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Archivo de 26 marzo, 2016

Estrategias salvajes (Epílogo). Propuesta de estrategia para civilizados. Conclusión (1)

26 marzo, 2016 By amarias Deja un comentario

¿Una estrategia para civilizados? ¿Sería posible, contra la Historia documentada, plantear una estrategia de cooperación y no de enfrentamiento que abarque, sin excepción, a los habitantes de todos los países de la Tierra? ¿Tiene sentido una fórmula de colaboración e interacción que permita avanzar a los que están más rezagados, ayudándolos en cuanto necesiten, y que, al mismo tiempo, suponga, por la población de los desarrollados, la asunción consciente, sacrificada y responsable, de que la senda del crecimiento sin límites está agotada para ellos?

Sinceramente, lo veo muy difícil, pero no imposible. Es más, no solamente lo veo posible, sino que lo considero imprescindible.

Hay una razón que es, para mí, superior a cualquier otra. No la formulo como muestra de petulancia, sino de sinceridad. Después de haber disfrutado la mayor parte de mi vida, consciente de mis limitaciones y de mis escasos logros personales, estoy orgulloso, como parte de la especie humana, de lo conseguido hasta ahora. Pero el camino no está, ni mucho menos terminado. Al contrario, queda la por recorrer la parte más difícil -y apasionante- la que llevaría a desvelar, es de suponer, misterios esenciales.

Para que la Humanidad pueda alcanzar el tope de su capacidad de acumular conocimiento, debería hacerlo de forma coordinada y conjunta. Saber más no puede ser un objetivo abstracto, ni dirigido simplemente hacia el logro de un mayor disfrute de unos pocos. Creer que existimos para conseguir el máximo placer es reducir a una estrategia salvaje nuestra esencia individual y colectiva.

La inteligencia del hombre, utilizada en toda la extensión que le permita satisfacer, hasta donde le sea posible su curiosidad, su ansia de saber, le imposibilita renunciar a un fin último, que, para algunos, entre los que me cuento, es intrínseco a nuestra naturaleza: poder responder con certeza a solo dos preguntas: ¿Somos? Y si somos, ¿Para qué somos?.

Puede que algunos crean que la evolución del homo sapiens está llegando a un momento en que se producirá una mutación genética, y se escindirá la especie, dando nacimiento a un supersapiens, con capacidad incluso de sojuzgar a los que en la actualidad llamamos humanos. Quienes así puedan pensar, obviamente, se entenderán ellos mismos situados en la parte superior del conocimiento, en la cúspide del árbol genético portador de los principios activos, combinación de alelos imprescindibles para producir ese ADN selectivo del que surgirán Mesías o Espartacos.

No será ese el camino. Antes de que tal suceso tenga la menor viabilidad evolutiva -¿dentro de unas decenas de miles de años?- la Humanidad habrá provocado su extinción, pues una característica actual de nuestra especie es la capacidad de fabricar armas de destrucción total que han desarrollado ya muchos países.

Ese potencial nuclear será utilizado algún día -dentro del corto plazo que vengo considerando-, si no cambia la estrategia. Porque aquello que se ha generado para la eventualidad de llegar a emplearlo, se acabará usando. Es la Ley de Murphy en su grado superior, identificable con el principio de que surgió un admirable aforismo: Si vis pacem, para belum. Porque la tendrás; la paz, no: la guerra. Ármate, pues, y te llegará la ocasión, tarde  o temprano, de emplear las armas de las que te has abastecido con la excusa de defenderte.

Desde luego, la Historia de la Humanidad, revela una implacable sucesión de acontecimientos en los que unas poblaciones han sojuzgado y esquilmado a otras con o sin argumentos religiosos y deontológicos, con regularidad. Unos han venido por el este, otras por el norte y el sur, alguna vez por el oeste.

Existen incluso guerras suficientes en el panorama actual para ratificar que la técnica de destruir antes que buscar la cooperación, sigue teniendo seguidores entusiastas. Se ejerce, especialmente, con los más débiles. La razón subyacente es siempre la misma: sacar rendimiento de la posición de superioridad. Su empleo permite derrocar a tirano que fue útil, cuando ha dejado de ser interesante o no colabora; pactar con el gobierno corrupto la extracción de recursos de una zona, sin atender a la situación de la población local; etc.

Aunque creo que la tecnología habrá de subordinarse siempre a la filosofía (o, mejor, a esa curiosidad cosmogónica que considero irrenunciable, y que da sentido a la vida, especialmente, a la de la especie), vivimos en un momento de eclosión tecnológica.  Los hombres -algunos grupos, algunos hombres-, si bien dispersos, tienen un control muy superior al que se tenía hasta hace muy pocas décadas sobre los procesos, y saben cómo provocar reacciones y transformaciones muy potentes sobre la materia.

La transferencia de esa tecnología no precisa, en muchos casos, transporte físico: lo pueden llevar esos individuos en sus cerebros, en su experiencia, y, por tanto, puede ubicarse en cualquier sitio. Esa capacidad para aprovechar mejor los recursos, fabricar lo necesario o útil de forma más económica, en menos tiempo, etc. es el factor de producción más buscado. El factor trabajo (no especializado) ocupa un plano muy inferior. Incluso la disponibilidad de capital ha mostrado su maleabilidad, pues el gran capital está dispuesto a invertir en proyectos al margen de intereses nacionales o zonales.

Para que la evolución tenga sentido, el mundo debe estar en paz. (1). Por ello, la fuerza inmanente a esta revolución tecnológica tendría un desenlace miserable si no estuviera vinculada intrínsecamente a la ética. A diferencia de las anteriores «transiciones tecnológicas», ésta tiene características autodestructivas: no tiene fronteras, no está ligada a ningún grupo concreto, la sociedad de la información la sitúa bajo el prisma de la transparencia, crece exponencialmente, y genera tensiones en la redistribución de empleo y riqueza jamás conocidas con anterioridad.

Conseguir que la ética sea el factor de producción relevante de la estrategia civilizada debería ser función exclusivo y excluyente en el que habría de asentarse la cooperación internacional. Sería la única base posible, sobre la que erigir una estrategia civilizada común para la especie humana. La sociedad global conduce a ese planteamiento: o se fundamenta el desarrollo futuro sobre la ética, o no será.

Me interesa especialmente, en este sentido, el estudio de los movimientos internacionales que se están desarrollando desde Estados Unidos y desde China, y, en particular, el segundo, porque incorpora un elemento aconfesional y descansa (al menos, teóricamente) sobre una economía dirigida desde el Estado. Su contrapunto con la filosofía occidental, con base cristiana y de economía liberal de mercado, es manifiesta.

Afortunadamente, aconfesionalidad y cristianismo, convergen, hoy, en los valores de la ética universal. Puede que sea por poco tiempo, y debido a la globalización, al peso de la sociedad de información, y a que ningún dirigente le gustaría ser descubierto como un corrupto, un genocida, o un ladrón (lo disimularían, en todo caso, con ardor).

El Gobierno chino ha puesto en marcha una iniciativa que se puede identificar, en su esencia, y sin problema, como una estrategia civilizada. Se trata de una estrategia humana, esto es, elaborada, consistente, por exclusión de lo improvisado, natural o salvaje. Es la única con sentido global que haya sido formulada jamás. Puede desconfiarse de la pureza de su intención, criticarse su formulación grandilocuente, tal vez. Pero no tenemos otra, al menos, aún; y es urgente que se plantee por parte del otro bloque de potencias, y sería deseable que, en lugar de aparecer como antagónico, sea complementario del mismo.

Porque la propuesta china es un plan muy interesante. No es solamente un zhongguo meng, -un sueño chino-, sino una yi dai yi lu, -una franja, una ruta- desde China, a través de Asia Central, hacia Europa.

El origen de ese movimiento, surge de que el gobierno chino considera superado con éxito notable la fase de país en desarrollo que necesita recursos externos para crecer. En lugar de seguir buscando la inversión extranjera, su necesidad prioritaria, en el terreno financiero internacional, ha pasado a ser la contraria: dar salida rentable, a los 3,5 billones de dólares que ha conseguido en los años eficaces de exportación a precios extraordinariamente competitivos, gracias a una mano de obra eficiente, y a costes de producción muy bajos.

La colaboración con las empresas extranjeras ha respondido, en las últimas décadas, a un esquema: mayoría de capital chino en el capital social, préstamos internacionales, y permisividad total a la hora de implementar máquinas y tecnología extranjera para, con trabajadores locales -mejor pagados que la media, satisfechos por tanto-, cumplir los estándares de calidad impuestos por los países a los que estaban destinadas las mercancías.

En las migraciones estacionales salvajes de cebras y ñúes, en busca de pastos, los cocodrilos acechan, apostados en los pasos obligados para la manada. Amparados en su alto número, la mayoría de los cuadrúpedos sobreviven, dejando el tributo de los más intrépidos o los más torpes en las fauces de los saurios. Hay confluencia de dos estrategias, en la que no solo los cocodrilos, también los supervivientes trashumantes pueden considerarse ganadores.

En la estrategia china, lo que se desplazan son mercancías y financiación. No faltan peligros para la travesía (las zonas de Asia Central, el terrorismo, la pérdida de rentabilidad), pero el peligro mayor es que la ruta no tenga retorno, sea un camino de solo ida. La apuesta china necesita obtener una respuesta desde el otro lado.

(continuará)

—-

(1) Muchas tribus africanas llaman Ubuntu a los principios abstractos que incluyen la verdad, la aceptación de la responsabilidad, la justicia, la reconciliación y la reparación. Ubuntu constituye la esencia del ser humano. Una persona solo sería persona a través de otro que captase su humanidad, y se vinculara a ella. La solidaridad individual sería, por tanto, una contradicción en términos. La búsqueda de bien común sería un objetivo irrenunciable, porque la propia humanidad adquiere realidad solo por su pertenencia a la comunidad.

Publicado en: Actualidad

Estrategias salvajes (Epílogo): Propuesta de estrategia para civilizados. Previsiones (2)

26 marzo, 2016 By amarias Deja un comentario

La facilidad con la que los países occidentales, y especialmente los europeos, se han concentrado en problemas particulares, a los que, además, no alcanzan a resolver, es un elemento que permite definir con alta probabilidad cuál será su trayectoria a medio plazo (siglos XX y XXI, como ya tengo escrito). La del perdedor.

La trayectoria reciente de la Unión Europea, en si misma, resulta preocupante por la falta de coherencia entre principios y praxis. A pesar de lo que intenta reflejar su nombre, la desunión y disparidad de criterios entre los gobiernos (es decir, entre los países) ha crecido, produciéndose el crecimiento anti-natura de posiciones egoístas, nacionalistas o partidistas. La amenaza del Brexit, el trato dado a la crisis griega y la incorporación precipitada y no digerida de países del Este con ejemplos que, en lugar de ayudar a la cohesión, han añadido incertidumbres sobre la coherencia. En España, el resurgir de los ímpetus independentistas catalanes y vascos, apoyados por genuinos síntomas de insolidaridad, ha puesto en nuestro territorio el problema de la revisión permanente que pretenden los egoismos de cualesquiera identidades compartidas.

No solo en la falta de coherencia interior se muestra el resquebrajamiento de la idea de una Europa unitaria. La debilidad internacional de sus estructuras comunes apuntan hacia la conclusión inequívoca de que, no será protagonista de ninguna de las actuaciones relevantes globales -ya sean acuerdos pacíficos o guerras de posición-. Continuará consumiendo valiosas energías en tratar de resolver problemas interiores de cohesión, discutir campos de competencia privilegiada  para los grupos empresariales dominantes, y se anquilosará en los análisis de posibles actuaciones que no llegarán a ponerse en práctica o perderán su oportunidad.

Es una lástima. Considero irrenunciable el mantener como guía de la actuación de la especie humana la ética universal, lo que exige una coherencia plena entre lo expresado como principio y lo ejecutado. La Unión Europea tiene ahí, bien a la vista, no ya sus serios problemas de identidad, sino su falsedad doctrinal. La posición que adoptó la UE respecto a los refugiados sirios es incoherente con sus principios, éticamente inadmisible y perfectamente encajable con la filosofía Nimby, en la que los objetos a los que se considera como basura indeseable son seres humanos.

La Unión Europea no parece, sin embargo, ser consciente de sus problemas de coherencia deontológica cuando se  presenta como paladín mundial en las medidas de contención del cambio climático. Por eso, ahondando en la credibilidad de esa postura, podrían descubrirse raíces oscuras. Los objetivos de aumentar la participación de las energías renovables en el mix energético propio, apoyados, en especial, por Alemania y Francia (España, actuaría aquí en coherencia con su vocación de tonto útil), tendrían como fundamento comercial la posibilidad de obtener importantes beneficios empresariales en la implantación de las «energías limpias», cuya tecnología dominan, en áreas internacionales con gigantesco potencial desarrollo (1)

En fin, la estrategia salvaje de la Unión Europea sería la de perseguir o ahuyentar de su territorio a los gorriones, en lugar de entender la importancia que representan para su propia existencia. En esta tragedia, los exiliados forzosos de los países en conflicto en Africa, los desplazados por la necesidad y por el atractivo de una vida teóricamente mejor, ocuparían el metafórico papel de los gorriones, y el mensaje sería el de: «Que no pasen» .

No me engaño, sin embargo, en la relativa falta de importancia de este efecto para desfigurar las conclusiones del análisis. La Unión Europea es una zona económicamente agotada, no tiene trabajos ni bienestar que ofrecer  al contrario) y su única trayectoria futura previsible es el declive.

He escrito en otros lugares, con mayor extensión, que el crecimiento en la implantación de las tecnologías de información y comunicación (TICs) está provocando un cambio profundo en la forma de concebir los servicios y su comercialización, que arrastrará pérdidas de empleo masivas, no recuperables.

No tiene recursos, su tecnología, siendo importante, no es puntera en sectores clave, y la industria contaminante y primaria, incluso de semitransformados, está ya externalizada o en vías. Me resulta inconcebible la aparente ceguera con la que se está viendo la cuestión, y, siendo evidentes los síntomas, solo encuentro justificación en los intereses que están detrás de los que afirman que las TICs crearán empleo, o que la sustitución de la industria pesada y de transformación por otras mucho más automatizadas o con materiales más ligeros, generará actividad local. El lema sería: «Aguanta mientras cobro».

La destrucción de puestos de trabajo en los sectores bancario, en la contratación de paquetes turísticos, en la comercialización en todo tipo de sectores (ahora cada vez más centralizados por internet y con capacidad de contratación autónoma desde el propio hogar o la oficina) será creciente. Exponencialmente creciente, y en menos de una década. Y no será recuperable por otros sectores, ni  nuevos ni, por supuesto, el impulso a los tradicionales. La capacidad de consumo europea estaría vinculada a la generación de puestos de trabajo y riqueza y, parodiando una frase histórica: En los hogares europeos no cabe más, solo cabe mejor, pero…no tienen con qué pagarlo.

La incorporación de tecnologías avanzadas (sean las que fueren, o que el lector quiera considerar), no generará empleo neto. Cierto que se crearán puestos de trabajo más cualificados, pero no en número suficiente para todos los que aspiran a ellos. La dicotomía del mercado laboral en los países hoy tenidos por desarrollados y, especialmente, en Europa, está servida: se creará un inmenso gap, un vacío, entre los trabajadores con altos conocimientos (y bien pagados) y los que ocupen la escala inferior, como servidores de aquellos o del Estado. En el medio, estará la gran masa de población, viviendo de las subvenciones del Estado, mientras aguante .

La única salida de escape o descongestionadora sería la de desplazamiento de medios hacia los países en desarrollo, ayudándoles a crecer desde el terreno, en una cooperación abierta. El potencial sería, en efecto,  muy alto.

Para encajar en la puesta en valor completa de esa potencialidad ajena, hace falta una gran capacidad financiera, la existencia de estrategia cooperativa, en la que los beneficios mutuos estén claros…y se precisa resolver, también, un hándicap sicológico: el hospedante debe tener la certeza de ser el más beneficiado. El cooperante occidental debería asumir que su aportación será superior al beneficio obtenido,porque no se trata para él de crecer, sino de subsistir.

Hay un problema adicional, el más importante, para que la Unión Europea pueda tener sitio de relevancia en esa carrera por la subsistencia. Los sitios de primera está ocupados por potencias mucho más fuertes: China y Estados Unidos, en ese orden.

Habría que adoptar una posición conjunta, y de cánido domesticado. Mover la cola y contentarse con lo que caiga de la mesa. No existen aquí estrategias salvajes de las que tomar ejemplo, ni siquiera como aproximación provocadora. La cooperación en términos de igualdad entre animales es inexistente, y los ejemplos que se pudieran aportar serían solo aparentes.

Porque los animales solo actúan juntos: 1) como medida de defensa ante los depredadores (es el caso de las cebras y los antílopes frente a los leones, cocodrilos y otros carnívoros); 2) en casos excepcionales de unión aparente, porque mejora sus capacidades de ataque hacia las presas ; 3) por aumentar sus posibilidades de supervivencia en caso de ataque (cardúmenes de varias especies, cuyo tamaño está en relación con la subsistencia de especímenes si son masacrados por un ejército de tiburones, delfines y orcas); 4) porque una especie se subordina a la otra, ofreciéndole un servicio que la beneficia (garzas e hipopótamos); o 5) porque no pueden librarse de un huésped aprovechado (rémoras y tiburones, anémonas y cangrejos, lapas y mejillones).

Podría justificar este pesimismo crítico en que es hoy Sábado Santo, celebración cristiana caída en el olvido, salvo para justificar un período vacacional, y que la mayor parte de mis compatriotas parecen ocupados en la diversión fútbol, conciertos masivos, vacaciones, asistencia pasiva a procesiones, etc), en la confianza de que los problemas se resuelvan solos, por arte de birlibirloque (formación de Gobierno, reconstrucción de una red industrial con potencial de crecimiento, revisión inmediata de las fórmulas de enseñanza, sostenimiento del estado social, generación o potenciación de la cooperación empresarial, etc.).

Quizá espera que refugiarse en la propia concha, como hace el caracol cuando el tiempo está seco, traerá un tiempo húmedo… Esa no es, desde luego, una estrategia inteligente.

(continuará)

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: caracol, estrategia, estrategias salvajes, Nimby, Unión europea

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