En la tarde del 1 de marzo de 2016, el piloto Pedro Sánchez dio cientos de vueltas con el nuevo vehículo producido por la unión temporal de dos escuderías. El modelo que probó tenía instalado el clásico motor de explosión, con invisibles avances tecnológicos de la escudería PSOE, para la que Sánchez trabajaba hasta ahora, -y con la que mantiene contrato aún- y una nueva escudería, de marca C´s, que pretende haber adaptado un modelo europeo, aligerándolo de peso y alerones.
El trabajo conjunto de ambas escuderías, aún inacabado, se interpreta por los especialistas, fundamentalmente, como un intento de revitalizar la vieja escudería socialista, amenazada de escisión, e incluso con riesgo de ser absorbida por otras marcas, debido a los problemas técnicos y económicos que arrastra, que le han hecho perder identidad y credibilidad.
El circuito de pruebas no resultaría apto para probar las prestaciones de los modelos que, además, no están plenamente desarrollados, y que, verosímilmente, no se pondrán en el mercado hasta la próxima temporada, prevista para principios de junio. El hemiciclo del Congreso de Diputados, con su trazado convencional, tiene fama de frío y, aunque parece cómodo para vehículos y conductores, la tensión ambiental puede provocar salidas de pista sonoras de aquellos pilotos que se confíen y que no hubieran valorado sus fuerzas correctamente.
La exhibición venía precedida de una gran expectación, y el público, cuidadosamente elegido por un complejo procedimiento llamado Hond´t , abarrotaba las plazas disponibles para contemplar aquella en directo. Había más de 800 periodistas acreditados -unos por pasión o compasión, pocos por sueldo- y, entre los invitados se detectaban incluso más rostros conocidos que entre los de asiento fijo.
Hubo decepciones para los que esperaban más intensidad y algún número acrobático. Sánchez no es piloto que guste de la espectacularidad, y aunque el llamado circo de la Fórmula Congreso se presta a exageraciones, estuvo moderado, incluso previsible. En una primera evaluación, quienes siguieron sus evoluciones por televisión -pocos de continuo, la mayoría, a ratos- mantienen su opinión de que el vehículo tiene aceptable diseño, pero necesita incorporar más potencia, pues hace extraños a la primera de cambio.
El vehículo que pilotó Sánchez se deslizó por la pista con suavidad al principio, y su conductor procuró mantener en una marcha moderada, para no forzar el motor. Tenía sentado en el asiento del copiloto a Albert Ribera, con el que había estudiado previamente el recorrido, señalado las curvas, marcado cambios de peralte y algunos baches que deberían obviarse.
Buena parte de la exhibición de Sánchez parecía destinada a convencer a otra escudería para que abandonase las pruebas e invitarle a incorporar algunas de sus propuestas de mejora. En una zona bien iluminada por los focos se sentaba el piloto Pablo Iglesias, rodeado de mecánicos de la escudería Podemos, entre los que figuraba un experto en artes cordiales: el discípulo del añorado Ernesto Laclau, Errejón, ganador de trofeos en carreras de karst.
La escenificación resultó emocionante cuando el piloto ganador del último rally, Mariano Rajoy, que, sin embargo, acabó estrellando el vehículo que se le había confiado, expresó su menosprecio, reiterando a sus admiradores que nadie podría hacerlo como él, si le dejaran pilotar otra vez. Pero Sánchez, cada vez que pasaba ante él, le hacía un corte de manga.
Por el telefonillo interior se escuchó el mantra reiterado, por el que Sánchez preguntaba a los mecánicos de la escudería Podemos y al propio Iglesias: «¿por qué no se sienta ya Pablo en el asiento del copiloto? ¡Tenemos sitio para él!, ¡Por lo menos, que se retire, y nos permita incorporar a nuestro motor ese mecanismo secreto con el que mejoraron la potencia del suyo!».
El silencio fue, con todo, la única respuesta y, al terminar la última vuelta de Sánchez, que duró más de lo esperado, los demás pilotos se recogieron para preparar sus exhibiciones de mañana. No habrá sorpresas ni sobresaltos. Sin el motor de la escudería PSOE-Ciudadanos, aunque imperfecto, la potencia de sus artefactos será aún menor, y, por mucho que arriesguen, el espectáculo será, además de aburrido, inconsistente .
