Al releer el comentario que dediqué a la entrevista a que se sometió Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, en el programa El gran debate (Telecinco, 9 de marzo 2013), me acometió un ataque -ligero- de sentimiento de culpabilidad al no haber recogido en él ciertos puntos de vista de los expresados por el líder socialista que guardaban relación concreta con otras candentes cuestiones de actualidad, distintas de la corrupción o la situación en la alcaldía de Ponferrada.
Aunque no tengo razones ni intereses para convertirme en vocero de ninguna ideología político, me parece justo recoger con mayor detalle algunas de las ideas expresadas por Rubalcaba que pudieran servir para caracterizar mejor la posición del actual dirigente socialista.
1. Federalismo. Para Rubalcaba, nos encontramos ya en España en una estructura de Estado federal, aunque no se le esté dando ese nombre específico. En su opinión, sería necesario únicamente y utilizando la vía del diálogo y la voluntad de entendimiento, reajustar la situación. Un proceso permanentemente abierto de incorporación de competencias sin reparar en la forma de llevarlas a cabo, que ha llevado a que diversas Autonomías hayan asumido, por efecto emulación, responsabilidades excesivas respecto a sus disponibilidades presupuestarias.
En otro momento del proceso, cuando la economía de la Administración central era boyante, -lo que sucedió tanto en períodos de gobierno de los populares como de los socialistas- esos eventuales desequilibrios se cubrían por la vía de aportaciones complementarias. Hoy, sin embargo, desde la penuria, esa compensación ya no es posible, por lo que se acentúan las diferencias en el cumplimiento de las prestaciones asistenciales y en los déficits presupuestarios, y ha reaparecido un sentimiento nacionalista en algunas Comunidades Autónomas por el que se pretede encontrar la solución a ese roblema sobrevenido. «El modelo federal alemán sería el ideal», expresó el entrevistado.
Lo que no entae en díscusión, para Rubalcaba, es la posibilidad de independencia de ninguna región autonómica. Los representantes autonómicos y los del Gobierno central tienen el reto de dialogar honestamente sobre sus diferencias de entendimiento, analizando la forma de superarlas sin ruptura.
2. Impuestos a las sociedades. Rubalcaba es partidario de fijar un tope mínimo impositivo a las sociedades, del que no se pudiera bajar, independientemente de las exenciones o ventajas fiscales que fuera aplicables. Habló de un 15% como tipo impositivo mínimo respecto a los beneficios.
«No tiene sentido -dijo- que grandes grupos empresariales no paguen impuesto de sociedades, y que los pequeños empresarios no se puedan beneficiar de ninguna ventaja fiscal, por lo que se convierten en los soportes principales de la partida correspondiente a esta partida de ingresos presupuestarios». También le parece importante a Rubalcaba incrementar la inspección fiscal, persiguiendo decididamente el fraude, y dedicando, al menos, la mitad de los ingresos extraordinarios que se consigan por esa vía, incluídas las infracciones tributarias que resulten, a «la concreta generación de empleo», que imaginó de 4 a 5.000 millones de euros.
3. Inclusión del derecho a la sanidad en la Constitución. Aunque tímido respecto a las reformas constitucionales de calado -pasó por alto, incluso, con cariñosos mensajes al titular de la institución monárquica, la posibilidad de revisar la forma de Estado o de retocar siquiera el Título II de la Constitución- , sí expresó la necesidad de que el derecho a las prestaciones sanitarias se incorpore como derecho fundamental a la Carta Magna, carencia que calificó de notable.
(No se refirió, sin embargo, a la eucásica modificación, por el R.D. 1192/2012 de 3 de agosto, a la extinción del deecho a las prestaciones sanitarias de aquellos afiliados al Insalud que hayan tenido más de 100.000 euros de ingresos brutos por rentas del trabajo en el Ejercicio de 2011, ni a la forma de atender al progresivo déficit del sistema público, al haber disminuído a la alarmante proporción de 2,0 el número de cotizantes respecto a quienes disfrutan de prestaciones asistenciales.)
4. Revisión de las reformas laborales impuestas por el Partido Popular desde el Gobierno. Aunque dispuesto a llegar a un acuerdo con el Gobierno popular, que definió como necesario, afirmó que le separaban aspectos sustanciales, y que, además, en caso de alcanzar la responsabilidad del Ejecutivo, anularía la reciente reforma laboral.
Esta posición guarda conexión con su convicción de que la austeridad presupuestaria impide la recuperación económica (el término «austericidio» refleja, gráficamente, esta convicción).
5. Impulso a la economía. Creo que este aspecto exige un tratamiento específico, que no ha sido objeto de análisis adecuado ni por la oposición ni por el Gobierno. Rubalcaba parece confiar en las propuestas que puedan surgir de los debates abiertos por el partido socialista, a los que se ha invitado a participar a simpatizantes no afiliados.
Sin embargo, se me antoja muy difícil que por esa vía se llegue a ninguna conclusión válida, dada la rigidez de la cúpula del Partido para acoger resoluciones, e incluso propuestas, que no vengan avaladas por los miembros de la Dirección. Ha perdido el PSOE la capacidad de interlocución con los grandes grupos empresariales -me permito incluso afirmar lo mismo del gobierno actual-, y es imprescindible potenciar la base industrial del país, que se ha debilitado brutalmente con la crisis.
Coincido en esto con la propuesta de José Luis García Delgado y Rafael Myro (EP 10 de marzo de 2013, «La pérdida de un nutriente esencial» ) de que el sector servicios es insuficiente para sostener la economía de un país desarrollado.
Para quienes tengan interés en analizar en detalle el contenido del debate, invito, por lo demás, a repasar el mismo en la web del programa de Telecinco.
