Los resultados de las elecciones generales celebradas en Italia el último domingo (y siguiente medio lunes) de febrero de 2013, han puesto de manifiesto dos grandes grupos perdedores: 1) los que opinaban que la mejor situación imaginable para Italia, confirmada históricamente, sería la ausencia de Gobierno, y, por ello, desearían que se hiciera efectiva la primera impresión de que iba a ser imposible conseguir una coalición estable, y 2) los partidarios -lo hubieran votado o no- del triunfo del Movimento 5 Stelle (M5S), que ya se frotaban las manos ante el espectáculo.
En relación con este Movimiento novedoso, la intriga estaba centrada en llegar a conocer cómo pondría en práctica su Programa. Para muchos, se adivinaban indecibles momentos de disfrute, regocijo y, en fin, risas y jolgorio, en ese marco ácrata -peligroso- en el que se va decantando, en Italia como en otros países (sobre todo, del área mediterránea), el descontento acerca de la política.
El cerebro y talismán del M5S es un payaso famoso en Italia, parapetado en un blog incendiario (Beppe Grillo), que, aunque no ha podido capitanear oficialmente el Movimiento ideado por él, -ya que fue inhabilitado hace años por un doble homicidio en accidente de tráfico-, lo ha impregnado de su estilo histriónico-cómico: tensionar a gritos la cuerda emocional del espectador de la representación, y liberarla de vez en cuando con un chiste.
En nuestra tierra, algunos comentaristas de las elecciones italianas, han encontrado en el Programa de M5S muchas ideas aprovechables para incorporarlas al melting pot de propuestas electorales; en especial, por los partidos que aún son minoritarios en los hemiciclos españoles, en las cada vez más inminentes nuevas elecciones.
No se puede rechazar ese propósito de plano, pero hay que advertir que el Programa de Beppe está construído con los deseos e intenciones de gente variopinta, una especie de carta conjunta a los Reyes Magos de los niños de un colegio de párvulos, sus padres y maestros. Eso, sin contar que en estos lares nos sobran ideas imposibles, porque imaginación no falta, lo que se echa de menos son ganas de asumir una tarea hasta el final.
El interés de la movilización ciudadana italiana en torno a un payaso ha permitido divulgar que el nombre responde a las cinco estrellas o ejes directores de su Movimiento: gestión pública del agua, movilidad y desarrollo sostenibles, wifi gratuito y protección ambiental. Pocos habrán leído las quince páginas de su Programa, y aún menos serán los que han separado los deseos de imposible cumplimiento -por caras, estrafalarias o libertarias- de las propuestas que ya deberían haber sido puestas en práctica, por corrresponer a Directivas comunitarias, o de las muy razonables.
En un intento de sistematizar los heterogéneos objetivos, encuentro en el Programa del M5S que hay poco interés por la economía (definir el coste de las actuaciones y quién lo pagará, aunque se critican los despilfarros ya habidos, sobre todo, en infraestructuras), omisión en lo que se asemejan las propuestas a las habituales de los partidos de la izquierda irredenta (que tantas veces apuntan con tino a la idea pero no se preocupan del aspecto práctico); se pone mucho énfasis en el ambiente y la energía, lo que se corresponde con las ideas extraídas de los idearios de los movimientos ecologistas; se incorporan no pocas ideas libertarias, que implicaría un deseo revolucionario, antieuropeo y anticapitalista; y, generando una pasta que más que conseguir la amalgama de los contenidos, produce la sensación de un pupurri de digestión imposible, se echana esa caldera que se cocina en el antisistema, dosis amplias de bonhomía, buenos deseos, desapegos de la realidad, y una simpática ingenuidad, con ribetes y adornos propios de la ética elemental, con trasfondo incluso cristiano, con reconocible gancho mediçatico, ahora que el Papa dimisionario está de moda.
En los 60/70 del pasado siglo, alcanzó mucho predicamento un libro de Heinrich Böll, titulado «Opiniones de un payaso«, en el que un clown atrapado por la desventura y el alcohol realizaba una ácida crítica del catolicismo, avanzando en ella a través de paradojas, más bien tristes. Entiendo que el mérito de Beppe Grillo es, sobre todo, realizar una crítica del sistema capitalista, exponiendo a la opinión pública, como catarsis, sus tremendas contradicciones. Que el público ría o llore con las historias, ya depende de las ganas de cada uno.
Permítame el lector (y, por supuesto, pido disculpas al autor) una ligera adulteración de cierto momento cumbre del texto de Böll, para adaptarlo al caso.
El payaso protagonista y uno de los que le hacen la vida imposible, se enzarzan en esta pelea dialéctica : «-Creo a pesar de todo que usted es un buen payaso, pero de política no entiende nada» (…) «-Entiendo lo suficiente para ver que ustedes, los políticos, ante un escéptico como yo son tan inflexibles como los socialistas frente a los liberales o los liberales frente a los anarquistas. No oigo más que hablar de ley y de programas, y lo único que se discute es sobre no sé qué documentos que el Gobierno del Estado, del Estado precisamente, se encarga de extender, en lugar de aclarar su veracidad o falsedad de una vez». «-Usted confunde la ocasión con el motivo«, dijo el otro «le comprendo a usted, créame que le comprendo». «-No comprende nada en absoluto», replicó el payaso, » y el resultado será un doble fracaso«. (pág, 125, Edit.Seix Barral, edición de 1974).
El fracaso del M5S es, por un lado, haber malgastado la intención popular de mejorar la situación, poniendo orden a los desmanes manifiestos y, por otro, haber perdido la oportunidad de concentrar un Programa viable, que le hubiera posibilitado entrar en el gobierno, lo que hubiera supuesto la revisión crítica de las ideas recogidas en la calle, eliminando las dosis libertarias o irreales.
Ideas que agradan a algunos cuando se expresan a gritos enveltos en el anonimato de la masa, pero que en un país democrático no tienen cabida como base de actuaciones del Gobierno, y ni siquiera para derribar al que lo está haciendo tan mal como el que tenemos ahora en España.
