Todo el mundo habla hoy en España de Alfredo Pérez Rubalcaba, fallecido el 10 de mayo de 2019, después de estar hospitalizado en estado crítico como consecuencia de un ictus que, lamentablemente, se le presentó cuando se encontraba solo en casa, por lo que permaneció varias horas sin recibir asistencia.
Rubalcaba fue un político que tuvo un papel relevante, sustancial, en la Historia reciente de España, como vicepresidente de Gobierno, como ministro de Interior cuando el Estado de derecho consiguió desmantelar a ETA de argumentos, como socialista y como parlamentario de lengua de acero y guante de tafilete.
Tenía una inteligencia excepcional y su capacidad de trabajo le llevó a utilizar muchos palos, y tocarlos bien, con ritmo, en varios tambores. Como profesor de Química Orgánica, actividad a la que volvió cuando le retiraron de la política activa, sus alumnos le apreciaban: dicen que enseñaba cosas útiles, poniendo ejemplos efectivos, para facilitar con exposiciones sencillas la comprensión de cuestiones complejas.
No tengo autoridad ni cercanía al personaje para hacerle una semblanza y carezco de argumentos para hacerle un panegírico. Podría parecer que me uno a la colección de ensalzadores del fallecido, cuando ya no puede contradecirnos si alegamos haber estado próximos a él, o si alardean de haberlo admirado siempre cuando le estaban poniendo zancadillas.
Es verdad que siempre me atrajo el personaje, por múltiples razones: cercanía en la edad, curiosidad de amplio espectro, similitud incluso- desde una distancia formal- en cuanto que ambos hemos sido profesores universitarios y nos gustó la docencia que no se encuentra en los libros; no descarto que, desde otra dimensión respecto a mi interés por la política, su forma de hacerla real me parecían distintas a lo habitual, didácticas y, sin reticencia, ejemplares.
También me gustaba su forma de trasvasar la química a la esfera política, con ejemplos que podrían suponer un trasunto de aquello de Jesulín de Ubrique, de que la vida es como el toro, pero desde la altura intelectual de quien sabe que la vida no es como la química, pero tiene mucho de su enjundia.
En fin, habría que sumar desde la esfera personal que mis progenitores fueron ambos licenciados en esa ciencia (y mi padre, profesor titular de Química Inorgánica en la Facultad de Ciencias de Oviedo y miembro de la vieja escuela de químicos técnicos, profesionales que sabían cómo fabricar ferroaleaciones, perfumes o margarinas y se embarcaban en hacerlas realidades arriesgando sus dineros).
Alfredo opinaba que «España es el paraíso del derecho administrativo», por el cambio continuo de leyes y reglamentos. Quienes nos dedicamos al derecho, sabemos bien que ese paraíso es un carajal.
Le oí decir que «a los socialistas nos fue mal con la última legislatura de Zapatero, porque no supimos hacer frente a la crisis, y mientras nos mantengamos en ella, el PP y el PSOE estaremos ligados indisolublemente a la crisis» Desde esa opinión, expresada hace algo más de dos años, mantenía que la oposición es una oportunidad para ser útil, y apoyar ula salida de la crisis, recuperando la economía desde la colaboración.
Leo mis notas de las varias veces en que, en distintos foros y momentos, tuve oportunidad de escuchar a Alfredo Pérez Rubalcaba y redescubro siempre a un hombre sensato, inteligente, dialogante pero con firmes ideas de lo que no puede ser negociado.
«En lo territorial -le oigo decir- la situación se parece a las fiebres terciarias. Un día te pilla flojo y te llevan por delante. Puigdemont es un independentista peculiar. No lo pillo. Ahora estamos en el peor de los mundos, el de la judicialización, por la que sabemos cuando se entra pero no cómo sales y cuando.”
La marea independentista le parecía el mayor problema político, y lamentaba el escenario al que se había llegado, salpicando el análisis de una amenaza misteriosa: “En Cataluña no hay con quien pactar. La culpa (indirecta) de la situación la tiene Rajoy. Un día me voy a cabrear y publicaré el papel que le di”.
Alfredo reconocía ser un desastre para mantener sus archivos, pero -aclaraba afortunadamente- “hago mucha literatura. He sido negro de mucha gente y de mí mismo», pero «la parte que interesa de ms memorias, no es mía, es de todos. La parte morbosa no la voy a contar y la que puedo contar no interesa a nadie».
Hemos perdido a un hombre “del” Estado. No ahora, cuando falleció tan repentina y dolorosamente. Lo habíamos perdido antes, hace unos años. Entre los que ahora, ante su cuerpo yerto, hablan de su gran capacidad, del afecto que le tenían, de su excepcional inteligencia política, están también los que decidieron que estaba amortizado, antiguo, que sus ideas pertenecían al pasado.
Y no se fue. Está aquí, presente, con nosotros. «Al PSOE le va bien cuando a España le va bien». Sí, la frase es de él, de Alfredo Pérez Rubalcaba. Me pregunto: ¿A España le va bien ahora mismo?
Con mis condolencias para Pilar, su viuda, al resto de su familia y a los amigos que sienten su pérdida, desde la sensación amarga de no haberle conocido mejor.
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El pájaro de la foto es un chochín (troglodytes troglodytes), un ave muy pequeña, que se mueve como un ratón entre los matorrales espesos. Difícil de detectar, salvo por su recio canto, sonoro y musical, desproporcionado para su tamaño. Este ejemplar buscaba insectos entre la hojarasca a las orillas del Pigüeña, revoloteando de un lado a otro del río, incansable. Seguramente tendría su nido en un tronco arbóreo de los alrededores. Yo tenía prisa y tomé un par de instantáneas (el entorno sombrío las hizo aparecer oscuras) y me fui con las ganas de haber pasado más tiempo observando sus evoluciones.

