La infatigable Yolanda Moratilla hizo de presentadora y entrevistadora de tres expertos en temas energéticos, que analizaron, el 2 de diciembre de 2015, y en un acto público en el seno del IIE, la parte energética de los programas de los cuatro partidos con más opciones de participar en el futuro Gobierno de España, en la combinación que resulte de las elecciones del próximo día 20: PP, PSOE, C’s (Ciudadanos) y Podemos.
Quienes hicieron tanto el trabajo previo como la presentación de las conclusiones, además de la catedrática de la Universidad Pontificia, fueron Isaac Alvarez (compañero de la ingeniería minera, directivo emérito de Repsol), Manuel Lozano (catedrático de Física Nuclear en Sevilla) y Victoriano Casajús (ex Director General de REE, presidente de Lysys Real).
Moratilla dilapidó aparentemente la parte misteriosa que pudiera tener el acto, al resumir, apoyándose en un par de transparencias, los programas energéticos de los partidos, en los que se habían señalado con puntos rojos las propuestas técnicamente irrealizables, y de amarillo, las inconsistencias detectadas en el propio programa electoral.
«Nucleares y fracking, no; renovables a tope», era -concretó- el mensaje común de los tres partidos opositores, que, en el caso de Podemos, presentaba una curiosa singularidad: apoyaba el alcanzar el 100% de empleo de energía renovable en la Administración pública (realizable, aunque caro), y clausurar el ATC, además de cerrar de inmediato todas las centrales nucleares (elucubración patafísica, aunque el adjetivo lo pone este cronista por su cuenta) .
Pero advirtió también, que, si el menos dañado por los puntos rojos era el programa propuesto por el PP, lo era más por omisión de propuestas en temas que pudieran resultar conflictivos, quizá por la idea subyacente de que, siendo el actual partido de gobierno, lo que inferirá el elector es que habrá de mantenerse en la misma línea.
A preguntas concretas de la conductora del acto, los invitados fueron desarrollando sus comentarios críticos a los programas. Posteriormente, se admitieron intervenciones y comentarios desde el público, que resultaron en algún caso, polémicos, más por el tono que por el contenido. Lo que no hubo, y lo lamento, fue una propuesta técnica alternativa de lo que podría ser un programa energético óptimo. Al final de esta reseña realizo un esfuerzo petulante en esa dirección..
Casajús, que fue, quizá, el más comprometido en la rotundidad de los análisis, expresó que sería técnicamente imposible, desde el punto de vista de la seguridad de todo el sistema, introducir un porcentaje de energía renovable tal que se comprometiera la sincronicidad.
En lo esencial, se expresó así (aunque utilizo el entrecomillado, transcribo desde mis notas manuscritas).
«Por supuesto, las energías renovables son valiosas en múltiples órdenes y lo serán cada vez más. Pero su incorporación masiva en nuestro actual sistema eléctrico es inviable. Esto es así, porque el sistema de distribución de electricidad es síncrono, -de frecuencia constante-, y ante cualquier variación externa, tiende a autoregularse para mantener su sincronismo. La incorporación de producciones asíncronas modifica el sistema, que las máquinas instaladas no son siempre capaces de compensar. La situación se convierte en especialmente grave cuando se compromete la falta de periodicidad y la predictibilidad de la generación eléctrica, al superar ese límite por la introducción masiva de energía eólica y solar, que, por su esencia, son asíncronas y, por tanto, perturbadoras de la estabilidad.
«La teoría electromagnética de Maxwell y Cía -explicó el actual presidente de Lyxys Real, para justificar su aseveración- no fue desarrollada a partir de la observación de la realidad, sino en base a experimentos de laboratorio, que sirvieron para concebir los actuales sistemas de suministro. Necesitamos en ellos, mantener la inercia y la capacidad generadora. Para conservar la inercia, son necesarias máquinas rodantes -turbinas, grupos diesel, máquinas de vapor, ciclos combinados, máquinas hidráulicas, etc.- , y si se introducen excesivos elementos que no satisfacen las condiciones de inercia, una parte del sistema, intentan corregir ese desequilibrio y si no fueran capaces de lograrlo, se provocará su desconexión automática».
Y Casajús prosiguió, extendiéndose en la idea:
«Por su parte, las centrales nucleares son sistemas que proporcionan mucha capacidad de inercia para compensación; la central hidráulica es el elemento ideal -la tubería que comunica los rodetes tiene una reserva de energía importante-. Por el contrario, las centrales solares son sistemas estáticos puros… y, no podemos ignorar que las centrales termosolares no son más que centrales de gas… que se apoyan en el sol para conseguir la fuente de energía primaria.
«Si, en nuestro mix actual, cerráramos de golpe todas las centrales nucleares, el sistema español solo podría admitir un 40 a 50% de generadores asíncronos. Ni siquiera las centrales de ciclo combinado pueden estabilizar el sistema cuando cae la tensión y, por tanto, se altera la frecuencia: el compresor de cabecera baja la velocidad y se queda parado durante un intervalo; ya ha se ha dado ya el caso de un «blackout» (apagón total) cuando el subsistema de generación solo se disponía de centrales de ciclo combinado para alternar con aerogeneradores.»
Con esta concluyente aseveración, la promesa del PSOE de alcanzar el 70% de incorporación de energías renovables, la calificó, por tanto, de irrealizable, al menos, en un horizonte de una o dos décadas.
(continuará)

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