Extraigo varios poemas, de diferente temática, ocasión y ánimo creativo, como muestra singular de mi amplio quehacer poético.
Es algo que no debería hacerse, porque una falsa selección, como ésta, sin otro criterio que el azar, perjudica al autor y al mensaje. Pero tal vez con ello atraiga la curiosidad de algún lector para entender porqué, desde los ocho años, recojo e imagino mi vida en versos.
Como la mayoría de mis poemas se mantienen inéditos, esta exhibición de particular impudicia, a mis años, que podría ser interpretada como inmolación de mi credo poético, merecería tal vez un análisis sicológico que no estoy dispuesto a hacer.
Los números que figuran antes de cada poema, corresponden al orden correlativo de los mismos en el Libro al que pertenecen, cuyo título figura al final, entre paréntesis, junto al día y año en que fueron escritos.
43
Es el tiempo de amor,
de contemplar estrellas,
acercarse a la orilla de un mar
y acurrucarse en el hueco
que dejan libres las olas.
Es momento de empeñar
nuevos propósitos, sentirse
que con muy poco esfuerzo
alcanzaremos la luna.
Tómate un respiro,
camarada amada,
y desde esa sensación de poder
efímero, volveremos allí
e imaginaremos el pasado
que pudo ser
(12 de septiembre de 2019, «Tiempo de prórroga», @angelmanuel arias)
30
La vejez es hermosa
si la miramos desde la plataforma
de la vigorosa juventud.
A medida que se acerca
nos damos cuenta
de su horrible trivialidad,
del destino fatal
que nos aguarda
como patético colofón.
Se que ya no es época
para vino, amores y proezas,
pero la pesadumbre
me empuja como un toro
hacia el lado más lúdico.
(11 de noviembre de 2019, “Tiempo de prórroga”, @angelmanuelarias)
29
El primer regalo importante,
la ocasión de tus besos.
Luego,
una persecución implacable
para la llamar la intención
de momentos mejores;
con el protagonismo
de tu perfecta asimetría:
Construimos,
con muy pocos enseres,
con el escaso bagaje
de una huida improvisada,
un castillo de naipes
que aguantó tempestades.
(15 de diciembre de 2019, “Abanico de recordatorios”, @angelmanuelarias)
7
Esta tarde abierta
de domingo
hemos estado dibujando
sillas. Altas, bajas,
con y sin respaldo.
Algunas, tumbadas;
las más, de pie
y, aquellas, rotas.
Cuando teníamos la página
convertida
en una exposición de mobiliario,
Claudia, la pequeña,
apuntó:
“Abuelo, ¿sabes qué?
Nos falta un trono.
Las hadas y los reyes
se sientan en tronos”.
“Si es por eso, -replicó Sofía-
también deberíamos
pintar un suelo
para que se sienten
a pedir los pobres”.
(2 de febrero de 2017, “No nos engaña a nosotros”, @angelmanuelarias)

