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Tenemos para el caso un protocolo
que no nos disminuye incertidumbre
porque rige libertad y es la costumbre
a chirigotas reirse con Bartolo.
Habrá quien prefiera amargarse solo
o correr maratón por darse lumbre,
y quien es feliz creando podredumbre
o en los actos ajenos viendo dolo.
No falta quien llama arte al chirimbolo
y el que defiende que la luna alumbre,
se cree Narciso o reza al dios Apolo.
Brotan más confusiones en la cumbre,
sin que valga decirse «cuánto molo»
ni en debilidad, fingir reciedumbre.
5 de mayo de 2020
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A Miguel Hernández
(Otra versión, similar al Soneto 26, con las mismas rimas de su Soneto
“Como el toro he nacido para el luto”)
Quedan aún días de rabia, dolor, luto
que en página vital llevas marcado.
De refilón, por sorpresa, de costado
la pandemia marchita cualquier fruto.
El poder me parece hoy diminuto
aunque ayer pareció desmesurado
y ese aura de ayer enamorado
hoy hasta al propio amor se la disputo.
Qué hice por merecer este castigo
que en sangre me dejó el alma bañada.
Me repugna cualquier coro sonoro
que me impide la calma que persigo.
Veo de frente al matador con la espada
y llevo banderillas como el toro.
6 de mayo de 2020
(@angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis)
Entre las láminas con temas más o menos dramáticos, contando historias de familia en penuria, portadores de cristales rotos o niñas alimentando con carne a las palomas, esta reproducción de mi dibujo «Frutas sueltas» (Lámina IV de Sonetos desde el Hospital) parece reflejar un remanso de luz y tranquilidad.
Es verdad que, dentro de la carga densa en emoción y tristeza de los Sonetos que escribí cuando estaba operado o a tratamiento en el Hospital Ramón y Cajal (por cierto: ahí sigo), me propuse incluir algún poema y algún dibujo que fueran alegres y, en particular, para los dibujos, luminosos y coloridos.
«Frutas sueltas» es un bodegón, aunque no un apunte realizado a partir de la realidad, sino de una composición imaginada, falsaria. Las peras y las manzanas no son tales, la perspectiva está rota, los colores son falsos. Las frutas son diversas, pero están amontonadas; no, no están sueltas, sino empingorotadas. Empleo a consciencia esa palabra, porque quise reflejar categorías: las uvas y los higos, fuera del tiesto: una naranja, emergiendo del océano de peras y manzanas, gravitando irreal.
Me gustaría haber conseguido abrir una ventana a la esperanza, a lo positivo. La fuerza del color, de las formas…y también, la voluntad del propio cerebro, contrariando los sentidos, para admitir lo que no hay. Yo, entonces, lo necesitaba. Lo necesito aón.


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