En el azar vivía una certeza;
en la oscuridad, hubo esperanza;
entre tus lágrimas, descubrí otra vez.
Subí dando trompazos la escalera de errores:
una voz me decía que la razón era fatua.
En un descansillo me crucé con la sorpresa,
volviendo de una visita obligada a pleitesía.
Mareado entre realidad y fantasía
vomité en el rellano; ebrio de luces,
cuando abriste la puerta,
me sumergí en tu regazo.
Hice diabluras.
(mayo 2009, Angel Manuel Arias, «Poemas de encargo»)

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