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Archivo de 19 marzo, 2016

Estrategias salvajes (2): Pulgones junto a hormigas

19 marzo, 2016 By amarias 2 comentarios

La segunda estrategia salvaje que paso a analizar es ésta:

Estrategia de explotación disfrazada de falsa cooperación: la generación de un paraíso artificial para los pulgones por parte de las hormigas

La mayoría de los  pulgones son insectos áfidos (sin alas) y todos ellos tienen una gran afición por los brotes de las plantas, particularmente, las de las cultivadas sin pesticidas. De entre la variedad de especies de pulgones, florecen los que se multiplican con excelente fecundidad adaptativa.

La invasión de una planta se produce por el aterrizaje sobre ella de una primera hembra fundadora, que se reproducirá con ahinco sin necesidad de que ningún macho le preste asistencia para obtener descendencia (por partenogénesis). Lo hará, además, de forma vivípara; los pulgoncitos ya tienen el aspecto de los adultos y una excelente voracidad. En cada puesta es capaz de depositar hasta doscientos huevos, por lo que se comprende que rápidamente la colonia se constituya en una plaga muy molesta para el horticultor o para el aficionado a mantener sus plantas decorativas  a salvo.

El ciclo de la vida de los pulgones y su capacidad acomodaticia es admirable. Cuando la alimentación ya escasea, algunos de los huevos de la puesta de la hembra primigenia, darán lugar a machos y hembras aladas que serán capaces de copular entre sí y, presionados por el hambre, se mudan rápidamente a otras plantas, en donde las fertilizadas se convertirán en fundadoras de nuevas colonias.

Los aficionados a la entomología recreativa, creyeron descubrir que las hormigas podían actuar en defensa de los horticultores, al existir una aparente asociación entre los pulgones y las hormigas. Se comprobó, en efecto, que las hormigas gustaban del líquido azucarado que expelían los pulgones (por sus anos) y, en semejanza a lo que el ganadero humano hace con la cabaña de mamíferos domésticos, parecía que los ordeñaban.

Se imaginaron incluso que, a la manera de los campesinos (especialidad laboral y de disfrute de la naturaleza que está prácticamente extinguida entre los humanos), las hormigas cuidaban con exquisitez de los pulgones, los sacaban a pasear en las mejores horas de sol de primavera, y, como eficaces ganaderos, los guiaban hacia nuevos brotes de las plantas que crecían en los alrededores de su hormiguero, de manera que sus protegidos pudieran seguir alimentándose de la savia especialmente rica en nitrógeno de esa época del año en que casi todo crece.

Parece que, visto desde la verdad, todo lo imaginado por los humanos era bastante fantasioso. La realidad antural resulta bastante más cruel para los débiles. Las hormigas tienen esclavizados a los pulgones que, como hubiera sido sencillo imaginar si no se estuviera limitado por razones apriorísticas, vivirían más felices sin nadie que los ordeñase ni los esté continuamente mareando, conduciéndolos  de aquí para allá para atiborrarlos de comida.

Y ni siquiera parece del todo encomiable que las hormigas defiendan a su ganado de otros depredadores, como la mariquita (coccinella sectempunctata, entre otros) o las abejas. Porque si actúan de escudos protectores es para evitar la competencia de otros.

Se trata, en fin, de una explotación pura y dura, por la que los pulgones son sojuzgados por las hormigas en su propio y exclusivo beneficio. Es cierto que, gracias a las idas y venidas de los grupos de hormigas y pulgones, acercándose a los brotes tiernos, las colonias de pulgones se multiplican con mayor ritmo, y, engullendo sin parar, no tienen tiempo para pensar en otra cosa más que en engordar, pero…¿en dónde puede beneficiarles a ellos crecer sin parar. ya que no tienen la instrucción superior de poblar la Tierra? Siempre serán pulgones, y dependen de los brotes tiernos de las plantas sin insecticidas para vivir.

Por el contrario, las hormigas sí parece que tienen ese mandato de ocupar todo el espacio, son prácticamente omnívoras, resistentes, acomodaticias, y…vaya si están rentabilizando esa dosis genética natural.

Esta estrategia de las hormigas, en el terreno de los humanos, aunque nos parezca cruel, es una de las más comunes. Se puede apreciar, sin mayor esfuerzo de análisis, en las grandes empresas, aunque tampoco falten ejemplos entre las pymes, incluso las más pequeñas, aunque, en estos últimos casos, se hace la explotación de forma menos gravosa para los pulgones de nuestra especie, porque la falta de sensibilidad del pequeño empresario o del autónomo, si no es mayor, sí que es más difícil de disimular.

En las grandes empresas,  sin embargo, existen planificadores muy experimentados, que saben lo que hay que hacer con los pulgones. A poco que se les deje hacer, se rodearán de un colectivo de pulgones, -de la propia empresa o por externalidades- a los que sacarán todo el jugo posible, para poder presentar óptimos resultados en las cuentas de explotación y ofrecer más valor añadido a los accionistas.

Hay pulgones de muchos tipos, y es muy posible que la mayoría de los pulgones humanos no hubieran podido prosperar jamás, o no lo hubieran hecho tan rápidamente, de no haberse topado con la atención de un equipo directivo de una empresa consolidada, que los hubiera detectado con su gran perspicacia, o seleccionado por un críptico proceso, en el que se valoraron sus cualidades y defectos por expertos en seleccionar pulgones.

En todo caso, lo que interesa a los efectos de esta estrategia, es que las hormigas necesitan de los pulgones para llevar una vida mejor y hacer que sus hormigueros se desarrollen con mayor velocidad, pero no está en absoluto demostrado que los pulgones necesiten de las hormigas.

Y como la naturaleza humana no es diferente de las otras, aunque se enmascare con su superior inteligencia, cuando se acaba el jugo de las plantas, o las hormigas humanas ya no necesitan a los pulgones, los primeros en salir de la escena, si no han tenido la perspicacia de hacerlo antes, son los pulgones. Si no lo hacen así, serán pasto de otros depredadores, ya sean avispas, abejas o sectempunctatas, cualesquiera que uno se imagine que pueda ser la correspondencia humana con las especies de insectos.

Para sacar provecho de un escenario terriblemente competitivo, los sanedrines o núcleos centrales de los hormigueros -nadie pretende negar su importancia a las hormigas, ¿eh?-, precisan engañar a los pulgones. Para salvarse de la previsible escabechina, el rebaño tiene que confiar en que la reina de los pulgones atisbe el final de una bonanza, y, cambiando de actitud, genere en su descendencia el espíritu emprendedor, llevando a algunos de ellos a montar su propia colonia en otra planta. Un buen día, notarán que les crecen las alas y se irán con viento fresco, dejando a las hormigas sin su preciado alimento dulquérrimo. Puede que se asienten en otro jardín, y tengan una vida feliz si no son descubiertos por ninguna hormiga.

Si un ejército de hormigas les descubre, no tardarán en adueñarse de ellos, por donde tienen el mayor defecto: su ansia desmesurada de comer, de atragantarse a comida. Serán ordeñados, una y otra vez, y se les acercará al sol, con móvil de empresa, despacho independiente, coche en leasing, fiestas de celebración por cada nuevo contrato.

¿En beneficio recíproco?.

Dejo la pregunta en el aire, para comprobar si Vds. han leído con atención hasta el final esta estrategia salvaje.

Publicado en: Cultura, Economía, Empresa, Sociedad Etiquetado como: áfidos, agricultor, cultivo, estrategias salvajes, hormiga, jardín, partenogénesis, plaga, pulgón, simbiosis

Estrategias salvajes (1): La abeja común contra el avispón asiático.

19 marzo, 2016 By amarias 3 comentarios

La palabra estrategia es, desde hace décadas, uno de los vocablos preferidos en las escuelas de negocios y, por tanto, en las empresas: toda corporación debe tener una estrategia a corto, a medio, y a largo plazo, una misión y una visión.

Esta terminología que se traduce en informes, documentos y planes de desarrollo de negocio que raramente se ajustan a la realidad venidera -aunque se supone que sirven para orientarse mejor hacia ella-, ha contagiado a las vidas personales. Existen estrategias para conseguir un puesto de trabajo, mejorar de posición en él, no hacer el ridículo en un «medio maratón»(el de diez km), comprar o vender acciones en bolsa con rendimientos superiores al mercado, y hasta para postularse como ganador en la vida del más allá, en el supuesto de que tengamos la oportunidad de entrar en ella por alguna puerta.

Empiezo aquí una serie de artículos, que numeraré correlativamente, para explicar estrategias salvajes, esto es, de animales, y analizar su posible aplicación a la vida de los humanos. Me consta que algunas han sido ya presentadas como ejemplos de comportamiento que, salvando distancias, permiten sacar deducciones aprovechables. Si espero que el lector saque algún provecho de mis reflexiones es, sobre todo, porque añadiré un ingrediente menos común: el de la ironía.

Estrategias de confrontación desde la desigualdad: La abeja común contra el avispón asiático

¿Cuál podría ser la estrategia del que tiene todas las de perder?

El avispón asiático (Vespa simillima xanthoptera (1)), como su nombre común indica, es originario de China, y algunos parientes próximos se han afincado en Japón y otros lugares de una amplia zona, en donde comparte hábitat con la abeja común. Se trata de un insecto muy agresivo, y de notable tamaño si se compara con las abejas: cuando se observa una fotografía de ambos animales que permita cotejar sus respectivas dimensiones, se comprende bien que, en caso de ataque, una abeja no tiene nada que hacer.

En Europa estos avispones eran desconocidos; había otras muchas especies de unos y otras, pero por estos lugares occidentales los primeros hacían su vida independiente de las segundas, y las abejas melíferas tienen establecido, además, un acuerdo de no agresión -tácito- con la especie de los humanos, -la más peligrosa de todas-, que entraña una forma de colaboración sui generis, a la que no voy a referirme ahora.

Sucedió que, hace un par de años, llegaron a Francia, en un contenedor procedente de un puerto de China, algunos avispones hembras de la especia asiática. Desde entonces, se están propagando con rapidez, apoyados en su fertilidad y en que se han encontrado que las abejas melíferas de aquí son de lo más inocente. Incluso los que están más interesados en detener su avance, los apicultores, desconcertados, no han dado aún con un método eficaz para combatirlas y, hasta que no den con la tecla -si es que lo consiguen- asisten consternados a la destrucción de las colmenas de sus fieles cooperadoras en la producción de miel, jalea real y cera, que tan buenos beneficios les proporcionaban. (2)

Porque los avispones adultos se alimentan de frutas maduras y néctar, pero -¡ay!- cuando tienen larvas que cuidar, el avispón madre, desde lo profundo de su colmena, las incita, con mordiscos persuasivos, a buscar carne fresca. Y la que les resulta más apetitosa es la de las abejas y las de sus larvas. Así que, cuando una de las exploradores detecta una colmena, la señala con sus feromonas para encontrar luego el camino, y vuelve luego con un ejército de colegas que, en pocas horas, deshacen la defensa de las pobres abejas, matándolas con cruel frenesí, sin que los aguijones que clavan las infelices invadidas les dejen huella apreciable (necesitarían más de ocho o nuevo pinchazos de su veneno, y, como es sabido, además, cada vez que una abeja pierde su aguijón, está condenada a morir).

Los sabios entomólogos, presionados por la necesidad, han puesto al cubierto que, en sus zonas de origen, las abejas melíferas (de la especie apis cerana) habían desarrollado una estrategia especial para el momento en que  detectaban a un avispón de patrulla cerca de su colmena.

Se acercan, aparentemente sin miedo, y le invitan con movimientos de sus antenas,  señalándole la entrada  de su casa común. Cuando, confiado, el gigante se ha adentrado lo suficiente en el domicilio ajeno, en lo que imaginará es una muestra de sumisión ante su superioridad, se agrupan en tropel en torno al intruso, y, batiendo sus alas con frenesí, consiguen que la temperatura suba por encima de los 40 o 45ºC , que es el máximo que puede soportar el avispón, que muere de sobrecalentamiento, atufado.

Resulta, por ello, que no puede volver con los suyos a avisarles de lo que había encontrado, y la colmena de abejas puede seguir su existencia tranquila.Lamentablemente, las abejas europeas (apis mellifera) no han desarrollado esa estrategia, y, ante el ataque de los avispones asiáticos, no saben cómo defenderse.

Encuentro que la aplicación al mundo de los humanos es inmediata. Si un gran consorcio pretende hacerse con un sector del mercado de distribución de cercanías, las actitudes posibles son dos: dejarse vencer o convencer por el gigante, abandonando resignadamente el sitio que se ocupaba, o, dejando que se instale en el territorio que ocupan -no necesariamente invitándolo a hacerlo, desde luego-, pero, en lugar de realizar una defensa aislada, coordinando su actuación en unión de los demás pequeños comerciantes.

Me resulta curioso que nuestros mercados de cercanías, hace apenas cuatro o seis décadas ocupados por comerciantes locales -las emotivas «tiendas de la esquina», cuyos propietarios fiaban sin problemas, anotando en hojas de papel de estraza las cuentas por cobrar de sus clientes, y que éstos liquidaban cuando disponían de efectivo, hayan sido sustituidas, por una invasión de dos especies muy diferentes. Las instalaciones de las grandes cadenas, que se establecieron en las afueras, en gigantescas superficies cedidas a precios de conveniencia por los ayuntamientos, y, cuando los pequeños comerciantes tuvieron que cerrar sus tiendas, ahogados por las deudas, se instalaron en las cercanías representantes de una especie foránea, resistente al ataque de los avispones, que es la abeja asiática: el comercio chino.

No se conoce aún cómo se las arreglan esos industriosos humanos abejínidos para subsistir, aunque se sabe que no tienen horario, que actúan todos coordinadamente, que son misteriosos como las noches de primavera y otoño, y que aprovechan las necesidades de los abejínidos autóctonos, y su manifiesto carácter acomodaticio, para crecer y multiplicarse.

Y esta es la primera estrategia salvaje que ofrezco para meditar.

(continuará)

——-

(1) Considerada como la especie Vespa velutina, en otros lugares.

(2) Lo que se les ha ocurrido, hasta ahora, a los humanos, no ha sido especialmente brillante. Repiten esquemas antiguos en la creencia de que situaciones distintas, cuando son tratadas con una fórmula que tuvo éxito anteriormente, van a resolverse igual.

Una de las ocurrencias más tontas ha sido, sin duda, imaginar que. disparando a una colmena de avispones con una bomba incendiaria, iban a conseguir quemar a toda la población que se cobijase en su interior y, en particular, matar al avispón reina.

Tururú, El núcleo de la colmena de avispones asiáticos, en donde se cobija la reina madre está especialmente protegido, y se ha revelado extraordinariamente resistente a este tipo de ataques. Peor aún, los avispones, al sentir el calor, al que son muy sensibles se dispersan rápidamente y, algunos, enfilando al humano que les disparó, lo atacan con virulencia. Sus picaduras son muy peligrosas, porque tienen mucho más veneno que las avispas locales, y se han reseñado algunos apicultores que lo han pasado muy mal.

Publicado en: Economía, Empresa, Internacional Etiquetado como: abeja, apicultor, avispa, estrategia, mellifera, miel, salvaje, velutina, vespa

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