Al socaire

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Recursos limitados, globalización y visión local

22 abril, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

No hace falta habe leído a Popper, ni a Keynes, ni a Soros (y mucho menos, entenderlos), para predecir el resultado de este cóctel maléfico: un sistema de recursos limitados, en el que teóricamente se comparte el mercado pero no los recursos, y en el que la regla dominante es que cada uno mire esencialmente por sus propios intereses, es ineficiente.

La ineficiencia del sistema se proyecta en dos direcciones interconectadas: es despilfarrador de sus recursos y su duración vital -cuando se produzca el agotamiento- va a ser menor que si todos los agentes hubiesen colaborado en un único objetivo.

Que la Humanidad se ha encontrado con una mesa bien dispuesta, está fuera de duda, o al menos, así sigue pareciendo para la mayoría.

No le quito mérito a la cadena de sabios que nos han permitido a los que ahora ocupamos el espacio terreste disfrutar de sus descubrimientos y mejorar la sensación de vivir mejor -desde el fuego y la rueda al motor de explosión o a las maravillas de la nanotecnología-.

Pero esa euforia de sensación y poder tiene, para casi todos, elementos muy precarios y que lo convierten en frágil, incluso en ficticia. Y para casi un quinto de la Humanidad es, además, errónea, porque no tienen acceso a la inmensa mayoría de esos artilugios, conocimientos y ventajas. Otros muchos lo tienen solo en un ámbito excepcionalmente restringido.

Seguimos, por otra parte, sin resolver el enigma de si, incluso las más brillantes mentes humanas, serán capaces de presentar las condiciones para que alguna generación futura sea independiente de las fuerzas de la naturaleza, antes de que todos hayamos volado por los aires en un experimento bélico nuclear.

Los optimistas tecnológicos opinan que los recursos de que dispone el ser humano son prácticamente infinitos -esto es, muy superiores a los que serían necesarios durante toda la estancia imaginable del hombre en la Tierra- porque la ciencia seguirá avanzando  y descubriendo nuevas opciones para poder alimentar a la población, darle el calor o el frío precisos,  y, en suma, sostener su existencia de forma aceptablemente satisfactoria.

No lo creo así y, en todo caso, denuncio que la afirmación es cínica, parcial, egoísta. Y no porque desconfíe de la ciencia, sino porque la sociología me demuestra que no es posible ponerse de acuerdo ni siquiera en cuestiones elementales. Más de mil millones de seres humanos pasando hambre o sed ahora mismo son un peso insalvable sobre cualquier argumentación que quiera convertir el panorama en optimista.

22 de abril, Día de la Tierra de 2013, de un tiempo que se nos acaba.

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El Informe Barquisimeto (11) : La tarea de ilusionar a la población

13 abril, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El Equipo de Trabajo desea subrayar el éxito de los poderes que subyacen como soporte del Grupo de Solicitantes en la tarea de ilusionar a las poblaciones, propósito en el que están fracasando estrepitosamente las potencias occidentales y sus muñidores.

Por doquier se extiende, entre las poblaciones occidentales dominadas por el neocapitalismo, el desánimo. Aunque el gobierno de Estados Unidos -no importa el signo aparente político de sus detentadores- como de una buena parte de los líderes de países de esa órbita, se esfuerzan por aparentar principios cristianos, la realidad es que el agnosticismo, cuando no el ateísmo, se ha extendido por las poblaciones de estos regímenes.

Se ha pretendido por algunos eruditos de estas zonas que la ausencia de principios religiosos puede ser suplida por la ética univesal. Es un grave error, puesto que la ausencia de un poder coercitivo real -en absoluto sustituíble por el control administrativo y penal, que, además, están contagiados de grandes bolsas de corrupción y nepotismo- ha dejado a la población en libertad para que cada uno organice su vida como le apetezca, con atención al máximo disfrute y al menosprecio a los objetivos colectivos, que son vistos, en especial, por las clases más favorecidas por el sistema, como una carga y no como una obligación.

Muy diferente es la situación en el Oriente y, en particular, en China, Corea del Norte, Indonesia, India, e incluso Japón.

Por una parte, volvemos a subrayar la importancia de una devoción que proponga dedicar atención a la vida interior, pero en su encaje con la naturaleza universal; nada hará superar la creatividad y solvencia del budismo, el taoísmo o el confucionismo, para convencer al individuo de que su misión trascendente como ser vivo es conseguir la plena armonía con la naturaleza, y desprenderse de sus inclinaciones a la individualidad.

En algunos países en los que se ha conseguido despertar la simpatía hacia el esquema de dominio universal que se propugna desde la filosofía que rige al Grupo de Solicitantes (es decir, a los países a los que pertenecen sus integrantes), no se está siguiendo en realidad esta filosofía, pero se utilizan elementos comparables. La presencia de una base pretendidamente católica como inspiradora de las actuaciones de los gobiernos de Venezuela o Cuba ha de ser vista como lo que es, una excusa para controlar a la población, darle argumentos de justificación comunitarios y, desde luego, avanzar en el control total, utilizando como herramienta coadyuvante  pero con vocación de distraccón, a la religión.

La clave está en la uniformización de las masas, negándoles capacidad a los individuos para expresar sus ideas, puesto que la independencia en el pensar de los elementos potencialmente revolucionarios -contrarios a los objetivos de dominio total- es, peligrosa por su carácter impeditivo en el cumplimiento de la meta propuesta por las fuerzas que se canalizan a través de las potencias orientales.

El caso de Japón, en cuanto a su simpatía con los modelos capitalistas ha de ser visto únicamente como un fenómeno pasajero. La dependencia de la economía japonesa de Estados Unidos, que la está subsidiando, se deshará tan pronto como la potencia china se exprese con toda su amplitud. Hay que disculpar, además, la sensación de derrota y la necesidad de expiación que en el pueblo japonés se ha implantado como consecuencia de la segunda guerra mundial, aún no superada.

Situación que ha sido, por lo demás, explotada perversamente por las potencias occidentales haciendo creer al pueblo chino y al correano que se trata de enemigos no conciliables.

A la masa le agrada la uniformidad, los objetivos comunes, hacer lo que se le indique claramente por su líder espiritual y político. Cuando tienen o creen tener cubiertas las necesidades básicas (alimentación, vivienda, relaciones sexuales), esto les proporciona una inmensa tranquilidad: es, desde luego, una situación comparable a la de los animales en el zoo, pero no se puede discutir que son, a su manera, felices, al hacer lo que se espera de ellos.

Los comentaristas occidentales ridiculizan la igualdad en el vestir, los parecidos, acentuados por los mismos cortes de pelo indicativos, y el aspecto uniforme que se exhibe en los desfiles masivos, las demostraciones conjuntas de coordinación y todas las exhibiciones multitudinarias de gentes disciplinadashaciendo lo mismo, sin errores, vitoreando y aplaudiendo a los capitanes. ¡Cómo habrán podido olvidar las manifestaciones fascistas del siglo pasado, o los continuos espectáculos futbolísticos o las manifestaciones de adhesión o protesta que congregan a miles, a veces cientos de miles de personas, haciendo lo mismo, en los países occidentales!

La diferencia es que -salvo en la Alemania de Hitler,la Italia de Musolini, la España franquista o el Portugal de Salazar, entre otros ejemplos- en el occidente, los espectáculos de masas no tienen objetivo definido, son simples enajenaciones de la masa, liberadoras de tensiones emocionales, ocupaciones del tiempo de ocio. En los países dirigidos por los responsables que encargan este trabajo, por el contrario, las exhibiciones populares sirven al propósito de alienar al individuo, convencerlo de que lo importante es, no ya el grupo, sino no abandonarlo nunca.

(continuará)

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Otros coreanos

1 abril, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Cuando en Avilés se empezaron a construir los cimientos de lo que sería la Fabricona, allá por los 50 del pasado siglo, llegaron a miles inmigrantes del sur más pobre, porque se corrió la voz de que en Asturias había trabajo.

Aquellos seres de tez morena, tirando de carromatos en los que habían amontonado sus cuatro enseres, cargados con niños harapientos y sucios, y que se agrupaban en las afueras  de la villa del Adelantado organizando hogueras, recordaban a los nativos unas imágenes recientes. Parecían huídos de una guerra que les resultaba lejana, en Oriente, la de Corea. Por eso se les apeló, entre el desprecio y la reserva, coreanos.

Eran andaluces, castellanos y extremeños. Estaban morenos por el sol que les había azotado mientras trataban de exprimir algún jugo de los terruños secos. Huían, también, pero del hambre.

Nadie se acuerda ya, porque aquella fábrica que se llamó Ensidesa, ya no existe más que en la memoria de los más viejos, pero, sobre todo, porque todos ellos son hoy, asturianos. Y ellos, los supervivientes de aquella generación de advenedizos -no pocos, por cierto, murieron en su guerra por la subsistencia-  y sus descendientes, mezclados ahora sin distingos con los hijos y nietos de los que los miraban entonces por encima del hombro, están sufriendo una misma crisis, repitiendo la historia con otros guiones.

En Asia, se vuelve hoy a hablar de la tensión entre Corea del Norte y Corea del Sur, como en 1950, y con similares protagonistas. Habrá que recordar,  por ello, que la Segunda Guerra Mundial había terminado y que la Organización de las Naciones Unidas, en su fase infantil, pretendía consolidar la paz y la seguridad en todo el mundo, imaginando horizontes de prosperidad duradera.

Pero aún quedaba por resolver un coletazo de aquella gran conflagración, la llamada «guerra del Pacífico», por la que la península de Corea, -desde 1910 en poder de Japón-,  había sido repartida entre los vencedores como un trofeo, siguiendo una pauta nada escrupulosa.

Cortando por el paralelo 38, el norte quedó bajo el control de la URSS y el sur quedó ocupado por las tropas norteamericanas. Las «elecciones libres» a las que se convocó a los coreanos no hicieron sino consolidar la forzada distancia entre unos y otros, estableciéndose un gobierno comunista en el norte que, con la ayuda de la URSS y la República Popular china, invadió el 25 de junio de 1950 terrenos de la ya entonces llamada «Corea del Sur», y en la que se pretendía instalar un régimen liberal.

Aquella invasión provocó una guerra local, en la que los surcoreanos fueron apoyados por Estados Unidos y, más bien simbólicamente, por las Naciones Unidas. No había especial intención de reproducir de inmediato, y esta vez entre antiguos aliados, una nueva guerra, por lo que en 1953 se firmó un armisticio, recuperando la frontera del paralelo 38 y desmilitarizando una franja de apenas 4 kilómetros de ancho.

Pero la guerra no había terminado. Las ambiciones de poder no mueren jamás. Los únicos coreanos que se han integrado felizmente desde entonces son los de aquí, los nuestros. Los otros, ahora, tienen nuevos argumentos con los que tratar de convencer a sus contrarios: armas nucleares.

La tercera guerra mundial puede estallar en cualquier momento. No habrá más oportunidades para la especie humana. Los misiles con los que el presidente Kim Yong-Un apunta, según dice, a Seúl y a la costa este de Estados Unidos, construídos para reforzar su estado de guerra permanente, están dirigidos, en realidad, contra nuestra propia naturaleza. La de todos.

Me vienen a la memoria unos versos de Bécquer: «Quisiste doblegarme o morir. No pudo ser«. ¿Qué es lo que tiene que ser para que impere la cordura? ¿Que desaparezcan juntos cuantos discrepen de las razones del otro?

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El efecto sangre

1 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Pocas series televisivas y ya contadas películas pueden sustraerse al efecto sangre («the blood effect»). Incluso se le han incorporado otros efectos, combinándolo con cortes de cabezas y extremidades producidos por tajos espeluznantes, o se le adorna con caídas estrepitosas interpretadas por espectaculares acróbatas circenses.

La excusa para sacar la sangre a pasear ha sido variada, y de creciente complejidad: un intercambio de disparos entr bandas rivales, una batalla campal con espadas, cañones o a porrazos, una operación quirúgica con extracción de varios órganos vitales, o un accidente en un medio de transporte con centenares de víctimas a cual más destrozada.

Ya que la oferta visual al espectáculo se refuerza con el uso del color, la variedad de efectos sanguíneos cubre desde el rojo kechup hasta complejos tonos que pululan desde los terrenos del carmín al del magenta.

Pero como a todo se acostumbra quien no sufre la desgracia en sus propias carnes, el efecto sangre ha perdido fuelle, para cederle hoy claramente el sitio al efecto cadáver («corpse effect» o «zombie effect»), tendencia que ha sido inmediatamente incorporada en los festejos de Carnaval, donde las máscaras con un hacha incrustada en el cráneo rivalizan con la presencia de travestidos orondos con medias de malla.

En la vida real, el efecto sangre tiene, como se sabe, un poder de atracción instantánea, aunque arrastra el problema de que decae rápidamente. Ha sido siempre así. De tarde en tarde, la tribu necesita su catarsis, y es preciso seleccionar algún culpable, para entregárselo. Presentado a la exposición pública marcado con un par de latigazos y con las vestiduras desgarradas o, abandonado donde sea fácil de encontrar, para que sea descubierto por la masa el objetivo, lo que sigue está más visto que el TBO de mis tiempos de niño.

La multitud se lanza como posesa sobre el malo, intentando despedazarlo, en una escena de linchamiento que no parecería posible controlar ni desviar.

Pero no hay que alarmarse. Es muy posible que todo sea, en realidad, falso. En primer lugar, lo que no sabrá jamás la masa, mientras cree satisfacer sus ansias de justicia, de sangre, de expiación y catarsis, es que los objetivos no los elige ella. Le son presentados, con criterios de oportunidad, o de venganza, por sus cuidadores. …son los cuidadores de la masa, los que tienen por oficio y, por tanto, se lo toman muy a pecho, mantener los niveles de dieta de sangre adecuados, ofreciendo las adecuadas víctimas para el sacrificio tribal en sus altares, después de haberlas colocado con el caperuzo y las cadenas.

Y en segundo lugar, tengo la sospecha, de que, como en las películas, el efecto sangre es solo un truco del decorador y el estilista, que se incorporan al libreto para darle credibilidad y, por su acción, las manchas de sangre que lucen los sometidos al sacrificio de caer bajo los pisotones e iras populares, son ficticias. Se pretende, con ello, derivar la atención de otros objetivos más altos, calmar los ánimos populacheros y, sobre todo, hacer innecesario que las huestes obliguen a pasar a la fase mucho más delicada de «efecto cadáver», y, además, que se realice sobre el que está más arriba, pasando por encima del que se propone para que reciba los golpes de la turba.

Fundamento esa sospecha, en que, pasado cierto tiempo, los cogidos en trampa hoy desaparecen pronto de la escena, y son suplantados por otros nuevos  tipos, que distraen los ánimos, cubiertos con grandes ademanes, con montones más espesos de ketchup y pintura y moratones, adobados con gritos por los que se nos quiere ilustrar del tremendo castigo que se les está infligiendo.

Por eso reaparecen algunos con el tiempo, limpios ya de sangre, tan campantes, para darnos consejos sobre lo que tendríamos que hacer con los culpables; mientras los que están por encima de todo preparan, satisfechos, más guiones con efectos sangre, efectos zombi y otros efectos especiales, haciéndonos creer, con tales dosis de verosimilitud que lo que estamos viviendo es realidad, cuando no deja de ser pura fantasía.

Publicado en: Actualidad, Uncategorized Etiquetado como: acróbatas circenses, Blood effect, carnaval, catarsis, efecto cadáver, efecto sangre, efectos, sospecha

Feliz cumpleaños, Felipe

30 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Cumple hoy, 30 de enero, S.A.R. Don Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias y muchos otros títulos nobiliarios más, 45 (cuarenta y cinco) tacos. Es, según su padre, el Rey D. Juan Carlos, todos sus hagiógrafos y la inmensa mayoría de quienes lo han tratado «el Príncipe de Asturias» (o sea, el heredero del Trono) «mejor preparado de la Historia de España«.

Pertenezco a un selecto (por reducido) grupo de escépticos respecto a la capacidad de la naturaleza humana para avanzar hacia objetivos comunes. Estoy convencido -intuición, exclusivamente- de que los principios de selección natural de las especies no han conducido, en lo que se refiere a los seres humanos, a que nos dominen ni los mejores, ni los más hábiles, ni los más fuertes.

Y aunque se hayan introducido impecables teorías para, desde la ética más que desde la racionalidad, introducir elementos correctores a lo que parece desviación humana hacia la perversión, contrariando lo que para el resto del mundo animal parece ser un principio oportunista para susbsistir -lamento haberme explicado de forma algo confusa-, entre nosotros, los que están arriba, no importa cómo hayan llegado allí, tratan de impedir el acceso a todos los que estén en el camino, y especialmente, a los que serían más idóneos.

Si hicieran falta ejemplos, dejo constancia de que quienes fueron descubridores de la mayoría de lo que consideramos grandes avances de la Humanidad, son desconocidos, murieron en la pobreza o el olvido, o fueron víctimas de crueles engaños y suplantaciones.

Aunqe la historia particular de algunas familias concretas se encuentre mejor documentada que la de la inmensa mayoría, no por ello me parece más ejemplar, ni me suscita más respeto que cualquier otra. Las hazañas bélicas, las conquistas -incluso tecnológicas- de pueblos más pobres, la acumulación de riqueza a despecho de la miseria, ignorancia o necesidad de otros, no me mueve más que al espanto, a la descalificación o a la lástima.

No me voy a enrollar más, porque lo tengo ya todo dicho en otros lugares. Feliz cumpleaños, Felipe. A pesar del boato que te rodea, de las expectativas generadas a tu alrededor, de la chismología que te encierra o te recubre, de los deslices de alguno de tus familiares y tus esfuerzos por recomponer destrozos regionales, políticos o internacionales, te considero uno más. Uno de los nuestros.

Un hombre maduro bien preparado. Conocedor de idiomas, serio, con muy buena imagen física, discreto. Seguramente, trabajador normal, fiel a la familia y amigos.

No te veo como Rey de España. Por supuesto, no veo a nadie como Rey ni como Reina, ni admitiría que alguien se pusiera por encima solo por pertenecer a una familia, una saga, una tradición. No quisiera verte como Rey de este país, y no solo porque sea un convencido republicano, sino porque imagino la forma más brillante, para un país en la que lo ingenioso tiene siempre lugar, de acabar con una falsedad histórica.

Propón tú mismo la eliminación de esa trampa constitucional que nos conecta con la incongruencia que supone que España sea, hoy, una Monarquía Constitucional. Prepara el tránsito a una democracia completa, también en lo formal, a una República federal.

Tú puedes tener sitio en ella, desde luego, como persona madura y bien formada. Tenemos ejemplos -¿en tu familia también?- de reciclado desde lo público a lo privado.

Pero no quiero, en lo más mínimo, amargar tu cumpleaños, con un escrito que, además, no vas a leer jamás. Debes saber también que muchos de los que piensan como yo, somos pragmáticos, posibilistas, leales a la mayoría.

Por eso, aunque no te veo ni te veamos como Rey de España, me sumo a los que te consideran el Príncipe de Asturias mejor preparado de la Historia. No tienes competencia en ese asunto, desde luego. Pero si hay que mantener a la Monarquía como fórmula para presidir nuestro Estado decadente, y convertirte en Rey, yo apoyo la moción.

Hoy por hoy, no tengo alternativa mejor.

Publicado en: Sociedad, Uncategorized Etiquetado como: alternativas, Alteza Real, estado, federal, feliz cumpluaños; príncipe Felipe, renuncia, República

Enmendalla o mantenella

29 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El Conde Lozano, padre de Da. Jimena, en el conocido pasaje de «Las mocedades del Cid«, de Guillén de Castro, le expone a Ansures, un principio de actuación que ha pasado a formar parte del ideario irónico colectivo: «Procure siempre acertalla/el honrado y principal;/pero si la acierta mal,/defendella y no enmendalla.»

Cuando vemos, con lógico estupor, la firmeza con la que quienes, estando encumbrados en funciones de responsabilidad, defienden, tras haber sido descubiertos en falta grave, su inocencia, podemos estar seguros de que ese principio de «Mantenella y no enmendalla» es el escudo protector con el que tratan de ganar tiempo para escapar del centro de la escena.

¿Levantamiento de bienes en perjuicio de acreedores? ¿Infracción a la Hacienda Pública o falsedad en documentos a la Seguridad Social? ¿Utilización de una trama empresarial para evadir responsabilidades, generar economías opacas? ¿Mentir a los accionistas, a los socios, falsificar facturas?

Lo importante es no perder la calma o, al menos, tener a mano el recurso infalible: negar la mayor ante el que viene de cara y, al mismo tiempo, amenazar con desvelar otros pasteles a los colegas de fechorías.

«Juro por mi honor», «vengo a defender mi conciencia y honor», «en ningún caso he cometido irregularidad alguna», son variaciones del mismo objetivo: expulsión de tinta de calamar sobre las certezas, para que se vean menos claras, se emborronen algunos renglones y… se consiga tiempo. Tiempo para que la tensión mediática se aminore, los hechos principales se olviden, la memoria se diluya.

Tiempo para que quienes no han sido descubiertos aún movilicen sus recursos, amistades e influencias, no tanto para salvarse ellos mismos, sino para que salven del ahogamiento a quien dispone de información que les haría daño. en caso de ser divulgada.

La fórmula de distracción ha tenido tanto éxito en la Historia de la desvergüenza, que se utiliza como panacea en toda circunstancia, aunque no tengan que ver con la ética, sino con la competencia y habilidad de personas y equipos para generar soluciones a los problemas colectivos. ¿Que las previsiones de creación de empleo no se cumplen? ¿Que las medidas de reactivación no tienen efecto alguno (en caso de que existan)? ¿Que el cumplimiento de ridículas teorías acerca del déficit presupuestario y el bienestar se vuelven en sables acerados contra la paz social, deshacen el núcleo del estado de derecho, que es la solidaridad con los necesitados, y cortan de cuajo el impulso del crecimiento que ha de contar con la mejora en educación e investigación, cuanto menos?

¿Que la forma de financiación extraordinaria de los partidos políticos ha quedado con las nalgas al aire? ¿Que las empresas contratistas o concesionarias de servicios públicos están detectadas como elementos clave para distribuir comisiones irregulares?

Mantenella y no enmendalla. «No hemos cometido irregularidades y, en caso de que fuera descubierta alguna, el culpable lo habrá realizado a título exclusivamente particular y, además, está muerto».

Desde la razón, la seriedad, el compromiso, se alzan voces que se convierten en clamor creciente: Enmendalla, enmendalla, enmendalla.

 

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Eutanasia para pobres

28 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Que se mueran los viejos. Pronto. El ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, para escándalo de la hipócrita sociedad contemporánea ha expresado su fórmula para aligerar las cuentas públicas de Japón.

Naturalmente, no lo ha expresado tan crudamente, porque aún no estamos preparados para asumir la valiente propuesta. Su propuesta para reducir el déficit que dificulta la recuperación económica del país más eficiente del planeta, apunta a agujeros presupuestarios concretos: Sectores improductivos, no rentables.

En la cúspide del despilfarro de una sociedad condescendiente con los débiles, se encuentran los pacientes terminales, especialmente, los viejos sin posibilidades de recuperación, que son mantenidos vivos con caros tratamientos en hospitales del Gobierno. Esa «gente del tubo» ha agotado su derecho a vivir.

Reabrir la caja de Pandora de la eutanasia activa, aunque se haga solo para cerrarla de inmediato y pedir disculpas por la osadía, incluso avergozándose por el revuelo causado, es algo que suena a provocación: es… valiente, pero es intolerable,

En esta zona del planeta en donde mantenemos los principios éticos incólumes, ni nos lo planteamos. Tenemos principios inquebrantables.

Cuidamos a nuestros ancianos: Nadie se muere de hambre entre nosotros. Vigilamos las calles para que los sin techo no pasen frío: les damos mantas y caldo caliente, cuando los encontramos vivos… lo que, desgraciadamente, no siempre es posible. Ofrecemos a la mayoría, pensiones que garantizan su subsistencia; tampoco es tan complicado, porque vigilamos los precios de la cesta de la compra: una barra de pan puede adquirirse por 30 céntimos, el kilo de pollo entero se compra por 3 o 4 euros y eso mismo cuesta un kilo de sardinas o mejillones: comida variada, rica en proteínas.

Atendemos a lo que conviene a la satisfacción de estos amortizados, con gran esmero. Con poco más de 50 años, decimos a nuestros mayores, con los mejores modales, que ya no los necesitamos activos en nuestra sociedad. Ya han cumplido. Queremos que descansen, que vean la televisión (magníficos programas divulgativos, para que no les cunda el tiempo que les queda), que paseen y se relacionen con otros ancianos en esos magníficos Centros comunitarios que llamamos De Día, y que hemos creado específicamente para ellos, para que se cuezan en sus salsas; allí podrán leer todos los periódicos que deseen y muchas revistas con noticias sociales imprescindibles, y, si les apetece, los fines de semana, hasta podrán escuchar en ellos la música que les gusta, la que encandilaba a sus padres, ¡y bailarla!.

Puede que no tengamos tiempo para visitarlos en la vieja casa familiar, con frío y goteras, por la que pagan una renta irrisoria (¿qué querrían, que los mandemos a una clínica geriátrica, con el precio que tienen?), pero les hemos conectado a un servicio de ayuda inmediata, que en caso necesario los llevaría con urgencia al hospital comarcal. Funciona incluso aunque no tengan teléfono, que, en general, hemos dado de baja, pues a los ancianos no les gusta hacer llamadas y no reciben ninguna.

Es cierto, en fin, que los viejos nos cuestan mucho dinero, y que tendríamos más capacidad de gasto para otras cosas si no fueran tan longevos y, siendo longevos, como mal menor, mantuvieran facultades de autonomía suficientes para asearse, vestirse y no darnos la lata.

Pero así son las cosas. Porque somos sensibles ante la desgracia ajena y sabemos responder a las muchas dependencias a que nos obliga nuestro sentido del deber. También son una carga los parados, desde luego, al menos cuando tenemos que cubrirles su período de prestaciones sociales. Ah, sí y dedicamos mucho dinero para que los hijos de los pobres puedan estudiar algo; con buenos profesores, muy motivados éstos por sus sueldos adecuados y horarios cómodos.

También, por obligación constitucional, atendemos a todos por igual en hospitales con magníficos equipos, -físicos y humanos, y hasta divinos-, que apenas tienen nada que envidiar a los que están disponibles en centros privados, a los que, por inveterada costumbre, suelen seguir yendo los ricos, sin advertir que, en no pocos casos, el personal sanitario es el mismo (y, aunque esto debería comprobarse, las malas lenguas dicen que incluso el horario coincide).

Pero hay que tener paciencia y saber encontrar el  lado bueno. Ancianos, pobres, enfermos, parados, son una rémora necesaria, un contraste, para que luzcamos mejor los jóvenes, sanos, activos, guapos.

Es un alivio no encontrarse en ninguno de esos grupos de miseria.

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Guión para una mala película

26 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Si, dentro de unas décadas, un superviviente del desastre climático, el invierno árabe, la erupción del volcán de Yellowstone, la conquista china de las viejas colonias europeas en Africa, la invasión de Japón por la Corea unificada, etc., se encuentra con ganas de analizar lo sucedido en un mediocre país llamado España durante la segunda década del siglo XXI (y en buena parte de la primera), descubrirá, asombrado, que los españoles estuvimos, sin saberlo, viviendo una película.

Una mala película, en realidad. Con un guión deficiente, sin protagonista principal declarado, con demasiados secundarios con tendencia a improvisar y sobreactuando, y un decorado que apesta a mentirijillas y a cartón piedra. Lo mejor es, desde luego, el movimiento de masas, con millones de extras ocupando la pantalla. es decir, la escena, representando de rechupete un drama colectivo, al estilo de Todos a una, con notas de la Guerra de las Galaxias, pero con la inequívoca huella de haberse inspirado en el Titanic, Coloso en llamas o Aeropuerto.

Y, en fin, aquí estamos, en medio del argumento. Con un gobierno sin ideas, pero con demasiada palabrería, una oposición sin palabras (ni ideas), un gran empresariado muy mezquino, una Universidad bastante inculta pero ya derrotada, un grupito iluso de emprendedores luchando por subsistir enmerdados hasta los ojos, una Banca insolidaria pero muy sólida, un Estado de autonomías a punto de desmembramiento por donde más nos ha de doler, unos colegas europeos satisfechos de vernos sufrir la intemerata.

Si alguien cree que esto va a tener un final feliz, comparto ese optimismo. Pero no me pidan que explique la razón de ese presentimiento. Me pasa siempre que voy al cine. No me muevo de la butaca hasta que desaparece el último título de crédito; por mala que sea la película, me resisto a pensar que tanta gente haya malgastado tiempo y dinero en filmar y distribuir un bodrio, y solo cuando se encienden las luces de la sala y compruebo que me he quedado solo, me animo a salir hasta la calle.

Publicado en: Sociedad, Uncategorized Etiquetado como: bodrio, cambio climático, dirección, drama, fin, película, protagonista, secundario, sociedad

Viajes virtuales sin moverse de casa

24 enero, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Trasladada la pregunta a Luis Maroto, presidente ejecutivo de Amadeus, éste, después de un momento de confusión, la despachó con estas palabras: «¿Viajes virtuales? No…no tengo ni idea de lo que son».

La cuestión se formuló durante el «desayuno de trabajo» que el Foro España Innova convoca con estupenda frecuencia, invitando a conferenciantes de primer nivel, que se celebró el 24 de enero de 2013 en el Hotel Ritz de Madrid. Maroto había presentado, con concisión no exenta de elegancia verbal, la situación del sector turístico, desde la perpectiva de una de las mayores compañías mundiales del sector de viajes.

Quien había formulado la pregunta que no encontró respuesta era yo, preocupado desde hace tiempo por mejorar la forma de viajar, ofreciendo la opción de organizar visitas a lugares (museos, monumentos, incluso zonas de conversación y socialización) que no supongan desplazamiento.

Porque entiendo que viajar físicamente no es la única opción de conocer, porque creo que no siempre es la mejor y porque estoy seguro de que, si existieran operadores capaces de ofrecer la realización de viajes virtuales, organizados al gusto y necesidades de los clientes potenciales, adquiriría creciente intensidad un mercado hoy limitado porque hasta este momento, cada uno de los que queremos conocer otros pueblos y costumbres y conocer su cultura , no siempre disponemos del tiempo y del dinero para viajar físicamente, y lo resolvemos con esporádicas visitas a los buscadores, que nos empapizan rápidamente con información desestructurada, pobre y no siempre fiable.

Y desde luego, para muchas personas -impedidas por motivos físicos- viajar de ese modo es una solución que obvia su dificultad y satisfaría su ansia de conocimiento, que no queda cubierta -ni mucho menos- por fotografías, informaciones cerradas o panfletos turísticos, sino que implicaría ampliar las opciones de interactividad, ordenar la búsqueda de la información y, por supuesto, generar nuevos archivos documentales y recopilar los que se vayan creando por terceros en bases de datos potentes, que permitan la visión tridimensional, la selección e inspección autónoma de los archivos, una vez seleccionado el viaje por el turista y la oferta de posibilidades a medida para la sociabilidad, incluída -por qué no. la posibilidad de envío a su domicilio, posteriormente, de souvenirs, libros, comida seleccionada de los platos del área visitada, etc.

La pregunta era ésta: «¿Tiene Amadeus algún equipo de trabajo dedicado a analizar las posibilidades de organizar viajes virtuales, es decir, aquellos que no necesiten desplazamiento físico?».

Los que creemos que debe atajarse el consumo irresponsable de combustible, invitamos a Amadeus y a los creativos del sector, a que se pongan a pensar en una solución que optimice las existentes, incompletas y, además, aún desorientadas.

 

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Aquí, paz

22 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

«Aquí paz y después gloria» es una frase hecha con la que damos por zanjado un asunto, de forma coloquial o familiar, sin que la sangre llegue al río, que sería lo mismo que llegar a mayores.

El muy noble deseo de tener paz en todos los asuntos, (especialmente en los que nos pueden hacer daño), es recogido en muchas frases de uso común. Se refleja en ellas tanto la preocupación por las dificultades que es necesario superar para obtenerla como para conservarla, debido a la natural tendencia belicosa de los humanos, como la satisfacción por quienes creen haberla alcanzado; no hace falta precisar que esta última suele durar poco.

La Historia está repleta de Tratados de Paz firmados después de conflictos que causaron miles o millones de muertos de quienes, de haber permanecido vivos, hubieran tenido poco que ganar con la victoria. Las guerras y las paces de alto nivel son empezadas y terminadas por jerifaltes que especulan y juegan con los destinos de otros a los que han convertido en involuntarios peones de ajedrez de sus designios. Que, a veces, algunos de los que van a morir lo hagan llevados de ardores combativos por las que se ofrecen voluntarios defender verdades difusas -que, en realidad, no están en liza-, no prueba más que el poder de persuasión o engaño de los que sería raro encontrar en el mismo campo de batalla.

«¡Déjame en paz!» es lo que indicamos a quien nos molesta con sus insistencias, particularmente si es hijo púber, cónyuge o pareja de hecho en día inspirado para recordarnos nuestras omisiones y debilidades, o, posiblemente, la forma de cortar el alegato del anónimo comunicante -aunque se ponga nombre a sí mismo- que nos ofrece la opción de cambiar de operador telefónico o aseguradora del coche, introduciéndonos, posiblemente, en un camino de malentendidos y torturas.

«Mi paz os dejo, mi paz os doy», anuncia, en mensaje típicamente críptico, el protagonista excepcional del Nuevo Testamento cristiano. «Descansó en paz» (o «En la paz del Señor») se lee como epitafio en muchas tumbas, incluso en el acróstico latino (R.I.P.), lo que ahorra cinceladas del marmolista, como indicación que recuerda a los vivos que la existencia es lucha y la muerte, lo queramos o no, «el descanso eterno».

«Tengamos la fiesta en paz» puede ser la frase que da fin a una controversia o, por el contrario, la chispa que enciende la mecha de intercambio de pareceres más gruesos, incluso físicos, que pueden sorprendemente conseguir la coordinación de ambos contendientes en apalear al voluntario apaciguador, como prueban no pocas crónicas de sucesos.

Aunque no sea cosa de festejar, uno de los principios admitidos por la Sociedad de Naciones y seguido, ya sea por convicción, ambición o sevicia, por todos los gobernantes de la Tierra, fue reflejado en latín por un tal Vegecio en el siglo IV a.d. C. «si vis pacem para bellum», una de las pocas expresiones que todo buen político debe saber repetir correctamente en la lengua original en que la emitió su autor, y que es traducido, en el lenguaje práctico, por «la mejor defensa es un buen ataque».

El lema encuentra gran aplicación en estos días de confusión, por los que tienen como profesión principal hacer política, y por oficio oculto, medrar a nuestra costa, seacompañado siempre de lanzamiento de humos de escaqueo, uso de trajes de camuflaje (de color albo,con lo que quieren aparentar que ellos están incólumes), labores de zapa en terreno propio para que los culpables de lo hecho mal se encuentren en los bajos y hasta incursiones de sabotaje en territorio contrario, por aquello de mal de muchos, epidemia.

«No habrá paz para los malvados» es un buen título para una película más bien regular de Víctor Eurice, aunque sirviera de base para excelentes interpretaciones de sus actores, pero no deja de ser un deseo que no van a hacer realidad por sí mismos quienes tienen la bota de su opresor aprisionándoles el cuello, incapacitados para defenderse por no arriesgar a perder el trabajo o la prebenda.

Fuera películas, alguna vez los dioses interiores se toman en serio atosigar al que delinque sin juicio final en los campos de Asfódelos, para que, aunque sea también en una ficción shakesperiana, inculcan a los Macbeth un camino de remordimiento insufrible, destruyendo la paz que les hubiera permitido disfrutar de su pecado.

Lo habitual, sin embargo, es que quienes menos paz tienen -en este mundo, que para un número creciente de incrédulos es el que importa- no sean ni los malos, ni los poderosos, ni los gobernantes, sino los buenos, los humildes, los mandados.

Que, simplificando algo, acaban siendo tenidos por pazguatos. (1)
—
(1) A los que dediqué, por cierto,  un Comentario, no hace mucho.

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