europeos se mantienen con extrema prudencia, pretendiendo evitar que la guerra escale a dimensión internacional, lo que desembocaría -según ha reconocido Josep Borrell en declaraciones a la Sexta de hoy miércoles- en la tercera guerra mundial. Polonia, que tenía preparados para poner a disposición de los Ejercitos ucranios su flota de aviones de combate, ha retirado la propuesta, exigiendo que sea Estados Unidos el país que autorice la entrega. Con ello, se ha desestimado esa posible ayuda.
La guerra se mantiene, pues, por cauces convencionales. La amenaza del propio Putin de utilizar el botón nuclear (en caso de que la OTAN entre en liza) contiene los deseos de ayuda a los combatientes ucranianos. Las medidas económicas, aunque intensas, no parecen suficientes para doblegar, al menos de inmediato, al sátrapa. Se ha comprendido, además, y muy rápidamente, que el efecto boomerang es superior al esperado; las economías occidentales están padeciendo las consecuencias en sus carnes, con escalada de los precios de la energia y, también, de bienes de consumo y de primera necesidad. Los problemas actuales son, al menos en España, solo de precios, pero otros países -como Alemania y el resto de Europa, en general- tendrán problemas de abastecimiento a corto plazo, pues dependen del gas ruso.
El mundo no será igual a partir de esta guerra. Las relaciones con Rusia no podrán ser reconstruídas por los cauces anteriores. Las mentiras utilizadas por el presidente ruso y todos los representantes de su Administración (incluso, embajadores y agregados militares y comerciales en Europa) permiten cuestionar toda credibilidad que puedan pretender.
Todos debemos estar con Ucrania. La actitud de algunos miembros del gobierno español poniendo en cuestión el apoyo que se está otorgando a Ucrania es vergonzosa. No puede consentirse la falta de homogeneidad en nuestro Gobierno ante un tema que afecta de manera directa a la valoración que merece el respeto al orden internacional, a los más elementales derechos a la libertad de los pueblos. La violacion de normas internacionales y de la ética que debe ser principio basico de actuación de los seres humanos, no permite ser indulgentes. No caben contradicciones.
Ucrania debe resistir sola, parece el mensaje uniforme desde la OTAN y la Unión Europea (que juega aquí, penosamente para nuestra dignidad, el papel de chico de los recados). El temor a la tercera guerra mundial nos está obligando a ser inconsistentes y hace que Putin y sus colegas genocidas tengan la sartén del desastre por el mango de sus garfios apestosos.


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