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Violentos de todo género

26 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Supongo que el lector estará de acuerdo en que la naturaleza del ser humano no es violenta; más bien, somos pacíficos. Considerados individualmente, casi me atrevería a decir que la mayoría somos cobardes, en el sentido de rehuir los conflictos, incluso aunque tengamos razón o razones para defender nuestro derecho con muestras de beligerancia frente a quien nos lo niega o arrebata.

Ah, pero grupalmente tendemos a ser dogmáticos, avasalladores, belicosos. Debe ser un residuo orgánico de la necesidad de cada tribu de resistir el riesgo de ser absorbida por las vecinas, y la tendencia a hacer que el clan propio fuera el líder de las comunidades mayores, acumulando así sobre él poder y dinero, además, si las cosas venían así dadas, de entroncarlo con la estirpe de los dioses.

Si las masas pueden ser fácilmente convertidas en violentas, como saben, desgraciadamente muy bien, los guardianes del orden público, es más raro que un tipo normal se transforme en violento. Un encuentro deportivo, una manifestación autorizada para expresar una posición razonable, pueden generar en algaradas multitudinarias en las que, por el placer de destruir, grupos de individuos exterioricen comportamientos muy violentos.

No soy capaz de entender qué tipo de malformación mental lleva a un tipo al que sus vecinos han caracterizado como «normal, y simpático» a matar a la que fue su pareja. Por eso mismo, no me parece que las Leyes contra la llamada Violencia de Género, que exageran sobre todo las penas a los que agreden, como consecuencia de momentos de ira o expresión de principios de desequilibrio senil, a sus esposas, sirvan para mucho. El individuo que es capaz de matar a quien amó está, ante todo, y en dignóstico preclínico, mal de la cabeza.

Hay un hilo conductor, sin embargo, en esa madeja de despropósitos que teje y desteje la compleja naturaleza de los seres humanos, entre quienes son capaces de encontrar razones para matar a sus parejas, y los que estrellan aviones cargados de pasajeros contra las torres gemelas, explosionan mochilas en trenes de Atocha, matan a un soldado en plena calle de Londres… y todo los violentos. Es el hilo que mezcla cualquier tipo de fanatismo, intransigencia, creencia en que un sexo o religión o idea es superior a otro, implica reservas y puede desembocar en odios.

Esos individuos, sin duda, abyectos, que desprecian la vida de los demás, que han llegado a ese punto de enajenación incomprensible por el que nada más les importa que suprimir al otro, aunque desaparezcan al tiempo ellos mismos (con o sin promesas de vida eterna), no están, sin embargo, aislados, no se producen solos, no son producto de la casualidad.

Son alimentados por las mismas fuentes que lo somos todos los demás, solo que en ellos el mejunge les provoca una reacción descontrolada. Pero todos estamos inmersos en mares de ignorancia, de falta de solidaridad, de orgullos estúpidos que enaltece a un clan, grupo, raza, religión, cultura, y menosprecian los otros. Ríos y mares que se hacen anchos, muy anchos, en las sociedades en donde vivimos, porque no tenemos más remedio, los pacíficos. Asistiendo, con espanto, a la eclosión continua de esos productos aberrantes del caldo que se cultiva en las sociedades, que son los violentos. De todo género.

Publicado en: Cultura, Mujer, Sociedad Etiquetado como: clan, comportmiento, dogmático, fanatismo, género, grupo, legislación, sociedad, violencia

El Informe Barquisimeto (7). La importancia de la uniformidad

9 abril, 2013 By amarias2013 2 comentarios

La supresión total de la capacidad individual para pensar y, por lo tanto decidir por sí mismo,  es uno de los objetivos codiciados por todo sistema. No es, sin embargo, más que un desideratum inalcanzable en la práctica, por lo que es preciso incorporar elementos de distracción a la gran masa, que, por una parte, le hagan creer a quien pertenece a ella que está tomando alguna decisión o adquiriendo información importante y, por otra, eviten que tenga interés alguno en escuchar a los disidentes ocasionales, que fracasarán, así, en sus intenciones desestabilizadoras.

En los regímenes capitalistas, especialmente en los neoliberales, el adocenamiento de las masas se consigue de manera casi imperceptible para la mayoría, bombardeando continuamente a la población con nuevos objetivos de consumo (generando el campo de cultivo propio de la «sociedad líquida» y proporcionándole datos falsos, pero tranquilizadores, información irrelevante aunque capaz de fomentar la curiosidad innata del ser humano por lo que hacen sus semejantes. Se trata, en fin, de construir un entramado de deseos simplones, ansias de fácil realización y montones de documentación sin verdadero interés pragmático, que animan a la población objetivo a  seguir profundizando en la bazofia intelectual que se le da, aumentando el efecto alienante.

Es bien conocida la fúnción que cumplen en este objetivo los concursos televisivos en los que distintos individuos a los que previamente se les ha convertido en «famosos» compiten luciendo actividades estupidizantes. Por supuesto, los llamados deportes de masas, como el fútbol, el béisbol y otras actividades deportivas de cierta duración, servirán para mantener a gran número de individos entretenidos, no solo mientras contemplen el espectáculo, sino, posteriormente, discutiendo jugadas, posibles errores arbitrales y hasta las aficiones o vida personal de lo jugadores.

En los países que forman el núcleo central del Grupo de Solicitantes estos efectos de alienación se han conseguido con una mezcla sabia y prudente de elementos, en los que la educación desde la más tierna infancia cumple una función muy relevante. Se ha acostumbrado a los niños, desde muy pequeños, a participar en ejercicios de grupo, haciéndoles ver la belleza y el valor, no de la contemplación (que también), sino, sobre todo, del mero hecho de participar en una actuación completamente coordinada y que, forzosamente, ha de ser simple, para que todos puedan intervenir.

Pero no solo la educación ha de ser física, por supuesto. Para doblegar y dirigir las eventuales inclinaciones naturales a pensar independientemente sin que los individuos sientan la menor inquietud, sino que, por el contrario, se acostumbren a ver como una circunstancia tranquilizadora el encontrarse junto a otros cientos o miles de congéneres haciendo lo mismo,  hace falta más, y el Equipo de Trabajo ha detectado diversos modos de conseguir el mismo fin, y que, sin duda, han de seguir perfeccionándose, utilizando, sin reservas, cuanto haya de aprovechable en las economías capitalistas.

No en vano cabe decir que del enemigo, no todo es rechazable, y no hay que tener reparos en utilizar, adaptándola para la consecución de los objetivos propios, algunos de los métodos de la competencia ideológica. En el fondo, tanto los muñidores de uno como de otro bloque persiguen el mismo fin, que es el control total.

(continuará)

Publicado en: Economía, Internacional, Política, Sociedad Etiquetado como: actividades deportivas, consumo, control, discusiones estériles, errores, espectáculo de masas, estupidizante, famosos, grupo, individuo, información, Informe Barquisimeto, Lugano II, masa, población

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