El 12 de diciembre de 2015, en París, y en el marco de la COP 21 (1), se reunieron representantes de casi todos los Estados del mundo, con el objetivo, animado por el actual secretario general, de llegar a un Acuerdo vinculante, por el que se adoptasen medidas claras para atajar el riesgo de sobrecalentamiento del planeta, reduciendo la producción de CO2 (anhídrido carbónico) derivada de la combustión de hidrocarburos.
40.000 enviados de las más variadas instituciones aprovecharon el buen clima de París para congregarse en la capital de la moda europea, durante los días 30 de noviembre a 11 de diciembre. Alguien ha calculado que ese despliegue de personal interesado ha contribuido a aumentar, entre idas y vueltas, con 300.000 t de CO2 la cantidad del gas en la atmósfera y de sus perniciosos equivalentes. Una cantidad, en todo caso, despreciable, frente a las 50 Gt/año (2) que cada año aumentan la concentración de gases invernadero sobre nuestras cabezas.
El Club Español de Medio Ambiente convocó, con gran sentido de la oportunidad, el 16 de diciembre, a varios expertos para que presentaran los términos del Acuerdo y se pronunciaran sobre su alcance. El Salón de Actos de la Escuela de Minas de Madrid ofrecía una buena entrada y, desde luego, las intervenciones respondieron a la expectativa.
De todas ellas, y por mi cuenta y riesgo, destacaría las de Sara Aagesen (que sustituía a la anunciada ponente Valvanera Ulargui, directora desde principios de diciembre de la Oficina para el Cambio Climático del Gobierno español) y José Manuel Moreno (catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla-La Mancha e integrante español del Panel para estudio del Cambio Climático). Pero, aunque utilizaré algún elemento de los expresados por ellos en sus intervenciones, construyo este Comentario exclusivamente con mi opinión, y teniendo a la vista el documento de 40 páginas del Acuerdo de París.
El Acuerdo, a pesar del optimismo de los representantes de los gobiernos de la Unión Europea y, especialmente, de Laurent Fabius, que actuaba de anfitrión en la cumbre, me parece muy flojo. Consta de solo 18 páginas y 29 artículos, y figura como Anexo de un largo Preámbulo de las Partes, con 22 páginas y 140 puntualizaciones, en las que, en la mayoría, «se solicita», «se pide», «se pone de relieve», o «insta» lo que da idea de los recelos, reticencias y prevenciones que no han podido resolverse en la Cumbre.
Coincido con Aagesen en que el Acuerdo era «necesario y urgente», que «la negociación fue muy compleja», y que lo adoptado «no es perfecta para nadie, pero es bueno para todos». Es evidente, sin embargo, que Sara Aagesen, asesora de la Oficina para el Cambio Climático, opina desde la visión de los Gobiernos;. por eso, en mi posición de observador desde la sociedad civil y, si se me permite, desde la petulante, y, por supuesto, falsa, supuesta representación del ciudadano medio mundial, me inclino más hacia la afirmación de Moreno de que «hay motivos para la preocupación».
Y serios: la tendencia de crecimiento de la temperatura, en relación con los niveles detectados de CO2, indica que en 2100 alcanzaremos los 4ºC de incremento. Nos encontramos ya por encima de los 2.000 Gt equivalentes de CO2 emitidos en la Historia pirómana de la Humanidad -según el Met Office-, y se han alcanzado los 400 ppm de concentración de CO2 en la atmósfera (medidos en el observatorio de Maura Loa, en Hawai, el único desde que se tienen registros desde 1958, gracias a Keeling).
No queda, pues, margen alguno. Habría que reducir de inmediato la producción antropogénica de CO2, por debajo de los 50 Gt/año, y que está creciendo al ritmo de 10 Gt/década; lamentablemente, no será así, pues las previsiones son de que subirá durante unos años (por la curva acelerada de desarrollo vinculada a los hidrocarburos que se prevé en China e India, principalmente) hasta alcanzar los 65-70, para bajar luego espectacularmente, en la confianza de que se aplicarán tecnologías en parte aún por descubrir o pendientes de perfeccionar su aplicación industrial de forma rentable, y así poder conseguir el objetivo de no superar los 2ºC de incremento de temperatura en 2100, que el Panel de Expertos sobre el Cambio Climático cree firmemente implica mantenerse por debajo de los 450 ppmv CO2.
Solo hace falta multiplicar para hacer un cálculo aproximado de la producción de CO2 que cabe imaginar de aquí hasta 2100 (85 años), de seguir al ritmo actual: 4.250 Gt equivalentes, que, aunque no todos se quedarán de forma permanente en la atmósfera, ya que entre un 30 a un 40% se disolverán en las aguas marítimas y continentales o podrán ser captados artificialmente, se unirán a las 2.000 Gt existentes.
Estamos en riesgo de emitir más del doble de lo emitido hasta ahora en toda nuestra Historia. El objetivo de los 2ºC que se ha apoyado en París supondría, por el contrario, reducir entre de un 50 a un 70% la producción antropogénica, dejándola en 15-25 Gt/año. Idealmente, no deberían superarse las 1.300-1.600 Gt de aquí a final de siglo.
Reto muy difícil de asimilar como creíble cuando se piensa que 1.000 Gt equivalen a solo un 30% de las reservas de carbón probadas (combustibles fósiles: carbón, petróleo, gas), y no parece que la presión por mejorar el bienestar pueda contenerse con propósitos bienintencionados.
En fin: habrá que esperar a la firma del acuerdo que lo haga vinculante, para cuyo acto se ha determinado un plazo que termina en abril de 2017, y para cuya efectividad deben firmar, al menos, 55 países que cubran el 55% de las emisiones a controlar. Y, una vez cumplido este hito, confirmar que cada cinco años todos los países renueven sus compromisos, con postulados cada vez más ambiciosos. Que exigirán, además del desarrollo tecnológico y la voluntad política, desembolsos superiores a los 100.000 Millones de dólares/año.
Una cantidad ridícula para un objetivo común que supone librar a la Humanidad de una catástrofe autoprovocada, aunque muy ambicioso para un colectivo que parece empecinado desde su más remota existencia a matarse o dejar morir sin piedad, impulsado por las muy variadas formas de egoísmo.
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(1) Así se conoce la vigésimo primer Conferencia (en el sentido de Asamblea), de las «partes», estados miembros de las Naciones Unidas, cuyos representantes se vienen reuniendo desde hace 20 años para tratar la amenaza del calentamiento global del planeta y analizar y acordar medidas para paliarlo. Hasta ahora, con más ruido que nueces; desde ahora, con mucho más ruido, y unas pocas nueces más, como trato de hacer ver en este Comentario.
(2) 1 ppmv CO2= 2,12 Gt C (léase; una parte por millón en volumen de anhídrido carbónico, igual a dos coma doce Gigatoneladas, es decir, mil millones de toneladas, de carbono)
1Gt C = 0,47 ppmv CO2; 1 t C = 3,66 t CO2; 1 Gt CO2 = 0,27 ppmv CO2
