El debate previo sobre la Ley de Servicios Profesionales, que pretende regular, entre otros aspectos, el ejercicio de la ingeniería en España, concentra una parte de las discrepancias en lo que serán las «reservas de actividad» para las ingenierías de este país.
La discusión ha sido propiciada con torpes argumentos y en un momento bastante inoportuno, pero es necesario clarificar lo que se ha convertido en materia de litigio entre las ingenierías y motivo de confusión generalizada, cuando no de intereses oscuros por mantener esferas de poder y control.
Aunque la titulación de ingeniero estuvo, en sus orígenes (siglo XVIII), muy vinculada a las actividades bélicas, evolucionó rápidamente, diversificándose las titulaciones, en la brillante ocupación de presentar la batalla por mejorar las condiciones de la subsistencia colectiva.
La actitividad dominante de la práctica totalidad de los que tienen la titulación de ingenieros -existen diez ramas de ingeniería en España-, y ejercen la profesión tiene que ver con las muy diferentes formas de progreso y mejora de la calidad de vida. Desgraciadamente para el buen desarrollo de este país, hay un gran número de ingenieros titulados que no ejercen la profesión, porque no tiene demanda lo que han estudiado.
La confusión respecto a lo que debe ser un ingeniero está anclada en la falta de conocimiento, no solo de lo que se estudia en las Escuelas y Universidades, sino de la falta de uniformidad de criterios, en la sociedad y en los centros de formación, de para qué sirve o debe servir hoy un ingeniero.
Y hay que clarificar este punto, porque las necesidades a cubrir por los ingenieros son diferentes a las que les ocuparon hace siglos, incluso hace un par de décadas. Pero siguen estando directamente ligadas a la capacidad de desarrollo de un país. Un país que consigue formar y mantener una élite de buenos ingenieros tiene ancladas sus perspectivas en un futuro más favorable.
En realidad, el concepto central de ingeniero no ha cambiado. Ingenieros fueron, durante siglos, todos los que sabían hacer algo útil muy bien, vinieran de donde vinieran, con título en Salamanca o capacidad adquirida en Vitigudino. (1)
La cuestión de las reservas de actividad para las distintas ingenierías es un tema capital para la supervivencia de los Colegios profesionales, aunque, sobre todo, lo es para el avance de la sociedad en su conjunto. No se debe caer en la defensa a ultranza de parcelas de poder sin sentido. Los ingenieros, con buena formación básica, pueden entender y proyectar múltiples instalaciones y equipos. En absoluto cabe adscribir, siendo leal, a una ingeniería concreta ese saber hacer «básico»: la concepción de una instalación eléctrica, realizar un cálculo estructural, dirigir una fábrica metalúrgica, proyectar un camino, entender un circuito electrónico o programar un equipo, por enumerar unas cuantas actividades de todas las que pueden -o deberían, desde luego- ser realizadas con solvencia por cualquier ingeniero, con una formación de cinco o seis años en cualquier Escuela.
La reserva de actividad debe limitarse a aquello que exige una tecnología y experiencia profesional elevada. Y aquí viene el problema, que hay que saber resolver: los ingenieros recién licenciados, no importa en qué ingeniería, no están capacitados para resolver por sí mismos problemas prácticos complejos -no porque sean incapaces, sino por los avances tecnológicos-. Necesitan seguir formándose, integrarse en equipos que tengan ya esa competencia, acreditar con el paso del tiempo y el conocimiento de proyectos similares, en los que -por qué no- acabarán aportando su propia creatividad- …
La reserva de actividad para las ingenierías tiene que estar vinculada a la formación posterior de los ingenieros y al control de esa experiencia. Los Colegios profesionales tienen, aquí, mucho que decir. Además de discutir, entre ellos, qué parcela de la ingeniería pretenden arrimar a su control; pero, sin olvidar, por favor, que se trata de hacer las cosas bien, no de mentir que se están haciendo bien o prometer que se sabrá hacerlas si llega el caso.
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1) Los ingenieros hicieron casas, castillos, puentes y caminos, que aguantaron siglos, aunque también sabían cómo destruirlos en un par de horas, colocando explosivos en los sitios justos; construyeron catapultas, accionaron mecanismos, fundieron sables o fusiles, y perfeccionaron procedimientos y materiales para consegir que se hicieran más resistentes; imaginaron barcos, siempre más grandes, con capacidad para resistir fuertes embates marinos, y, con celo incuestionable,los dotaron de motores y cañones que los convertían en inexpugnables, salvo si el enemigo -a salvo de caprichos de la naturaleza- dispusiera de una flota superior.
No quedó ahí la cuestión. Ingenieros eran los que imaginaron e hicieron realidad que pesados cuerpos volaran, y supieron hacerlos muy manejables, para transportar personas, materiales, equipos y, en tiempos de guerra, soldados, tanques o bombas; ingenieros eran llamados quienes sacaban del interior de la Tierra materiales de enorme utilidad para calentarse, cocinar, fundir otras piedras, hacer edificios más altos, carreteras y puentes más grrandes, curar enfermedades muy mortíferas.
Fueron llamados ingenieros los que supieron cómo hacer que las tierras fueran agrícolamente más productivas, idearon sistemas de regadío, supieron cómo purificar el agua o desalarla; ingenieros los que repoblaron montes, seleccionaron especies; ingenieros los que idearon sistemas de comunicación entre personas muy distantes, o crearon artilugios para reproducir voces, difundir ideas, ver imágenes transmitidas por el aire y captadas por sensores misteriosos para la mayoría de los usuarios.
