67
Cómo asumir cercana una salida
ni airosa, ni rápida o coherente
si toma a chirigota alguna gente
la obligación de ser muy precavida.
Falta aún explicación valiente
y sobra sabiondez desconocida
entretenida en crear confusamente
chismes para la risa compartida
Ayer salieron niños a la calle
a pasear con un padre solamente;
comprobamos que es fácil que esto falle
pues a muchos, haciéndose el valiente,
no preocupa el riesgo que esto estalle
por inmune o por necio simplemente.
27 de abril de 2020
Muchos de mis dibujos surgieron como apuntes de la realidad, tomados a vuelapluma en cualquiera de mis viajes, o mientras tomo un café en la pausa de medio día o de vacaciones. Otras veces, utilizo como soporte fotografías que he recortado de revistas o de fotografías que guardo de momentos que me impresionaron.
Este dibujo se titula «Vendedores de hortalizas» y representa una escena que, aunque parcialmente imaginada, corresponde a un mercado real de una ciudad marroquí. Un padre (o un abuelo) y su hijo extienden su mercancía (parecen tomates) para atraer a los transeúntes. El niño apenas si ofrece algo que vender.
Lo que quiero plantear con esa escena es una doble disyuntiva (por supuesto, no resuelta): o el hijo-nieto lo ha vendido todo o casi todo (apenas hay dos hortalizas viudas en su cajón) o no tenía nada para vender, y el padre-abuelo le ha dejado solo un par de cosillas para que se entretuviera. La cara de satisfacción del niño contrasta con el rostro preocupado del adulto. Dos visiones distintas de una realidad, que el espectador debe intuir como difícil para la pareja.
El resto de la escenografía, con la profusión de colores a los que soy aficionado, intenta acompañar la idea de que nos encontramos en un mercado, en un zoco.

