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Asturias, el paisanaje

13 agosto, 2020 By amarias 2 comentarios

El reconocimiento de la gravedad de la situación asturiana, con un tejido industrial y una base de generación de actividad y empleo crudamente dañadas por la pérdida de los sectores básicos que propiciaron un falso éxtasis de bienestar, vuelca la atención en prácticamente todos los análisis sobre la «reinvención», la «reconstrucción» o «el nuevo resurgir» de la región sobre su capital humano.
Este énfasis sobre la calidad de la población, en mi opinión, no deja de ser una carga trasladada a quien no tiene capacidad para resolver el problema. Equivale a la  típica frase de ánimo (no niego que bien intencionada) con la que intentamos estimular al enfermo de un mal grave, presuntamente incurable: «Animo, tú puedes». O la medicina y la terapéutica acuden a la operación de salvamiento, o, si la enfermedad es  letal, solo se conseguirá agravar la tensión emocional sobre el paciente, culpabilizándolo de su desgracia.

Tiene Asturias un aceptable capital humano, sin duda, pero ese factor clásico de la función del trabajo, debe ser activado y canalizado en emprendimientos productivos. Si consideramos únicamente la actividad empresarial, no discuto la calidad de la formación técnica y, en general, la universitaria, de los egresados de las muchas ramas del saber que tienen enclave formativo en la región.

He escrito muchas veces -sin éxito, porque, sin duda, resolver la cuestión, no por necesaria, es sencilla- que tenemos una disparidad y densidad excesiva en centros de formación técnica. Todos ellos cuentan con profesionales cualificados, y exigencias formativas muy altas. El número de ingenieros de minas o industriales,  en las modalidades actuales de grado o máster, es, sin duda, excesivo para la capacidad de absorción de la región. En consecuencia, desde hace ya décadas, se están formando profesionales para que busquen su empleabilidad fuera de la región.

Sucede lo mismo en las facultades literarias, desde Derecho a Filosofía e incluso sicología. No es distinta la situación en Medicina y Enfermería. En todos los casos, quienes acaban su cualificación se ven forzados, en gran número, a marcharse de la región si quieren encontrar aplicabilidad a sus estudios. Eso sí, la buena fama de la mayoría de las carreras asturianas, muy exigentes, favorece la empleabilidad.

Creo que debería atenderse con máxima intensidad a apoya trabajos de investigación, tesis doctorales y trabajos fin de grado que tengan orientación preferente, ya que no exclusiva, al desarrollo regional. Y, en esa línea, habría de apoyarse, con subvenciones e impulsos públicos sin reticencia, a la formación de empresas en las que participen, como socios, jóvenes egresados, sus profesores, e inversores asturianos.

He enunciado en otras ocasiones que debería estimularse la creación de empresas en las que los aportadores de capital fueran jubilados con esa disponibilidad económica y los proyectos, construidos con ideas y patentes surgidos de las Universidades asturianas. Se trata de orientar la formación académica hacia la aplicabilidad regional. ¿De qué nos sirve saber que la densidad de abogados en Asturias es de las más altas de España, y que hay más ingenieros por metro cuadrado que en cualquier otro punto del mapa nacional?

En relación con la mano de obra cualificada de formación profesional, la situación es especialmente urgente. Tenemos ya pocos especialistas mineros, mantenedores de centrales térmicas, caldereros, operadores de laminación, instrumentistas, etc., jubilados la mayoría. Sucede lo mismo que, en otros sectores y regiones españolas, con los especialistas en mantenimiento de centrales nucleares, prospección profunda, expertos en resistencia de materiales o producción farmacéutica, entre otros campos, porque se han dejado caer o han cerrado las empresas matrices sostenedoras de la necesidad.

Animo, pues, a la revisión de la formación de grado medio, recuperando la vieja pero vigente teoría de las escuelas de formación profesional. No necesitamos tantos ingenieros de formación (en este estado de desarrollo) y sí más especialistas en máquinas herramientas, control numérico, robótica, telecomunicaciones, informática. Es decir, con aplicaciones trasversales a la mayor parte de las necesidades empresariales, cualesquiera que sea su rubro de actividad.

No concibo, y apelo a mi propia experiencia, que las pequeñas empresas, producto de iniciativas individuales, florezcan y triunfen sin apoyos públicos y privados. Puede que siete de cada diez mueran, en intentos fallidos. Pero la formación de quienes las emprendieron servirá para otros emprendimientos y la experiencia adquirida no tiene desperdicio. No creamos que los catalanes y vascos -por poner un ejemplo- son más listos ni más emprendedores que los asturianos. Quiá. Les apoya el entramado generado en estas regiones, de apoyos públicos sin rubor, de fronteras de nacionalismos embutidos a la gente desde las escuelas. Aunque el tamaño de estas regiones es superior al de Asturias, la falta de conciencia regional aquí pesa como un lastre. Cada vez que veo en un comercio, por ejemplo, que Lentejas la Asturiana, proviene de Canadá o Estados Unidos, me pregunto si basta creer que la faba asturiana es la mejor del mundo, cuando nuestros fértiles valles están perdiéndose, faltos de cuidado, sin remedio.

Hay que generar empleo con urgencia, porque los subsidios que se reciben en la región por la vía de las jubilaciones, se perderán a corto plazo, al fallecer sus detentadores. Y hay bolsas tremendas de posible actividad, que se deben cubrir: recuperación de edificios históricos, abandonados en la desidia de la ausencia de mantenimiento, bosques sin aprovechamiento cabal, pasto periódico de incendios provocados o no, antiguos campos de labor ahora sin otro destino que las zarzas. Solo la eliminación de esos miles de ruinas que pueblan nuestra geografía regional, o la recuperación de estos centenares de edificios en lugares nobles de nuestros pueblos, que se caen a pedazos, ya generaría muchos puestos de trabajo. ¿Quién lo ha de pagar? Desde luego, el propietario; y si no lo hace, la administración pública, previo expediente.

Tenemos que convencernos que Asturias, el Paraíso Natural de nuestros cuentos, tiene, como lo imaginamos desde los sueños de grandeza regional, los días perdidos.

Caminamos hacia una región con poco más de seiscientos mil habitantes, quizá como deseable lugar de residencia para eficientes y dichosos propietarios de un puesto decente de teletrabajo. Pero no lograremos la recuperación de un tejido industrial suficiente para mantener la actual población y el nivel de bienestar de que disfrutamos, solo mirando con avidez hacia el turismo.

Se me objetará que podía ser más optimista. Tal vez. Aunque para alimentar el optimismo, desde hace ya décadas, se bastan los centenares de acomodados estudiosos y expertos que, desde sus atalayas, animan a cambiar el «paradigma regional».

Y juro que no tengo ni idea de lo que eso significa.

Publicado en: Actualidad, Asturias Etiquetado como: Asturias, desarrollo regional, Formación Profesional, industria, Universidad

Superar la crisis económica

11 junio, 2020 By amarias 1 comentario

DESPUES DE LA PANDEMIA, UN UNICO OBJETIVO: SUPERAR LA CRISIS ECONOMICA

La pandemia provocada por el SARS-CoV-2, un maligno coronavirus que se ha colado como nuevo elefante en la cacharrería de nuestra existencia, no está plenamente atajada, según opiniones de expertos, aunque vivimos en España momentos de relax y relativa euforia, pues la mortalidad atribuida a la enfermedad se ha reducido drásticamente y se están aligerando las medidas de confinamiento. Pero se teme que el virus continuará con nosotros, incluso con posibles rebrotes de virulencia, salvo que ésta se vea atenuada por su propia deriva natural o se consiga dominarlo con una o varias vacunas universales.

En estos meses de forzado confinamiento, hemos aprendido mucha terminología en relación con los virus y la epidemia, si bien, la novedad, amplia difusión y tremenda agresividad del agente vírico ha provocado lagunas de oscuridad -algunas, persistentes- que dificultan entender aspectos sustanciales: origen del virus, forma concreta de propagación, niveles reales de protección de los diferentes tipos de mascarillas que se vienen utilizando, causas por las que presenta niveles de agresividad variables y forma de tratamiento efectivo de los infectados y de seguimiento de los dados de alta.

Todos los países, independientemente de sistemas económicos, han adoptado medidas similares, si bien algunos las adoptaron después de dudas y errores iniciales: confinamiento y distancia social. Pero, a salvo de la probada eficacia de mantenerse confinados, guardar distancias, utilizar mascarillas en lugares públicos y en el trabajo, y lavarse frecuentemente las manos, el riesgo de un repunte del ataque vírico subsiste. Que solamente de un 5 al 10% de los ciudadanos españoles manifiesten, a tenor de los ensayos realizados hasta ahora, haber superado la infección, nos sitúa lejos del objetivo de alcanzar esa “inmunidad de rebaño” que algunos epidemiólogos fijan como nivel de protección que garantizaría el autocontrol de una población en la difusión masiva del virus.

Valorando la crisis económica

Es difícil, en una situación con tan frágil estabilidad, con la preocupación política y ciudadana volcada, obviamente, en la protección de la salud, pretender disertar sobre la economía. Sin embargo, entiendo que es imprescindible hacerlo y abrir, con rapidez y sensatez, un debate que permita clarificar la selección de medidas públicas y sirva de orientación a los agentes sociales. El confinamiento masivo de la población, manteniendo solo algunos servicios esenciales, ha paralizado la actividad económica y causado un gravísimo daño inmediato a la generación y transformación de los recursos y, por tanto, al empleo.
Conseguida la contención de la propagación masiva del virus y su escalada de fallecimiento, se está abriendo la permisividad en todos los países, con fases medidas para el levantamiento del cierre de establecimientos y negocios, pero la evidencia irrefutable es que la caída de las economías ha sido brutal. En España, se cifra en más de un 10% la disminución del PIB y en más de un millón el número de empleos perdidos. Puede ser todavía peor.

En estos meses ha habido tiempo para leer, escuchar música, hacer gimnasia, pensar, lamentarse e incluso dejarse intoxicar ante el inmenso volumen de informaciones de expertos, aficionados y enredadores: contradictorias, interesadas; muchas de ellas, falaces. El confinamiento ha incrementado la tensión social, avivado las posturas políticas encontradas, exacerbado las críticas. La curva de evolución de los contagios y muertes provocados por el patógeno ha puesto sobre el tapete de la existencia al temor a la muerte propia y de los seres queridos. Aunque las nuevas cifras de infectados y la mejora en el tratamiento, hayan disminuido la tensión, el riesgo y el miedo al contagio, subsisten. La evidencia de que el virus se cebaba con preferencia en las personas mayores y en los que tenían patologías previas, ha cargado a algunos colectivos con un lastre aún mayor.

Entre los colectivos profesionales, la primera línea de choque, al tratarse de una crisis epidemiológica, ha sido ocupada por el personal sanitario. La superior exposición ha provocado una mayor proporción relativa de infectados en ese grupo e, incluso de fallecimientos. Fuerzas de seguridad, transportistas, empleados de la limpieza, farmacéuticos, distribuidores de mercancías, empleados de supermercados y tiendas de abastecimiento, que también se han visto especialmente solicitados, han contado como los héroes y heroínas forzados de esta pandemia, por su definitiva aportación a la recuperación y sostenimiento de la normalidad básica.

España aparece entre los países que han tenido que soportar el mayor número relativo de contagiados y fallecimientos (la pandemia se ha cobrado víctimas sobre todo en residencias geriátricas y entre personal facultativo que, al principio de la pandemia, creía estar confrontándose con una gripe episódica). No recuperaremos, desgraciadamente, a los muertos, y muchos de los sanados mantendrán secuelas de por vida, pero la respuesta a la pandemia nos obligará a extraer consecuencias, y la recuperación económica debe ocupar el centro de los objetivos inmediatos.

Tentación de volver a la situación clónica de la anterior

La tentación podría ser la recuperación de una situación lo más clónica posible que teníamos a finales de noviembre- diciembre del año 2019. Esto supondría otorgar ayudas a aquellas empresas, comercios y autónomos que han perdido actividad y cuota de mercado, para impulsarlos, con empuje oficial (subvenciones y exenciones, fundamentalmente), hasta que se vuelvan a situar donde estaban, sin cambiar su posición de riesgo ni sus líneas de trabajo.

Es una intención loable, pero creo que puede ser calificada de grave error. Como después de una guerra, aunque esta haya sido de corta duración, la recuperación de lo destruido es imposible, pero, además, en el actual contexto tecnológico y de competencia mundial, sería inadecuada. Es imposible, porque las exigencias de los mercados han cambiado, y es inadecuada porque los elementos de producción, los competidores desde el lado de la oferta, son otros o pueden serlo; los países que antes se recuperen de la pandemia vírica estarán mejor situados para ampliar su cuota de mercado, y las empresas (no solamente chinas o de países orientales poco afectados por ella; también de otros países europeos) aumentarán una penetración que había sido ya muy amplia gracias, tanto a la permisividad de la globalización, como a la calidad tecnológica y la variedad y atractivo de sus ofertas.

No se ha de olvidar que, antes de la pandemia, ya estábamos en crisis. Una nueva revolución tecnológica se había asentado entre nosotros, alimentando el desempleo en sectores que parecían seguros, afectados por el avance exponencial de las consecuencias de la globalización, lo instantáneo de las comunicaciones, la capacidad para tratar masivamente los datos, el teletrabajo, la incorporación de tecnologías y materiales sofisticados a los ciclos de producción, y la aparición de nuevas ofertas de consumo, cada vez más atractivas y baratas. Era evidente ya la polarización de los trabajos entre la alta cualificación y aquellos que precisaban poca o ninguna. La realidad del aumento del calentamiento de la superficie terrestre estaba cambiando, al menos en la Unión Europea, la deriva de la distribución de la producción energética hacia las energías calificadas de limpias, con repercusiones sociales y económicas que aún no estaban plenamente valoradas.

En lo tecnológico, pero no únicamente, la crisis epidémica se diferencia de anteriores escenarios económicos, no solamente en su complejidad, sino por haber afectado las cadenas de suministro y de manera prácticamente instantánea. Las carteras de pedidos se han vaciado, las expectativas coyunturales han variado bruscamente. Los criterios de reactivación que podían servir en otras coyunturas son calificados de insuficientes o inútiles por los afectados.

No se trata de recuperar un sector aislado, una empresa concreta o atender a una reconversión puntual. La mayoría de las empresas, no solo se han encontrado con la anulación masiva de pedidos, sino que, las nuevas demandas no pueden ser atendidas o solo de forma deficiente al faltar suministros esenciales que deberían provenir de proveedores sobre los que se ha perdido el control y llevan semanas inactivos. La recuperación se entreteje como una necesidad compleja a lo largo de las cadenas productivas, afectando simultáneamente a varios países y sectores, todos interdependientes.

Esta crisis es, por su naturaleza global, una compleja superposición de varias, que aumentará aún más la dualidad en el mercado de trabajo, favoreciendo en el corto plazo la colocación de especialistas y técnicos cualificados en sectores que necesitan cubrir necesidades inmediatas (especialistas en telecomunicaciones, informáticos, vendedores on line, diseñadores industriales, ingenieros mecánicos, agentes y procuradores de todo tipo, técnicos de seguros, médicos y enfermeros desde generalistas a intensivistas, abogados penalistas, distribuidores de mercancías a domicilio, reparadores de electrodomésticos, etc.), y aquellos que carecen de experiencia laboral o la poseen muy sesgada, que se verán obligados a aceptar cualquier trabajo para sobrevivir.

Crisis de la oferta y de la demanda

La duración de la paralización de la economía será también determinante, tanto desde el lado de la producción como de la demanda. Si los consumidores potenciales disponen de recursos, la recuperación de la demanda puede ser rápida y, desde luego, las necesidades básicas nunca han dejado de ser cubiertas, por lo que hay sectores que no resultaron apenas afectados. Los comercios al por menor, y las empresas dedicadas a proveer de suministros esenciales (alimentos, productos sanitarios, agua, electricidad, limpieza, incluso artículos de belleza, vestimento y calzado), se recuperarán pronto en la medida en que los consumidores de proximidad dispongan de efectivo. La reactivación vendrá por la línea del consumo y, siempre que no tengan que trabajar contra stock o consigan liberarse sus inventarios de la temporada perdida, no tienen por qué sufrir gran desgaste a corto plazo.
En cambio, la recuperación de la producción puede complicarse, en especial, en bienes duraderos y productos complejos, hasta que no se reactive la confianza del consumidor (aviones, barcos, automóviles, aparatos de alta prestación, equipos tecnoelectrónicos, etc.).

En muchos de estos sectores, entre los que añado las empresas de construcción, con alta capacidad de empleo, el período de inactividad será causa de inestabilidad social si no se arbitran medidas de apoyo, que pueden convertirse en necesidad permanente si las empresas pierden la competitividad que tenían antes de la pandemia.

La dependencia de los mercados internacionales es otra variable a tener en cuenta. La solvencia de muchos países se verá afectada y, aunque las necesidades subsistan e incluso se vean incrementados, el riesgo de impagos crecerá. Se abrirán grietas estructurales en la economía y aflorarán carencias que estaban antes ocultas o que se mantenían a la expectativa de una recuperación exterior que se confiaba en que se produciría y que no tendrá lugar, al menos, en los intervalos previstos.

Como proveedor, se ha calificado a China de la factoría-taller del mundo y, favorecida por la globalización, los bajos costes de la mano de obra y una calidad tecnológica muy mejorada, la afectación del virus a su economía arrastra la de otros países. En aquellas empresas con producción de elementos, equipos y sistemas sofisticados, en los que, además de haberse colapsado la demanda, se ha desmoronado la cadena de suministro, pueden surgir nuevas orientaciones y competidores desde los países mejor preparados en la recuperación de la pandemia, que conviertan en inviable el negocio. La mayor o menor importancia del suministro de componentes y piezas de recambio de terceros países, particularmente, de China, calificará la gravedad de la situación, ya que, además, el tráfico de mercancías y su circulación está momentáneamente afectada.

Elementos para recuperación de la crisis económica en España

La esencia de la capacidad productiva española reside en el sector servicios, en detrimento del peso del sector industrial. Con todo, lo más significativo no es el porcentaje de ambos sectores en relación con el PIB total, sino la menor entidad de este PIB per cápita en relación con otros países desarrollados. El valor añadido de nuestra producción es bajo y este bajo valor arrastra todos los indicadores básicos de nuestra economía: salarios, capacidad para atender a las medidas sanitarias, educativas, de investigación, infraestructuras, defensa, etc.

Hay que incrementar ese valor añadido con urgencia y el camino más sólido es mejorar los niveles educativos y la investigación. Estas carencias han quedado manifiestas, como en una foto robot, en relación con la pandemia. Aunque disponemos de individualidades notables en los campos de la ciencia, incluso los más avanzados, nos faltan medios económicos y equipos, físicos y humanos para conseguir la máxima eficacia. No desarrollaremos una vacuna, por ejemplo, y no por falta de capacidades personales, que las tenemos y muy brillantes, sino por escasez de cantidad, de masa crítica y, por supuesto, de la escasez de recursos dedicados a la investigación.

Si nos atenemos a la distribución del PIB por macrosectores, volveríamos en primer lugar la vista al sector turismo, y, en relación directa con él, a la hostelería, la restauración, el transporte, los seguros -y tantos otros servicios y actividades, incluidas la construcción o la artesanía -, así como una parte importante de la producción agraria y vitivinícola.

Las empresas españolas tienen una importante infraestructura en ese ramo, y si hubiera clientela y se eliminasen las restricciones de aforo, la recuperación seria, desde luego, sencilla. Pero no es en este caso la oferta la que falla, sino la demanda y desgraciadamente, así será durante algunos años. La desconfianza de usuarios (y de proveedores de los servicios) por el miedo a caer víctimas de un contagio no se va a corregir con facilidad. Para el llamado turismo sanitario, el desequilibrio asistencial que provocó la pandemia ha comprometido injustamente la idea extendida que en España teníamos la mejor sanidad del mundo.

La recuperación del turismo está vinculada con la erradicación de la pandemia y no con la credibilidad y variedad del sector. Seguimos teniendo la mejor dotación hotelera, una oferta variada y de calidad y no hay nada que perjudique, en un entorno sanitario de normalidad recuperada, una rápida vuelta al estado anterior, si se movilizara la demanda.

Es aquí donde aparecen también los efectos de las interrelaciones de las cadenas de suministro y servicio. Las compañías de viajes, las empresas de aviación, automoción y transporte en general, figuran entre las muy afectadas, dadas las prohibiciones para salir y entrar de los diferentes países o regiones, las medidas de control para el acceso y la restricción a la utilización de la capacidad de los propios medios. La disminución de la capacidad de carga de pasajeros por aeronave y tipos de transporte causa una falta de rentabilidad que puede ser disuasoria para las empresas. Si no se encuentran soluciones sencillas, habrá que poner a disposición más vehículos, lo que podría activar la fabricación de los medios de transporte y, en todo caso, lo relacionado con las medidas de seguridad de los pasajeros en ellos.

Los plazos para la recuperación dependerán del éxito de los controles sanitarios. Si se consigue la erradicación, la recuperación puede producirse -según los cálculos más optimistas- en la Unión Europea a finales del último trimestre de 2020 o principios del próximo año; Estados Unidos y China, como máximas potencias mundiales, actuarán de primeros reactivadores.

Ayudas a la reactivación

Las administraciones deben estar muy activas para impulsar la recuperación, ofreciendo liquidez a las empresas y protegiendo los puestos de trabajo. Pero debemos ser realistas: los medios no son infinitos y hay que prevenir el riesgo de un intervencionismo exagerado. Puede parecer tranquilizador escuchar que no se ahorrarán medios, que las medidas serán extensivas en el tiempo y no puntuales, aunque es sencillo conseguir el equilibrio entre el endeudamiento público y la subida de impuestos, porque se trata de paliar una situación coyuntural y no de aprovechar el momento para realizar un cambio de paradigma económico, lo que podría provocar una catástrofe social y un perjuicio económico aún mayor.

Las ayudas a la reactivación han de venir, fundamentalmente, de la Unión Europea, en la que el Banco Central Europeo ya anunció un programa de compra de deuda por valor de 750.000 millones de euros, llamado de emergencia pandémica, y la autorización a superar el endeudamiento límite que se imponía a los Estados miembros para controlar la inflación y su solvencia individual. Poner dinero a disposición no basta, porque hay que saber hacia dónde dirigirlo, y ahí está el quid de la cuestión. Si las ayudas se distribuyen de forma desordenada, sin un plan de reactivación detallado, la salida de la crisis será, no ya desigual entre los países europeos, sino que aumentará las diferencias entre ellos.

Es más importante ofrecer un marco de seguridad a las empresas, que les permita planificar a corto y medio plazo su actividad, recuperando las estructuras dañadas y robusteciendo las fortalezas. Los grupos multinacionales que tengan sus centros de decisión en el exterior es muy probable que atiendan en primer lugar a salvaguardar la producción y empleo de sus instalaciones principales, cerrando o disminuyendo la actividad de los centros en el extranjero. Por el contrario, las empresas con sede local, las pymes y autónomos precisan apoyos concretos, rápidos y efectivos (préstamos sin interés, pagos aplazados, reducción de impuestos), pues se encuentran en la base de la recuperación inmediata.

La emergencia climática sigue en el panel

Los próximos cinco años serán decisivos para el futuro de la humanidad. El peligro de una catástrofe climática no estaría conjurado si las medidas de reactivación olvidasen la necesaria protección del clima, proporcionando las medidas y ayudas adecuadas. Pero, nuevamente, debe procurar ser realista y no actuar con propósitos que estén fuera de las propias capacidades y recursos. Aquí, en especial, como país intermedio, España debe actuar con prudencia y serenidad. La Agenda 2030 debe adaptarse a las nuevas circunstancias y la canalización de recursos hacia las nuevas necesidades, pero, en mi opinión, debería activarse.

La lucha contra la pandemia ha hecho aflorar tensiones entre los gobiernos de las Comunidades Autónomas y del Estado Central y, en especial por la vigencia del estado de alarma, ha permitido tomar decisiones recuperando poder en esos ámbitos, cedidos a las regiones. Un Gobierno del Estado más fuerte arriesga corromper el ejercicio de las libertades democráticas, pero, también, para los nostálgicos de una mayor centralización, ha reverdecido los deseos de una mayor coordinación, igualdad de criterios de actuación y dotaciones por cabeza en sectores fundamentales.

No solamente la sanidad se ha resentido por la disparidad de políticas autonómicas; también la educación, las estrategias fiscales, las medidas de reactivación en el sector del turismo, del comercio y de las pymes han sufrido y están sufriendo, las consecuencias de las desigualdades. Tampoco se puede ignorar que las ciudades con mayor concentración de población, con mayor número de residencias geriátricas y con transporte público sobre solicitado han sufrido las consecuencias más duras de la pandemia, en lo sanitaria y en lo económico. A corto plazo, las necesidades sociales para proveer de un empleo inmediato que cubra las necesidades de las familias en situación más precaria obligarán a lanzar actividades de mantenimiento y reparación de infraestructuras públicas, y se impulsará la contratación de personal temporal para ciertas funciones urgentes.

En el área farmacéutica, la dependencia de India y China, de donde proceden más de la mitad de los fármacos de marcas blancas, se podría activar líneas de sustitución, que no solo eviten la ruptura de los stocks farmacológicos, sino generar nuevas fortalezas. Por su parte, la potenciación del teletrabajo abrirá líneas nuevas en muchos sectores: inmobiliario, gestión de equipos, conectividad, aprendizaje a distancia, envíos de mercancías a domicilio, nuevas formas de socialización, etc.

El reto imprescindible de conseguir más capital para la reactivación plantea algunas incógnitas. La caída bursátil ha provocado la disminución drástica del valor de las acciones cotizadas y algunas empresas sustanciales se han convertido en piezas apetitosas para los inversores especulativos. La financiación de circulante puede y debe conseguirse por vía de préstamos bancarios -interesante la reactivación de líneas de financiación para el comercio exterior-, pero generar atractivo al capital propio y extranjero para invertir en líneas estratégicas, implica definir estas con suficiente precisión y comprometer apoyos públicos a medio y largo plazo. La reducción de la deuda en relación con el PIB supone estímulos y reformas que signifiquen la generación de mayores valores añadidos, y no la consolidación de subidas de impuestos a las empresas y trabajadores, que no puede ser una solución estratégica de reactivación.

No es momento para criticar formas de abordar el problema o polemizar si una propuesta es superior o inferior a otra. Es momento de consenso y apoyo, ya que la situación es de incertidumbre y es muy difícil generar un escenario inmutable. Hay que ayudar a los ejecutivos pragmáticos a que se produzca una convergencia rápida, pero garantizando que no se les abandonará en el proceso. Porque la instalación de la precaución, la desconfianza y la prudencia, retrasará la recuperación y aumentará las tensiones.

Sectores por reforzar

Entre los sectores que deberán ser reforzados, a la vista de la experiencia pandémica, se encuentra el sector sanitario que, además, goza de la prioridad que le concede el que tanto la población como las administraciones públicas han detectado la importancia sustancial de tener una sanidad pública (y privada) muy eficiente, y no solo en relación con su personal. Se aumentarán las dotaciones hospitalarias, la preparación para control de situaciones de estrés sanitario, la atención primaria, y se revisarán equipos y protocolos.

La crisis ha puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad precisamente por la excesiva dependencia del mundo exterior, para atender a las necesidades tanto de producción como de consumo. Esta situación debe ser corregida, aumentando los porcentajes de producción propia en los procesos, incluso a costa de encarecer los productos finales, aunque no se debería desatender el avance decidido en la automatización y en la distribución de producción de piezas y elementos que deberán después ser ensamblados en otra factoría.

La seguridad y la defensa ante posibles ataques deben reestructurarse. No se debería desatender la posición estratégica en una Europa de la Defensa, máxime cuando la polarización de las relaciones entre China y Estados Unidos puede convertir esta región del mapa en campo de experimentación para liberar tensiones entre colosos. Este sector, además, ha sido tradicionalmente una punta de lanza de desarrollo si se potencian las llamadas capacidades duales (civiles y militares).

La activación de una salida verde de la crisis puede generar cientos de miles de puestos de trabajo en el sector de las energías limpias, pero no podemos olvidar que no existen razones para abandonar la producción de energía con base nuclear, y deberíamos mantener la cualificación de nuestros técnicos en esta materia. Sería fundamental que se aprovechara esta ocasión para reactivar proyectos en la minería y la industria que pueden ser estratégicos para la recuperación y que habían sido bloqueados por injustificables posiciones de obstrucción con pretensiones ecologistas.

Entre las medidas que hemos venido proponiendo en otras ocasiones, volvemos a enfatizar sobre la necesidad de seleccionar algunas líneas preferentes de desarrollo tecnológico y, además de volcar recursos públicos y privados sobre ellos, recuperar o imponer para ellos la máxima coordinación en todos los centros de investigación y desarrollo, incluidas las Universidades, potenciando uno de los ejes ya existentes. Se trata de evitar la dispersión de recursos. No hará falta, seguramente, crear ningún centro nuevo, porque en todas las áreas tenemos ya un Centro de Investigación o varios, ya sea en oncología, en nuevos materiales, en enfermedades pulmonares, en productos agrarios, en energías alternativas, etc. Lo que cabría preguntarse, y resolver, es sobre su eficacia, sus resultados y tratar de enderezar, cuando proceda, el rumbo para que se potencie su actividad en la línea del éxito y la competitividad internacional.

Hay tanto por hacer que el riesgo mayor es sucumbir ante la perspectiva del inmenso trabajo. Pero no podemos desfallecer. Además de la utilidad del camino ya recorrido, cuya senda de eficacia debe recuperarse, allí donde se hubiera perdido, algo no puede faltar nunca: el empuje de las nuevas generaciones. A ello, añado por mi cuenta la obligación de los ancianos de la tribu de ofrecer su experiencia para que las equivocaciones sean menores y menos costosas.

Se lo oí decir recientemente al oncólogo Mariano Barbacid en un debate online con investigadores de la COVID-19:” Nada impide biológicamente seguir activo intelectualmente a partir de los setenta y muchos ancianos de edad son más creativos que algunos jóvenes que están en la primera línea de la exposición mediática”. En una sociedad que presume de lozanía, frescura y juventud, la pandemia viene a ofrecer ocasión de recuperar a los mayores, no solo para lamentar su contagio en los geriátricos, víctimas de la COVID, sino para pedirles su apoyo para la rápida solución de la crisis económica que provocó.

Mayo de 2020

@angelmanuelarias

Nota.- Este Documento fue redactado como Editorial para la revista Entiba de mayo. Por razones de espacio, tuvo que ser reducido a la mitad. Lo ofrezco aquí entero por si los lectores del blog lo siguen encontrando de interés

Publicado en: Actualidad, Economía, Empleo, Investigación Etiquetado como: administraciones, comunidades autónomas, coordinación, crisis económica, farmacia, industria, investigación, máquinas herramienta, minería, recuperación, sectores a reforzar, turismo

El sector Defensa como vía eficiente para crear actividad y empleo (1)

5 junio, 2019 By amarias Deja un comentario

 

Mientras oigo los tambores y timbales que, ora preludian nuevas elecciones generales, ora anuncian la inmediata investidura del atleta Sánchez, me pregunto si nuestros representantes políticos, además de esforzarse por tomar posiciones que les garanticen un salario apetitoso en los próximos cuatro años, van teniendo más clara la manera de poner letra y música al objetivo de crear actividad y empleo para todos los demás, que debería estar en la parte más alta de las tareas que tendrían que asumir las Cámaras.

La tarea es compleja y no puede dejarse a la improvisación, ni a la coyuntura internacional ni, mucho menos, al azar. Porque aunque parezcan existir fuerzas misteriosas que sostienen la economía, los devotos de la disciplina sabemos, aunque no siempre se nos quiera escuchar, que esto no es así: el futuro se trabaja con tiempo, y confiar en que los demás nos ayuden a sacar nuestras castañas del fuego (si no es para darse un atracón con ellas) es un ejercicio de ilusos, máxime en este momento de la coyuntura en el que los Estados de mayor tamaño están ocupando sin remilgo alguno las mejores posiciones frente a la perola del concierto económico mundial.

Me quiero salir de los tópicos, en lo posible. Doy por supuesto que necesitamos una reforma educativa, elevar el nivel medio de la enseñanza media y, sobre todo, de la universitaria, y resolver de una vez por todas la cuestión de la formación dual, convenciendo de paso al personal joven de que hay empleo y satisfacción en muchas profesiones que no exigen pasar por la Universidad, que, por si no lo saben, no garantiza ni el primero ni la segunda.

Doy por supuesto que necesitamos la activación de los centros de investigación, analizar su coordinación, proponer vías efectivas de colaboración público-privada y dotar de becas y buenos salarios para que no se nos vaya la excelencia por la puerta de la emigración despechada.

Y, en fin, antes de entrar en la harina que promete el título de este comentario, advierto a quien quiera escuchar, que el sostenimiento y, en su caso, la mejora del estado de alto bienestar en el que nos encontramos, obliga a serios planteamientos de impulso empresarial. Porque con subvenciones no sostendremos el edificio: hay que crear actividad empresarial de éxito, apoyar a las iniciativas privadas en sectores clave y, desde luego, activar la inversión en infraestructuras y mejora o reforma de las existentes. Todo ello con señales claras al inversor (presente y futuro) de que su esfuerzo es valorado social y políticamente.

El conocimiento preciso de los recursos y posibilidades del país, en cada uno de los sectores -fortalezas y debilidades- es elemento sustancial para perfilar con garantías las líneas de futuro. No podemos ignorar, desde luego, que España forma parte de una estructura superior, la Unión Europea, con la que le unen lazos importantes y,, seguramente, duraderos. Pero no podemos lanzarnos sin ninguna reserva en brazos que califiquemos como amigos, pues los intereses particulares prevalecerán siempre que entren en conflicto con los generales.

La Industria de Defensa ha celebrado en Madrid, entre los días 29 y 31 de mayo de 2019, la FEINDEF, presentada como International Defence and Security Exhibition. Ha sido una oportunidad excelente para calibrar el nivel de nuestra industria de Defensa, sus perspectivas y conseguir algunos elementos de referencia para su comparación internacional.

La Base Industrial y Tecnológica de Defensa (BITD) española, según información que recogí en la Feria, representa una facturación ligeramente superior a los 6.000 Mill. de euros (aproximadamente, el 4,4% del PIB interior bruto de la industria manufacturera nacional (aquella industria que se ocupa de transformar materias primas -sector primario de la economía- en productos y bienes listos para la distribución o el consumo)

El dato en sí no es para tirar cohetes. El sector industrial español necesita un fortalecimiento. Con un 16% en 2018 la aportación al PIB nacional (que en 2018 se cifró en 1,2 billones de euros) no consigue acercarse a la recomendación del Consejo de la UE (el 20%) y cada vez está más lejos de la de Alemania (28% y 3,4 billones de euros de PIB nacional).

(seguirá)


Una hembra de gorrión alimenta a su cría, ya talludita y volantera, pero que permanece vinculada a la sobrealimentación que le proporcionan sus progenitores.

El final de primavera proporciona al observador ornitológica una gran variedad de escenas que no es posible encontrar en otras épocas del año. En primer lugar, porque la existencia del nido -en donde son incubados los huevos y luego alimentados los polluelos hasta que alcanzan suficiente autonomía para abandonarlo-, determina un lugar fijo al que acuden regularmente los progenitores y, con discreción, permite al curioso obtener una información sobre el comportamiento de padres e hijos, pautas de alimentación y, si posee una cámara adecuada, conseguir fotografías claras sobre la morfología de las aves adultas, tanto del macho como de la hembra (en el caso, que es habitual, en que ambos progenitores alimenten a la camada).

En segundo lugar, esta época del año es pródiga en actividad y es más frecuente encontrar aves que es imposible ver el resto del año, bien porque son migrantes que solo acuden a nuestro territorio para anidar, o porque la necesidad de alimentar más bocas les obliga a estar más cerca de las fuentes de alimentación y exponerse más.

 

 

 

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Un país para turistas

25 junio, 2014 By amarias 6 comentarios

La resistencia de ciertos grupos de opinión a la implantación de nuevas actividades industriales o mineras, se ha centrado en el argumento de que, con ello, se perjudicaría gravemente al sector turístico, que se presenta como la actividad con mejor comportamiento ante la grave crisis de la que España no parece aún capaz de recuperarse.

España ha pasado en pocas décadas de ser un país con base económica fundamentalmente agrícola y ganadera, a gozar de un desarrollo industrial notable, lo que motivó el despoblamiento del campo, hoy en una situación lamentable de abandono. El análisis detallado de las razones y consecuencias del cambio de tendencia, no puede ser expuesto en pocas palabras, aunque no admite réplica el hecho de que el crecimiento de los sectores industriales que mayor empleo generaron en la segunda mitad de siglo XX descansó peligrosamente en procesos y tecnologías que resultaron extremadamente vulnerables, pues los países emergentes se convirtieron rápidamente en eficaces competidores.

Los mayores de este pueblo hemos vivido tiempos de vacas flacas y gordas, y la revisión de un pasado próximo en el que la demanda de empleo, relativamente muy bien remunerado, se polarizaba hacia sectores que hoy están en profunda crisis (siderurgia, carbón, construcción naval, edificación, etc.) revela las graves carencias de un modelo que no supo aprovechar la bonanza para robustecerse, avanzando hacia la diversificación y la obtención de mayores valores añadidos y…se agarrotó, en no pocos casos, en la defensa a ultranza de unos objetivos empresariales y, por tanto, de unos puestos de trabajo derivados, que no eran económicamente sostenibles.

No están lejanos los tiempos en los que cada Municipio de este país celebraba la instalación de Parques Industriales -hoy, en su mayoría, simplemente, eriales-. Tenemos demasiadas autopistas y carreteras que no conducen a ninguna parte (o casi), y la geografía se han poblado de muñones de estructuras que serán, sin duda, monumentos permanentes a la pésima adopción de injustificadas decisiones de las Administraciones, adobadas con la avidez de ciertos grupos empresariales por obtener beneficio inmediato de los presupuestos públicos.

Han sido muchos los pecadores, y desde las entidades financieras a unas Universidades endogámicas y poco eficientes, pasando por la cortedad de los planteamientos de decenas de centros de investigación descoordinados, incapaces para abrir y potenciar caminos alternativos, no es posible salvar muchos trastos del naufragio colectivo.

Vueltas las cosas del revés, las Administraciones parecen haber redescubierto que España es un país turístico: tenemos playas, sol, buena gastronomía, precios aceptables, monumentos, buenas carreteras (por ahora), seguridad ciudadana y una tendencia innata a querer caer simpáticos al extranjero.

Pues bien: alerto de que estamos ante una nueva burbuja, que no servirá para crear empleo estable de calidad y que, además, nos distanciará aún más de ese pelotón de cabeza industrial que concentra su empeño en desarrollar aún más su músculo para fabricar productos más y más sofisticados, tecnológicamente más avanzados en cada remesa y que, dirigido desde la practicidad del «sálvese el que pueda», no tiene empacho en seguir desplazando la fabricación de lo que es intensivo en mano de obra, contaminante o de menor empaque tecnológico, allí donde están lo centros de consumo más importantes, reservándose la recolección de la nata de sus plusvalías.

 

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Feeling stream-down Initiatives

23 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Este Comentario no forma parte de la serie Feeling start-up´s Initiatives. Es un verso suelto al respecto y, si no fuera porque estoy embocado a comentar posibles ideas de promoción de nuevos proyectos empresariales, lo hubiera titulado, desde luego, de otra forma.

Por ejemplo: «¿Por qué preocupa tanto a algunos agentes económicos una planificación energética en España?»

Lo escribo después de haber asistido a la Jornada sobre «Dependencia energética y electrificación de la economía: un análisis económico», celebrada en Madrid el 23 de octubre de 2013, bajo los auspicios de «El nuevo lunes» y Red Eléctrica de España (REE).

Fue interesante, cómo no iba a serlo, una Sesión en la que se pudo escuchar lo que opinan al respecto del tema José Folgado (Presidente de la REE), María Sicilia (Subdirectora General de Planificación Energética y Seguimiento del Ministerio de Industria, Energía y Turismo)…sin desmerecer, en lo más mínimo -al contrario, porque son también importantes actores del guirigay energético de nuestro país-, lo que aportaron Gonzalo Saénz de Miera (Presidente de la Asociación Española para la Economía Energética), Gonzalo Escribano (Director del Programa Energía y Cambio Climático, del Real Instituto Elcano, Pedro Linares (Profesor de Comillas y Director de Economics for Energy) y Oscar Arnedillo (Director de NERA Economic Consulting en España).

Lo que pasa es que, los que seguimos el tema, aunque no tengamos responsabilidades sobre el mismo, ya hemos escuchado los argumentos, las ideas, las explicaciones y los consejos, muchas veces. Las actuaciones, y no solo las que emanan del Gobierno de turno, son las que no se consigue encajar.

Y opino que eso es debido a que no tenemos ninguna directriz consistente en el sector energético: ni la ambiental, ni la autosuficiencia, ni la rentabilidad, ni la generación de empleo, ni la explotación de los recursos propios, ni siquiera el sostenimiento de los acuerdos alcanzados. Algo muy grave.

Sáenz de Miera, en sus «Conclusiones de la Jornada» decía que echaba de menos que los ponentes no hubieran hablado del último Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático.

Yo eché de menos muchas más cosas.

Para empezar, me gustaría que alguien nos dijera no cuánto nos cuesta a los usuarios la energía eléctrica -que ya lo sabemos, tanto como consumidores particulares como, por supuesto, empresariales-, sino cuál es el precio mínimo que podríamos pagar si se utilizara de la manera más eficiente posible todo el parque energético español.

Ese que, como se nos recuerda ahora, como si nadie fuera culpable, tiene una capacidad instalada de 102.000 MW para una demanda máxima invernal que cubriríamos con solo 45.000 MW. Con una estructura económica que no busca la rentabilidad, a pesar de que se esté haciendo continua apelación a la bondad del mercado, sino la compensación de errores graves que no se corrigen, por falta de voluntad o de autoridad.

Un sistema que mantiene una fórmula de retribución que obliga a que las energías de coste de producción más alto (las renovables) sean las que entren primero a cubrir las necesidades diarias y marquen el precio para todos los que compongan posteriormente el mix.

El mismo en el que tenemos contratos de compra de gas natural con fórmulas de take-or-pay («me lo pagas aunque no lo consuma»s) y en el que grupos de ecologistas desinformados (no dudo que bien intencionados) presionan para que se paralicen o anulen los proyectos de almacenamiento de gas, -entre otras «reivindicaciones» que permitirían, al menos, tener un colchón de suministro a los mejores precios.

Estoy, por supuesto, de acuerdo, en incrementar la electrificación de nuestra economía: por razones ambientales y pragmáticas. Esto significa, no tanto más vehículos eléctricos (María Sicilia, que es una funcionaria aplicada y seria, recordó que, a pesar de todos los esfuerzos Pive tenemos 935 vehículos matriculados de este tipo en el país), sino una energía eléctrica más barata.

Somos un país empobrecido y con grandes necesidades de reconducción estructural. No debemos, por ello, estar tan obsesionados con ser cumplidores de las directrices que emanan de Bruselas (dirigidas por países que tiran la piedra y esconden la mano y que tienen otros recursos, incluso políticos), sino por el interés de hacer nuestra economía más competitiva, en el interior y en el exterior.

Como la teoría se sabe bien, las ideas pueden venir -y vienen- del público asistente. Luis Yagüe -ex Presidente de la Asociación Nuclear Española, y, por tanto, experto del sector, de esa categoría que llamo de «pelo blanco» (White hair) y a la que proceso, a medida que se me platean las sienes, creciente cariño-, recordaba que «es un error de base pensar que las compañías eléctricas tienen interés en la energía nuclear. Hay que mirar no lo que hace Europa, sino al mundo, y no a China o India solamente, sino a Corea, por ejemplo. En los astilleros coreanos un operario cobra más de 2.000 euros, un salario mejor que en España, y son competitivos. Han construido 30 centrales nucleares y son capaces de erigir y poner en marcha una nueva en solo cinco años. El Estado inglés ha presupuestado 16.000 Mill. de euros para cofinanciar la construcción de 2 centrales nucleares…».

Y apuntaba Luis Yagüe, al que cito en homenaje a los que forman el «público asistente», que «comentaba hace algún tiempo con José María Fidalgo (líder de Comisiones Obreras a la sazón) la cuestión nuclear, y me decía que apoyaba la energía nuclear porque si los costes energéticos no eran competitivos, se tocarían entonces a la baja los salarios».

Podía contar más cosas, dar más cifras, realizar otros comentarios y mencionar más temas extraídos de mis apuntes, pero me apetece volver a mis Cuentos de Otoño o a esas Iniciativas para generar nuevas empresas, start-ups. Porque las que tenemos (a pesar de esas luces que algunos dicen ser del final del túnel, y que se me antojan más bien la linterna de alguien que perdió el norte) siguen yendo o amenazadas de ir, en buena medida, downstream.

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Julio Gavito Omaña, inteligencia emocional cum laude

13 mayo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Acabo de enterarme de que Julio Gavito Omaña, compañero en la ingeniería de minas y en varias vivencias, ha fallecido ayer, 12 de mayo de 2013. Creo que no tengo forma mejor de expresar mis sentimientos, que trasladar aquí la entrevista completa que le hice hace cuatro años, en junio de 2009, y que fue publicada, con el mismo título que este Comentario, en la revista ENTIBA.

—–

Quedo con Julio Gavito para cenar en el restaurante la Misión, en Madrid, y llega algo tarde. Nos aposentamos en la terraza, entre ejecutivos y señoras de buen ver, que disfrutan del alivio de la temperatura en un día cálido de mediados de junio.
No nos lleva mucho tiempo elegir de la carta. Canelones con rabo de toro y Solomillo de ibérico; como entrada, compartiremos croquetas de calamares y alcachofas. Lo acompañamos con un vino cosechero riojano, servido frío.

La vida de Julio Gavito es intensa y daría para varias entrevistas como ésta. Tengo que acallar la posible tentación de caer en el detalle, de pormenorizar. Es obligado contentarse con hacer un cuadro a pinceladas, saltar de un tema a otro. Conozco bastante bien la historia de Julio y tenemos varios puntos de coincidencia, personal y profesional.

Nuestras biografías se han cruzado varias veces. Al tiempo en que Gavito fue nombrado Consejero de Industria, yo acepté asumir la Dirección de Proyectos en la Sociedad Regional de Promoción de Asturias. Ambos hemos vivido nuestra infancia en Oviedo, fuimos vecinos en la calle Matemático Pedrayes. Tenemos más o menos la misma edad, estudiamos el primer curso de ingeniería en las mismas aulas. Nos mantuvimos expatriados durante años, retornamos a Asturias, y volvimos a marchar. Hemos cambiado varias veces de empresa…

Julio tiene también experiencia como restaurador. “Invertí todo el dinero de la emigración, que ahorré cuando estuve en Arabia Saudí y Kuwait con Schlumberger, en Valentino, un restaurante que monté con unos viejos amigos en Oviedo, en la calle de Marqués de Pidal “. Perdió toda la inversión. “Se cometieron todos los errores posibles”.

Entre las simpatías comunes, se encuentra nuestro interés por Bolivia, país en el que Julio vivió casi dos años y en donde le hicieron protagonista de una historia rocambolesca.
Le recuerdo que debe entregarme algunas fotografías para ilustrar este reportaje, mientras una camarera atiende mi solicitud –que repetiré a lo largo de la cena- de que nos fotografíe. “En internet se pueden encontrar muchas fotos mías. Incluso hay alguna que estoy detrás de los barrotes, en Bolivia”.

Pero de eso hablaremos luego.

La experiencia asturiana: entre la técnica y la política

Julio niega que sea un ingeniero metido a político. “Me parece demasiado simplificador. Siempre tuve, y la mantengo, preocupación por la política. Casi al mes de la muerte de Franco, dimití de mi trabajo en Arabia Saudita y quise venirme a España. No quería perderme lo que entendía que iba a pasar aquí. El 20 de noviembre de 1975 me encontraba en Londres, de vacaciones. Varios españoles lo festejamos juntos: Laura García Lorca, José Martín Artajo, Lucy Durán, -su mujer, hija del coronel republicano Gustavo Durán-,…La limpiadora nos hizo una foto”.

Gavito fue invitado por Pedro de Silva, en 1984, a participar en el Gobierno regional de Asturias, en la primera legislatura socialista. Ocupó la Consejería de Industria y Comercio hasta 1987. Mantiene desde entonces una amistad estrecha con Pedro de Silva, que le permite juzgar sus virtudes con ironía. “Pedro era el Príncipe del Colegio, y ya se sabe los jesuítas no hacen Príncipe a cualquiera. Fue posiblemente el mejor presidente de Asturias y no creo que sea ya posible que haya otro igual. Sintetiza muy bien, es trabajador, tiene alto coeficiente intelectual”.

Julio estudió bachillerato en el Instituto Alfonso II, de Oviedo, influencia que “cree determinante” en su vida. Aprovecha el recuerdo de aquellos años para lanzar un dardo azucarado: “Los que no tenemos tan alto coeficiente intelectual como otros, debemos suplirlo con inteligencia emocional, que suele faltarles a los príncipes”.

Los tiempos en la Consejería fueron intensos. “El problema mayor era la falta de competencias, lo que te convertía en un mero catalizador con escasa capacidad para resolver. Dedicabas mucho tiempo a mediar en los conflictos”. Fue época de alta conflictividad: Talleres Moreda, Confecciones Gijón, Naval Gijón, son algunos ejemplos. La industria regional ardía en dificultades económicas y tensiones laborales, generadas en torno a la reconversión drástica de los sectores siderúrgico, naval y carbón, que arrastraron a las empresas de montaje y a las industrias transformadoras y de equipos.

“Me hubiera gustado tener más participación en algunos temas. Por ejemplo, en la reestructuración de la Fábrica de Armas. En otros, traté de impulsar las ideas que se me presentaban. Así, presté mi apoyo a la agrupación de fundidores asturianos, que deseaban mejorar su capacidad para exportar a todo el mundo; incluso a Italia. También traté de potenciar Exportastur”.

No tenía la Consejería competencias respecto a Hunosa y Ensidesa. “A poco de llegar, se presentó un problema con la máquina de extracción de la Camocha. Allí fui con toda ilusión, y me puse a hablar en inglés con el técnico que estaba al cargo del equipo. Me dejaron claro mi sitio de inmediato: Yo tenía que ser ahora un político, no un técnico”.

Las relaciones con Madrid y con los sindicatos

Por entonces era ministro del área Carlos Solchaga, con el que dice haber tenido una relación fluida. Con su estilo gráfico, cuenta: “En Madrid nos creíamos que éramos catalanes. La gente de la Administración central nos hacía mucho caso, a pesar de que en población Asturias tenía más o menos el tamaño de Vallecas”.

Gavito es modesto al juzgar su papel. “La importancia regional de la época se debía a la delicada coyuntura y, especialmente, a una persona: Pedro de Silva. Imponía respeto, porque daba la sensación de superioridad moral y descolocaba a los interlocutores. Cuando ibamos a pedirle algo a Solchaga, me sacaba recurrentemente el tema de Hunosa. Era un problema estatal, pero nos veía como observadores de confianza.”
De la relación con los poderosos sindicatos de la época, recuerda que “tenía mejor sintonía con las secciones del metal, tanto de UGT como de Comisiones. Me encontraba mejor con ellas que con el SOMA.”

Aunque no especifica si se refería al entonces poderoso líder del Sindicato Minero, José Angel F. Villa –en la entrevista pasaríamos revista a muchos conocidos comunes, empresarios, políticos, compañeros, periodistas, amigos, etc. – apunta una frase que pone en boca de Manuel Fernández López «Lito”, de UGT-Metal. “Las personas pasan, pero los sindicatos duran toda la vida”

La buena sintonía con los sindicatos la rememora Julio, en particular, en relación con los conflictos en el naval. “Pasé muchas horas con los gestores de Cantábrico y Riera, como mediador cualificado”. Además de con Amalio Muñoz, recuerda los contactos con Félix Mazón, las peculiaridades de Leonardo A. de Diego, las entrevistas con los Sitges, con los M. Carrillo, …, en una catarata de personajes y circunstancias. No destaca a nadie en particular, si yo no se lo pido, aunque parece tener siempre a punto un comentario en su memoria: “Al frente de Mefasa se encontraba Alperi, muy listo, que encajaba dentro del esquema modernizador; la empresa fabricó algunos grandes barcos competitivos, a cuya botadura, realizada con gran despliegue, fui invitado”.

Dimisión: “No sin haberlo meditado largamente”

Recordamos el proyecto de la Factoría Cultural, del que Ingeniería y Diseño (y su centro de Cad-Cam) sería, a la postre, la única realización visible. “Cuando llegué a la Consejería ya existía ese proyecto, que era fruto de la capacidad de seducción de Juanjo Cueto y de Chus Quirós, reforzados por Víctor Manuel, Ana Belén y Rodrigo Uría…Porque Pedro de Silva era seducible. “

El proyecto “fracasó por razones que no se controlaban desde Asturias. Pero no hay de qué arrepentirse. Se debe intentar siempre lo que se crea que merece la pena. Otra cosa sería dejar triunfar la filosofía pancista. Hay que arriesgar. En España, por ejemplo, hay tantos restaurantes que no parecería que montar un restaurante sea buena idea. Muchos lo hacen, sin embargo, y algunos funcionan bien. El proyecto de la Factoría Cultural pudo haber salido adelante, y no lo hizo, no por ser bueno o malo, sino porque la coyuntura y los apoyos no fueron los adecuados.“

Julio dimitió de la función de Consejero de Industria por escrito. Le sustituiría Paz Felgueroso, hoy alcaldesa de Gijón. “Tomé algunas decisiones probablemente precipitadas, que fueron desautorizadas, con buen criterio, por Pedro de Silva. Pedro tardó un año en aceptar mi dimisión. Cuando se acabó la legislatura sacó mi carta del cajón.”

En un acto de Tribuna Ciudadana, en el que fue presentado por el ex-Presidente como conferenciante, contó “que esa carta estaba redactada exactamente en los mismos términos que la de mi dimisión de Shlumberger. La había copiado de un libro de cartas de inglés comercial y empezaba así: No sin haberlo meditado largamente, he llegado a la conclusión final…” Gavito se ríe, como si fuera una travesura.

La experiencia boliviana: los idus de marzo

A Julio Gavito le gusta escribir y leer. Tuvo ocasión excepcional de desarrollar esa habilidad para contar una parte de su propia vivencia, al final de su estancia en Bolivia, como Presidente de Andina, la empresa mixta de Repsol-YPF y el gobierno boliviano.

Andina daba empleo a unas 100 personas y a otras 300 indirectamente. Estaba capitalizada al 51% por Repsol-YPF; el resto pertenecía al gobierno boliviano. La responsabilidad de Gavito incluía también varios campos de gas en los que Repsol era operador o socio.

“Cuando Repsol compró YPF, incorporó todos los activos de esta compañía, de los que fue desinvirtiendo con diversos criterios. Antes de irme a Santa Cruz estuve en Boston, como consejero delegado de Global Companies LLC, de la que YPF había adquirido el paquete de control, porque se deseaba participar en alguna empresa de downstream.”

Julio recogió la experiencia de sus últimos días en Bolivia, en varios artículos periodísticos, alguna conferencia, y un relato inédito titulado “Los idus de marzo”. Su imagen y peripecias judiciales ocuparon titulares en la prensa de varios días de 2006.

La cosa fue así: La fiscalía cruceña, movida al parecer por el ex-Presidente Mesa, pretendía que Andina había cometido irregularidades fiscales, de las que imputó a Julio Gavito y a Pedro Sánchez, los máximos responsables del momento en la empresa, aunque no habían sido empleados de la compañía en los años investigados.

La situación puso nuevamente a prueba la capacidad de Julio para contemplar desde alguna distancia sus propias vicisitudes. Por cierto, el comportamiento de algunos de los altos directivos de Repsol en aquella época no le despierta buenas emociones. “Hasta el final, cuando el juzgado boliviano dió por sobreseído el caso, Repsol no realizó ni una sola nota de prensa defendiendo a sus directivos imputados. La que apareció, la redacté yo mismo. El interés del responsable de comunicaciones estaba más enfocado en cuidar la imagen del presidente del grupo que la de la compañía”.

Orden de desarraigo, paletadas y nombres propios

El momento más delicado de la aventura de Bolivia fue la salida subrepticia del país, en marzo de 2006, porque la fiscalía había dictado una orden de arraigo (prohibición de abandonar Bolivia). Lo hicieron en un viaje rocambolesco, por una frontera apenas transitada, en un peligroso itinerario, ocultándose en Argentina durante un par de días.

Con el paso del tiempo, la cuestión ha adquirido para Gavito una visión aún más nítida, incorporándose nuevos datos. “Carlos Mesa, que fue presidente en Bolivia cuando Sánchez Losada huyó por las grandes revueltas del final de la época liberal, sostiene en uno de sus libros que un tal Manuel Suárez (boliviano, que había estudiado en la complutense) y yo conspirábamos para derrocarlo. En aquella noche larga de la fiscalía, todos me repetían que si yo hubiera sido norteamericano no estaría allí. “

La política española se involucró para negociar. El embajador Juan Francisco Montalbán y el secretario de Estado Bernardino León, e incluso el ministro de Exteriores Moratinos, mediaron en la cuestión. Pero Julio tenía tan claro entonces como lo tiene ahora que el camino de negociar a los altos niveles resultaría equivocado: “Se mantuvieron conversaciones con el nuevo presidente Evo Morales, lo que era un error. Porque no había que negociar con el poder político, ya que el gobierno no iba a intervenir corrigiendo decisiones de la fiscalía. Cualquier orden desde el ejecutivo hubiera apoyado la convicción de quienes pensaban que Bolivia no era una democracia formal, sino un cachondeo, en donde los políticos controlan a los jueces…lo que era, por supuesto, cierto”.

Su aprehensión y el paso fugaz por la cárcel, en fin, la ve Gavito como “una gran paletada, propia de gentes poco viajadas. Yo tenía las claves básicas, sabía cómo habría que actuar, pero nadie me preguntó nada. Las instrucciones venían desde Madrid. Genéricamente decidí denominar a estar fuentes de instrucciones, Moscú . “¿Qué dice Moscú?” nos preguntábamos en broma.”

“Siguiendo órdenes de Madrid, que entendía que estaba todo resuelto, me presenté voluntariamente en el Juzgado de Santa Cruz, por la tarde, para sorpresa de los funcionarios, pues no podían hacer otra cosa que encarcelarme, dado que tenía sobre mí una orden de busca y captura. Así pasé una noche entre rejas, porque el único que podía ordenar mi inmediata puesta en libertad era el juez, que no trabajaba por las tardes. En consecuencia, -cuenta- la prensa gráfica obtuvo la imagen que los fiscales deseaban: Los ejecutivos de Andina tras las rejas”.

No guarda Julio, en absoluto, mal recuerdo de Bolivia, ni de sus gentes. Al contrario. “A mi despedida de Bolivia acudió mucha gente. Entre ellos, mi buen amigo Salvador Rich Riera, ministro de Obras Públicas con Morales, hoy embajador en Uruguay”.

Tiene el entrevistado clara opinión sobre un buen número de políticos bolivianos, a los que conoció personalmente. Por ejemplo: “Evo es un listo de la calle que ha sabido ignorar a todos los partidos, presentándose como un indígena, a pesar de que su apellido delata su origen mestizo. El presidente Paz Zamora supo que era imprescindible incorporar a la población mestiza al gobierno, pero el Movimiento de izquierda revolucionaria (MIR) se fue al traste por la corrupción, ligada a la coca. Tuto Quiroga es un gran funcionario, que tiene el estado en la cabeza, como Fraga Iribarne…”

El futuro de Bolivia y las trampas para osos de Muniellos. However

Las perspectivas de futuro de Bolivia, no las hace descansar Julio solamente en el petróleo. “Las riquezas mayores están en el gas, la soja, la plata, el estaño, la madera y el litio (muy abundante en el salar de Oyuni). Pero hay que estructurar el país, que tiene doble superficie que España y solo 8 millones de habitantes.”

“Tiene Bolivia que olvidar el racismo y apoyarse en la realidad del mestizaje, alejándose de las posiciones de Chavez y Castro y acercándose a las de Lula y Bachelet. Porque yo sigo siendo marxista en cuanto que estoy convencido de que la economía precede a la cultura. Las trampas para osos son iguales en China que en Muniellos. Hay que superar la filosofía del oenegero. Ayudemos a que los países pobres aumenten su pib y a que lo repartan mejor.”

Julio recuerda con especial afecto a Dionisio Sierra, que estaba de director general en Eniepsa-Hispanoil, con el que había coincidido en Schlumberger y que fue Director de Repsol Exploración. “Dionisio fue importante para mi entrada en el mundo petrolífero; quería que aportara modernidad, y fue quien me asignó al proyecto Gaviota de Bermeo. “

También tiene palabras encomiásticas para Miguel Ángel Remón. “Miguel Ángel tuvo el papel del funcionario diligente que escuchaba pacientemente las ideas de cada recién nombrado presidente de Repsol, para acabar indicándoles, como en aquella serie de la televisión inglesa de los 80, “Yes minister”, hacía Bernard Woolley, el respetuoso e irónico Secretario Personal: “Yes, minister, however…”

La experiencia árabe. Irán y su revolución pendiente

En Oriente Medio trabajó Gavito en Kuwait, Dubai, Iraq, Irán y Arabia Saudita. En Irán estuvo año y medio. “Intentamos incluso comprar un campo petrolífero en el golfo Pérsico, pero acabó yendo a parar a manos de Shell”. Fue su primer trabajo, y coincidió con el final de la época del Shah Reza Pahlevi.

“Me enerva la actual situación en Irán, -dice-, lo que no me sucede cuando pienso en Arabia Saudí o en Kuwait. Siempre tuve la esperanza de que la contrarevolución la hicieran las mujeres, y que un millón o más salieran de pronto a las calles, quitándose los velos. Muchas mujeres iraníes son universitarias, y la mujer acude allí la Universidad desde los cincuenta. “

Opina que la solución para Irán depende de la liberación de la mujer iraní. “No son raras las mujeres iraníes que han leído a Shakespeare y a Proust. Se las trata como ciudadanas de tercera. pero muchas son muy cultas. Un reformador debe apoyarse en ellas. La segunda mujer del Shah, Soraya, era estudiante de arquitectura. Mientras no se libere esa fuerza, habrá una revolución latente en Irán, que se encuentra bajo un régimen teocrático inventado sin contar con la mitad de la población. Recuerdo que cuando salíamos del país en el avión con la British Petroleum, ya en la escalerilla del avión, las mujeres se quitaban la pañoleta. Era espectacular, una sensación muy erotizante. Se despedían del chador, de la pañoleta de Hermés, en un gesto de libertad”.

“Por eso, Musavi pretende cambiar el sistema desde dentro, siguiendo el modelo Adolfo Suárez. Y como Irán es fundamental para el equilibrio de la zona, Obama pactará con quien gobierne allí”, concluye.

La planificación energética y la gasificadora de El Musel

Julio se confiesa partidario probablemente de la energía nuclear. “No haría nunca una central, pero si Garoña puede durar diez años más, no tendría duda en mantenerla. Porque, además, la polémica que se está viviendo es falsa: el juego de alternativas a las nucleares no son las energías renovables, sino el carbón, el gas y el petróleo.”

“Cuando fui Consejero, la opción que defendimos como mejor era acercar a Asturias el gasoducto de Enagás, a pesar de que la demanda aparecía como insuficiente para los criterios de entonces. Fui a ver a Oscar Fanjul con el consejero de Cantabria para que el gasoducto llegara a Cantabria y a Asturias, y lo convencimos, enumerando las empresas que se beneficiarían.”

La cuestión, como otras, está clara en la mente de Julio Gavito. “En realidad, la idea de la gasificadora en el Musel no es nueva. Creo recordar que ya fue propuesta, en mi época, por los consignatarios del puerto. Actualmente no se necesitan son más gasificadoras en España. Estados Unidos tiene solo cuatro instalaciones, mientras aquí tenemos 8. Ningún país tiene tantas. No hay ningún argumento serio para defender una gasificadora como imprescindible. Por la ley de Boyle Mariotte, todos sabemos que si se necesita más volumen de gas, bastaría aumentar la presión de suministro, y si fuera imprescindible, sustituir la conexión por otra de mayor diámetro. Es falaz apoyar la necesidad de la gasificadora en los proyectos de ciclo combinado, porque no hace falta producir kilowatios para exportar sino se negocian contraprestaciones”.

Generación perdida, ilusiones frescas. Privatizaciones precipitadas

Le pido que hable de su visión de la generación de los nacidos a finales de los cuarenta, principios de los cincuenta. “Somos una generación, digamos, perdida. Nuestros mayores no nos dejaron incorporarnos fácilmente al sistema. Fuimos respetuosos, y cuando creímos llegado nuestro turno, los más jóvenes ya habían ocupado con rapidez los puestos que nos debieran haber correspondido.”

“La verdadera ocasión la tuvimos en los 80. Pocos podían decir entonces que habían estado en el extranjero, y algunos volvimos a España perdiendo dinero. Mirando hacia el presente, queda mucho por hacer. Desde la gestión de la coyuntura, cambiar el sistema financiero, potenciar la investigación, etc. No parece haber la sensación de que exista un buen plan ni por la izquierda ni por la derecha. “

Tiene Julio ideas, -cómo no-, respecto a las opciones para salir de la crisis. “No se debería desincentivar la compra de viviendas. La economía ha estado basada en la construcción, y no se puede dar un giro a la industria por decreto. Los ayuntamientos dependen para subsistir de las obras de nuevos edificios, de las recalificaciones de los terrenos. Les faltaría el medio de financiación, porque los gastos corrientes se cubren con la construcción. Hay que tener claro el modelo al que se desea ir, antes de destruir lo que se tiene.”

Y formula un reproche: “Nos hemos precipitado en las privatizaciones de las empresas públicas. Fuimos bastante ingenuos. Ni Italia ni Francia lo hicieron. Por eso, hoy, en Italia, uno de los firmes instrumentos de poder de Berlusconi es el IRI.”

Respecto al cambio en Estados Unidos, comenta que “Obama es hoy la mejor noticia en nuestro mundo global. Dábamos por perdido todo en la pendiente, y no se sabía si la estábamos subiendo o bajando. Obama trae aire fresco, y da igual lo que haga. Ni siquiera haría falta que hiciera algo, en realidad…Para un ciudadano europeo es muy importante la política económica de Estados Unidos. Zapatero podrá realizar alguna actuación aspirínica, pero la mayor capacidad de influir en nuestra cotidianidad la tiene Obama y no él. En esta crisis, nos han metido los americanos, y nos van a sacar ellos. Sin olvidar que la globalización es incuestionable, y hay que superar la visión demasiado transitiva de los hechos. Todos se influyen. Irán no puede pretender ignorar el Nimex, porque le afecta para su supervivencia lo que se decida allí “

Añoranza de Asturias

Cuando le pregunto sobre su ocupación actual, Julio me dice que trabaja en el proyecto Escal UGS, concesionaria de la explotación que convertirá un antiguo pozo petrolífero submarino, a 21 kilómetros de la costa de Vinaroz, en un gran almacén submarino de gas y que aprovecha el yacimiento explotado por Shell en los setenta. Y reconoce: “No he vuelto a Asturias, sinceramente, porque nadie me ha llamado para volver a trabajar allí”. Lo que no le impide ir frecuentemente a la tierrina, para conversar con viejos y nuevos conocidos y amigos y, tal vez, arañar algunas horas para escribir unas memorias antes de que las historias vividas se cubran de olvido o sean tergiversadas por otros intereses .

Le acompaño hasta su coche. Han sido dos horas y media de conversación intensa y entretenida. Se ha levantado algo de fresco, que se agradece en este final de primavera. Al llegar a casa, miro las fotos que nos han sacado en el restaurante. Todas mal. Con el fotoshop, consigo salvar una, para dejar al menos testimonio gráfico de esta cena.

FIN de la Entrevista. Junio 2009, ENTIBA

Descansa en paz, Julio. No quisiste que casi nadie se enterase de tu enfermedad, descubierta cuando ya estaba muy avanzada y te parecía irreversible. Eras, también para lo tuyo, perspicaz. Siempre fuiste divertido, ingenioso, con un punto iconoclasta; y atrevido para tomar decisiones cuando otros se limitaban a ver el obstáculo. Así te recordaré.

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