Al socaire

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Cuento de invierno: El inconfesado privilegio de la cantante calva

30 diciembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El Sr. y la Sra. Pérez están sentados en torno a la mesa de la cocina, mientras el reloj de la Plaza del Sol emite las primeras veintisiete campanadas.
Sr. Pérez: ¡Vaya, hace solo unas horas que ha terminado 2013 y aún estamos esperando a que llegue!
Sra. Pérez: Ha sido un año terrible, y si no ha acabado, es normal que se retrase su comienzo. Lo mejor sería que no llegara nunca, porque entonces seríamos tan felices como si no hubiera existido jamás.
Sr. Pérez: (Se limpia con la servilleta los restos de confeti) El pavo estaba exquisito, mucho mejor que el del año pasado, aunque no recuerdo si el año pasado tuvimos pavo para cenar. Debe ser porque esta vez no lo has rellenado de orejones ni pasas.
Sra. Pérez: No lo creo. El año pasado tuvimos a tu madre por estas fechas, Y este año no le he puesto pavo al pavo, lo que le da un gusto especial.
Sr. Pérez: Sí, lo he notado. Un sabor a pavo muy característico, como el que no comimos el Día de Acción de Gracias. (Se produce un pequeño silencio, que puede durar entre diez o solo unos pocos minutos. Cuando está a punto de terminar el enojoso paréntesis, el Sr. Pérez se levanta, parsimonioso, y hace como que mira por una ventana inexistente un paisaje inexistente. Está así, de espaldas al público, durante varios minutos, que parecen un siglo. El reloj de la Plaza del Sol emite tres campanadas y media). Vuelven a ser las doce por segunda vez en esta noche, y la cantante calva sigue sin aparecer. Vamos a tener que celebrar, otra vez, el fin de año sin ella.
Sra. Pérez: Me ha dicho la vecina que está de viaje en Londres, para abortar. Ha tenido la mala suerte de quedar embarazada otra vez en el pasillo. Un embarazo claramente no deseado.
Sr. Pérez: ¿Otra vez? No deberían hacer pasillos tan largos en las casas… Luego dicen que no hay dinero. Ganas de fastidiar, es lo que hay. (El Sr. Pérez pronuncia «fastidiar» como si se refiriera a un acto pecaminoso)
Sra. Pérez: Parece que se encontró con un calzoncillo del bombero mientras quitaba el filtro del polvo al aspirador. Estaba agachada, en una postura muy incómoda.
Sr. Pérez: Es intolerable que hagan bomberos tan largos. Deberían ser más exigentes en las pruebas de admisión, como antes.
Sra. Pérez: Me pregunto si lo sabrá su marido. A él le gustan mucho los niños.
Sr. Pérez: No lo creo. Es un hombre la mar de despistado. El otro día se olvidó sus modales como si tal cosa, y salió a la calle con un humor de perros caniches.
Sra. Pérez: En todo caso, habrá que decírselo algún día. La ignorancia es la madre de todos los vicios.
Sr. Pérez: ¿Decirle, qué?¿Qué su esposa ha ido a abortar a Londres o que su pasillo es demasiado largo para un bombero?
Sra. Pérez: (Se sienta sobre la mesa de la cocina, levantándose la falda hasta la altura de los calcetines, que lleva anudados al muslo izquierdo). ¡Qué tonto eres! Seguro que el le ha pagado el viaje y está de vuelta de todo. Es ex-Ministro del gobierno y, gracias a Dios, no le faltan recomendaciones para hacer lo que le venga en gana. Trabaja para una multinacional desde que fracasó como Ministro.
Sr. Pérez: Pero…¿lo sabe, no lo sabe? Me muero de curiosidad.
Sra. Pérez: Se lo preguntaremos al bombero, él suele estar bastante enterado de lo que pasa por ahí, y, sobre todo, por aquí. (Suenan las últimas veinte campanadas. La Sra. Pérez trata de seguir el ritmo comiendo uvas, pero se atraganta y las escupe). ¡Cómo pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando éramos terriblemente felices! Y eso que, en aquel tiempo, no teníamos nada. Ni reloj.
Sr. Pérez: Sí, como no teníamos nada, cualquier cosa que hiciéramos nos bastaba para creer que hacíamos algo (Se queda pensativo). Este reloj retrasa continuamente. Así no hay quien se ponga de acuerdo sobre el momento en que hay que decidirse a ser feliz.
Sra. Pérez: Piensa en positivo. Por lo menos, nosotros no tendremos que ir a Londres a abortar.
Sr. Pérez: (Se mira los pantalones, y hace un gesto de impotencia). No, ya no nos hace falta. Desde hace años no vamos a ninguna parte. De la cama a la mesa, de la mesa a la cama. Un día, y otro, y otro.
(Llaman al timbre. Aparece la cantante calva, luciendo un moño estrambótico y el bombero, que se distinguirá porque lleva un casco de motorista. La Sra. Pérez se va hacia la falsa ventana y hace como que mira por ella, sin mirar).
Sra. Pérez: ¡Adelante! La puerta está abierta, Como no tenemos llave, tampoco tenemos puerta.
(Entran los recién llegados, y el Sr. y la Sra. Pérez se disponen para salir).
Cantante calva (con un tono algo cantarín, pero no demasiado, como de haber bebido unas sidras): Venimos de alborotar en Torrelodones.
Sra. Pérez: Había entendido que se habían ido a disfrutar de Londres este fin de semana.
Bombero: Era solo para despertar sospechas y presumir. En realidad, no hemos salido del país.
Sr. Pérez: Qué decepción. Es una broma intolerable, impropia de gente decente. No lo toleraré. No es propio.
Cantante calva: Pero, piense, Sr. Pérez, que ha tenido el mismo efecto. Todo quedará en casa. Eso sí, para que no vuelva a suceder, he mandado que reduzcan mi pasillo a la cuarta parte. Una couloirtomía, creo que se llama. De esas que hacen gratis en las clínicas de inseminación in vitro.
Sr. Pérez: (para sí) Hasta que no reduzcan el cuerpo de los bomberos no dejará de haber incendios en las casas. Sin contar con que los niños que nacen en una probeta no creo que tengan el alma como los demás. Al menos, no todos. Tal vez, uno de cada seis o siete. La Iglesia de Madrid no consentiría tamaño despilfarro.
Sra. Pérez: (Intenta marcharse del escenario, arrastrando durante un rato, sin darse cuenta, la mesa; la vuelve a poner en su sitio, cuando advierte que se está quedando con el culo al aire) ¿Se lo ha dicho alguien al marido de la cantante calva, antes de que se entere por otra persona que no sea de su confianza? Y todavía más importante: ¿No habrá nadie que explique a la gente que la fecundación artificial es una estafa, y que los niños que nacen de una probeta no tienen alma hasta que son niños?
Bombero: Imposible. Está de viaje de negocios en Londres. Ha ido a abortar con su único amor de toda la vida. Dicen que solo te hacen una pregunta, algo así como cuánto dinero tienes. Aunque es necesario jurar que no eres católico ni nada de eso.
Cantante calva: Es porque abortar allí es legal si puedes permitírtelo. Yo prefiero ir a alborotar a Torrelodones, que es lo que yo he hecho. Me gusta, porque sigue siendo ilegal y es mucho más barato, porque todo queda en casa. (Avanza hacia el frente del proscenio). ¿Les canto algo, o les vale igual que guarde silencio durante el mismo rato? ¿Les gustaría que callara el aria Glitter and be gay?
(Hay un largo y apestoso silencio. El bombero y la cantante calva ocupan exactamente los mismos sitios que el Sr. y la Sra. Pérez. El reloj de la Plaza/Puerta del Sol emite veintisiete campanadas)
Bombero: ¡Vaya, hace solo unas horas que ha terminado 2013 y aún estamos esperando a que llegue!
Cantante calva: Ha sido un año terrible, y si no ha acabado…
(Cae el telón. Un tipo, que se parece mucho al Presidente de Gobierno o al Ministro de Justicia, pero que lleva un cartel al cuello en el que se lee Eugene Ionesco -o algo parecido- invita a la gente a que se marche, pues la función está a punto de empezar y deben dejar la sala vacía. La cantante calva sigue exactamente el libreto, aunque ahora lo va cantando con su voz de contralto de coloratura).

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: 2013, aborto, alboroto, bombero, cantante calva, contralto de coloratura, Ionesco, Londres, Puerta del Sol, Sr. Pérez, teatro, Torrelodones

Mi Diccionario desvergonzado (18): socio, pipa, documento, cantante, teatro

3 julio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

socio: 1. Persona a la que se quería como a un hermano, hasta que se constituyó con ella una empresa, y con la que actualmente apenas se mantiene relación, al menos, mientras se negocia su venta, momento a partir del cual dejarán de hablarse para siempre. 2. Cada uno de los miembros de una banda potencialmente delictiva, que puede o no utilizar o no los guantes blancos. 3. Miembro de cualquier corporación, creada con fines deportivos, que se reúne por las tardes en la barra del bar o cafetería del establecimiento con otros de su condición, para disfrutar de bebidas alcohólicas baratas, criticar a la directiva y pontificar sobre política local.

pipa: 1. Forma de pasárselo (el tiempo) por las adolecentes, cuando no están bajo la vigilancia de sus padres. 2. Receptáculo para el tabaco, que los presuntos intelectuales se cuelgan de la boca para disimular que no se les ocurre nada, y del que suelen tener una colección inmensa, que acabarán regalando a un sobrino, junto a varios paquetes de picadura cuando les diagnostiquen cáncer de labios, para seguir con la tradición. 3. Depósito en el que se mantiene la sidra o el vino para que se mezclen bien con otros sabores, lo que aumentará notablemente las características organolépticas que descubrirán gentes especializadas en poner fantasía al acto de beber.

documento: 1. Pieza de papel con muchas palabras y alguna firma, que se entrega como anexa a una demanda, acompañada de muchas otras, para convencer al juez de turno de que el asunto es extremadamente complejo. 2. En plural, conjunto de papeles de todo tipo y carácter, que se encuentran los deudos dentro de una carpeta de cartón con gomitas, al morir la persona que los había guardado hasta entonces, con el objetivo ahora, de imposible cumplimiento, de ponerse a ordenarlos cualquier día.

cantante: 1. Voz del que menos argumentos tiene en una reunión de trabajo, pero hace de jefe o director de la misma. 2. Persona, con vestimenta que hasta no hace mucho se consideraba indecente, que, debido a su escasa voz o encontrarse de resaca, arrima mucho la boca al micrófono mientras tararea algunas frases cortas, de forma que destaquen sobre el playback. 3. Individuo que, por saber tocar la guitarra, inicia una carrera artística que imagina prometedora, recitando gratis poemas en un café.

teatro: 1. Local amplio, con una trayectoria histórica interesante y habilitado con palcos, proscenio y gallinero, que situado en el centro de las ciudades, sirve para proyectar películas, celebrar mítines y asambleas generales de las empresas cotizadas y, de tarde en vez, permitir la representacíón durante un par de días de alguna obra de Sófocles, Eurípides o Lope de Vega. 2. Acción realizada por todo aquel que canta en un sitio y pone sus huevos en otro lugar. 3. Arte literario antiguo, del que se conservan aún unos pocos testimonios que siguen siendo respetuosamente representadas, en celebraciones de fin de curso en las Escuelas de Arte Dramático, en versiones adaptadas a los gustos modernos, para poder incluir desnudos, máscaras y cajas.

Publicado en: Actualidad, Diccionario desvergonzado, Sociedad Etiquetado como: artista, diccionario desvergonzado, documento, pipa, socio, teatro

Desnudando al Rey: Amores, desvaríos y comisiones

20 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Se está representando en este pequeño país llamado España, bajo el reclamo de tratarse de una opera bufa, una tragicomedia, cuyo protagonista principal son las relaciones entre el monarca español y una mujer del comercio.

El argumento se desarrolla en varios actos de corta duración, y, desde luego, resulta muy entretenido, porque en él se mezclan cuestiones muy apreciadas por el respetable del patio de comedias. Es de señalar, además, que a diferencia de aquel cuento en la que el Rey, un fatuo personaje al que engañaban unos pillos haciéndose pasar por sastres colegiados, paseaba sus carnes desnudo creyendo que iba engalanado, la historia parece discurrir aquí del revés. Al Rey se le muestra bien armado, pero la chusma se complace en desvestirlo a manotazos.

Que el Rey Juan Carlos haya tenido (por la edad y el estado físico actual muy aparente, procede hablar aquí en pasado) amores, interesará a los plumillas del corazón ajeno, pero a mí me trae al pairo, salvo en lo que pueda mostrarme a solas envidioso del éxito que se presupone a quien pudiera tener a medio reino entregado  a sus pies (y a unos cuantos, si lo maneja bien, hasta en su cama). Que entre esos presuntos desvaríos -pueden llamarse incluso amistades íntimas– figure alguna sedicente princesa, «alemana y rubia», por más señas de supuestos atractivos, no me hace mover ni una ceja.

Que se esté revolviendo en los papeles secretos del Estado para hurgar entre sus líneas si esa señora de buen ver  cuyo nombre de pila pasa de boca a oreja por los mentideros de la Corte, hizo negocios como intermediaria de empresas españolas, cobró comisiones por sus tareas de relación, me parece propio de un pueblo mezquino y con ganas de generar una revuelta por un quítame allá esas pajas.

Porque si esa principesa del tipo sanguíneo que la naturaleza le haya dado, lo hizo como agente de intereses privados, su tres por ciento de comisionista está a a nivel de lo que se estila por esos mundos y no tengo nada que objetar. Más o menos por esos andurriales del dinero anda la compensación por poner en contacto a fulanito con menganito para que, si les conviene, con una pierna tapen la otra.

Y si lo hizo compartiendo comisiones con el Rey, que me perdonen los amigos republicanos, tampoco veo en ello más pecado que el que otros cometen a diario. Saber que los Reyes y príncipes de sangre azul mantienen negocios mundanos, además de representar a sus dioses en la Tierra y atender a las inclinaciones naturales tomando los rábanos por las raíces, entra en la lógica del sistema. ¿O es que alguien pensó que esperaban, crédulos, a ser recompensados en el más allá?

Supongo que en cualquier momento se anunciará el descanso y habrá ocasión para intercambiar opiniones y, espero que, por esta vez, corregir el libreto. En algunos palcos he notado que hay ganas de salir a la palestra, y desarmar a mandobles el teatrillo.

Confío, además, en que los sastres que se aplican a toda velocidad en recomponer los ropajes del Rey a medida que algunos osados lo desnudan, sean solventes, en este nuestro cuento, y tapen las íntimas vergüenzas antes de que, entre tanto jolgorio, y en el caso probable de que existan, aparezcan.

Porque entonces me temo que veremos a un tiempo al Rey desnudo y a los súbditos de su reino de España, aunque les parezca a algunos que no va a ser así, en pelotas.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: comisiones, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, Monarquía, princesa, rey juan carlos, sangre azul, teatro

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