Según una encuesta sociológica, cuyos fines en este concreto aspecto que voy a comentar me resulta imposible descifrar, el 96% de los españoles cree que la corrupción en este país es muy alta.
Esto significa que, aproximadamente, 180.000 compatriotas están convencidos de que la corrupción con la que compartimos, mal que nos pese, mesa y mental, es tolerable.
Puede que el afloramiento reciente de la cuantía de las cuentas en Suiza de Luis Bárcenas, quien fue hasta hace poco Tesorero en la Ejecutiva del Partido Popular, – y consiguió distraer a la inspección fiscal española (hasta ahora), 22 millones de euros-, haya subido aún el porcentaje de los que encuentran a este país catapultado a los primeros puestos del ránking de la corrupción muncial.
Una reliquia social serán, por tanto, los crédulos, entendiendo por tales quienes no ven signos particulares de diferencia entre nuestra corrupción y la de otros países de nuestro entorno civilizado.
Sorprendo al lector, seguramente, indicando que formo parte de los crédulos.
Tal aseveración es consecuencia directa del convencimiento de que la corrupción -en sus variadas formas: apropiación indebida de lo ajeno (especialmente, de lo público), ocultación de patrimonio, ganancias y beneficios para no pagar impuestos, doble facturación y manejo de «caja b», soborno a funcionarios y empleados para conseguir adjudicaciones y ventajas, falsificación de facturas cargadas a la propia empresa o a otras, exageración de márgenes y precios, falseamiento de datos de control, nepotismo, amiguismo, etc.- es algo consustancial a la especie humana.
Ni siquiera es atribuible a un sistema socioeconómico concreto: florece tanto entre el liberalismo (o capitalismo) como en el socialismo, brota en el comunismo como… la gestión de una ONG o de una agrupación para la salvación de las almas. Existirá siempre que la sociedad admita la generación de una o varias clases dominantes, en las que se incrustarán, como lapas, quienes sacarán fruto del sistema, emponzoñándolo, con su esfuerzo imparable, hasta sus límites máximos.
Podríamos fijar ese nivel máximo en lo que se entendería por corrupción generalizada: en cada nivel social y de responsabildad, prácticamente todos se aprovecharán de su situación, mintiendo. Unos, para no morir de hambre o vivir algo mejor; otros, para acumular riquezas inmensas.
Los observatorios de los índices de corrupción (no tengo idea de cuáles son los anteojos o prismáticos que utilizan), sitúan sistemáticamente a España en un lugar medio-alto. Ahí encuentro lógica. Como país intermedio, bastante desarrollado, tiene sentido que las técnicas de corrupción estén suficientemente avanzadas para que quienes más corrompen o desfalcan no sean descubiertos fácilmente. Desde luego, no a la primera.
Por tanto, que el ex-tesorero del partido actualmente en el Gobierno, vaya a hacer compañía al ya amplio grupo de imputados de uno y otro signo político, e incluso, de ninguno, de quienes se descubre que han amasado una fortuna considerable mientras gestionaban lo público, es particularmente inquietante. Pero no solo por lo que piensa la mayoría. Debe ser interpretado como que los niveles de calidad de nuestros corruptos, cómplices y colegas de viaje, han bajado mucho.
22 Millones de euros (la cantidad que, por lo que se ha difundido, figura en las cuentas suizas de Bárcenas o sociedades instrumentales) es, a grosso modo, una cantidad veinte veces superior a la que Juan Español Promedio ganará en toda su vida (no, por supuesto, lo que ahorrará en ella, que rondará el cero absoluto).
Que se haya podido distraer esta importante cantidad de todos los controles habidos hasta ahora, presupone la actuación de bastantes pasajeros en la singladura de la apropincuación, sea en nombre propio o del partido (generadores, convencedores, intermediarios, adjudicadores, portadores, recaudadores, contabilizadores, repartidores, celadores, transmisores, cuidadores, mentidores, ocultadores, etc.).
Si aplicamos este somero análisis a los miles de Millones que habrán sido derivados del cauce legal para satisfacer intereses ocultos, tendremos una idea del esfuerzo de cooperación necesaria que hay que movilizar para mantener oculto al resto de los mortales la realidad de la corrupción. Para que sea impecable y no caiga en el ámbito del juzgador implacable.
Corruptos y corruptores españoles: elevad vuestros niveles de control. Quiero seguir entre los crédulos de que, además de miserables, sois astutos. Porque no quiero que me duela más este pais de lo que ya me escuece.
Para que, como país, volvamos a situarnos en la media, esmerad vuestros controles, extremad vuestra prudencia, exagerad la falsificación de vuestros ilegítimos comportamientos. Por la relativa tranquilidad de quienes admitimos, a regañadientes, que un cierto grado de corrupción es inherente a esta sociedad humana, pero que lo hagáis con desfachatez nos apunta, a los crédulos, con el dedo de la estulticia, cualidad que no estoy dispuesto a asumir ni un solo instante.
