No resulta sencillo distinguir entre mitos, realidades y creencias. Elucubrar sobre una posible diferenciación es materia de análisis obligada para filósofos, ya sean laureados, aprendices o simples aficionados.
Debería interesarnos a todos, establecer una escala personal entre lo que hemos comprobado o podido demostrar por nuestros medios, aquello que aceptamos en reconocimiento a la autoridad ajena, o cuanto situamos en los baúles de la superchería, la ficción o la propia conveniencia.
Es ley de nuestra naturaleza convivir con esa triada. Mantener creencias compartidas nos hace sentir el pulso social, unirnos al clan o a la tribu. Cuestionar ante terceros si las verdades admitidas por la mayoría son solo mitos o falsas percepciones puede situarnos en riesgo de ser considerados infieles al grupo.
La historia de los pueblos, está soportada por héroes, víctimas, brujas y visionarios, construidos con base en mitos, creencias y percepción de realidades. Muchos más lo intentaron. Algunos resultaron ensalzados a la gloria sin haber ganado una batalla ni inventado el menor artilugio. Otros fueron llevados a la hoguera, por su destiempo, antes de que se comprobara que lo que habían postulado era verdadero, útil o necesario.
Nada cambió desde tiempo inmemorial, como el arcipreste de Hita puso de manifiesto: queremos paz, buena comida y alguien que nos haga fiel compañía. Pero algunos se empeñan en conducirnos a Tierras más fértiles, alegando haber recibido designios peculiares. Aquí, ahora, los profetas se llaman Pedro, Pablo (tenemos dos), Albert y Santiago, entre otras figuras menores.
No se ponen de acuerdo en el camino revelado unos señalan la luna, otros su dedo o el ojo del contrario y todos, al parecer, engordan sus bolsillos o los de quienes les son más fieles.
Tienen agosto para elegir la vía más favorable. No para llegar a Arcadia, sino para sacarnos del atolladero en el que nos han metido con sus tejemanejes.
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Un herrerillo capuchino (parus cristatus), cogido al trasluz, atrapa al vuelo un insecto.


El Psoe deberia permitir q Podemos elija ministros INDEPENDIENTES, q tenga en cuenta su postura social.Sus votantes tienen DERECHO a una representación de intereses.
Y lo q esta claro, es q Podemos, no tiene todavia ni organización ni dirigentes, y lo bueno q tenia, ha sido descartado, lo q ha desintegrado el partido(y arruinado el proyecto)
José Javier, hace un par de semanas escribí sobre lo que pensaba de incorporar independientes al gobierno de cualquier signo. Opino que la separación entre militancia e independencia es una consecuencia de la falta de claridad de los programas políticos y de la concentración de intereses particulares («hacer carrera política») en los partidos.
Respecto a Podemos, creo que el partido ha fracasado como opción política seria. Su proyecto actual me resulta incongruente y la dirección de la militancia, salvo pocas excepciones, decepcionante.