Tengo fácil respuesta a la pregunta que me formulo en el título, que obtengo por simple trasposición analógica: No. Tendrán cosas más importantes que hacer, que preocuparse por reconstruir una historia de malversación. En realidad, será la cosecha de una actitud de la que, en el presente estamos dando muestras continuas: sembramos y consentimos desprecio.
¿Por qué vamos a preocuparnos de hacer algo por las futuras generaciones? ¿Les importamos nosotros? Esta estupenda contra-reflexión de Groucho Marx es, en realidad, uno de los principios de la actuación colectiva de la sociedad coetánea, la nuestra. Lo qye me resulta especialmente desconcertante es que no son los más ancianos de mis contemporáneos quienes evidencian tal perversión contra natura. Advierto, para mi inquietud -no soy el único- que los impulsos destructores son más intensos, obtienen mayor frecuencia, entre los más jóvenes
No se trata, advierto, de rebelarse contra la sociedad, presionar para el cambio a mejor, introducirse, con fuerza, en el orden establecido, para mejorarlo. Veo demasiados impulsos destructivos, sin preocupación por buscar y presentar alternativas. Soy de los que siempre han defendido -y defenderán- que la juventud es la fuerza que garantiza el futuro mejor. Me parece lamentable, por ello, no solo que los que mandan no abran huuecos para qe aflore esa fuerza, sino, y sobre todo, que una parte demasiado significativa de esa juventud parezca esforzarse en demostrarse a sí misma de que el futuro no les interesa.
Una sociedad que se ha inventado muchos términos rimbombantes para ocultar su desprecio por el futuro, encubriendo sus acciones de macro-delincuente con azúcar-glass: globalización, desarrollo sostenible, responsabilidad social corporativa, respeto ambiental, estado social, prestación sustitutoria, vida digna, salario mínimo, pleno empleo, principios éticos, etc., merece ese castigo.
Pero los jóvenes jamás deben renunciar a asentarse en él, y en lugar de destruir, sin razones, lo que tienen a la vista, estarían mucho mejor ubicados, para su tranquilidad, y la de los mayores que piensen como yo, empeñados en la labor de construir, mejorar, hacerse el hueco con la inteligencia y no con el martillo.
Como, por consuelo esperanzador, hacen algunos, reacios a admitir que lo que nació para ser ubicado en el futuro, no les pertenece, y luchan, inventan, generan, trabajan, estudian, actúan, demostrando con hechos de que creen que ha llegado su momento; no el de destruir: el de hacer más cosas, y mejores.

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