He puesto en el titular del Comentario el tronco argumental. Las conclusiones deducibles son obvias y la explicación del contexto, bien conocida por casi todos y, desde luego, por todos quienes participan -de buen o mal grado- en la ceremonia de confusión colectiva.
Puede que alguien se pregunte con qué autoridad me permito la jactancia de realizar un diagnóstico tan ácido de la situación actual en España.
Respondo de inmediato. Con ninguna. Es decir, con la misma de la que pueda alardear cualquier ciudadano sensato, comprometido con la mejora del pais, y que se encuentra, por mor de la edad, casi al final de su vida profesional activa (en lo previsto por quienes pretenden la jubilación por decreto).
Asisto con frecuencia a presentaciones, reuniones y conferencias de gente que sabe y que desea comunicar lo que sabe. Escucho con atención las intervenciones de quienes, terminada la disertación principal, quieren contribuir a enriquecer el debate. Casi siempre, exponiendo los problemas con los que se encuentran. Se agradece, aunque se repiten. Sus palabras no encuentran el eco que merecen, sepultadas por otras opiniones que se diria, en el contexto, igualmente relevantes.
He leido, y leo, multitud de informes sobre los temas en los que creo tener algun criterio -se escribe mucho, se avanza poco-, enriqueciéndome con opiniones ajenas y procurando despejar las incógnitas o aclarar los dilemas -o contribuir a clarificar su existencia-, cuando se presentan.
Este pais en el que nos ha tocado vivir tiene multitud de cabezas de ratón, en general, bien intencionadas (¿por qué habría que suponer lo contrario?), pero con una persistente falta de visión de conjunto y, en no pocas ocasiones, con obsesión por defendner parcelas particulares, a despecho de lo que sería contribución a un bien general.
Falta carisma, autoridad superior, alguien que elija entre las opciones, y decida. Puede que se equivoque, pero, si lo hiciera después de haber escuchado muchas opiniones, de obtener la máxima informacion y, desde luego, sin perder la visión de conjunto, que es la que da valor a la adopción del camino a seguir, (incluso por los que inicialmente se hubieran podido manifestar discrepantes), tendría valor y merecería respaldo su postura. Tammbién por los que resultaran afectados negativamente por la decisión, que sabrían a qué atenerse, por donde corregir, qué mejorar.
Nos ha pasado siempre, como un mal crónico. Cada vez que alguien se ve investido de la autoridad de su gorro de ratón, actúa a partir de ahí, ignorando gatoos (que hay, y muchos) y atosigando a quienes deberían ejercer de animales superiores, empeñados en defender lo suyo, pretendiendo que le asiste la Razon, el Interés y la Fuerza para oponerse contra cualquier Medida que pueda afectarle.
Y ganan. Porque no se hace nada, o muy poco, por avanzar en conjunto. Ni en Ambiente, ni en Energía, ni en Desarrollo, ni en Investigación, ni en Cultura, ni en Sanidad, ni en Educación.
Creo que no tenemos cura. De vez en cuando, la Historia nos concede una oportunidad de cambiar la orientación en la toma de decisiones, pero la desperdiciamos, desdpués de algunos fuegos de artificio.
Cuando el pais estaba en un nuevo punto de arranque, con una Constitució recién estrenada y, poco más tarde, con un equipo joven, ilusionado y deseoso de ofrecer lo mejor de si mismo, tuvimos esa oportunidad. Se perdió pronto, con la corrupción en el reparto de cargos, el premio a los que alardeaban de partido, la avidez por tomar posiciones particulares, el amiguismo y el nepotismo.
Desde entonces, seguimos a la deriva. Da igual que gobierne un partido político que otro. Los individuos que alcanzan esferas de poder, se empapizan con temas para los que carecen de criterio, no tienen la capacidad para atraer a los que saben más, no les escuchan cuando éstos hablan, y se concentran -siempre hay excepciones, pero pocas- en garantizar su posterior entrada en la empresa privada, cuando, con la formación y la información que han adquirido, se encontrarán libres de la carga (no se ve como un honor) de la responsabilidad de dirigir lo colectivo.
Pasa igual en las empresas, en la Universidad, en la Judicatura, en todos los órdenes del pais. Estaremos siempre empezando, empeñados en estériles discusiones sobre lo que convendría hacer. Con un guirigay de cabezas de ratón, opinando sobre lo suyo, sobre lo que les conviene.
