A punto de finalizar el mes de marzo de 2020, con la crisis epidémica provocada por el virus chino aún sin resolver en España, los dientes de una crisis aún mayor, la económica, asoman con crudeza. Sabemos aún muy poco de cómo se generó, desconocemos cómo combatir al SARS-Coronavirus 19 (qué coño importan los nombres, en este momento) y lo que verdaderamente nos preocupa es que las balas siguen silbando sobre nuestras cabezas, y como no sabemos bien cómo protegernos, volcamos nuestra mirada angustiada al sector sanitario y al personal facultativo, empeñados en demostrar que a su profesión le ha llegado el momento heroico.
Creo que es justo plantearse, en primer lugar, cómo y porqué se generó este virus. Es imposible no volver la vista hacia el Centro de Investigación virológica y epidemiológica de Wuhan, el más importante en la materia de China y uno de los más destacados del mundo, en donde saben muchísimo sobre SARS y coronavirus en general. Inicialmente, se propagó la estúpida noticia (típica fake new) de que el causante era un exótico animal llamado pangolín, que habría sido ingerido en una celebración familiar por razón del nuevo Año chino. Ambas ideas han sido desmentidas de manera eficiente: la primera, jurando por su honor, por la responsable del Centro; la segunda, porque aunque se han desollado más pangolines en estos meses que en toda la historia de la gastronomía china, no se encontró nada sospechoso en todos los bichos sacrificados.
Lo cierto es que, desde finales de enero, el virus se nos ha introducido en nuestro tejido social, causando alarma, pérdida de credibilidad de nuestro gobierno de falsa coalición y el hundimiento del sistema sanitario, que ha quedado demostrado descansaba sobre la precariedad y el esfuerzo contra lógica del personal empleado en la Sanidad Pública. Se están produciendo miles de muertes por el virus, en una espiral de contagios que no es posible deducir cabalmente cómo se ha producido y se está produciendo y que afecta, fundamentalmente, a centros geriátricos y sanitarios. También parece afectar a personas relevantes del gobierno y de la política, pero no me creo que sean más vulnerables por el hecho de estar dedicados al servicio público de señalarnos por donde creían que iba a ir el futuro. Creo, sencillamente que, como están más cerca de los mandos, se han hecho los análisis. Si nos los hubiéramos hecho todos, muchos más seríamos los afectados.
(seguirá)


