En el orden del día de la Reunión de Objetivos Urgentes de la Comisión especializada en Discutir Prioridades, se encontraba la aprobación del acta de la reunión interior.
Como era preceptivo, el secretario de la Comisión había preparado el borrador de la misma, que había sido convenientemente matizada y corregida por el Presidente de la Comisión. También, por pura cortesía, había sido remitida, para su evaluación previa, a los miembros de la Comisión, que habían enviado sus rectificaciones y sugerencias, casi todas ellas relacionadas con lo que les hubiera gustado haber dicho, aunque no lo hubieran dicho, o no así exactamente.
El Presidente de la Comisión, llegada la hora para considerar válidamente constituída la Comisión, abrió al sesión, e invitó a la aprobación del Acta.
El Secretario pidió a los comparecientes si estaban de acuerdo con lo escrito en la primera hoja de la reunión.
-En absoluto -expresó el representante de los Colectivos Sistemáticamente Marginados-. Los asistentes se indican por orden alfabético de nombres de pila, y debería ser de apellidos.
-No tiene sentido la propuesta, y manifiesto mi desacuerdo -intervino la portavoz de la Junta Vecinal de Lesbianas Propietarias de Animales de Compañía-. Primero, deberían indicarse, y por su segundo apellido, los nombres de los colectivos marginales, y, luego, por orden aleatorio, todos los demás.
-Calma, calma -sugirió el Presidente-. No discutimos por lo que no tiene interés. Podemos, incluso, hacer dos listas alternativas para esta primera página, si es que estamos de acuerdo con ello.
-¡Protesto! Y exijo que se exprese en acta que esto constituye un oprobio para mi colectivo. -surgió la voz del delegado de Actos Singulares Sometidos a Decisión Popular-. Debemos discutir cualquier tema a fondo antes de tomar una decisión que nos vincule a todos.
-P…pero -atajó, tímidamente, el secretario, que era también licenciado en Derecho por la Universidad a Distancia- No podemos dejar escrito en el Acta de esta reunión nada sino está aprobaba el Acta de la anterior. Sería tanto como querer hacer un Acta dentro del Acta, una caja de muñecas rusas, o algo así.
La intervención del secretario provocó airadas intervenciones. Unos, opinaban que era perfectamente posible realizar un Acta dejando constancia de las discusiones para aprobar el Acta de la reunión anterior, y otros, que la cuestión del orden de los asistentes era una cuestión ajena al Acta, y por tanto, no susceptible de discusión…
Cuando se terminaron las dos horas previstas para la reunión del día en que deberían debatirse los asuntos tan importantes, aún se estaba por la aprobación de la tercera página, de las dieciséis, de las que constaba el Acta de la reunión constituyente.
Por eso, el Presidente levantó la sesión, y convocó a los reunidos para la próxima reunión, a la fecha prevista, para poder seguir discutiendo, y eventualmente, otorgar la aprobación, al Acta de la primera reunión.
-¡Ah, pero antes deberíamos aprobar el Acta de esta reunión, para decidir si procede aprobar la de la anterior, o seguir con el programa previsto! -expresó, poniéndose el abrigo, el joven perito industrial Manuel Albadalejos, que había estado callado hasta entonces.
Las discusiones se prolongaron, y en viva voz y alterados semblantes, mientras bajaban por la escalera, satisfechos de haber cumplido con su deber.
FIN

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