Inicio esta serie de reflexiones el 4 de abril de 2013, en el que la noticia de mayor interés mediático es la imputación de S.A.R. la Infanta Cristina (para entendernos, la guapa).
Las titulo, por lo que luego explicaré, «El Informe Barquisimeto», y adelanto que toma su inspiración en «El Informe Lugano II», de Susan George, cuya lectura recomiendo vivamente a los que aún tienen curiosidad por saber, en clave de humor doliente, el porqué de lo que nos está pasando y el para qué de lo que nos puede pasar.
No me referiré en este Informe Barquisimeto a cuestiones particulares, y menos, de un país marginal, como es España. Por ello, no será motivo de análisis específico, aunque sí adelanto la convicción de que nada sucede de forma fortuita.
No lo es que en los últimos tiempos, un desconocido juez Castro, pertrechado desde una ínsula baratario-mediterránea, haya osado llamar a declarar a la séptima persona en la línea sucesoria de la Casa Real que ocupa (presiento que transitoriamente) la Jefatura del Estado español.
El asunto por el que Doña Cristina, si la fiscalía no para la movida, deberá comunicar su conocimiento, sin obligación de decir la verdad, pero con la cuenta que le tiene, es acerca de su presunta actuación como coooperadora necesaria en el enriquecimiento, sospechosamente ilícito, de los Sres. Urdangarín (su todavía cónyuge) y Torres, cuyo fundamento sería (absorto escribo) la combinación de a) sobornos a autoridades para conseguir sustanciosos contratos públicos, inflados por el globo de la codicia, y b) el emblema de la Casa Real, cuando no la propia intervención tuteladora del actual patriarca.
Sin embargo, aún reconociendo el valor publicitario que toda esta carnaza mediática pudiera suponer para mi modesto experimento bloguero, El Informe Barquisimeto se construye como respuesta posible a una cuestión de mucho mayor interés real, es decir, plebeyo.
He imaginado que un grupo anónimo de Solicitantes, pertenecientes a las élites de varios países no-capitalistas, encarga a un comité de intelectuales occidentales el análisis de las perspectivas de evolución de sus países, con la petición expresa de que detecten los puntos fuertes y débiles que les supondrían los acicates y los hándicaps para conseguir el dominio mundial de su filosofía, sea cual fuere ésta.
(seguirá)
