Junto a los que ven la botella medio llena o medio vacía, y además de los que todavía creen que en ella se alberga un congénere del mago de la lámpara, están los que escriben libros, aconsejando qué hacer o qué no hacer en situaciones difíciles.
Como le sucedía al toro castrado del chiste memorable que animaba a un eral alborotado a saltarse a la carrera el cerco de espino para disfrutar del regalo de las pacientes hembras que rumiaban al otro lado, es condición para asesorar, tener las posaderas peladas, las sienes blancas y haberse dejado los testículos en algún salto temerario.
Takami, «El japonés que estrelló el tren para ganar tiempo» (libro premiado como el más recomendable para emprendedores y gestores, de los publicados en 2012, por el Jurado de la plataforma KnowSquare, y del que es autor Gabriel Ginebra, existió. Era un joven de 23 años que, deseoso de hacerlo muy bien, pero falto de criterio respecto a las prioridades, provocó el mayor accidente de la historia de Japón desde 1963, inmolando a centos de pasajeros y a él mismo en el objetivo imposible de compensar el retrado y poder cumplir con el horario.
Es una historia de optimismo y entrega con final desgraciado, pero los entresijos que perfilan la enseñanza son los mismos que los que se pueden extraer de El monje que vendió su Ferrari, o se pueden perseguir en la búsqueda de ¿Quién se comió mi queso?. Están, también, expresos en la anécdota inventada que contó, en ausencia de José Antonio Marina, galardonado en el mismo acto por su trayectoria como mejor comunicador y más influyente en la sociedad española, el DG de la Editorial Ariel, lo que hizo, me pareció, con las mismas exactas palabras que lo hubiera hecho el venerado autor.
En resumen para escépticos: Puedes estar haciendo lo que sea, buscar los restos de un queso, retirarte a un convento, estrellar un tren, fabricar humo, o poner piedra sobre piedra en hileras, pero lo importante es que te creas que estás construyendo una catedral y que alguien te pague por lo que haces o te publique el libro en que lo cuentas. En eso estamos.
