Alcaldesa,
Si por casualidad leyera esta carta, seguramente será la que le resulte menos agradable. No tanto porque a Vd., a la que supongo curada de espantos y de llantos, vaya a molestarle, sino porque imagino molestará a algunos miembros de su Corporación y a parte de los funcionarios y del personal empleado del Ayuntamiento.
No pretendo, sin embargo, ofender. Escribo desde lo que observo y, como nunca tuve un cargo en el Ayuntamiento de Madrid, que me posibilitara conocer y, tal vez mejor comprender su funcionamiento desde dentro, puede que esté total o parcialmente equivocado. En tal caso, -que solo dejo abierto en beneficio de la duda que debe asistir a todo el que sea juzgado y, especialmente, por la protección que merece quien es destinatario genérico de deducciones y presunciones ocasionales -, el problema estaría repartido entre la torpe visión del ojo que percibe, como en la falta de claridad con que muestra su eficacia quien está obligado, por su posición al servicio de los demás o garante de ella, a ser intachable.
Tratándose de servicios públicos, el oscurantismo es falta lamentable, ya que conduce a errores, elucubraciones y torpes deducciones del que juzga u opina, y sume en la intranquilidad al que es administrado. En particular, a este último, al que se le hurta información imprescindible, no solo sufre las consecuencias, sino que paga por un servicio cuyo nivel de eficacia real en relación con lo que le cuesta no tiene elementos para valorar, pues ignora si se está despilfarrando el gasto o si la calidad sería mejorable.
Todo esto es pura teoría. Dirigir un Ayuntamiento como el de Madrid es tema tan complejo que exigiría una formación y experiencia gerenciales de las que pocos dispondrían y de la que, no se ofenda, Vd. no dispone. No es grave. Tampoco se la concedo a sus antecesores. Todos ellos, y allá va Vd. por tanto, han debido contentarse con actuaciones puntuales hacia dentro y se concentraron en exhibiciones hacia fuera: actos públicos, inauguraciones, discursos más o menos rimbombantes, etc.
Un caldo de cultivo excelente para que los equipos de personal adquieran comportamientos y vicios propios, para que el análisis de las funciones y cometidos de los servicios se enfoque más desde la teoría o la analogía con otros municipios que desde la eficacia.
No le voy a descubrir nada nuevo si afirmo rotundamente que Vd. ha heredado un Ayuntamiento con focos abiertos de corrupción, bolsas importantes de ineficacia y, también, con asignaciones de personal en diferentes secciones o capítulos de actividad que no están basados en objetivos o funciones. Madrid no es la capital de la incompetencia hispana, pero sí concentra más por metro cuadro por simples efectos de su tamaño.
Hay tradición de la falta de transparencia y la impunidad acerca de lo que se cuece en las Administraciones públicas y, especialmente, en las locales, en la que se reparten favores -desde contrataciones de personal o servicios, hasta la confección de planes urbanos a medida de intereses particulares, recalificaciones urbanísticas, asignación de zonas verdes y equipamientos, etc.- que no están o no se vieron sometidos a las intervenciones que hubieran sido imprescindibles. ¿Lo dejamos así? ¿Va a favorecer a algunos en detrimento de otros, vengan de donde vengan, incluidos los que la apoyaron?
Vaya, vaya. Presiento que algunos se han levantado airados de sus asientos para acercarse a darme un coscorrón y alegar que estoy muy, pero que muy equivocado, porque la corrupción y las corruptelas se concentran en el ala derecha del espectro ideológico.
Pues no me lo creo. La corrupción surge allí donde se le deja oportunidad, y no tiene marca política, pues surge de una de las debilidades de lo humano cuando no se siente vigilada. Ante todo, aclaro que no estoy acusando concretamente a nadie; como abogado, me tiento la ropa antes de apuntar sin fundamentos seguros a personas determinadas, tomando como precaria para las conclusiones, informaciones obtenidas solo de algún proceso u episodio concretos, y por tanto, sesgadas, o de comentarios entre amigos, más o menos de café.
Pero bastaría pasearse con tranquilidad por las calles de la ciudad para percibir vestigios de corrupción, que, como fósiles en la geología, han dejado su huella para que el investigador saque sus deducciones. No se han cumplido los diversos Planes de Ordenación Urbana y no se están cumpliendo: hay flagrantes situaciones que han causado la disparidad de alineaciones de alturas en edificios de la misma calle o manzana, se han demolido edificios singulares a cambio de una torpe placa recordatoria, hay feas fachadas suplantando allí donde había artísticas terminaciones….
Más, y para no volar alto: se están realizando multitud de obras de reforma de interiores de edificios, locales comerciales, clínicas, casas particulares -detectables incluso por contenedores en la vía pública en la que se amontonan restos de tabiquería, junto a los más variados enseres- que apostaría que se hacen de tapadillo, mintiendo sobre la cuantía y carácter de las mismas y, a lo que parece, en su mayoría por personal extranjero, por lo que me permito, además, dudar de la legalidad de la situación laboral y residencial de la mano de obra ejecutante, de la honestidad de los funcionarios e inspectores de obra que han visado y revisado las obras..
Veo junto a clubs y otros locales de alterne (¿vamos a seguir admitiendo que la prostitución no se puede prohibir?), restaurantes, zonas de ocio y comerciales, colegios públicos y privados, establecimientos bancarios, clínicas, etc., (estén señalados con prohibición de aparcar o no), vehículos atascando el tráfico en doble y hasta en triple fila; no será la primera vez que observo cómo pasan ante ellos diligentemente, solo que de largo, agentes de la policía. Tampoco seré yo el único que ha detectado unas cuantas veces, más vehículos de policía o Samur de los que puedo contar con una mano, ocupando calle y aceras…sin que se haya producido accidente alguno ni nada que oficialmente lo justifique…tal vez estarán sus ocupantes tomando el aperitivo, visitando a un amigo, o haciendo las compras para la semana.
No tengo nada contra la policía municipal, ni menos para los bomberos o el Samur. Al contrario, puedo dar muchos más ejemplos de su comportamiento eficiente. Las muestras de botón no dan para hacer una camisa, pero son parte de la imagen, y el ser humano se guía por excepciones, que son las que hay que cuidar. Tampoco tengo porqué ser crítico con esas colas de funcionarios fichando para disfrutar. simultáneamente, de su pausa de bocadillo, o esas largas bancadas de personal y mesas vacías, que nos encontramos los visitantes cuando penetramos en los entresijos de cualquier dependencia municipal…Alguien los controlará, ¿verdad? ¿o no?.
La multitud de grafittis, letreros (no todos son reivindicativos: muchos ofensivos y obscenos) que ensucian edificios singulares, fachadas, cierres comerciales, escaparates, vehículos públicos, estaciones de metro, etc., demuestran dos cosas: que existe un núcleo nada despreciable de imbéciles en esta ciudad -provistos de herramental adecuado para plasmar sus necedades sobre las propiedades ajenas, ya sean públicas como privadas- y que no hay vigilancia ni sanción suficientes. ¿Es tan difícil identificar a esas manos pintoras? ¿No son siempre los mismos?
Ya ve que su corporación no tiene por qué sentirse culpable de casi nada de lo que enumero: es una herencia enquistada en la ciudad y en sus comportamientos adquiridos, y Vds. solo llevan un año. ¿Poco tiempo? Para cambiarlo, tal vez, para detectarlo y empezar a corregirlo, no.
Y no voy a mirar solamente hacia un lado: esta ciudad tiene miles de cierres de terraza realizados a la Buenadedios, supongo que para aumentar la utilización de las viviendas más allá del volumen edificable autorizado; miles de marquesinas que interrumpen, sin sentido, el tráfico peatonal; miles de señales de pintura sobre las aceras y calles, anunciando, desde hace años, que alguna misión especial ha marcado de este modo, las irregularidades las tapas de alcantarillado, en los accesos a las redes públicas, y faltas de alineación, baldosas rotas, agujeros en las calzadas, etc.; no hay dinero, pero ¿es ésa sola la razón? ¿existe un plan para corregirlas?
He presentado, ante mi constatación de diversas irregularidades y riesgos para la seguridad de personas y cosas, peticiones de inspección concretas -me preocupa especialmente el tránsito de mercancías peligrosas por la ciudad y los depósitos de gases licuados y líquidos inflamables-, que han tenido como respuesta, el silencio, la pérdida de los expedientes, o contestaciones de salida de pie de banco. Si soy el único ante el cual se comportan así algunos funcionarios, he tenido muy mala suerte, sino soy el único, como tengo la seguridad, habrá que reforzar las inspecciones internas y detectar qué está pasando y obrar en consecuencia.
No le pongo más ejemplos, porque no voy a entrar en detalles, incluso aunque me los pidiera Vd. personalmente. No tengo vocación de pertenecer a la reinvención de una Stasi local. Quede dicho que, junto a una mayoría de empleados que son o quieren ser eficientes y se muestran solícitos ante las demandas del ciudadano (también me pregunto por qué, en algunos casos, algunos de ellos me han animado a presentar denuncias y solicitar reiteradamente entrevistas con concejales de distrito y otros responsables), hay núcleos oscuros.
«Como en todas las organizaciones», se me dirá, pero estoy hablando de la que Vd. ahora dirige, y en un momento en el que quiere/queremos dar la vuelta a muchas cosas. En mi caso, como también estoy convencido en el suyo, de forma razonable, ordenada y pacífica. Tenemos una trayectoria personal que, cada uno en relación con las responsabilidades que hemos tenido en nuestra vida -ya en su fase final- nos avala. Hago votos porque Vd. pueda contener los impulsos de los «mozos y mozas del martillo» que figuran en su equipo improvisado.
Voy a volver aquí, aunque no corresponda plenamente con el resto de lo expresado en esta carta, con el asunto clave de la actividad económica y empleo de Madrid. Ya le comenté que los 25.000 empleados del Ayuntamiento, con sus nóminas, suponen una importante inyección al consumo de esta ciudad, obviamente orientada hacia el apoyo indirecto al comercio, la restauración o el ocio. Necesitamos disponer de un mapa concreto de la distribución de actividad en Madrid, de los empleos que se generan por ellas, y de sus perspectivas de crecimiento. Se más de Londres, París, Dusseldorf, Copenhague u Oslo (por ejemplo) que de Madrid.
Me gustaría conocer exactamente cuántas viviendas en Madrid son de alquiler o habitadas por sus propietarios y, de éstas, cuántas están sujetas al pago de hipotecas. Hace diez años apenas era muy sencillo conseguir una hipoteca por el cien por cien del valor (entonces) de una de ellas, a devolver en treinta años. Hoy, esas viviendas valen incluso menos que lo que resta de los créditos y muchos de sus propietarios han visto reducidas sus capacidades económicas. Pagarán mientras puedan, pero si no mejora la situación económica y suben los intereses, no podrán.
Para los propietarios, por otra parte, las pérdidas patrimoniales han sido de más del 40% y los rendimientos por el capital aportado -si las tienen ya abonadas en su totalidad-, las tengan alquiladas a terceros o las ocupen directamente, son negativos. Antes de castigar a los propietarios de viviendas que constituyen su único patrimonio o la mayoría de él, con subidas de ibi, que alguien haga un estudio serio sobre lo que significa y a quién está perjudicando. Lo mismo sirve para la tentadora idea de subir las tasas por vehículos, aumentar las multas, incrementar los espacios de estacionamiento limitado, etc. Cualquier medida recaudatoria solo debe ser aprobada después de haber analizado su repercusión social.
Y si quiere hacerme caso, solamente en algo, además de escuchar las voces de las asambleas de vecinos, de atender a las reclamaciones de okupas, de defender la actuación de titiriteros, de asistir a actos de toda índole sin que alguien le establezca claramente la repercusión de su asistencia a ellos (cambiar horas de análisis, supervisión y control por imagen y relaciones), de ofrecer su visibilidad aquí y allá con sonrisa de abuelita comprensiva (que me gusta como marca de identidad, pero me inquieta cuando la veo entre lobos), etc. etc., entretenga algo de su tiempo en seleccionar un equipo de ciudadanos que, gratis et amore, utilizando su experiencia y capacidad, le orienten sobre cómo seleccionar las prioridades.
Puede no hacerles caso, porque ese es su derecho -para algo es la alcaldesa- pero, al menos, que lo hayamos intentado.
Tenga un buen día,
Angel, un ciudadano de Madrid.
