Al socaire

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Mi Diccionario desvergonzado (9): inglés, comité, negocio, animal de bellota, ambiente

28 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Inglés: 1. El idioma peor hablado por la Humanidad, utilizado por millones de personas que no lo tienen como lengua materna, como intento de comunicarse, lo que ha propiciado múltiples malentendidos, negocios para empresas de idiomas, algunos accidentes de aviación y ciertos chascarrillos muy divertidos, protagonizados por representantes de Gobiernos no anglófonos, entrevistados para la BBC. 2. Persona que vive en una isla del Océano Atlántico, de hábitos formales y educación exquisita, salvo cuando va al fútbol o viaja al extranjero, y cuya cabeza pública más visible lleva un sombrero estrafalario.

Comité: Conjunto ineficiente de personas, típicamente de edad provecta, y que puede alcanzar dimensiones incomensurables, que se reunen periódicamente sin saber qué hacer, para no hacerlo, dejándolo todo registrado en un acta que archivan para la posteridad. Si los asistentes cobran dietas, se llama Consejo.

Negocio: Actividad irregular, por la que una persona o grupo de personas compran o fabrican algo a un precio muy inferior al que consiguen situarlo en el mercado, basándose en la ignorancia de su coste por los que lo compran, a los que llaman clientes.

Animal de bellota: Se aplica a los jefes, de cualquier estamento o condición, para expresar ante los compañeros de trabajo y supuestos amigos, que, en nuestra fundada opinión, carecen de la capacidad necesaria para serlo.

Ambiente: 1. Lugar en el que, si es bueno, hay perspectivas de ligar. 2. Medio contaminado en el que se desarrolla la etapa final de la evolución del ser humano, cuyo deterioro irreversible no se ha podido dilucidar si tiene origen antrópico o solo es producto de la mala suerte de haber nacido rodeado de insensatos.

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Diplomas y consejos

19 junio, 2013 By amarias2013 5 comentarios

minasprotestaeducacionEn el vetusto Salón de Actos de la ETSIMM (Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid) se repartieron ayer (18 de junio de 2013) los diplomas de fin de carrera a los egresados de lo que ahora se llaman Máster Ingeniero de Minas, Máster Ingeniero Geólogo, Grado Ingeniero Técnico de Minas (especialidad en Recursos Energéticos, Combustibles y Explosivos) y Máster en Investigación, Modelización y Análisis del Riesgo en Medio Ambiente (al parecer, según diría el Rector, más conocido como MIMARMA).

El espacio de la sala estaba lleno a rebosar, entre los recién titulados, sus familias, profesores, invitados de Colegios Profesionales, personal del Centro con más de 25 años de trabajo a la espalda, jubilados y, puede que hasta curiosos.

En el estrado, ocuparon sitios de honor los representantes de las empresas que financiaban algunos Premios a estudiantes distinguidos, anteriores Directores de la Escuela, el decano del Consejo Superior de Minas y, desde luego – muy vistosos con sus birretes con borlas, flecos y vuelillos- los catedráticos y profesores con mayor responsabilidad -para bien o para mal- de lo que está pasando en esa Escuela. Presidió el rector de la Complutense, Carlos Conde (ingeniero de minas), junto al director y vicedirector de la Escuela (José Luis Parra y Angel Cámara, respectivamente).

Pronunció la lección magistral, Fernando Martí Scharfhausen, actual Presidente del Consejo de Seguridad Nuclear. Estaba previsto que hablara sobre «La seguridad de los riesgos tecnológicos de la sociedad moderna» (por cierto, extraño título, conceptualmente ininteligible, que más bien parece dictado en una urgencia, para salir de un paso), pero, «pretendiendo dar optimismo a los nuevos titulados», nos contó parte de su vida, animó a los jóvenes a crear su propia empresa, o a marcharse al extranjero -eso sí, solo un par de años-, y aseguró que la crisis no duraría mucho. Cuando estaba casi para terminar, en un movimiento brusco de la mano, tiró el vaso con agua que tenía sobre la mesa y, dando por acabado el discurso, se agachó, con grave riesgo de cortarse, a recoger los trozos de vidrio del suelo.

Mi presencia en el acto era, en realidad, fortuita. Como el decano del Colegio de Minas de Centro es ahora vicedirector de Ordenación Académica, me pidió que lo representara y, por eso, ocupé un lugar entre los invitados de la primera fila. Pude así hacer una fotografía de uno de los pocos neo-titulados que se atrevió a llevar una plaquita verde sobre el traje de fiesta, con el lema: «Escuela Pública de Todos para Todos». Salvo error u omisión, los únicos cuatro que pusieron esa suave nota discordante en la seria ceremonia eran chicas.

No hubo desplantes ni caras largas, ni aparecieron camisetas verdes, ni puños levantados, ni se profirieron gritos. Todo discurrió entre apretones de manos formales, toma de fotografías para la posteridad, esgrimiendo los diplomas (que son un anticipo, imagino, del Título académico que vendrá luego), y, para calentar el ambiente, aplausos continuados. Si hasta hubo besos entrecruzados entre las jóvenes diplomadas y los profesores que les alargaron los diplomas o los directivos empresariales que les entregaron ciertos sobres que, al parecer, contenían talones, como premio por proyectos fin de carrera relacionados con los más variados apartados ténicos.

También hicieron sus discursos, al final, Conde y Parra, ambos en tonos constructivos y cariñosos con los egresados. José Luis Parra, que comparó a la Escuela de Minas (que prontó se llamará de Minas y Energía) con «la casa de los abuelos» (porque eres bien recibido en cualquier momento y no te preguntan porqué no has venido antes), ofreció una valoración positiva, no ya de la oportunidad de la crisis, sino de carácter epistemológico: «es mejor que te llegue joven» -dijo.

El mensaje particular del día, sin embargo, me lo dió Adolfo Eraso, un sabio de los que investigan a pie de realidades, allí presente -supongo que, igual que yo, por casualidad- que, cuando le preguntaba sobre las medidas de los ocho testigos que tienen colocados en los polos, para conocer el proceso de deshielo de los glaciares, me contestó: «Esto no tiene remedio. El volumen aumenta de forma constante e imparable». (S.T.G.M.)

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Olas y burbujas bursátiles

18 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

2013-06-18 11.21.16La Bolsa es un juego para adultos, bastante parecido a la ruleta rusa, en el que, reducido a su quintaesencia, que es como se entiende la gente, el inversor pone su dinero, el Consejo de Administración de las empresas cotizadas pone el careto, y los accionistas que forman el núcleo duro de éstas, la mano.

No debería ser así, pero para la inmensa mayoría de los pequeños inversores, esos que tienen unos ahorrillos y no se atreven a gastárselos de inmediato en un viaje a la Polinesia, por si vienen aún peor dadas, la imagen es, aunque parezca deformante y cruel, muy real. Como no tienen capacidad o tiempo para saber bien de qué va la cosa, se dejan guiar por especialistas bursátiles para decidir su inversión; y sabido es que, en cuestiones del dinero, las opiniones oficiales dependen mucho del humor, que es una manera de llamar a la coyuntura, que es, a su vez, la manera académica de referirse a lo que interesa a los que controlan la economía del mundo y que para los tipos de a pie es sinónimo de azar.

A salvo, pues, de ludópatas y «cuidadores del valor» (gentes para las que, para definir completamente su perfil, habría que entrar en áreas del Código Penal), hay que ser muy confiado para comprar unos papeles (acciones) a un coste varias decenas o cientos de veces superior a su valor nominal, y creerse que con ellos se van a obtener rendimientos aceptables para la inversión, con PER, digamos de 20 o 40. (1) Lo normal es que, de cuando en cuando, la pirámide se desplome, y si estás debajo, pierdas la mayor parte de lo que pusiste, aplastado.

El Servicio de Estudios de BME (Bolsas y Mercados Españoles), en colaboración con El Nuevo Lunes celebró el 18 de junio de 2013 una Media Jornada cuyo objetvo era preentar y comentar un Informe sobre «Retribución a los accionistas. Cifras, debate y tipología en la Bolsa Española». El escenario elegido fue la Bolsa de Madrid, muy pertinente.

El Informe es interesante, abre una vía a la sistemática de éstas, en general, imaginativas formas de obviar el desembolso en efectivo de los dividendos y en la presentación de Domingo García (Director de BME), cobró un valor didáctico y hasta esclarecedor de quiénes están de algunas de las prácticas que conforman las, ni más ni menos, que 19 fórmulas de retribución a los accionistas.

Como es evidente que los pequeños inversores en Bolsa no se guían por la retribución de las acciones, sino que especulan con el mantenimiento o crecimiento -aunque sea ligero- del valor de las mismas en el mercado bursátil, el estudio que falta por hacer, y que propongo, es en qué medida las propuestas de los Departamentos financieros de esas grandes compañías que elucubran sobre formas de remuneración a los accionistas, influyen sobre las posiciones de los inversores.

Porque si has comprado una acción, digamos, de valor nominal 100 euros pagando por ella, 1.000 euros en Bolsa, el que, en lugar de darte los 10 euros que te corresponderían (en hipótesis) si tal es la parte alícuota del beneficio neto anual después del impuesto de sociedades, el que te den en cambio diez derechos para que puedas suscribir una acción nueva si reunes 100, no es lo mismo, ni para tí como inversor de poco pelo, ni para el accionista principal que tiene, desde que se montó la sociedad, y siempre en hipótesis, el 40% de las acciones, que le costaron, obviamente, 10 veces menos que a tí, y que puede que no las tenga todas ni siquiera desembolsadas.

—
(1) El PER (Price of Earnings ratio) es el cociente entre el valor en Bolsa de una acción y el beneficio neto anual. Así que si una empresa tiene un PER de 25 quiere decir que se tardarían 25 años -si todo sigue igual- para recuperar la inversión por la vía de los dividendos, si es que el Consejo de Administración decide repartir dividendos. Los bursorólogos opinan que un PER entre 10 y 17 es lo adecuado.

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Ingenieros en la Sanidad (y 4)

15 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

(Esta es la última entrada con el mismo título, que tiene su origen en la Jornada dedicada a la Colaboración entre médicos e ingenieros celebrada en Madrid, en el ICOMEM, el 10 de junio de 2013, y forma una unidad con las restantes)

Ricardo Ruiz, ingeniero industrial, fundador de RGP Medical Devices SA intervino en último lugar, para hablar sobre El signo vital. Como sucede cuando hay varios intervinientes en una sesión y tienen poco tiempo (20 minutos, en este caso), el último en hablar padece de los recortes que causan en la programación los excesos temporales de sus predecesores. Asi fue el caso.

«Hacia 2025 seguiremos siendo entes físicos, pero nuestro conocimiento estará en una nube», fue su primera provocación. En realidad, yo creo que para una mayoría de la población, no solo el conocimiento, sino su propia actitud mental está en las nubes. Pero no quiero poner una nota de humor a una reflexión tan seria.

Podemos, afirmó Ruiz, encontrarnos conectados a múltiples sensores ajenos al yo, que capten el signo vital y hagan nuestro control biológico. El primero de los avances en este sentido se encuentra ya en el entorno del quirófano y de la UCI, en donde el signo vital cobra mayor importancia.

«Un anestesista maneja hoy más equipo que un ingeniero», continuó Ricardo Ruiz, y puso ejemplos de control con aparatos.

Regulan la tensión del paciente, mediante dosificación de fármacos. Tuvo una referencia especal al equipo clásico de las UCIS que por su carácter, mereció el título de «la enfermera robot» y que generó una polémica tal que se prohibó su uso mediante una Ley (así dijo) por la que se prohibía la regulación de un aparato por otro; ley hoy derogada, aunque su existencia limitó el desarrollo e investigación en ese campo de la monitorización. Al tomar la tensón, se puede medir tambén el ritmo cardíaco y se pueden mejorar las interacciones.

El paciente se convierte en actor responsable del tratamiento de su enfermedad, y el entorno domiciliario es el enfoque final, siendo el hospitalario el objetivo actual. Es necesaria aumentar la investigacón, pero también la formación, porque «en telemedecina, como para andar en bicicleta, tienen que enseñarte; no puedes aprender solo», aventuró,

Ricardo Ruiz expuso que para la captación del «signo vital», la motivación del usuario es sustancial; como sucede para difundir la utilización de cualquiera de las herramientas disponibles, no bastaría con disponer de las máquinas y los elementos de medida, sino que hay que conseguir que se usen. Por eso, han de ser entretenidos para el usuario.

En ese camino acelerado hacia el «Hospital líquido» -un Hospital «sin paredes»-, dentro de un un ecosistema de inteligencial artificial, motivación y capacidad de control, ya hay muchos subsistemas funcionando: el control y tratamiento del EPOC, de la diabetes, de la insuficiencia cardíca, de la cardiopatía isquénica, de la hipertensíón, la planificación y ejecución de revisiones médicas, etc.

No hubo preguntas en el coloquio. Y yo me quedé sin hacer mi reflexión, que sí expuse al organiador de la Jornada, Enrique y a la decana del Colegio de Médicos, siquiatra, y que había estado presente durante la sesión. Los avances en telemedecina, junto con la confirmada sensación de que nuestros datos personales -no ya los médicos, de todo tipo- nos pertenecen cada vez menos, son analizados por otros, con mayor capacidad de análisis, me hacen temer, no ya por la intimidad personal, sino por la responsabilidad y deontología de quien toma decisiones sobre mí.

Y me gustaría que en Jornadas como ésta se hablara también de la libertad del paciente, de la ética y de la interelación humanitaria entre quienes están actuando en ese Hospital líquido. Porque, a la postre, puesto que estamos tratando entre seres humanos y la máquina es solo un vehículo (a veces, un obstáculo) en esa conexión, me gustaría que alguien pusiera, además de la técnica, el cariño, para no verme confinado a ser el prisionero de mi naturaleza y teniendo como guardianes de esa servidumbre, un ejército de máquinas perfectas. Cuando tenga que morirme, preferiría una mano caliente sobre mi frente y no una serie de impulsos insuflando productos químicos por las vías abiertas de lo que menos me importa, que es mi naturaleza como cosa.

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Ingenieros en la Sanidad (2)

11 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

(Este Comentario es continuación del anterior, con el mismo título, y forma parte de un grupo de cuatro dedicados al tema)

Santiago Moreno, también teleco, y DG de la Fundación Vodafone, concreta cinco aportaciones de las TICs a la medicina, advirtiendo en primer lugar que «la telemedicina en el tercer mundo es radicalmente diferente».

1) En el tratamiento de las señales de entrada, procesado, filtro y señales de salida. Hoy es posible, una vez que ya todo digitalizado, realizar el transporte de la información a donde convenga, y almacenar los datos, con habilidades destacables en el procesado de los datos (bien por supercomputadores o con grid computing).Podemos recoger informaciones de todo tipo (sonoras, visibles, etc.) y transmitirlas a muy gran velocidad y a menor coste. El crecimiento ha sido espectacular, y lo refiere a la conjetura-Ley de Moore: cada dos años se duplica, por ejemplo, el número de elementos transistorizados que se integran en el mismo espacio; en solo 50 ños se ha mltiplicado por 30 millones la capacidad de integración. En estos días, se ofrecen 4G (Long Term Evolution, LTE) a 15 Mbit/s

2) Difusión de la m-Health (Utilización de mobil devices en la sanidad). La e-Health Record alcanzará, según las previsiones que maneja, el máximo desarrollo en solo 20 años.

3) Profundos cambios en la difusión de los resultados de la investigación de los equipos de trabajo, presentando como ejemplo de actuación lo que sucedió con el proyecto Genoma, «orgullo para nuestra profesión». Finalizado hace siete años el primer desarrollo, el proyecto actual es hacer 1.000 en corto plazo. Hoy en día se propicia la comunicación inmediata de los hallazgos, y aunque se pretende evitar la consolidación de procedimientos no normalizados, la rápida transmisión de resultados, propicia que muchos investigadores dispongan de información de los avances de otros equipos prácticamente en tiempo real. La ubicación física pasa a ser irrelevante.

4) Medicina 2-D y avances hacia una nueva generación de la medicina. Un ejemplo real de gestión eficiente es la colaboración en el área de transplante, reducida a apenas una decena de profesionales, pero de excepcional eficacia, por la intercomunicabilidad total conseguida entre las opciones de donación y centros demandantes-receptores en tiempo real.

5) Telerehabilitación. El desarrollo conseguido en los juegos on line ha venido aquí a ofrecer desarrollos aplicables a la detección del movimiento, y, por tanto, al control y monitorización de ejercicios físicos adecuados a cada paciente. Citó también el proyecto Myheart, con «dispositivos vestibles», aunque confesó desconocer hasta qué punto la oferta actual es útil, si bien es posible, en principio, detectar y hacer el seguimiento de control de variables de interés médico en distintos puntos del cuerpo de los pacientes que los portan.

(continuará)

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Fanáticos de un dios menor

12 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Los apicultores saben bien que, si se quiere atraer un enjambre, hay que convencer a la abeja reina de que el aposento que se le ofrece es adecuado. Los demás miembros del grupo se acomodarán de inmediato en la nueva vivienda, afanándose en realizar aquello a lo que su naturaleza los destina: prepararse para soportar el invierno, garantizar la subsistencia de la realeza y fabricar miel para los depredadores.

Cierto es que las reinas de las colmenas no parecen disponer de una vida regalada: atrapadas en el fondo de la casa común, están bien alimentadas y cuidadas, pero su función es poner tantos huevos como les sea posible, fecundadas para siempre en un vuelo nupcial en el que cientos de pretendientes se jugaron el pellejo (y lo perdieron) por unos segundos de éxtasis del que solo uno disfrutó, aunque tampoco pudo contarlo.

Es una historia bastante triste, si bien se mira, pero las cosas de la naturaleza carecerían de sentido si no se fuera capaz de observarlas con perspectiva distinta a la de los que están cumpliendo sus designios.

Y esto me lleva, aunque parezca traída por los pelos, a expresar mi opinión sobre los fanáticos. No creo que el líder de cualquier grupo de devotos intransigentes de cualquier causa sea el más fanático o convencido de ella. Por el contrario, pienso que debe ser uno de los que menos, lo cual le permite, como los posteriores acontecimientos suelen demostrar, cambiar de creencias con relativa facilidad.

Podía referirme, porque para nuestra educación occidental, sería muy fácil, hablar, para criticarlo, del fanatismo islámico, de la razón por la que, con demasiada frecuencia, unos vociferantes individuos -siempre varones- reclaman el cumplimiento de no se qué castigos, manifiestan su odio visceral contra no se qué posturas, espoleados por servidores divinos que han estudiado tanto en libros consagrados que pueden adivinar lo que piensan los dioses a los que dicen servir.

Pero no caeré en esa trampa. Aquí, entre los nuestros, también tenemos la carga de los fanáticos; gentes que han renunciado a su capacidad de análisis, para convertirse en voceros de un dios menor, y que lo hacen, sin esperar nada a cambio, cumpliendo estúpida y cerrilmente su designio natural: sacrificar su capacidad de pensar en beneficio del sostenimiento del poder oscuro que se mueve en el fondo de sus colmenas.

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El pacto más urgente: La Ley antiocurrencias

10 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La palabra «ocurrencia» ha cobrado fuerza descalificadora en el reducido acervo verbal de nuestros (más bien, suyos) representantes políticos. En realidad, yo no le veo su carga negativa, pues de ideas inesperadas y repentinas, convertidas unas pocas veces en geniales, se han jalonado buena parte de los avances tecnológicos de nuestra especie, especialmente en lo que atañe a la subvariedad mediterránea, propicia al improntus más que al método.

Sin embargo, opino que, siendo útiles para experimentar con gaseosa, cuando se trata de ordenar la vida colectiva, las ocurrencias deberían estar proscritas. El buen orden sociológico exigiría que los que gobiernan no pensaran tanto en poner su nombre en las paginitas de la historia tal como les gustaría que se contara. En vez de convertirse, a la primera oportunidad, en padres adoptivos de medidas que supondrán supuestamente «cambios definitivos» de cualquier asunto, sacandode leyes de su chistera como magos en fiesta infantil de cumpleaños, deberían admitir que para modificar un rumbo solo haría falta ser piloto (o que te confíen el timón un ratito), pero para poder llegar a buen puerto, hay que apoyarse en los cartógrafos.

La prudencia y el ejemplo de los que van más prósperos, debía servir de modelo para admitir que las mejores reformas -las más duraderas- son las que se han hecho a poquitos, avanzando sobre lo sustancial de lo ya andado. Así, , para que, pian pianito, se llega a tener una estructura de normas, leyes, costumbres y convenios que está asimilada por funcionarios, agentes sociales y público en general, convirtiéndose en referencia y orgullo, y ofreciendo eso que se suele llamar seguridad jurídica, que, para los legos, se traduce en que no te cambien el compás, y si el concurso de baile iba de tangos, no te digan que el premio será para los que mejor dancen estilo reguetón.

Un pacto antiocurrencias nos vendría de perillas, y hasta debería elevarse a rango constitucional. Se atajarían así los ardores renbovadores de cualquier ministruelo que pretenda, sin debate, o a despecho de la opinión expresada por los que saben más de qué va la cosa, modificar leyes de educación, de prestación de servicios, de suspensión de gestaciones, mejora de la sanidad pública, seguridad en la ejecución de obras, protección ambiental y de costas, creación de empresas, etc.

No va a ser así, expreso, desde mi pesimismo de experto. En lugar de acomodarnos nosotros a la realidad, por pequeño que sea el trozo que nos toque, queremos cambiarla, para acomodarla a nosotros. Cualquier jefecillo dedicará sus primeros esfuerzos en el cargo, no a saber lo que es urgente o lo que el anterior dejó pendiene, sino a hacerse pintar las paredes del despacho, comprar otros muebles (y tirar los que había), poner sus cuadros, y si tiene presupuesto (aunque la empresa o el servicio esté en la ruina), tirará tabiques y se pondrá un wáter con hygolet.

Las ocurrencias las pagamos muy caro, y no sirven más que para alentar las del siguiente, produciendo una cadena de despilfarros y fraudes. Dejemos, por una vez, al menos mientras dure la penuria, sin cambiar de sitio la cocina, la habitación principal donde está y resistamos a convertir la despensa en aseo de servicio. Vivamos en lo que tenemos y dediquemos todo el tiempo que se pueda a animar a los que saben y pueden, no en calentar los ánimos de los que solo hemos pedido que nos dejen trabajar en paz, sin zancadillas, trampas ni empujones.

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Ilusionar desde las trincheras o desde los despachos

3 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Deben quedar ya pocos intelectuales de despacho, de esos que han pasado su vida entre papeles escritos por otros y traduciéndolos a sus lenguajes peculiares para poner sobre el producto del plagio su nombre y su rimbombante titulatio, que no nos hayan ilustrado sobre «lo que hay que hacer» para salir de la crisis.

Tenemos, gracias a esa febril actividad que no sé quién les ha demandado, multitud de recetas para que «quien corresponda», pueda elegir como le plazca, justificando así desde que está haciendo lo que hay que hacer, o que no queda otra, o que no hay que hacer nada que despierte al monstruo de las galletas, es decir, el tipo desalmado que da las bofetadas a los que mean fuera del tiesto.

No se oyen, en cambio, voces de los que están en las trincheras, y no porque no griten, sino porque no se les da cancha.

En las trincheras no están, aunque pretendan con sus aparatosos trajes de camuflaje que vienen de allí, quienes se sientan a la cabeza de Consejos de Administración que miran las cuentas de resultados agrupadas por miles (siendo la unidad representada en la columna, los millones), y se autoconceden bonus de escándalo general porque, al parecer, están dedicados día y noche a aportar valor a sus accionistas, búsqueda que admitimos puede ser ingrata porque siempre nos enseñaron que el dinero era miedoso, pero que no tiene por qué costarnos a los demás el menor quebradero de cabeza: una democracia sana no paga ni a corruptores ni a corruptos.

De las trincheras no vienen, tampoco -y siento más pudor cuando esto escribo-, los prebostes sindicalistas que, alardeando de estrategas, preparan una huelga general con la idea obsesiva de que el despido libre es pernicioso o repiten el estribillo del izquierdismo infantil de que el pérfido capital engaña sistemáticamente a los probos trabajadores, porque hace tiempo que han dejado de contrastar, desde sus regaladas posiciones, sus limpérrimas extremidades de liberados -solo eventualmente empañadas con extrasueldos y prebendas-, con las manos llenas de grasa de los que tienen que pelearse con una máquina de la que no se ven salir piezas mecanizadas, sino, con algo de imaginación, bocadillos para los hijos.

De las trincheras, a decir verdad, vuelven pocos, porque no tienen tiempo para dar mensajes y allá van pocos periodistas sin fronteras ni bozales en la boca, porque, como no les pagan el pato, no les trae cuenta la faena.

Los que combaten en los frentes de la economía real, no pocas veces en tricheras desconectadas de los otros, sin consignas, ni estrategias globales, mandos ni zarandajas, están solamente empeñados en sacar adelante su proyecto -uno solo, sí, que ya les basta-, al que han entregado sus pocos dineros y su esfuerzo total, y concentran su mensaje de ilusión en los que tienen más cerca, a los empleados cuya nómina han tenido no pocas veces que adelantar de su propio bolsillo, desgalitándose porque no les pagan los que deben, no deben los que quieren, no quieren los que pueden.

Cuando los que dicen lo que habría que hacer, sin otra experiencia que la de haber leído mucho de lo que escribieron otros como ellos, comprendan que para ilusionar hay que andar entre trincheras, y dejen el sitio a que esos exploradores de la realidad nos cuenten lo que pasa en la batalla por la supervivencia y nos propongan sus soluciones concretas, y las incorporemos de inmediato a las medidas a tomar, no nos preocupará resolver el dilema gordiano de si es mejor apoyar lo privado o lo público, exportar más o impulsar el consumo interno, reducir la deuda o invertir en completar infraestructuras, conservar la estructura industrial o moverse más hacia los servicios…

Crearemos solidaridad, que vaya si la necesitamos, y que crece, ntural y salvaje, entre los que viven la historia en directo. No consejos de quienes tenen secos los calzones.

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Es la química, estúpido

30 abril, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Estamos oyendo que es necesario un gran pacto de Estado entre todos o los principales partidos políticos y esos agentes sociales singulares que son los sindicatos y las corporaciones de empresarios, como si la firma de ese acuerdo, cuyos términos concretos no se ha preocupado nadie de sugerir, fuera el armisticio capaz de poner fin a la hipotética guerra socioeconómica que nos está dejando sin empleo, sin ilusión, sin actividad y, al paso que va la cofradía, sin futuro.

Poniendo un ejemplo de los que le gustarían al muy mediático -y respetable, aunque para mi gusto, demasiado centrado en convertir lo obvio en certero- ex Presidente cántabro Revilla, lo que necesitamos para cambiar la tendencia es provocar una reacción química, en la que, con los componentes actuales, añadiendo los catalizadores y algún reactivo, se consiga un producto final de la composición deseada.

Es una reacción, sigo en la fase simulada, fuertemente endotérmica (hay que poner mucho calor, concreto, para los que hayan olvidado la fisicoquímica), nada espontánea, desde luego, y como casi todos los procesos reactivos, después de una primera etapa de iniciación o cebado, continúa por sí sola, alcanza una gran velocidad de transformación y, al cabo de un cierto tiempo, languidece y se detiene, bien porque se han consumido todas las sustancias de partida, se agotó el catalizador, se perdió la fuente de calor  u otras razones que explicitaría mejor un Premio Nobel.

Mi propuesta para activar la economía española se concentra, primero, en generar un catalizador. He trabajado durante años como asesor del Banco Mundial y, aunque soy consciente de que esta entidad multilateral recoge algunas críticas, me seduce como modelo. Responde a la idea de destinar recursos financieros y técnicos para poner en marcha proyectos, que se corresponden con un banco de propuestas alimentado de manera continua.

Los proyectos son supervisados en la fase de propuesta, durante su ejecución y a la finalización, por equipos de especialistas mixtos, formados por funcionarios del Banco, expertos internacionales independientes y representantes de la comunidad beneficiaria, quienes analizan los datos de progreso de los trabajos, emiten sus críticas o hacen sus propuestas de mejora, que se convierten en compromisos de actuación inmediata.

Necesitamos una entidad de desarrollo, que entienda de proyectos, construya con urgencia la evaluación de las necesidades de recursos y haga una previsión de sus consecuencias -las de cada uno- en relación con el empleo y la actividad económica. Las grandes y medianas empresas pueden y deben ser alimentadores de esa pipeline de proyectos, pero no solo: la Universidad, los sindicatos, las agrupaciones de autónomos, las corporaciones empresariales, las entidades financieras, etc.

La financiación de los proyectos se haría con los recursos concentrados en un Banco de Activación Nacional, que se alimentaría con las aportaciones de un porcentaje de todos los depósitos bancarios (un 0,7%?), de todos los ingresos impositivos del Estado (un 0,7%), y de las aportaciones de business angel (corporaciones profesionales, inversores privados, etc).

Lo más importante es garantizar la transparencia del funcionamiento del modelo, por lo que los expertos, además de garantizar su cualificación en el tema en el que intervengan, deberán tener sus retribuciones perfectamente tasadas y, por supuesto, dignas, pero modestas.

He escrito ya muchas veces que no me creo que nadie sea tan magnífico como para merecer unos honorarios centenares, miles o millones de veces superiores a otro ser humano, y que la única justificación (léase con comillas) que encontraría para tal despropósito es que trabaja en el dominio de la corrupción del sistema.

Escribo ahora que no me creo en los pactos de Estado, sino que doy por supuesto que en una economía doliente todos los agentes tienen que arrimar el hombro y aportar lo que mejor puedan y sepan. Digo ahora que, en España, hoy, no se está haciendo lo que se debe. Se está mareando la perdiz. Y los centollos se los comen en otros ágapes, mientras a 6,2 millones de personas (casi 2 millones de familias) no le llegan más que unas migajas…o ni eso.

Es la química, estúpido.

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Porqué no creamos empleo

29 abril, 2013 By amarias2013 1 comentario

Para que los 6,2 millones de desempleados que, según el cómputo, habrá que admitir que fiable, tenemos en España consiguieran un trabajo que les permitiera llevar a sus bolsillos, al menos, 12.000 euros anuales, habría que generar casi 80.000 millones de euros de rentabilidad complementaria sostenida en nuestra economía.

Si aceptamos como regla del pulgar (no tengo de momento, otra) de que para mantener un solo empleo hace falta una facturación media de 20.000 euros, se necesitaría incorporar anualmente del orden de 130.000 millones de euros a nuestra decrépita economía. Esa es, igualmente de forma aproximada, la inversión inicial necesaria. (Un 1,3% de nuestro PIB)

Por supuesto, si apuntamos hacia la movilización del empleo de alta tecnología, en el que la inversión precisa puede superar los 80.000 euros por puesto de trabajo, los recursos serían muy superiores a los que precisaríamos para generar empresas de servicios, en los que la inversión puede bajar de los 3.000 euros por empleado.

Pero la cuestión clave es: ¿producir para quién? ¿Quién pagará por esos bienes y servicios que pondríamos en el mercado? Aunque yo también hago otra pregunta: ¿Quién se ha beneficiado de la pérdida de actividad de nuestra economía? ¿Dónde se han ido esos 130.000 millones de euros de crecimiento anual que nos hubieran sido tan necesarios?

Por supuesto que lo se y lo sabemos todos: mientras nos convencían de que teníamos que comprar, endeudándonos con bancos extranjeros, casas y más casas, al mismo tiempo que se orientaba la formación de cientos de miles de personas a la categoría más elemental -trabajador de la construcción-, los beneficiarios de ese ahorro invertían en la extracción de recursos de países en desarrollo, a los que vendían productos manufacturados de gran valor añadido.

(continuará)

 

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