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Pablo, quedan doce días para el gran descalabro

22 abril, 2021 By amarias 2 comentarios

El debate entre candidatos a la presidencia de Madrid que se libró ayer, 21 de abril de 2021, no ofreció especiales emociones ni servirá para canalizar votos de indecisos. Desde una visión general,  la opción de la actual presidenta de la Comunidad, Isabel Ayuso para hacerse con una mayoría insuficiente para gobernar en solitario, quedó revalidada sin grandes matices ni demostrar capacidad para despertar pasiones ni esgrimir programa. La alternativa que representa Angel Gabilondo demostró, sin paliativos, su gran debilidad, ideológica y formal; su necesario socio del posible gobierno, Pablo Iglesias, ofreció discrepancias sustanciales (en temas como los impuestos) y, en un momento de la emisión, pareció que estaban dispuestos a dirimir sus diferencias en público.

No convencieron, por otra parte, los candidatos en presentar con nitidez los acuerdos post electorales a los que se verán abocados, pues ninguna facción alcanzará mayoría suficiente para gobernar en solitario (a salvo de conceder un estrecho margen de que esa opción sea posible, si Ayuso consiguiera tantos diputados que, incluso sin tener la mayoría absoluta, se arriesgara a ser Presidenta con una amplia mayoría). A lo largo de la emisión, hubo momentos en los que sí aparecieron claras las simpatías dentro de los dos bloques en liza,  aunque no se ocultaron profundas discrepancias.

El posible tándem Ayuso-Monasterio, apareció mejor conjuntado y hasta pudimos creer que hubo un pacto de reparto de papeles de la «opción liberal»  entre «poli bueno/poli malo». La candidata de Vox,  Rocío Monasterio, cuya fuerza dialéctica y contundencia expresiva son conocidas -al margen de que maneja cifras y argumentos sin preocuparle su veracidad-, asumió la parte más extrema y hosca de la oferta de la derecha. Sus intervenciones sobre el coste de sostener a un «mena» frente a la pensión mínima de una viuda fueron  memorables, porque, aunque falsarias,  sirvieron para avivar algo el debate.

El bloque Gabilondo-Iglesias no resultó creíble, y de ello ya se encargó el candidato del PSOE, que carece de la menor picardía parlamentaria. Es soso, sí, pero además, apareció como si estuviera siendo víctima de una combinación de desgana y comienzo de Alzheimer. En cuanto a Pablo Iglesias, dio su recital del respeto a la Constitución (a la que se acogió dos veces), en una apelación más propia para el Congreso de diputados que como candidato para presidir Madrid, y pudiendo ser calificado él de incumplidor fehaciente de la misma. Su viejo empuje y su fresco talante han decaído y hoy carece de empatía fuera de su círculo de adeptos que, por mala suerte para él, se van reduciendo cada vez que abre la boca con su petulancia y desconocimiento práctico.  La vida real no es un aula de Universidad.

Me gustaron más otros candidatos, aunque no se acercaron ni al aprobado: Edmundo Bal, reposado, enterado y creíble, estuvo sólido. Defendió el trabajo en el gobierno de Ayuso de sus antecesores  (a pesar del exabrupto de Ayuso, crecida en ese instante, que le espetó. «Si son tan buenos, ¿por qué no los lleva en su lista?») y se presentó con el viejo y ya rancio marchamo de Ciudadanos, de pretender ser equilibrio entre facciones.  No parece que esa posición haya impresionado a sus contrincantes y, lamentablemente, tampoco tiene efecto entre los electores, que siguen negándole al abogado de Estado pan y agua, en recuerdo imborrable de la traición de Rivera.

La candidata de Más Madrid, nerviosa de cabo a rabo, estuvo bien para lo que se puede esperar de una aprendiz de política que viene de poner anestesias en un Hospital madrileño. Está claro que su vocación y experiencia son solo sanitarias, y que representa el grupo de descontentos de los sanitarios (que tienen fundadas razones para estarlo, sobre todo, por la precariedad de su empleo). Estamos en tiempo de pandemia y vacunas, y eso cuenta a la hora de lanzar dardos, si bien hay que apuntar bien, porque en este desorden entre Administraciones se puede decir aquello de que «entre todos la mataron y ella sola se murió». La aún desconocida Mónica García defendió su plaza de provincias con alguna faena de aliño y, con ello, acreditó su esperanza y la de su grupo de conseguir colocar una decena amplia de los de su lista de amigos.

Termino recordando, con ironía, la frase que Angel Gabilondo obsequió a Pablo Iglesias, donde le instaba a ponerse de acuerdo. «Pablo, nos quedan doce días para ganar las elecciones». Yo la entendí como «…nos quedan doce días para el gran descalabro».

Esta es mi visión del debate de ayer. Saquen los lectores sus consecuencias, si así lo desean. Por cierto, de entre las seis listas de las opciones electorales, con más de 160 nombres en cada una, no conozco personalmente a ninguno y, por haber aparecido en alguna entrevista o acto público, a no más de una docena. Una amiga a la que se lo comenté dice que eso me sucede porque ..somos viejos. O ¿será porque esos candidatos a que les paguemos el sueldo son invisibles?

Publicado en: Actualidad, Madrid, Personal, Política Etiquetado como: Ayuso Mónica García, Eduardo Bal, elecciones Madrid, Gabilondo, Iglesias

Desperdicios

11 abril, 2021 By amarias Deja un comentario

La pugna por hacerse con la mayoría desde la que poder gobernar en Madrid, que se decidirá conforme al resultado del escrutinio de las elecciones a las que los madrileños están convocados el 4 de mayo de 2021, está confirmando la banalidad de los  postulados políticos esgrimidos por quienes se deberían estar esforzando en convencernos.

Empiezo mi comentario desde la nostalgia. En una notable reflexión sobre la posibilidad de subsistencia de la izquierda ideológica («¿Es posible otra izquierda?», Gabriel Tortella, EM, 10 de abril de 2021) el articulista glosa sobre la necesidad de un verdadero partido de izquierda que afronte «honradamente (…) las desigualdades sociales», dedicando una añoranza consciente a la ausencia de un «partido verdaderamente progresista».

Hace tiempo, en efecto, que la cuestión acerca de lo que es izquierda o derecha, populismo o fascismo, socialismo o libertad (lema sin contenido conceptual aceptable, que ha elegido la candidata Ayuso para su campaña) ha perdido sentido, por deformación semántica de los postulados, por desorientación y negativismo irreflexivo de las alternativas y por desconocimiento culposo de los hechos históricos que nos han traído hasta aquí.

No puedo precisar cuántos electores se verán animados por los asaltos físicos de energúmenos contra los candidatos de Vox y, por traslación, contra toda opción que no les guste («este barrio es mío», «fascistas, fuera de aquí», «no os queremos, ultraderecha»), para votar a favor de ese partido y de aquellos otros partidos que hayan condenado claramente los  asaltos a la convivencia que se han convertido en expresión paradialéctica de la convivencia. No me apetece, por tanto, comprobar que, en esta ilusión cada vez más decepcionante de país demócrata, habrá millones de personas que se mostrarán felices de no conceder opciones de manifestarse (negándoles el pan y el agua a su expresión legítima) a las posiciones que a ellos no les gusten.

Proliferan los negacionistas de cualquier alternativa a su esquema cerrado. Y los hay para todas las opciones. ¿Pretenden abrir debate? No.  Crean crispación, negando opción de expresión al diferente o ridiculizando, entendiéndola falsa sin razones, la decisión tomada a partir del conocimiento técnico o científico.

En política, se dicen republicanos, no por convicción ni por disponer de alternativa más beneficiosa, sino como «postura estética» contraria a la Monarquía legítima en un Estado parlamentario. Otros, entienden la unidad de España como algo inamovible y hasta etéreo, negándoles opciones a quienes, si se mantuvieran respetuosos con el orden constitucional (ay!), desearían expresar, elaborada y seria, su propuesta de en Estado federal. Aquellos, no quieren ni oír a defensores de la capacidad de los padres para decidir el tipo de educación de sus hijos. Más allá, no están dispuestos a admitir que se pueda apoyar la libertad económica al mismo tiempo que el progreso social, con una exigente cooperación sectorial público-privada en determinados sectores preferentes.

Por volver a los principios, los dos elementos que reclaman atención prioritaria, después de más de un año (trece meses) de torpe e ineficiente lucha contra la pandemia y de la grave incapacidad para mantener o rescatar la economía de su colapso, son, sin duda, éstos: a) inmunizar inmediatamente a toda la población y b) regenerar la capacidad de creación de actividad y empleo sin ninguna dilación, con especial dedicación a la promoción de empleo juvenil y la potenciación de la investigación. En este caso, puede que todos aquellos a quienes se pregunte, estén de acuerdo con estas prioridades, pero… no se hace gran cosa, anquilosados por las disputas entre gobierno central y autonomías, ayunos de ideas, etc. La triste realidad es que aún debemos esperar hasta octubre (o más allá) para que a todos nos hayan puesto una vacuna que nos inmunice (con un porcentaje alto) y, para mayor pavor, no tenemos ni idea de si nuestra recuperación colectiva tendrá forma de «V», de «K» o de raya horizontal.

Voy a tener difícil decidirme por un candidato en estas elecciones. Tengo, sí, claro que mis simpatías por Ayuso descansan principalmente en que no me gusta que a nadie se le ridiculice o critique por lo que ha hecho bien o, al menos, ha supuesto actuar cuando el vocerío contrario le aconsejaba estar quieta, viéndolas venir. No alcanzo a adivinar lo que representa Gabilondo, con su estatismo tan distante de la realidad pastosa, con ese áurea de profesor universitario empapizado por sus lecturas, con el que, a lo mejor, me apetece tener una conversación sobre la existencia de los seres miríficos, pero no que dirija mi región; lo veo más como defensor del pueblo, esto es, largando papeles sin mucha chicha. Me parece, por otra parte, que Monasterio, esposa de Espinosa de los Monteros, representa perfectamente la clase social a la que sentimentalmente no pertenezco y alumbra la opción de un matrimonio de élite con pico de oro y cuadras de equino.

Por supuesto, jamás votaré a «este» Pablo Iglesias, ambicioso encantador de serpientes y guía de ciegos y alucinados, que, como su colega de banquillo -hasta hace unos días-, Sánchez, no tiene problemas en mentir ni cambiar de opinión según le convenga, sintiéndose por encima de la verdad y del conocimiento y apto para forzar la realidad al antojo de sus propios intereses y los de sus colegas de facción. Entre ambos, han destruido por bastantes años el espacio del socialismo real, mancillándolo con vacuidades, interpretaciones falsas de la Historia y los hechos actuales. Su objetivo oculto parecería ser espantar a los empresarios, hundir la economía y mandar el conocimiento y la investigación al ostracismo.

Y, para terminar rompiendo las fichas, no me seduce votar a Errejón, porque no me fío de su disimilitud forzada con el equipo de Podemos, engatusado ahora con la especie sin valor de arrastre, de presentar proyectos atractivos, pero marginales.

Tengo siempre la opción de votar en blanco, por supuesto. Aunque, cuando le doy vueltas, se me acerca la figura de Bal (Edmundo), un candidato serio, anodino, sin fuerza mediática, pero al que no le oí decir (¿aún?) ninguna tontería. Tiene muy difícil conseguir el mínimo 5% que le liberaría del ostracismo absoluto y no le ayuda (al contrario) la mochila del insensato proceder de Rivera, las dimisiones de descontentos a la busca de autor o la pérdida de empaque de Arrimadas. Votarle, puede significar tirar el voto a la basura.

Pero…¿no es aún peor votar a quien no ofrece garantía de que cumplirá lo prometido?

—

La Bulbinella Angustifolia (planta originaria de Nueva Zelanda) es una de las muchas plantas en floración del Botánico de Madrid, ignorada por cuantos se concentran en torno a os parterres de tulipanes, camelios y rododendros.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Arrimadas, Edmundo Bal, Gabilondo, izquierda, Sánchez, Tortella

Resopón electoral

27 mayo, 2019 By amarias Deja un comentario

El resopón, según mi escasa cultura festivalera, es el tentempié que se sirve en una celebración postinera, avanzada la madrugada, para sostener los ánimos de quienes aguantan en pie, danzando o libando alcoholes, después de haber disfrutado de una copiosa cena. Las vituallas sólidas se abandonan en bandejas sobre las ménsulas laterales que circundan el bullicio festivalero, y los bailones y borrachines (o ambos) se acercan, para engullir atropelladamente lo que les viene a sus ganas.

El 26 de mayo de 2019 los españoles hemos sido convocados nuevamente a las urnas, apenas un mes después de haber decidido un mapa de resultados electorales de compleja lectura, para votar quienes deseamos que nos gobiernen en lo local, en lo autonómico y, ya en clave mayestática, nos representen en la Unión Europea.

He aguantado en la noche electoral hasta que se me cerraron los ojuelos de puro empacho visual, y me leí hoy, bien de mañana lo que dicen los periódicos sobre el mapa que compusieron los votos. Por supuesto, también contemplé la información con los comentarios radiofónicos de analistas del panorama.

Si existe un corpus colectivo que guía nuestros destinos, una especie de fatos invisible que hace compendio de los deseos más variopintos de los españoles, me atrevo a interpretarlo diciendo que estamos en la fase oscura. Es cierto que en algunas alcaldías -pongo como ejemplo paradigmático la ciudad de Vigo, en la que disfruté algunos de mis mejores años- ha vuelto a ganar el edil con más proximidad al pueblo. Como los vigueses pasan por ser de los más complicados seres que pueblan nuestra piel de toro, que Abel Caballero haya alcanzado casi el 70% de los votos -he leído que atiende a todos y «si le pides una silla, te la pone»-, el triunfo del ex ministro socialista puede ser calificado de apoteósico.

Por el contrario, en los feudos sociatas de la capital de España, los socialistas lloran su descalabro. Pepu Fernández, el aplaudido entrenador de la selección de baloncesto en su momento, ha atraído pocos más votos que los de su propia familia. Angel Gabilondo, a pesar de su carisma personal, tampoco ha conseguido vencer la resistencia del clan de la derecha en Madrid que, contra pronósticos y previsiones, tiene concejales y diputados regionales para desbancar a superManuela y  recoger el bastón regional de la mano dimisionaria de Angel Garrido para dársela a la exótica Díaz Ayuso, que se vería acompañada de Martínez Almeida como máximo regidor de la alcaldía.

¿Y si no fuera así, tal como se dibuja el panorama de acuerdo con los eslóganes y refriegas del camino preelectoral? Ciudadanos, el partido de Albert Rivera y la desaparecida Inés Arrimadas, debiera tener algo que decir. Su línea profiláctica contra «el PSOE de Sánchez» se resquebraja internamente (imagino, pues no conozco a todos sus votantes), al abandonar la posición de centro liberal, con guiños incluso socialdemócratas, para caer en una alianza tóxica con el partido de Abascal y Smith, que han recogido todos los enseres que tiró, por contaminantes, el partido de Casado.

He escrito muchas veces que a España le vendría bien abundar en coaliciones de gobierno, especialmente entre partidos que ha defendido programas (más bien, pues programas no he visto muchos, ideas o eslóganes) contrapuestos. Me gustaría ver que ese movimiento de colaboración para mejorar el conjunto, arrimando hombros, se produce en aquellos municipios, diputaciones y gobiernos regionales en donde nadie alcanzó la mayoría suficiente para gobernar en solitario; y que se realicen sin reparar en líneas rojas, enemistades personales o programas viscerales que no pueden tener viabilidad en un mundo en progreso civilizado.

Me parece que, por su parte, Pedro Sánchez va a tener que gobernar en solitario, con una minoría que le obligará a mirar a uno y a otro lado si quiere convertir en viables sus propuestas. Acabo de escuchar que va a cenar con Macron (descalabrado en las elecciones francesas, superado por el partido de Marie Le Pen). ¿Será posible que pueda encontrar más entendimiento y sintonía personal en el terreno galo con alguien que, teóricamente, está en otro espectro ideológico, que en su propio país?

Que la incertidumbre del futuro les ilumine, señores elegidos, para que consigan guiarnos por el camino del progreso, seleccionando, como el pueblo llano ha hecho con Vds., la combinación que ha creído más conveniente para reflejar los ideales e intereses de cada uno. Y, sobre todo, no deshagan lo hecho, no vuelvan atrás. Prosigan.

 

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La teoría del pacto

25 mayo, 2015 By amarias Deja un comentario

Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en España en 2015 han servido para poner de manifiesto varias cosas, que los especialistas en analizar a posteriori -lo que tantas veces no han sido capaces de predecir-, se encargarán de remover una y otra vez, sacándole todo el jugo posible.

Como el mayor interés del presente descansa en producir los hilos que sirven de apoyo para construir un futuro mejor, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre las consecuencias de los posibles pactos que supondrían alcanzar las mayorías para garantizar lo que se ha dado en llamar «estabilidad de gobierno».

Desde luego, este análisis debe tener en cuenta la diferente situación que se presenta según se trate de municipios o de autonomías, de acuerdo con la legislación que rige la interpretación de los resultados en los comicios. En los Ayuntamientos, el alcalde electo es el cabeza de la lista más votada, aunque si no tiene la mayoría simple, un pacto entre otros partidos puede suponer que esta coalición post electoral le arrebate la alcaldía, en la votación de investidura.

En Madrid, parece seguro que un pacto entre Ahora Madrid y el PSOE hará a Manuela Carmena alcaldesa de la capital de España, aunque Esperanza Aguirre haya capitaneado la lista más votada, con un concejal más que los conseguidos por esa agrupación controlada por Podemos. El talante conciliador de Carmena, su serenidad como valor personal y los mensajes con irrefutable presunción de sinceridad por los que la candidata expresa su voluntad de tender puentes entre los extremos ideológicos de la ciudad, predisponen a suponer que dará a esta ciudad la dosis de apaciguamiento colectivo que precisa.

Bienvenido sea el pacto, pues, a posteriori de las votaciones, si bien quiero poner de manifiesto que los pactos entre partidos con características ideológicas marcadas no suelen funcionar. No sirven para generar estabilidad persistente durante la legislatura -acaban rompiéndose por los motivos más diversos, incluidos el trasfuguismo de alguno de los representantes- y, sobre todo, tienen el grave riesgo intrínseco de hacer perder la visibilidad de la identidad del partido que ha entrado como minoritario en la coalición, que arriesga por ello el que en las próximas elecciones sea castigado, tanto si las cosas han ido bien como, sobre todo, si han ido mal.

En fin, me apresuro a señalar lo que considero el factor diferencial de Madrid en estas elecciones, y su valor para avanzar en democracia.

Porque creo que el gran mérito de Ahora Madrid y del PSOE en esta jurisdicción no ha sido poner de relieve las diferencias ideológicas, sino el haber hecho pivotar la campaña en dos candidatos de consenso, razonables y serios: Manuela Carmena y Angel Gabilondo.

Ambos serían buenos alcaldes, en cuanto representan el buen sentido plural que debe presidir una sociedad madura y progresista, y en donde el primer regidor, precisamente por vivir el día a día de la ciudad, ha de estar lo más lejos posible de las discrepancias teóricas para atender a la solución de los problemas diarios y la mejora de la población en la que viven.

Como Gabilondo no compite por la alcaldía, ya que figuró en la lista del PSOE para la Presidencia de la autonomía, la posibilidad de que pudiera haber sido ese buen alcalde que Madrid necesita pertenece al terreno de la imaginación. Y en el campo que le compete, no tiene opciones reales de batir a Cristina Cifuentes, a la que, -y lo digo sin solicitar el perdón a mis amigos de la izquierda razonable, ni pretender el aplauso de mis amigos de la derecha liberal-, veo como una potencial buena presidenta de la Comunidad de Madrid, dotada también del sentido conciliador y positivo que necesita esta sociedad vapuleada por la crisis, la corrupción y la incomprensión hacia el que piensa lo contrario, sin saber matizar por qué.

Tendremos en Madrid, pues, si mis previsiones son correctas, dos pactos de signo diferente: PP y Ciudadanos, para aupar a Cifuentes a la Presidencia de la autonomía, y el de Ahora Madrid (con su núcleo en Podemos) y PSOE, para que Carmena sea alcaldesa. Más emoción, casi imposible. La teoría del pacto, puesta a prueba.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Ahora Madrid, alcaldesa, autonomía, carmena, carmona, cifuentes, elecciones, Gabilondo, Madrid, pacto, presidenta, PSOE

De políticos y canciones

1 abril, 2015 By amarias 1 comentario

Una de las obras maestras de la literatura, de esas pocas creaciones de las que se puede disfrutar aunque por ellas hayan pasado siglos, guerras, pueblos y costumbres, es la Canción de Rolando (La chanson de Roland). (1) Sin detenerme a detallar el argumento -que los jóvenes bachilleres de mi generación recordarán, al menos, a grandes rasgos- apunto aquí solamente, para los que se contentan ahora con un par de brochazos, que el anónimo cronista detalla una traición y una proeza.

El héroe Rolando muere, junto a sus seguidores, tras sostener una imposible batalla contra un enemigo (no importa hoy al caso que allí sean seguidores de Mahoma), muy superior en número y que, además, por la felonía de un alto noble, familiar envidioso del elogiado, cuenta con la ventaja de la sorpresa.

Rolando se resiste valerosamente, vende cara su segura derrota y, solo cuando conoce que su muerte, herido ya mil veces, es inmediata, accede a la súplica de los suyos de pedir ayuda a Carlomagno, que está volviendo con el grueso del Ejército a sus palacios, y cuya retaguardia estaba protegiendo. Toca el olifante; el emperador acude y venga su muerte, consiguiendo una victoria total.

La Canción que aquí se escucha más en esta época no es la de Rolando, sino la de Robando. No es, por supuesto, ésta última, un episodio épico, ni arrastrará gloria alguna para sus protagonistas, que no son héroes, sino villanos.   No hay gesta, sino malicia. Se baten, sí, utilizando artilugios y artimañas, pero contra las mesnadas de la verdad y la justicia. Sus recursos son la esperanza en la superación de los plazos, la prescripción de sus delitos, la confianza en una artificiosa defensa legal, el beneficio del preciado indulto y, a no desdeñar, el cansancio colectivo, el olvido de los pecados, la redención por la expiación singular del tú-también.

En esta batalla trapacera, constituida en ceremonia de la confusión, en la que casi nada es como parece, y las promesas de ayer no son más que espejismos, y es imposible conocer si la solución está al alcance y si los que están al mando han tocado el cuerno para pedir más auxilios para ellos o para todos, se precisa que alguien ponga serenidad, ofrezca calma.  Ya está bien de mensajes en que los buenos son siempre los nuestros y los malos, los que militan con los otros.

Las elecciones de mayo, al menos en Madrid, ofrecen una oportunidad excelente para probar la capacidad de ciertas personas, a despecho de partidos, e incluso de ideologías.

Se trata de poner fin a la Canción de Robando, y recuperar, sino a los héroes, al menos, a los honestos y serios. Con su ejemplo, los demás ciudadanos, volveremos a las tareas propias despojándonos de la obsesión por criticar las ajenas. Necesitamos obtener la tranquilidad de que al mando del sistema tenemos personas creíbles, capaces de controlar la presumible presión de sus partidos, eficaces coordinadores de sus equipos, geniales impulsores de las ganas de todos, empeñados en hacer las cosas bien, y en obligarnos a todos a que hagamos lo que nos corresponda lo mejor que sepamos.

Hay una remota posibilidad de que Angel Gabilondo (cabeza de lista por el PSOE para la presidencia de la Comunidad de Madrid) y  Manuela Carmena (encabezando la variopinta relación de inquietudes que aglutina Podemos/Ganemos Madrid/Etc.), resulten ganadores en las elecciones de mayo.

No hago propaganda de partidos, que no me interesan. Tampoco me prodigo en el elogio de personas, aunque la vida me ha proporcionado la oportunidad de conocer a muchas, varios miles.

Me refiero a los dos citados porque son gente culta, y dan una imagen tolerante, inteligente, pacífica. Resultan ser gente experimentada, abierta, tranquila. No los veo fanáticos, sino aficionados al arte de pensar qué será mejor, y tratar de llevarlo a término.

Si no tuvieran un partido detrás, los votaría sin dudar. Supongo que bastante gente los votaría también. El que sean cabeza de lista de una agrupación política, me obliga a analizar con sumo cuidado el resto de los que la forman, sus tensiones internas, su homogeneidad ideológica, la trayectoria de sus miembros, sus declaraciones y experiencia concretas; por no hablar, de la coherencia de sus postulados con lo que yo entiendo que es practicable, razonable, oportuno…Muy complicado.

Y ahora viene la mayor carga de arena. Temo que, si los que indico más arriba fueran elegidos en las urnas, no duren en sus puestos mucho tiempo. Intuyo que, cansados de no poder hacer aquello que pensaban, desanimados por la tensión que provoca tener que avanzar entre zancadillas más que contando con apoyos, acabarán dimitiendo. Mayor probabilidad de tal posibilidad de abandono atribuyo, claro está a Carmena que a Gabilondo. No en vano este último ha sufrido ya en sus carnes la desilusión de no llevar a cabo lo que le parecía sensato, y le creo, por ello, más curtido en aguantar las heridas de la falta de acuerdos.

¿Conseguirán resistir los embates? ¿Seguirán fieles, como Rolando, al mantenimiento de su posición (que no de su puesto), sosteniendo su credibilidad? ¿Aguantarán traiciones, felonías, deserciones? ¿Elegirán a sus equipos de entre aquellos que estén dispuestos a luchar hasta el fin, o sucumbirán a presiones? ¿Tocarán el cuerno para pedir ayuda demasiado pronto, demasiado tarde, nunca?

Si se produce ese imposible de tener a dos personas de ese peculiar talante a la cabeza de las  instituciones más próximas a los madrileños, se abrirá un período muy interesante.  También por su edad (que otros juzgarán provecta), debe venir la enseñanza de serenidad que echamos de menos en la caldera de la crispación que otros alimentan.

—

(1) Rolando es, en la adaptación habitual al castellano, Roldán. Pero a mí me gusta recordar el original más fielmente.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alcaldía, Angel Gabilondo, carmena, elecciones, Gabilondo, Madrid, Manuel Carmena, mayo, política

No es un Cuento de invierno: El dilema de Luis Garicano Gabilondo

21 enero, 2014 By amarias2013 Deja un comentario

«El dilema de España» (Edit. Península), es el título del último libro de Luis Garicano Gabilondo, en el que este prestigiado economista expone su visión actualizada respecto a los problemas más acuciantes de nuestro país y algunas de las soluciones que se le antojan pertinentes.

El volumen fue presentado en sociedad en el foro de la Fundación Rafael del Pino (20 de enero de 2014), que se ha consagrado -desde hace ya varios años- como un lugar de privilegio para recibir información cualificada sobre lo que debería interesar a quienes se mueven por los escenarios de la política, la Universidad y la empresa. También es, por supuesto, un centro de enseñanzas prácticas para jóvenes profesionales y un lugar de concentración de algunas de las frustradas cabezas intelectuales de nuestro territorio, cercado coyunturalmente por el desánimo y la mediocridad.

Es Luis Garicano uno de nuestros eminentes exiliados: catedrático de la London School of Economics, analista documentado de la realidad económico-social, bloguero muy apreciado (http://www.nadaesgratis.es), con una doble licenciatura en derecho y en economía por la Universidad de Valladolid, y, entre muchos títulos, posiciones y premios, consejero de ese banco misceláneo que se llama actualmente Liberbank.

La lectura de los libros y artículos de Luis Garicano es entretenida y útil, porque es inteligente, ameno y directo. Me gustó también escucharlo (tiene, en el aspecto físico y el deje un aire a Carlos Sobera, el presentador televisivo): dispone de un verbo fácil, y un talante de los que no rehúyen ninguna pregunta.

En una puesta en escena estupenda, contando con el apoyo de las incisivas observaciones de Javier Díaz Giménez (http://javierdiazgimenez.com), Garicano expuso las ideas centrales de su libro que, dicho sea de paso, lleva ya dos ediciones cuando apenas si ha visto la luz de las librerías y, según anunció el editor, va camino de la tercera.

Cuando, para terminar el acto, Javier Díaz Giménez lanzó la pregunta pertinente, después del análisis, trasladando como dilema lo que inquieta a todo seguidor de un visionario, de un pensador: «Y ahora, ¿qué? ¿Cuál es la posición que vas a adoptar? ¿Vas a organizar un partido político, una plataforma que sirva de canalización a lo que expresas en el libro?», Garicano respondió, sin titubear:

«No me corresponde. Yo soy solo un intelectual. El trabajo de adoptar o descartar las propuestas que hago pertenece a los que se dedican a la política». (1)

Aviados estamos.
—-
(1) Algunas de las ideas expuestas por Luis Garicano en la presentación de su libro:

-Tenemos dos graves problemas: el abandono escolar y el deterioro de las instituciones.

-Las grandes innovaciones están agotadas. Lo que permitió crecer ha sido el capital humano y la protección de la innovación por las instituciones. Hay que regular y proteger, pero para que los que tengan ideas no corran el riesgo de que se las roben.

-Tres conocimientos necesarios para obtener éxito laboral: saber inglés a la perfección, saber construir argumentos de forma razonada; saber matemáticas.

-Los trabajos rutinarios (sean manuales o intelectuales) van desapareciendo, pues pueden ser realizados óptimamente por máquinas. Pero se mantendrán: los que correspondan a actividades interpersonales (profesor, enfermera, camarero,…) y los que exijan una componente abstracta o intelectual muy alta (citó como ejemplo, el abogado).

-La mayoría menos cualificada tendrá que dedicarse a complementar el trabajo de los excelentes.

-Las nuevas ideas no se consiguen por impulso de la Administración, y no hace falta ser inventor, sino detectar una oportunidad y desarrollarla (caso Zara, El Bulli, etc.)

-El ladrillo está en el futuro de España, pero con valor añadido (Residencias geriátricas con todos los servicios, Hospitales para extranjeros, etc). No cree en la idea de modelo de crecimiento: hay que dejar que la gente se busque la vida…

-Es preciso rehacer la sociedad. El cambio es una exigencia social. Queremos tener un país normal.

-El futuro puede ser una Venezuela a la espera de su caballo blanco o convertirnos en la Dinamarca del Sur.

-Me sorprenden que las clases medias españolas, que han tenido una educación de exigencia alta, no la demanden para sus hijos.

-Hay que implantar la meritocracia y la rendición de cuentas. No puede ser que la excelencia de los funcionarios (jueces, profesores, etc) sea una cuestión de voluntad, y sin consecuencias que recompensen a los que lo hacen bien y sancionen al que no cumpla. Los incentivos funcionan.

-Se ha creado un muro entre los empleados temporales y los fijos. El contrato único es necesario para romperlo. En Inglaterra ha caído el pib tanto como en España, pero no ha tenido la drástica caída del empleo, porque no había ese muro, que hace que los empresarios prefieran contratar a alguien nuevo, en lugar de pasar a fijo al temporal.

-Dos elementos deben ser inamovibles de la Constitución: La Monarquía y la unidad de España.

-Cataluña independiente será viable, como lo es Estonia, o San Marino, o lo sería Valladolid. Lo que hay que preguntarse es si esa idea tiene pies y cabeza, y es lo que se debe decir a Cataluña. Juntos, ganamos todos.

Publicado en: Economía, Política Etiquetado como: dilema, Editorial Península, españa, filosofía, Fundación Rafael del Pino, Gabilondo, inglés, Javier Díaz Jiménez, Liberbank, Luis Garicano, matemáticas, Nada es gratis, Sobera

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