Al socaire

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Mi Diccionario desvergonzado: siguiente, fecha, fondo, acta, vagina, oficial, entorno

26 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

siguiente.- 1. En una cola de personas esperando ser atendidas desde hace un buen rato, aquel que se da más prisa para alcanzar el mostrador o la puerta de entrada a la consulta, sin respetar a quienes habían llegado antes. 2. Nombre circunstancial que recibe el familiar o amigo del bedel o conserje, encargado de distribuir los turnos en una cola de cualquier administración pública, para ser atendido de inmediato . 3. Posición que se atribuye a sí mismo cualquier rechazado en una convocatoria pública, indicando que le faltó muy poco para resultar admitido.

fecha.-1. Indicación aproximada del momento en que deberá producirse un evento, y cuyo cumplimiento depende de circunstancias imprevisibles o, en todo caso, no al alcance de quien tiene posición subordinada. 2. En los paneles que sirven como publicidad de obras públicas, reciben, respectivamente, el nombre de fecha de comienzo y fecha de terminación de la obra, una pareja de algoritmos en la que la primera corresponde al momento de colocación de la primera piedra y la segunda carece de valor indicativo alguno, estando normalmente ampliamente sobrepasada.

fondo.-1. Lo que queda en un tonel después de haber embotellado el líquido que contenía, y cuya composición real es mejor no analizar. 2. De una persona a la que se pretende engañar o pedir algo, sustancia inmaterial de la que está compuesta su bonhomía. 3. En los deportistas, intervalo comprendido entre el inicio del agotamiento y el colapso.

acta.-1. Relación, más o menos pormenorizada, de las cosas que a quien la redacta, llamado secretario y a sus jefes, llamados Presidente y Tesorero, les hubiera gustado escuchar o ver aprobadas en una reunión o Junta. 2. Papel que debía estar firmado por el profesor de una asignatura, que se colocaba en el Tablón de Anuncios de una Universidad, que incluía una lista con nombres, caracterizados genéricamente como alumnos, y junto a los cuales aparecían números variando típicamente del 1 a 6, con hasta dos decimales, y que correspondían al concepto de calificaciones; en la actualidad, ha sido sustituido por un programa informático de consulta telemática, siendo necesario introducir el número de matrícula y una clave personal, para obtener un número que se cree está determinado por un algoritmo generador de números aleatorios.

vagina.- Conducto de acceso a un espacio mágico en el cuerpo de los mamíferos del sexo femenino, incluidos los del género humano, por el que, como efecto más notable, con una aportación externa insignificante, tiene lugar la transformación productiva más eficiente y compleja conocida hasta ahora en el cosmos; se la identifica también, en ocasiones, con la vulva, que viene a ser lo mismo, pero visto desde fuera; hasta muy recientemente, por prescripción social y religiosa, las mujeres ignoraron conscientemente que la poseían.

oficial.- 1. Personaje de un Ejército en los desfiles militares, que lleva más plumas y condecoraciones que todos los demás y, en muchos casos, una espada o florete que, antiguamente tenía su utilización como elemento de defensa, ignorándose en la actualidad cómo se defenderían en caso de guerra real. 2. Dícese del momento posterior a la publicación de la designación de un cargo o prebenda por parte de quien estaba ya sobre aviso.

entorno.- 1. Todo aquello que impide valorar correctamente algo, haciéndolo, a menudo, irreconocible. 2. Calificado como maravilloso, expresión cursi que emite aquel a quien no se le ocurre otra forma de denominar el efecto que le produce la iluminación y decoración preparadas por especialistas en el disimulo, en una boda o cualquier otro evento social. 3. Suele identificarse con un trozo del medio ambiente, indicando con ello, el espacio accesible a la capacidad propia de deterioro y avidez.

(continuará)

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: acta, diccionario desvergonzado, entorno, fecha, fondo, siguiente, vagina

Cuento de otoño: El acta interminable

3 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En el orden del día de la Reunión de Objetivos Urgentes de la Comisión especializada en Discutir Prioridades, se encontraba la aprobación del acta de la reunión interior.

Como era preceptivo, el secretario de la Comisión había preparado el borrador de la misma, que había sido convenientemente matizada y corregida por el Presidente de la Comisión. También, por pura cortesía, había sido remitida, para su evaluación previa, a los miembros de la Comisión, que habían enviado sus rectificaciones y sugerencias, casi todas ellas relacionadas con lo que les hubiera gustado haber dicho, aunque no lo hubieran dicho, o no así exactamente.

El Presidente de la Comisión, llegada la hora para considerar válidamente constituída la Comisión, abrió al sesión, e invitó a la aprobación del Acta.

El Secretario pidió a los comparecientes si estaban de acuerdo con lo escrito en la primera hoja de la reunión.

-En absoluto -expresó el representante de los Colectivos Sistemáticamente Marginados-. Los asistentes se indican por orden alfabético de nombres de pila, y debería ser de apellidos.

-No tiene sentido la propuesta, y manifiesto mi desacuerdo -intervino la portavoz de la Junta Vecinal de Lesbianas Propietarias de Animales de Compañía-. Primero, deberían indicarse, y por su segundo apellido, los nombres de los colectivos marginales, y, luego, por orden aleatorio, todos los demás.

-Calma, calma -sugirió el Presidente-. No discutimos por lo que no tiene interés. Podemos, incluso, hacer dos listas alternativas para esta primera página, si es que estamos de acuerdo con ello.

-¡Protesto! Y exijo que se exprese en acta que esto constituye un oprobio para mi colectivo. -surgió la voz del delegado de Actos Singulares Sometidos a Decisión Popular-. Debemos discutir cualquier tema a fondo antes de tomar una decisión que nos vincule a todos.

-P…pero -atajó, tímidamente, el secretario, que era también licenciado en Derecho por la Universidad a Distancia- No podemos dejar escrito en el Acta de esta reunión nada sino está aprobaba el Acta de la anterior. Sería tanto como querer hacer un Acta dentro del Acta, una caja de muñecas rusas, o algo así.

La intervención del secretario provocó airadas intervenciones. Unos, opinaban que era perfectamente posible realizar un Acta dejando constancia de las discusiones para aprobar el Acta de la reunión anterior, y otros, que la cuestión del orden de los asistentes era una cuestión ajena al Acta, y por tanto, no susceptible de discusión…

Cuando se terminaron las dos horas previstas para la reunión del día en que deberían debatirse los asuntos tan importantes, aún se estaba por la aprobación de la tercera página, de las dieciséis, de las que constaba el Acta de la reunión constituyente.

Por eso, el Presidente levantó la sesión, y convocó a los reunidos para la próxima reunión, a la fecha prevista, para poder seguir discutiendo, y eventualmente, otorgar la aprobación, al Acta de la primera reunión.

-¡Ah, pero antes deberíamos aprobar el Acta de esta reunión, para decidir si procede aprobar la de la anterior, o seguir con el programa previsto! -expresó, poniéndose el abrigo, el joven perito industrial Manuel Albadalejos, que había estado callado hasta entonces.

Las discusiones se prolongaron, y en viva voz y alterados semblantes, mientras bajaban por la escalera, satisfechos de haber cumplido con su deber.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: acta, Acta interminable, angel arias, aprobación, comisión, cuento de otoño, presidente, rectificaciones, Secretario, sugerencias

La fórmula de las Cenas Tertulia (Roundtable dinners)

2 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Durante cinco años, a principios del siglo XXI, en el restaurante AlNorte de Madrid celebramos más de cincuenta cenas-tertulia, en las que intervinieron más de trescientas personas de muy variados ámbitos.

La fórmula, desde la primera de ellas, fue siempre la misma. Reunir a un grupo de 20 a 30 personas, en una única gran mesa, mientras cenaban, para que hablaran sobre un tema conocido de antemano, sobre el que se habían enviado unas sugerencias de lo que podrían ser las cuestiones contretas a tratar.

Aunque con el tiempo se consolidaron como fijos una media docena de tertulianos, el resto de los que acudían cada mes a la convocatoria, no se conocían, en muchos casos, personalmente. Se apuntaban a la cena -que tenía lugar, en general, el primer lunes de mes- y se presentaban a las 21h en el restaurante.

Era entonces el momento de los saludos y el primer intercambio de cortesías, en una media hora que servía para dar tiempo a que los rezagados aparecieran. Resultaba curioso constatar que no pocos de los presentes, aunque estuvieran desempeñando parecidas funciones en organismos diferentes o trabajaran en empresas del sector o fueran miembros del claustro universitario (por exponer ejemplos reales), era la primera vez que se trataban directamente.

A las 21h30, todos estaban sentados, y habían sido estratégicamente colocados en la mesa, de forma que quienes tuvieran, en principio, más información o interés sobre los temas pudieran verse de frente y, en todo caso, que el moderador tuviera su situación controlada.

Entre los comensales había siempre (así se procuraba, al menos) una combinación de expertos en el tema, junto a simples interesados en él o curiosos. La concurrencia mezclaba ingenieros, sociólogos, médicos, abogados, gentes sin profesión conocida o virtuosos de otras disciplinas. Posiciones encontradas a veces, al principio; matizadas y comprendidas, al final, casi siempre.

Ninguno de los presentes estaba invitado a disfrutar «gratis» la cena, aunque algunos si lo eran a participar, porque el organizador entendía que era importante contar con su opinión. Nadie declinó jamás su asistencia y no se dió un solo caso en que, al acabar la cena, alguien se quejara.

Los platos que se servían formaban parte de la provocación a hablar, a intercambiar ideas: habían sido elegidos cuidadosamente, tanto en su descripción como en su contenido alimentario para que tuvieran relación con la materia que iba a ser objeto de discusión.

Pero la clave de las cenas tertulia a que me refiero era que no había un ponente, al que hubiera que escuuchar y hacer preguntas. Todos los asistentes lo eran. En una escala de opiniones que el moderador procuraba controlar, éste invitaba sucesivamente a los contertulios, con preguntas o afirmaciones concretas, a veces provocadoras, en otras, interfiriendo con su propia opinión, a que se manifestaran. Las intervenciones cruzadas eran frecuentes, aunque el tener que comer y hablar limitaba, con acierto, los pronunciamientos largos, obligando a que se condensaran.

La secuencia de servicio de los platos (aperitivos, entrada y principal, postre y café) era graduada por el moderador para que coincidiera, si era posible, con un cambio de ritmo en la tertulia, o con la opción de crear una nueva expectativa, o servir para disminuir, en su caso, la tensión que hubiera podido crearse.

A las dos horas de estar sentados en la mesa, la tertulia terminaba como tal. No había conclusiones. Tampoco el final oficial del encuentro suponía que los asistentes tuvieran que marcharse. Al contrario, en los últimos tres años, se abría paso a los juegos de magia, presentados con fino acierto, de acuerdo también con los temas tratados, por un contertulio que tenía esta afición como segunda profesión, y que duraban 20 a 30 minutos más, en un ambiente completamente relajado. (1)

Con las notas que había tomado durante la cena, el moderador realizaba la reseña, que se enviaba a los pocos días a los asistentes, para correcciones o modificaciones, antes de darle difusión en la web del restaurante.

Guardo esas reseñas como oro en paño. Son casi mil páginas de ideas, sugerencias, comentarios, y análisis de la sociedad española contemporánea, realizadas por quienes son sus verdaderos protagonistas; aunque en muchos casos, por circunstancias de la vida o por su misma modestia, puedan haber pasado por anónimos.

Pero eso ya sería otra historia.

—

(1) Este Comentario está redactado en tercera persona y pretendía evitar citar nombres. Pero no sería justo dejar de expresar que el mago era el ingeniero de montes Rafael Ceballos Jiménez. De menor importancia es indicar que el moderador y organizador de las cenas tertulias era yo.

Porque para lanzar una idea así sirve cualquiera. Pero para llevarla a cabo y mantenerla hace falta contar con contertulios inteligentes, sabios, nobles y sinceros, y de esos, por fortuna, conté en todas esas cenas-tertulia.

Razón por la cual somos muchos las que las añoramos hoy en día, y pensamos que es una fórmula estupenda para que en este país se hable, se escuche, se contrasten ideas, sobre todo, entre los que saben y los que tienen responsabilidades. Y lo hagan, mientras cenan, evitando confrontaciones estériles y, en especial, recurrir a lugares comunes, a referencias baldías. Necesitamos tranquilidad e ideas, para avanzar.

Publicado en: Economía, Sociedad Etiquetado como: acta, Ceballos, cenas-tertulia, difusión, discusión, entendimiento, fórmula, guión, magia, menú, moderador, provocación, round-tablel dinners, talk-show, tertulias

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