(Continúo con la reseña informal del Congreso sobre «La energía, factor económico esencial de nuestra sociedad», que se celebró en Sevilla los días 14 y 15 de noviembre de 2013, organizado por el Colegio de Ingenieros de Minas del Sur de España).
El Ministro Soria, en su discurso con cierto hálito contemporizador, no descartó el papel del carbón, cuya producción nacional -indicó- «debe mantenerse por muchas razones; la principal es que es una fuente autónoma».
No será fácil esa defensa pues, la Unión Europea, como es conocido, tomó el 10 de diciembre de 2010 la peculiar Decisión de que las minas competitivas, a partir de 2019, deberán devolver las ayudas recibidas hasta entonces, si desean permanecer en funcionamiento.
En la actualidad, la minería del carbón española es pálido reflejo de lo que fue, con menos de 4.000 empleados, cuando llegó a tener más de 40.000. Desde 1992, según apuntó el Ministro, se han empleado 22.000 millones de euros de recursos públicos.
Correspondió a Cerezuela, por enfermedad de la actual directora de Carbunión (Mercedes Martín), defender su ponencia. «Es falso que el poder calorífico del carbón español sea menor que el importado, ya que aquí se produce hard coal con poderes entre 4.000 y 5.400 kcal/kg, en tanto se importan carbones subbituminosos de USA (0,5 Mill t/año) e Indochina (2,,5 Mill. t/año, éstos con p.c. de 4.500 Kcal/kg), para formar mezclas del 40/60% de carbones nacionales e importados.
«El carbón importado emite más CO2, ya que la emisión es proporcional a los Kwh producidos», siendo actualmente la porción del mix correspondiente al carbón de solo un 8% (7.935 MW frente s los 98.502 instalados). El consumo es de solo 6,62 Mt (datos de 2011), siendo la proporción nacional más importante la de hulla subbituminosa de las minas de Teruel y Zaragoza, que alcanza las 2,,36 Mt.
No es cierto tampoco que el carbón nacional sea caro, pues se paga por termias (Kcal/Kg), tomándose como referencia habitual el API 2, correspondiendo 90 $/t al carbón importado (puesto en puerto) y 70 $/t al nacional (puesto en la central), antes de aplicar la corrección por unidades térmicas. «La minería del carbón española es internacionalmente competitiva», según expresó José Cerezuela, haciendo suyas las palabras de Mercedes Martín, por lo que «no deben cerrarse las minas que ya sean competitivas en 2018, y España ha de ser considerada un border case».
Es más: «La decisión de cierre, puede costar del orden de 4.800 mil. de euros y afectar a 1.300 empresas que dependen indirectamente del carbón». Se entiende por ello que el alcalde de As Pontes de García Rodríguez anime a los colegas que tienen recursos mineros a que «autoricen la apertura de nuevas minas en sus territorios», por la riqueza inducida que suponen, ejemplo del que gustó utilizar José Cerezuela en su defensa, -animada con referencias a su experiencia profesional-, del carbón autóctono.
Un mensaje con tintes parecidos a los que, apenas una hora antes, había aportado Javier Targhetta, consejero delegado de Atlantic Copper para España, en su vibrante lección inaugural, al hacer un elogio de la «industria pesada, que supone estabilidad en el empleo, salarios más elevados y una tasa de temporalidad inferior».
Targhetta, que calificó de valiente la reforma acometida, admitió que «el puzzle energético en España es endemoniado» (era el término utilizado anteriormente por el Ministro Soria para referirse a que el «energético era uno de los problemas más endemoniados» con los que se encontró el PP). «Es necesario un marco regulatorio estable para la energía», ya que se necesitan grandes inversiones y, por ello, la complicada situación «no se puede ordenar ni en un mes ni en un año».
(continuará)

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