(Este Comentario es continuación de los siete anteriores, que llevan el mismo título genérico: «Una yunta díscola» -es decir, crear empleo en el actual contexto tecnológico-)
8. La gestión de la incertidumbre: la coordinación eficaz de los agentes socioeconómicos
Escribe Tácito en «Los anales»: «Tiberio, acostumbrado aún sin necesidad, por naturaleza o por uso, a decir siempre palabras ambiguas y oscuras, entonces que lo procuraba con artificio eran tanto más inciertas y escondidas» (Libro Primero, pag. 22 Colección Austral, Ed. Espasa Calpe).
Pues bien: ante la compleja situación generada en el siglo XXI, caracterizada, entre otros protagonistas, por la combinación de globalización, consciencia endógena de la existencia de desigualdades graves en los desarrollos económicos en los países y áreas, control supranacional de los avances tecnológicos, alto nivel de exigencia popular en el mantenimiento de las situaciones de bienestar en los Estados más desarrollados, y agotamiento relativo de los recursos naturales, junto a la consciencia de un deterioro ambiental galopante y la alta probabilidad de un calentamiento de la superficie terrestre, …la proliferación de líderes con la mentalidad de Tiberio es un serio hándicap para canalizar la ejecución de las posibles soluciones.
A nivel general, el fracaso de las cumbres mundiales para tratar de analizar objetivamente los problemas es evidente. Falta un liderazgo claro, es cierto, pero también se echa de menos la consciencia de la problemática. Los informes del Panel del Cambio Climático no encuentran respuesta práctica, y el tiempo pasa, jugando en contra. Las conclusiones de las reuniones de los jefes de Estado, ya sean al nivel de los C-7, C-20 o en los numerosos Congresos y Asambleas propiciados por las Organizaciones supra-gubernamentales, evidencian un gusto por las declaraciones ambiguas, que incorporan promesas atemporales y especulan con la fijación de objetivos irrealizables y, por tanto, persistentemente incumplidos, lo que no debería tranquilizar a quienes tienen preocupación por el futuro, que va mucho más allá de los horizontes electoralistas en cada país.
En esta situación, deberían separarse los mensajes genéricos, voluntaristas, de lo pragmático. Es una lástima reconocerlo, pero la evidencia es cruel. Los encomiables esfuerzos en tratar de impulsar Unión de civilizaciones, Ayudar al desarrollo de los países más atrasados, contener el amenazador fantasma del Cambio climático, concienciar a las grandes empresas multinacionales en la responsabilidad social, etc., se han convertido en «palabras ambiguas y oscuras», revestidas de un artificio dialéctico que las hace «tanto más inciertas y escondidas».
España debe impulsar la investigación aplicada, retener a sus licenciados (que tanto ha costado formar), trazar un plan creíble de generación de empleo, e impulsar, fundamentalmente en solitario, la creación de actividad nueva, consolidando las líneas ya existentes. No se puede perder ninguno de los sectores existentes, y la incorporación de las nuevas tecnologías – generadoras netas de un déficit de empleo, que presiona sobre los menos cualificados-, ha de ser, cuando se emplean recursos públicos para favorecer su implantación, cuidadosamente analizada.
Lo digo desde mi posición de observador tecnológico, y, si me permite el lector la aparente petulancia, experto en alguno de sus campos. No se puede animar a las personas sin otra cualificación que su necesidad de encontrar un modus vivendi, a que creen su propia empresa: tenemos demasiadas peluquerías, mercerías, tiendas de ropa infantil, bares, restaurantes, cafeterías, bollerías, tiendas de la esquina; nos sobran, también, bufetes unipersonales, oficinas bancarias, estudiantes sin vocación, empresarios con escaso conocimiento de la evolución previsible de los mercados para sus actuales productos, etc.
Invito al lector, si no lo ha hecho aún, a que lea mi reflexión sobre «La rebelión de las élites». El título de ese trabajo podría mover a confusión, al ser evidente la referencia semántica al trabajo de Ortega y Gasset sobre «La rebelión de las masas», escrito en un contexto sociológico muy diferente.
Lo que pretendo poner de manifiesto es que los políticos deben atender, hoy más que nunca, a incorporar a sus programas y propuestas, actuaciones concretas vinculadas al desarrollo de los sectores preferentes. La amenaza de burbujas existe por doquier y, por eso, hay que detectar a tiempo cuando la presión que las haría estallar es ya muy intensa.
Parece que hemos olvidado la explosión de la burbuja tecnológica de Terra, y vivimos aún obsesionados por la burbuja de la edificación que, como se ha dicho con preclara seriedad, no tiene que ver con ninguna burbuja de la construcción y, en cambio, ha afectado a las empresas constructoras, por la paralización de la obra pública.
(cotinuará)
