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De tanto lavar las manos con lejía
tengo el ordenador de virus impoluto
pero al guardar confinamiento cada día
bajó nuestro producto interior bruto.
En la recuperación nadie confía
una vez que salgamos a pie enjuto:
no tenemos la confianza que regía,
la credibilidad fue con el luto.
Va a costarnos trabajo salir de ésta
y se acabó del gastar con alegría,
que no están los humores para fiesta,
pues si no encontramos rápido otra vía
barrunto queda margen para gesta,
porque si alguien pone mecha esto se lía.
10 de abril de 2020
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Llevamos ya un mes de largo encierro
cada uno en su casa confinados
para escapar, pardiez, del propio entierro
a pesar de no sentirnos confiados.
A pobre circunstancia quito hierro
y pongo en cuanto hago más cuidados
si bien no estoy seguro si es que yerro
por no contener ánimos cuitados.
Esta pandemia puso en entredicho
no solo a sanidad; bajó del cerro
mucho de cuanto habíamos hecho nicho.
Caerá, puede, el Gobierno. Muerto el perro
no se acaba la rabia -tengo dicho-,
que han de buscar con prisa otro becerro.
10 de abril de 2020
(@angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis)
…..
El dibujo que acompaña estos Sonetos, aunque no guarda relación con ellos, representa la entrada de los triunfadores en una población de vencidos. En cierto sentido, conserva el punto de unión con otros cuadros y dibujos que realicé en otros momentos, como «Los buscadores de Nada» o «Los hacedores de humo» (por ejemplo). Plasman un tema muy de mi gusto iconoclástico, por el que ironizo -con ribetes sarcásticos- sobre los avances sin sentido, los falsos progresos, la dificultad de encontrar liderazgos, o el obcecamiento irracional de los fieles seguidores del visionario.


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