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Donde buscamos calma, desconcierto;
quienes debían mostrarnos el camino
para salir de aquí, parece cierto
que prima benefician su destino.
Si llevan con falacias a su huerto,
a mentir de verdad hay que hilar fino;
los paisajes con pintas de anodino
dibujos son de infantes, no de experto.
Desgracia contagiarse por latino
y gozar de carácter más abierto;
me importa de los datos un pepino,
si generan más confusión, y advierto
que solo trago aquellos que cocino
y peino a tenedor, no descubierto.
15 de abril de 2020
(@angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis)
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Este dibujo, titulado «Hombre descubriendo su intimidad» tiene un trasfondo irónico. Ese personaje que se desnuda hasta el punto de ofrecer a la persona que tiene al lado el contenido de su cerebro -es decir, de sus sentimientos-, en un acto de suprema sinceridad, no parece haber conseguido suficiente credibilidad ante la que parece su pareja, que le mira con escepticismo, sin aparecer conmovida.
Sentados ambos personajes en el sillón de la fantasía, el misterio de las relaciones humanas (especialmente aquellas que están imbuidas o dirigidas por la ceremonia de la seducción) se desvela así, paradójicamente, como un elemento de unión. Nada que desconozcan los amantes.


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