Este Comentario no forma parte de la serie Feeling start-up´s Initiatives. Es un verso suelto al respecto y, si no fuera porque estoy embocado a comentar posibles ideas de promoción de nuevos proyectos empresariales, lo hubiera titulado, desde luego, de otra forma.
Por ejemplo: «¿Por qué preocupa tanto a algunos agentes económicos una planificación energética en España?»
Lo escribo después de haber asistido a la Jornada sobre «Dependencia energética y electrificación de la economía: un análisis económico», celebrada en Madrid el 23 de octubre de 2013, bajo los auspicios de «El nuevo lunes» y Red Eléctrica de España (REE).
Fue interesante, cómo no iba a serlo, una Sesión en la que se pudo escuchar lo que opinan al respecto del tema José Folgado (Presidente de la REE), María Sicilia (Subdirectora General de Planificación Energética y Seguimiento del Ministerio de Industria, Energía y Turismo)…sin desmerecer, en lo más mínimo -al contrario, porque son también importantes actores del guirigay energético de nuestro país-, lo que aportaron Gonzalo Saénz de Miera (Presidente de la Asociación Española para la Economía Energética), Gonzalo Escribano (Director del Programa Energía y Cambio Climático, del Real Instituto Elcano, Pedro Linares (Profesor de Comillas y Director de Economics for Energy) y Oscar Arnedillo (Director de NERA Economic Consulting en España).
Lo que pasa es que, los que seguimos el tema, aunque no tengamos responsabilidades sobre el mismo, ya hemos escuchado los argumentos, las ideas, las explicaciones y los consejos, muchas veces. Las actuaciones, y no solo las que emanan del Gobierno de turno, son las que no se consigue encajar.
Y opino que eso es debido a que no tenemos ninguna directriz consistente en el sector energético: ni la ambiental, ni la autosuficiencia, ni la rentabilidad, ni la generación de empleo, ni la explotación de los recursos propios, ni siquiera el sostenimiento de los acuerdos alcanzados. Algo muy grave.
Sáenz de Miera, en sus «Conclusiones de la Jornada» decía que echaba de menos que los ponentes no hubieran hablado del último Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático.
Yo eché de menos muchas más cosas.
Para empezar, me gustaría que alguien nos dijera no cuánto nos cuesta a los usuarios la energía eléctrica -que ya lo sabemos, tanto como consumidores particulares como, por supuesto, empresariales-, sino cuál es el precio mínimo que podríamos pagar si se utilizara de la manera más eficiente posible todo el parque energético español.
Ese que, como se nos recuerda ahora, como si nadie fuera culpable, tiene una capacidad instalada de 102.000 MW para una demanda máxima invernal que cubriríamos con solo 45.000 MW. Con una estructura económica que no busca la rentabilidad, a pesar de que se esté haciendo continua apelación a la bondad del mercado, sino la compensación de errores graves que no se corrigen, por falta de voluntad o de autoridad.
Un sistema que mantiene una fórmula de retribución que obliga a que las energías de coste de producción más alto (las renovables) sean las que entren primero a cubrir las necesidades diarias y marquen el precio para todos los que compongan posteriormente el mix.
El mismo en el que tenemos contratos de compra de gas natural con fórmulas de take-or-pay («me lo pagas aunque no lo consuma»s) y en el que grupos de ecologistas desinformados (no dudo que bien intencionados) presionan para que se paralicen o anulen los proyectos de almacenamiento de gas, -entre otras «reivindicaciones» que permitirían, al menos, tener un colchón de suministro a los mejores precios.
Estoy, por supuesto, de acuerdo, en incrementar la electrificación de nuestra economía: por razones ambientales y pragmáticas. Esto significa, no tanto más vehículos eléctricos (María Sicilia, que es una funcionaria aplicada y seria, recordó que, a pesar de todos los esfuerzos Pive tenemos 935 vehículos matriculados de este tipo en el país), sino una energía eléctrica más barata.
Somos un país empobrecido y con grandes necesidades de reconducción estructural. No debemos, por ello, estar tan obsesionados con ser cumplidores de las directrices que emanan de Bruselas (dirigidas por países que tiran la piedra y esconden la mano y que tienen otros recursos, incluso políticos), sino por el interés de hacer nuestra economía más competitiva, en el interior y en el exterior.
Como la teoría se sabe bien, las ideas pueden venir -y vienen- del público asistente. Luis Yagüe -ex Presidente de la Asociación Nuclear Española, y, por tanto, experto del sector, de esa categoría que llamo de «pelo blanco» (White hair) y a la que proceso, a medida que se me platean las sienes, creciente cariño-, recordaba que «es un error de base pensar que las compañías eléctricas tienen interés en la energía nuclear. Hay que mirar no lo que hace Europa, sino al mundo, y no a China o India solamente, sino a Corea, por ejemplo. En los astilleros coreanos un operario cobra más de 2.000 euros, un salario mejor que en España, y son competitivos. Han construido 30 centrales nucleares y son capaces de erigir y poner en marcha una nueva en solo cinco años. El Estado inglés ha presupuestado 16.000 Mill. de euros para cofinanciar la construcción de 2 centrales nucleares…».
Y apuntaba Luis Yagüe, al que cito en homenaje a los que forman el «público asistente», que «comentaba hace algún tiempo con José María Fidalgo (líder de Comisiones Obreras a la sazón) la cuestión nuclear, y me decía que apoyaba la energía nuclear porque si los costes energéticos no eran competitivos, se tocarían entonces a la baja los salarios».
Podía contar más cosas, dar más cifras, realizar otros comentarios y mencionar más temas extraídos de mis apuntes, pero me apetece volver a mis Cuentos de Otoño o a esas Iniciativas para generar nuevas empresas, start-ups. Porque las que tenemos (a pesar de esas luces que algunos dicen ser del final del túnel, y que se me antojan más bien la linterna de alguien que perdió el norte) siguen yendo o amenazadas de ir, en buena medida, downstream.

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